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El Camino Real santiagueño


Al sur de la capital de Santiago del Estero se puede hacer los 130 kms por la actual Ruta Nacional 9 rumbo al limite con Córdoba, para recorrer el Camino Real o el Antiguo Camino de Postas, un camino que encierra gran parte de la historia y cultura de la provincia y el norte argentino.
Este circuito permite conectarse con las raices históricas, culturales y religiosas.

Desde hace años que el circuito atrae a los turístas que llegan a degustar las comidas típicas norteñas, el casi milenario trabajo artesanal de las teleras, los artesanos que elaboran sus piezas en madera, las capillas centenarias, los montes agrestes y árboles históricos.

Este fue un paso obligado en el camino hacia el Alto Perú.
En la provincia de Santiago del Estero corre paralelo al Río Dulce, es el camino que en el año 1810 tomaron Castelli, Balcarce, Rondeau, Ocampo, Dorrego, Belgrano y San Martín, en su camino hacia Tucumán.

Partiendo desde la capital santiagueña, por el camino provincial que llega a las localidades de Maco, Maquito, La Vuelta de la Barranca, Los Cardozo, y San Pedro, combinando zonas muy forestadas y otros tramos donde se ven los gauchos haciendo sus tareas rurales.

No es facil llegar a Upianita, de los 27 kms hay que hacer los últimos 5 kms en ripio, para visitar una feria artesanal y disfrutar de un típico día de campo, con cabalgatas y comidas tradicionales como chivito, lechón, empanada, pastel de carne, pollo, charqui o vizcacha, tamal y asado, a la sombra de algarrobos, mistoles y chañares.

Unos 10 kms despues, se llega a Manogasta donde se encuentra un histórico algarrobo donde algunos cuentan que descansó Belgrano en su campaña al Ejército del Norte, y otros aseguran que allí se encontraron San Martín y Belgrano.
La Capilla de Santa Bárbara se encuentra enfrente.
Siguiendo el camino, encontramos la Capilla de Tuama, con un cementerio centenario. La historia de este poblado, data de la época de la Conquista cuando allí se sembraba trigo que se enviaba a Buenos Aires.
A unos 10 km, encontramos la antigua Capilla de Sumamao.

Por haber sido construidas en el siglo XVII, se conoce como "Mellizas" a capillas Santa Bárbara, Silípica y Sumamao.
Debemos llegar a Villa Atamisqui donde se habla español y quechua, para conocer a las teleras atamisqueñas, quienes continuan con ese arte centenario que se transmitió de generación en generación.
Estos telares rústicos se construyen con cuatro postes de quebracho colorado, formando un rectángulo de hasta 2 metros de ancho por 3 metros de largo, en las que se tienden las piolas sobre las que se van armando los tejidos.
Cada pieza es única y creada manualmente.

Los productos más buscados son los ponchos, mantas, chales, chalinas, fajas, alforjas, cubrecamas, frazadas y colchas.

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Titulo: El Camino Real santiagueño.
Publicado el 15/11/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Santiago del Estero
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/santiago_del_estero/el-camino-real-santiagueno_n.html
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Conociendo Sotelo, Santiago del Estero

Un paseo muy singular para tener en cuenta desde Termas de Río Hondo, aunque pocos lo hagan, es al pueblo de Sotelo y su antigua iglesia de adobe levantada en medio de un cementerio. Como el camino no está señalizado y hay que meterse realmente campo adentro por un camino de ripio (en buen estado), lo ideal es contratar un guía en la Oficina de Turismo municipal.

A los costados de la RP 93 todo es pasto bajo y algarrobos solitarios que sobresalen en la planicie. Cada tanto aparecen casas desperdigadas –puede haber kilómetros entre una y otra– que desde hace un tiempo ya no son de adobe: ésta es la única manera de erradicar la vinchuca. De todas formas se pasa por una ladrillera donde se fabrican ladrillos de adobe, un material todavía muy usado en la zona.

Ver mas en
http://www.turismonorteargentino.com/santiago_del_estero/una-extrana-iglesia-en-medio-de-un-cementerio_nota1494.html

La Banda. A orillas del Río Dulce, cuna de mil recuerdos

El emblemático puente Carretero que cruza el río Dulce y enlaza la ciudad de La Banda con la capital provincial es un estandarte de la cultura y la música locales. Declarado Monumento Histórico Nacional, guarda en su construcción una historia que navega entre lo mítico y lo real.

Añoranzas, melodías, encuentros y finales... tanto más que sus hierros carga consigo el puente Carretero. Bien lo saben aquí. A comienzos del siglo XX Santiago ya había delimitado su centro con las avenidas Rivadavia, Alsina, Roca y Moreno, y había nomenclado varias calles importantes. El Mercado Armonía agrupaba los productos de fincas y chacras, y sus paisanos empezaban a caminar las plazas Belgrano e Independencia. En 1908 se estrenaba el Colegio Nacional, y un par de años después el Teatro 25 de Mayo. Las inauguraciones se sucedían unas detrás de otras, pero faltaba algo: cómo llegar a uno y otro lado del caudaloso Mishki-Mayu, como llamaron los pueblos originarios a ese divisor natural de La Banda y el corazón urbanístico de la provincia. “Mis padres, que eran del campo, solían viajar cada tanto en sulky hacia Santiago para hacer trámites y comprar provisiones. Yo era changuito, y recuerdo que llegábamos a la orilla del río Dulce, dejábamos el caballo atado y cruzábamos en balsa”, cuenta Pedro Ramírez, hoy director de Cultura de La Banda, reconocida cuna de poetas y cantores populares.

Mitos y verdades

Según la historia oficial, el puente fue gestionado por la presidencia de Hipólito Yrigoyen, la gobernación local de Manuel Cáceres y una reconocida ferroviaria. Pero se cuenta también que la inmensa obra fue donada íntegramente por el gobierno alemán como acto de reparación hacia nuestro país, aunque algunos aseguran que “es otro de los mitos santiagueños, como el de la Telesita o la Salamanca”. Durante la Primera Guerra Mundial los europeos habrían confundido dos barcos de la República Argentina con los del enemigo, hundiéndolos a cañonazos. Así, un acuerdo diplomático habría dado inicio a la obra estrenada en 1927, tres años después de la primera excavación, generando gran expectativa local. Empresa nada sencilla, había que cruzar el poderoso río en diferentes tramos, sorteando las crecidas y los misterios del Dulce.

Toda la población vivenció el alboroto en los alrededores: enormes y continuos movimientos de arena en estación invernal sentaron de a poco los pilares sustentadores 16 metros bajo tierra. Rodillos de 30 centímetros de diámetro, fabricados en acero cementado, serían los encargados de absorber las vibraciones, manejando asimismo la dilatación y contracción derivada de las cambiantes temperaturas norteñas. Ya con 12 tramos de 70 metros, el Carretero se erigía como una obra de vanguardia por tamaño y características estructurales. Era un gran mecano que tomaba forma con los días, y cuyas piezas, traídas desde la ciudad alemana de Rhur, sumaban 6400 toneladas de acero plateado. Sólo por citar un número curioso, se estima que fueron empleados dos millones y medio de remaches. Famoso por sus riadas, el Dulce no daba tregua, y la empresa Müller-Binda, gestora de la construcción, debió suspender varias veces los trabajos durante el verano. Pero el destino estaba sellado, y de a poco fueron cobrando vida los 14 metros de altura de su parte central, arqueándose hacia los extremos, sobre los cuales se apoyaban las vías del ferrocarril y el paso automovilístico. “He nacido en 1921, así que usted se encuentra delante de alguien más viejo que el propio puente”, bromea Oscar Alberto Vélez desde el tinglado bandeño donde aún sigue trabajando metales. En su taller guarda una verdadera reliquia de esta historia: “Esta máquina alemana trabajó en la defensa del río Dulce, en plena construcción del puente. Es una pieza única, que aún agujerea redondo y cuadrado, y corta perfiles universales”. Si bien la tecnología moderna ha superado con máquinas más pequeñas esta mole de hierro, para aquellos tiempos era valiosísima; ya se podía trabajar con ella sin electricidad y en distintos turnos, sin hacer fuerza, a través de principios matemático-mecánicos. “Al terminar el Carretero los alemanes debían plata de jornales e indemnizaciones a los obreros, y a muchos los compensaron con máquinas como esta, eternas...”

Ver  mas en:
http://www.365argentina.com/santiago_del_estero/a-orillas-del-rio-dulce-cuna-de-mil-recuerdos_nota1451.html

Santiago del Estero, tierra de chacareras

La provincia más antigua del país es sede de la Semana Carabajal, una de las fiestas emblemáticas argentinas. A puro rasguido, Santiago se celebra a sí misma en un encuentro repleto de artistas y turistas, que llegan de todos los rincones para cantar y bailar.

Dorada y curtida, la zurda de Froilán González sostiene el palo de lapacho, mientras el hierro caliente deja su huella. A lo lejos, la luna brilla sobre la figura colosal del Puente Carretero, a días de su anaranjada reapertura. “Este, hijo, es el más resistente, el más amigo del parche y el aro”, asegura El Indio, creador de los mejores bombos del país. Luego se para, da un apretón de manos y vuelve a un tronco a coser el cuero de su último encargo. Teresa, su mujer, lo mira y sonríe. Siempre sonríe: “Ese que está allá colgado. ¿Ves? –señala– Es el de Fernando de Catupecu Machu. Estamos esperando que nos mande el dibujo, así Froilán lo talla”. Su patio es una fiesta. Es plena Semana Carabajal, la heredera de la tradicional “fiesta de la abuela Carabajal”, y los visitantes nos sentimos como en casa. Cuentan que por aquí esto de juntarse es habitual, y que más allá de la fecha particular cada domingo el predio recibe a los amantes del folklore local y a visitantes de lugares diversos, porque no pasar por acá es no haber estado en Santiago. Su escenario suele presentar conjuntos regionales y ha sabido de grandes nombres como Horacio Guarany, Divididos o El Chaqueño Palavecino, entre otros, además de intérpretes, compositores y artistas como los Carabajal, paridos por esta milagrosa tierra chacarera.

Entre tanta charla, ya son las 21.30 y el colectivo ha dejado al dueño de los palillos autografiados sin traslado a La Banda, donde la fiesta que mantiene en vilo al barrio Los Lagos sigue sin tregua. Pero qué más da. Ese recuerdo, al igual que el aire perfumado por las trenzas santiagueñas que siguen a puro baile detrás, no tiene precio.

Vivir en la canción

Peteco se emociona de veras. El músico es como su guitarra: música y madera noble. Añoranzas del pago que brotan de la piel de su violín sachero, de esa voz tan particular, de cada historia hecha canción. “Siempre ando con algún instrumento encima, y con las manos y la mente blandita, como para aprender mejor. Por ahí piso mal una cuerda y ahí nace algo: hay tantas chacareras que tienes que estar atento para darte cuenta de si tiene identidad, si tiene el sabor, el color santiagueño”, afirma el más emblemático de los hijos, sobrinos y nietos de Carlos Carabajal, sentado en el patio donde corrió de chico y aprendió los primeros acordes de guitarra. La casa-escenario de Don Carlos lo remonta a su propia infancia: “Aquí han pasado tantas cosas”. Junto a él prueba sonido Homero, su hijo, recordado por la fenomenal zamba “A mis viejos”, cuando era apenas un niño y lo acompañaba a puro repique con un bombo más grande que él. Cerca está Roxana, hermana y también cantante, al igual que Demi y los primos Ricky y Mariela, formando un conjunto improvisado que hace bailar y cantar a los visitantes que siguen llegando, ignorando las dimensiones físicas del lugar. Decenas de amigos brotan de abajo de las baldosas, y la noche se hace peña con todas las letras, lo que incluye temas pedidos, comida casera y baile, combinadas con anécdotas de la familia y una provincia “que es la que más se ha respetado a sí misma en el camino al éxito de sus músicos”.

Nostalgias, zapateos y risas atrás, la gira musiquera sigue del otro lado del canal del río Dulce, que divide uno y otro lado del pueblo. Hay un alboroto desconocido: son las cuatro de la mañana y el humo de los carritos de comida sigue buscando el cielo. Las callecitas de tierra desbordan de choripaneadas, empanadas y milanesas con picante, quesillo y miel de caña, como para tener energía inacabable. La tropa de locales y los visitantes enfilan hacia el Club Ciclista Olímpico, cita tan prometedora como las aguas termales de Río Hondo. Allí se presenta el violinista más talentoso del país, Néstor Garnica, junto al jujeño Gustavo Patiño, los santiagueños Orellana-Lucca y adivina adivinador: Los Carabajal, dueños de la extravagante idea de un “Maratón de Chacareras”, que ha alcanzado el record Guinness ese mismo mediodía, gracias a cientos de artistas que sostuvieron 40 horas de canto y baile, con cerca de 800 temas interrumpidos.

Al Mishki Mayu

“Por los montes de Santiago corre una cinta plateada / y esos campos que atraviesa, parece que se adornaran. Chacarera ribereña, chacarera del río Dulce / que no falte una guitarra, ni un buen criollo que te pulse.”

Musa de tantos intérpretes, el Mishki Mayu (mishki: dulce; mayu: río, en lengua quichua) es otro de los emblemas locales. Cuando sus aguas entran a la provincia no sólo forman bañados y alimentan su árida estepa; también recrean la vida de sus pobladores en innumerables canciones. El río Dulce es el más importante afluente tanto a nivel económico como humano: embravecido en su navegar, surca ciudades, pueblos y parajes con fecundos humedales, desde su nacimiento montañoso en los límites de Salta y Tucumán. Pero es al entrar en Santiago del Estero cuando su nombre se transforma en una insignia cultural. Aquí el agua es valorada como oro por la aridez que quiebra el suelo, castigado por la permanente sequedad y las altas temperaturas. Esa fértil visita al pago ha llevado a letras, ritmos y melodías que homenajean al Dulce en sus 450 caudalosos kilómetros de recorrido, atravesando en diagonal poblados emblemáticos como La Banda y llenando diques derivadores como Los Quiroga, una espectacular obra hídrica con capacidad de bañar 110.000 hectáreas.

Pero el río es también recreación y una de las maneras más atractivas de llegar a él es por medio del Parque Aguirre, un importante pulmón verde ubicado en plena ciudad. Como los bosques de Palermo en Buenos Aires (aunque mucho más pequeño), el Aguirre es utilizado por la familia santiagueña diariamente, en especial los fines de semana. En su paso por la capital, el Dulce divide un brazo hacia los límites septentrionales de las salinas de Ambargasta, en donde las aguas se tornan saladas, por lo que ese brazo recibe el nombre de Saladillo. Tras la aventura, el ramal confluye nuevamente con el brazo principal en las cercanías de Telares, otro emblema de las chacareras (“Camino a Telares”, de Marcelo Mitre). Mientras tanto, su curso inferior se abre camino a Córdoba, donde recibe el nombre de Petri, tras haber mojado trece departamentos santiagueños.

Cerquita

Espacio para actividades náuticas, el río ofrece su fisonomía agreste y poco alterada también para salir a campo traviesa con caballos, vehículos 4x4 o bicicletas. Cerca de la Villa Atamisqui, la pesca con mosca congrega a decenas de amantes de esta disciplina, que aprovechan la barranca alta donde la corriente se recuesta sobre la orilla y hace profundo el lecho de tosca. Algunos hasta aseguran que se han vuelto a sacar buenos dorados tras la seca ictícola de unos años atrás.

Es sabido también que Santiago es sinónimo de fe, y resta llegar a la Catedral Basílica, que data de 1876, para comprobarlo. Es el último de cuatro templos anteriores: el primero de ellos se construyó en 1570 e inauguró la primera diócesis en territorio argentino. Por su parte el convento de Santo Domingo, remodelado e inaugurado en 1881, guarda una copia de la Sábana Santa, lienzo que se grabó por contacto con el auténtico venerado en Turín, con el que según la tradición se envolvió el cuerpo de Cristo antes de colocarlo en su sepulcro. Otro punto es el convento de San Francisco, de 1566, remodelado a estilo neogótico a fines del siglo XIX. Consta de tres naves y la principal está presidida por un altar de madera de pino, laminado en oro. Y se puede hacer un alto en el camino para conocer la casa museo de don Andrés Chazarreta, gran hito de la cultura local, donde se muestran las pertenencias del folclorista que durante más de 50 años recopiló y compuso centenares de piezas populares.

La historia de San Francisco Solano y su violín así como los bañados de Añatuya, en el Parque Nacional Copo (115.000 hectáreas dominadas por bosques de quebracho colorado) son dos lugares para hacerse la escapada, que debe sí o sí concluir con un paso reparador por la termal Río Hondo. En plena temporada, sus famosas aguas alcalinas, bicarbonatadas, cloradas y sulfatadas son un lujo posible a 70 kilómetros. Por contener esas pequeñas cantidades de minerales en estado iónico, las aguas logran un gran poder de penetración en el organismo. Esto le otorga otra sensación inolvidable que el cuerpo se llevará por partida doble de la imbatible tierra de las chacarerasz

Fuente: Página 12 Turismo

Santiago del Estero, tierra de chacareras

La provincia más antigua del país es sede de la Semana Carabajal, una de las fiestas emblemáticas argentinas. A puro rasguido, Santiago se celebra a sí misma en un encuentro repleto de artistas y turistas, que llegan de todos los rincones para cantar y bailar.

Dorada y curtida, la zurda de Froilán González sostiene el palo de lapacho, mientras el hierro caliente deja su huella. A lo lejos, la luna brilla sobre la figura colosal del Puente Carretero, a días de su anaranjada reapertura. “Este, hijo, es el más resistente, el más amigo del parche y el aro”, asegura El Indio, creador de los mejores bombos del país. Luego se para, da un apretón de manos y vuelve a un tronco a coser el cuero de su último encargo. Teresa, su mujer, lo mira y sonríe. Siempre sonríe: “Ese que está allá colgado. ¿Ves? –señala– Es el de Fernando de Catupecu Machu. Estamos esperando que nos mande el dibujo, así Froilán lo talla”. Su patio es una fiesta. Es plena Semana Carabajal, la heredera de la tradicional “fiesta de la abuela Carabajal”, y los visitantes nos sentimos como en casa. Cuentan que por aquí esto de juntarse es habitual, y que más allá de la fecha particular cada domingo el predio recibe a los amantes del folklore local y a visitantes de lugares diversos, porque no pasar por acá es no haber estado en Santiago. Su escenario suele presentar conjuntos regionales y ha sabido de grandes nombres como Horacio Guarany, Divididos o El Chaqueño Palavecino, entre otros, además de intérpretes, compositores y artistas como los Carabajal, paridos por esta milagrosa tierra chacarera.

Entre tanta charla, ya son las 21.30 y el colectivo ha dejado al dueño de los palillos autografiados sin traslado a La Banda, donde la fiesta que mantiene en vilo al barrio Los Lagos sigue sin tregua. Pero qué más da. Ese recuerdo, al igual que el aire perfumado por las trenzas santiagueñas que siguen a puro baile detrás, no tiene precio.

Vivir en la canción

Peteco se emociona de veras. El músico es como su guitarra: música y madera noble. Añoranzas del pago que brotan de la piel de su violín sachero, de esa voz tan particular, de cada historia hecha canción. “Siempre ando con algún instrumento encima, y con las manos y la mente blandita, como para aprender mejor. Por ahí piso mal una cuerda y ahí nace algo: hay tantas chacareras que tienes que estar atento para darte cuenta de si tiene identidad, si tiene el sabor, el color santiagueño”, afirma el más emblemático de los hijos, sobrinos y nietos de Carlos Carabajal, sentado en el patio donde corrió de chico y aprendió los primeros acordes de guitarra. La casa-escenario de Don Carlos lo remonta a su propia infancia: “Aquí han pasado tantas cosas”. Junto a él prueba sonido Homero, su hijo, recordado por la fenomenal zamba “A mis viejos”, cuando era apenas un niño y lo acompañaba a puro repique con un bombo más grande que él. Cerca está Roxana, hermana y también cantante, al igual que Demi y los primos Ricky y Mariela, formando un conjunto improvisado que hace bailar y cantar a los visitantes que siguen llegando, ignorando las dimensiones físicas del lugar. Decenas de amigos brotan de abajo de las baldosas, y la noche se hace peña con todas las letras, lo que incluye temas pedidos, comida casera y baile, combinadas con anécdotas de la familia y una provincia “que es la que más se ha respetado a sí misma en el camino al éxito de sus músicos”.

Nostalgias, zapateos y risas atrás, la gira musiquera sigue del otro lado del canal del río Dulce, que divide uno y otro lado del pueblo. Hay un alboroto desconocido: son las cuatro de la mañana y el humo de los carritos de comida sigue buscando el cielo. Las callecitas de tierra desbordan de choripaneadas, empanadas y milanesas con picante, quesillo y miel de caña, como para tener energía inacabable. La tropa de locales y los visitantes enfilan hacia el Club Ciclista Olímpico, cita tan prometedora como las aguas termales de Río Hondo. Allí se presenta el violinista más talentoso del país, Néstor Garnica, junto al jujeño Gustavo Patiño, los santiagueños Orellana-Lucca y adivina adivinador: Los Carabajal, dueños de la extravagante idea de un “Maratón de Chacareras”, que ha alcanzado el record Guinness ese mismo mediodía, gracias a cientos de artistas que sostuvieron 40 horas de canto y baile, con cerca de 800 temas interrumpidos.

Al Mishki Mayu

“Por los montes de Santiago corre una cinta plateada / y esos campos que atraviesa, parece que se adornaran. Chacarera ribereña, chacarera del río Dulce / que no falte una guitarra, ni un buen criollo que te pulse.”

Musa de tantos intérpretes, el Mishki Mayu (mishki: dulce; mayu: río, en lengua quichua) es otro de los emblemas locales. Cuando sus aguas entran a la provincia no sólo forman bañados y alimentan su árida estepa; también recrean la vida de sus pobladores en innumerables canciones. El río Dulce es el más importante afluente tanto a nivel económico como humano: embravecido en su navegar, surca ciudades, pueblos y parajes con fecundos humedales, desde su nacimiento montañoso en los límites de Salta y Tucumán. Pero es al entrar en Santiago del Estero cuando su nombre se transforma en una insignia cultural. Aquí el agua es valorada como oro por la aridez que quiebra el suelo, castigado por la permanente sequedad y las altas temperaturas. Esa fértil visita al pago ha llevado a letras, ritmos y melodías que homenajean al Dulce en sus 450 caudalosos kilómetros de recorrido, atravesando en diagonal poblados emblemáticos como La Banda y llenando diques derivadores como Los Quiroga, una espectacular obra hídrica con capacidad de bañar 110.000 hectáreas.

Pero el río es también recreación y una de las maneras más atractivas de llegar a él es por medio del Parque Aguirre, un importante pulmón verde ubicado en plena ciudad. Como los bosques de Palermo en Buenos Aires (aunque mucho más pequeño), el Aguirre es utilizado por la familia santiagueña diariamente, en especial los fines de semana. En su paso por la capital, el Dulce divide un brazo hacia los límites septentrionales de las salinas de Ambargasta, en donde las aguas se tornan saladas, por lo que ese brazo recibe el nombre de Saladillo. Tras la aventura, el ramal confluye nuevamente con el brazo principal en las cercanías de Telares, otro emblema de las chacareras (“Camino a Telares”, de Marcelo Mitre). Mientras tanto, su curso inferior se abre camino a Córdoba, donde recibe el nombre de Petri, tras haber mojado trece departamentos santiagueños.

Cerquita

Espacio para actividades náuticas, el río ofrece su fisonomía agreste y poco alterada también para salir a campo traviesa con caballos, vehículos 4x4 o bicicletas. Cerca de la Villa Atamisqui, la pesca con mosca congrega a decenas de amantes de esta disciplina, que aprovechan la barranca alta donde la corriente se recuesta sobre la orilla y hace profundo el lecho de tosca. Algunos hasta aseguran que se han vuelto a sacar buenos dorados tras la seca ictícola de unos años atrás.

Es sabido también que Santiago es sinónimo de fe, y resta llegar a la Catedral Basílica, que data de 1876, para comprobarlo. Es el último de cuatro templos anteriores: el primero de ellos se construyó en 1570 e inauguró la primera diócesis en territorio argentino. Por su parte el convento de Santo Domingo, remodelado e inaugurado en 1881, guarda una copia de la Sábana Santa, lienzo que se grabó por contacto con el auténtico venerado en Turín, con el que según la tradición se envolvió el cuerpo de Cristo antes de colocarlo en su sepulcro. Otro punto es el convento de San Francisco, de 1566, remodelado a estilo neogótico a fines del siglo XIX. Consta de tres naves y la principal está presidida por un altar de madera de pino, laminado en oro. Y se puede hacer un alto en el camino para conocer la casa museo de don Andrés Chazarreta, gran hito de la cultura local, donde se muestran las pertenencias del folclorista que durante más de 50 años recopiló y compuso centenares de piezas populares.

La historia de San Francisco Solano y su violín así como los bañados de Añatuya, en el Parque Nacional Copo (115.000 hectáreas dominadas por bosques de quebracho colorado) son dos lugares para hacerse la escapada, que debe sí o sí concluir con un paso reparador por la termal Río Hondo. En plena temporada, sus famosas aguas alcalinas, bicarbonatadas, cloradas y sulfatadas son un lujo posible a 70 kilómetros. Por contener esas pequeñas cantidades de minerales en estado iónico, las aguas logran un gran poder de penetración en el organismo. Esto le otorga otra sensación inolvidable que el cuerpo se llevará por partida doble de la imbatible tierra de las chacareras.

Fuente: Página 12 Turismo

Santiago del Estero, Artesanías, platos típicos y paseos

La buena mesa

La provincia de Santiago del Estero se destaca por su sabrosa gastronomía. Entre los platos típicos, bien norteños e ideales para el frío invernal, se recomienda comer cabrito o chivito (ningún asado está completo sin él), las empanadas (si no están jugosas, hay que reclamarle al cocinero), los tamales, el dorado y el locro. Para el postre, nada mejor que el quesillo con cayote, los almíbares de batata y los famosos alfajores artesanales. No dejen probar los alfajores Abuela Haure, abundantes en dulce de leche y en historia.

La cestería

Es un verdadero arte en Las Termas de Río Hondo y su origen se remonta a la cultura precolombina. Los lugareños confeccionan canastos, centros de mesa y hasta lámparas en paja blanca, unquillo, chala y palma. También hay tallas en madera y tejidos.

La Costanera del río Dulce

Se trata de la avenida que nace en La Olla (vertiente de agua termal) y se extiende unos 4 km hasta el Dique. La Costanera luce totalmente renovada, con bicisendas y senderos para caminar a la vera del río Dulce. Vale la pena recorrer el paseo a pie en una tarde de sol, que además cuenta con miradores y bancos de madera y fue parquizada con una prolija sucesión de palmeras, lapachos y palos borrachos. En las confiterías –como Costa Dulce– se puede hacer un alto y disfrutar de un café o una cerveza en medio de la naturaleza y el silencio.

El Autódromo Provincial

Con una ubicación estratégica, a pocos metros del Dique Río Hondo, en el autódromo se desarrollan cada año numerosas carreras de TC, TC 2000, TOP Race RV6 y motos, entre otras categorías. El predio comprende 150 hectáreas, con un circuito de 4,4 km, una recta de 1.380 metros, 33 mil m2 de boxes, torre de control, sala de prensa, galpón de revisión técnica y capacidad para 65 mil espectadores.

Dique y Embalse de Río Hondo

Uno de los grandes íconos de Río Hondo es el Dique Frontal y Embalse, que forma un gran lago artificial de 33.000 hectáreas donde se practican deportes náuticos y pesca. El dique tiene 206 metros de largo, 29 metros de alto sobre el nivel del río Dulce y posee 22 vertederos de agua.

La pesca deportiva

Dorados, bogas, bagres y sábalos se pescan desde la costa del río Dulce y en excursiones de pesca embarcada con guías profesionales, como Carlos Alvarez (03858 - 421-648).

Museo Rincón de Atacama

Conserva vestigios de los antiguos habitantes (morteros de piedra y vasijas) y restos fósiles de animales prehistóricos hallados en yacimientos paleontológicos cercanos. Sebastián Sabater trabaja allí desde hace años y descubrió el “Paraeuphractus Sabateri”.

Fuente: Clarín Turismo

Río Hondo, la ciudad de las aguas sanadoras

Impresiones de una visita al tradicional centro termal, un destino que combina descanso, recreación y salud. Los hoteles, servicios y terapias.

Hay algo que no corre peligro de extinción en este planeta, más precisamente, en Santiago del Estero: la siesta. No conforme con haber contribuido de forma generosa con esa causa, esta cronista puede dar fe de que no se ha inventado aún la excursión, la actividad recreativa o el tratamiento de spa que logre interrumpir ese momento sagrado. Por eso, es bueno advertirlo desde el comienzo de la nota: si alguien llega desde una gran ciudad a Las Termas de Río Hondo, lo primero que hará será desentonar. ¿Los motivos? Aquí las personas caminan lento (y no sólo quienes superan los 60 años) y conservan hábitos tales como saludar y escuchar al otro con atención. Además, por alguna razón que no cuentan, sonríen varias horas al día. Y arman milongas en la calle, donde olvidan con facilidad que el azar bailó toda la noche con la banca en el casino.

Sin embargo, aun cuando todos estos argumentos no alcanzaran para movilizar a un porteño o a un rosarino –por sólo nombrar a un par de ciudadanos de urbes bulliciosas– hasta esta provincia del Noroeste argentino, las propiedades de las aguas termales de Río Hondo se encargarán de disolver cada contractura y convencerán al más incrédulo.

Dicen que el que avisa no traiciona: el contraste cultural recuerda a un abismo al llegar a estas latitudes y resulta difícil bajar los decibeles en un abrir y cerrar de ojos. “¿Se siente bien?”, pregunta, asustadísima, una mujer a la que casi atropello en los pasillos del Hostal del Abuelo, en medio de una carrera hasta mi habitación, porque mientras desayunaba caí en la cuenta de que había olvidado una lapicera (!). Veinticuatro horas más tarde recién empezarán a decantar algunas de las lecciones santiagueñas sobre el sinsentido del apuro como forma de vida, gracias a la amabilidad de los lugareños, la sabrosa gastronomía casera y, especialmente, el efecto revitalizador y saludable que van produciendo las aguas termales en tiempo y forma, y en cuerpo y alma.
Como un buen presagio, la mañana de sábado comienza con frío seco y sol a pleno. Una primera recorrida por el centro derrumba el primer mito: además de adultos mayores (que los hay, los hay, y en grandes cantidades), muchísimas familias con chicos eligen esta ciudad como opción de descanso y esparcimiento.
Escapándole al calor del verano, la temporada turística más fuerte se centra en las vacaciones de invierno, pero comienza en Semana Santa y se prolonga hasta bien avanzada la primavera.

La infraestructura resiste el paso del tiempo y crece, ya que cuenta con unos 150 establecimientos hoteleros y parahoteleros (es decir, departamentos y casas en alquiler, cabañas y cinco campings), sumando más de 14 mil plazas, mientras sobre la ruta 9 se está construyendo un hotel 5 estrellas.
En la actualidad, entre los hoteles más lujosos y completos figuran Los Pinos Resort & Spa Termal, El Hostal del Abuelo (Hotel & Spa), Yacú Rupaj Resort-Spa Termal y Marina del Faro Resort & Spa.

Una ciudad termal

Claro está, cuanto más completos sean los servicios que brinda el hospedaje elegido, más se disfruta de la estadía, ya que se trata de un destino donde el alojamiento y los tratamientos vinculados al agua termal juegan un papel primordial. Pero no hay que olvidar que Las Termas de Río Hondo no son un centro termal con infraestructura: es una ciudad termal. Por eso, todas las viviendas y los hoteles –sin importar la categoría– cuentan con este agua desbordante de propiedades curativas y paliativas.
Con unos 30 mil habitantes, la ciudad se encuentra a 1.107 km de Buenos Aires, a 65 km de la capital de Santiago del Estero y a sólo 87 km de San Miguel de Tucumán. Una de las formas más rápidas de llegar al lugar es volar a Tucumán y tomar una combi a Río Hondo.
Precisamente, la ubicación geográfica tiene injerencia en la mayor virtud y atracción del lugar. Estar situado sobre un multiacuífero termominero medicinal, con temperaturas que oscilan entre los 30°C y los 85°C, le confiere características únicas y permite que la ciudad se encuentre dotada de agua termal en su totalidad.
Para enteder algo más el fenómeno que se produce en Río Hondo, podemos decir que las precipitaciones que se producen en la ladera Este de las Sierras del Aconquija, en Tucumán, llegan hasta las capas impermeables formando una suerte de “fuente geológica”. Entonces, ese agua de lluvia atraviesa distintas capas de los estratos geológicos y sufre dos cambios fundamentales: uno es físico (el aumento de la temperatura) y el otro es químico (se carga de minerales).
Si bien con pocos metros de distancia los pozos pueden ser más o menos salados, las aguas del lugar han sido clasificadas como alcalinas, bicarbonatadas, clorosulfatadas y ferruginosas con pequeñas cantidades de hierro, calcio, magnesio, sodio y potasio.

Para los que odiaban Química en el colegio, les bastará comprobar algunas de sus propiedades terapéuticas. Por ejemplo, ayudan en diversas afecciones musculares, trastornos circulatorios, problemas respiratorios, el estrés y enfermedades reumáticas y de la piel, entre otras cosas.

Vivir para contarlo

Después de haber tenido en cuenta todos los recaudos del caso y de experimentar una llamativa mejoría en mi espalda, víctima directa del uso excesivo de la PC y la notebook, llega la hora de disfrutar de los servicios del Spa Lúdico Termal Agua de Vida.
De principio a fin, se trata de un espacio pensado para el relax. Lo mejor es entrar luciendo el atuendo de rigor para el lugar: una bata de toalla blanca sobre el traje de baño. Entonces sí, uno está listo para realizar el circuito hídrico.

Una de las opciones es comenzar a recorrerlo por el sauna seco, que consiste en una cabina de madera donde se eliminan toxinas e impurezas gracias a la dilatación de los poros, y donde se aumenta la capacidad de intercambio de oxígeno y se relaja el sistema nervioso.
Desde allí se pasa al baño de vapor, a 50°C y con un 70% de humedad relativa. Sin permanecer más de 15 minutos (y en ese caso, hay que salir cada 5 minutos para refrigerarse con una ducha fría), es un buen momento para tomar una ducha escocesa (con fuertes chorros que impactan por doquier) hasta acceder a la estrella del spa: la piscina lúdica. Como su nombre lo sugiere, además de recibir las bondades del agua hay que permitirse jugar. La pileta tiene hidrojets, bancos y camas de relajación, chorros de presión laterales y cuellos de cisne que aplican masajes en las regiones cervical, dorsal, lumbar, abdomen y extremidades inferiores (¿queda algún rincón de la anatomía por relajar?).

Finalmente, con agua y té a disposicón del huésped, se llega a la sala de relax con aromaterapia. La música suave, la luz más tenue aún, las fragancias delicadas y las camas con frazadas individuales se encargan de combatir el último resto de estrés (si queda algo).
Al día siguiente, se recomienda pedir turno en los gabinetes de masajes y de fangoterapia. Esta última, tiene la particularidad de efectuarse con lodo mineromedicinal de la zona. Imposible arrepentirse: la piel se lo agradecerá.

De historias, leyendas y turistas

Cuenta la leyenda que hacia 1590 Francisco Solano visitó el lugar buscando madera para construir un templo en Santiago. Por aquellos lejanos días, habría vaticinado la desaparición del caserío bajo las aguas, un hecho que ocurrió cuatro siglos más tarde, cuando se construyó el Dique Frontal Río Hondo. En su honor, en el Parque Agua Santa se levantó una estatua, muy visitada por mujeres que no pueden quedar embarazadas. Según la creencia popular, después de beber el agua que corre en el suelo que habría visitado Francisco Solano, ocurre “el milagro”.
Un buen lugar para profundizar sobre estos temas es el Museo Histórico de la ciudad, que cuenta con un rincón de arte sacro (hay tallas de madera del siglo XVII) y objetos que se remotan al origen del turismo en Río Hondo.

Fuente: Clarín Turismo

Tradiciones del bosque

Por el histórico Camino Real, la Feria Upianita propone degustación de platos típicos, artesanías, música folclórica y paseos en sulky.

Como una postal que remonta al pasado, en el agreste monte de Santiago del Estero, Upianita se erige junto al histórico Camino Real, que era el paso obligado de las expediciones que se dirigían al norte en el siglo XIX. Desde hace tres años, es el polo de atracción de miles de turistas y santiagueños, que cada fin de semana recrean las costumbres de este pueblo en contacto con la naturaleza.

A 27 kilómetros de la ciudad de Santiago del Estero, la Feria Artesanal y Productiva Upianita propone un interesante programa para que pueda disfrutar toda la familia: un día de campo con música folclórica, buena gastronomía, paseos en sulky y degustación de quesos de cabra, la imperdible especialidad de la zona, que preparan las mujeres lugareñas.

El parque temático "Upianita Escultura, Naturaleza y Leyendas" ofrece trece obras que recrean los relatos más populares. También se puede apreciar la Exposición de Cruces, que resume la historia viva, cultura y religión de las comunidades del Camino Real y el Jardín Botánico de cactáceas, que cuenta con diferentes especies de xerófilas que se deben conocer. Es un inmenso predio dominado por bosques de algarrobos, quebrachos, itines, talas y chañares, que con sus generosas copas resguardan a los visitantes del impiadoso sol de verano o del frío invernal que castigan Santiago del Estero.

Sobre el pequeño escenario, erigido a la sombra de un enorme algarrobo, se presentaron artistas renombrados como Peteco, Cuti y Roberto Carabajal y Raly Barrionuevo, además de jóvenes artistas locales, menos conocidos pero que muestran gran talento.

Bajo la sombra de los árboles, dispersas entre el inmenso bosque, las mesas artesanales de algarrobo y los bancos inducen a los visitantes a sentarse a degustar exquisitos manjares. Tientan el chivito, lechón al horno de barro o asado criollo (cuesta $ 10 la porción), empanadas o pasteles de charqui, vizcacha, pollo o carne (a $ 15 la docena), locro, tamales ($ 5 cada uno), distintos sabores de queso de cabra y vinos (desde $ 5 la botella). Un párrafo aparte merecen los inigualables dulces artesanales de cayote, zapallo, higo o miel de caña, que sólo se consiguen en los puestos de sabores autóctonos de Upianita.

Los artesanos

Son admirables los trabajos de las teleras santiagueñas y las artesanías en madera, cueros de cabra y de vaca, en los que se aplican técnicas milenarias para el curtido del cuero y para teñir los lienzos. En verano, Upianita se abre al público los sábados desde las 18 hasta la medianoche.

A 2 kilómetros de Upianita por el Camino Real se erige la higuera a cuya sombra descansó el general José de San Martín durante su travesía hacia el norte. También se puede visitar la capilla de San Pedro y el Museo Ashpap Rymayny ("La voz de la tierra").

El irresistible atractivo de Upianita empieza a perfilarse ni bien se deja atrás la capital provincial por la calle Independencia y el trayecto de 27 kilómetros continúa por un camino provincial paralelo a la ruta 9. Los turistas empiezan a disfrutar con la vista de las señoriales fincas que se alinean a los costados del pavimento. Muchas de esas quintas de fin de semana lucen impecables jardines decorados con plantas y flores, pileta, cancha de fútbol y centenarios árboles. En medio de ese paisaje colorido aparecen cultivos de alfalfa, ganado pastando y pequeñas huertas familiares.

Antes de completar los últimos 4 km hasta Upianita por el camino de ripio que antiguamente formaba parte del Camino Real, los puestos de artesanías imponen más de una parada. Son imperdibles los trabajos en cerámica precolombina y las mesas y sillones de algarrobo con cuero trenzado que fabrica Patricio con sus propias manos. También afloran las magistrales obras de arte que producen las teleras en forma totalmente artesanal. Tejen en sencillos telares de madera y, para teñir sus telas, se valen de las tintas que les brinda la naturaleza.

Para hospedarse en Santiago del Estero capital, el hotel Carlos V cobra 340 pesos la habitación doble con cochera y desayuno; el hotel Centro, $ 235; hotel Savoy, $ 210; hotel Iovino, $ 88.

Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2009/12/20/v-02104337.htm