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Cuidando la identidad de un pueblo


Como resultado de la voluntad de proteger el patrimonio cultural y natural de la región, se hace hincapié en leyes y ordenanzas para tal fin, pero también los propios habitantes de Cachi que no quieren perder su identidad.

En el Encuentro de Miradas, en el marco del Dïa Nacional del Patrimonio, los habitantes tienen la precaución de prepararse para la ola migratoria que se dió en los últimos años en esta región.

Ya en el pasado, por ordenanzas se dispuso a limitar la altura de las casas, proteger las fachadas, molduras y disposición de puertas y ventanas, tambien respetar los colores y las veredas de lajas.

Como resultado del trabajo de la Comisión Patrimonio Cachi, donde arquitectos y fundaciones se preocupan en la preservación de lugares históricos y recursos naturales, declararon de interés cultural la arquitectura en adobe.

En la comisión tambien participan comunidades originarias diaguitas calchaquíes.

La música también estuvo presente, con guitarras y bombos le dieron vida a las noches de Cachi.
En la iglesia de San José de Cachi, con buena acústica y una noche de música de cámara. En la plaza, la peña La Casona del Molino se destacaron las coplas y cantos populares.

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Titulo: Cuidando la identidad de un pueblo.
Publicado el 01/11/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Salta
Ciudades: Cachi
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/salta/cachi/cuidando-la-identidad-de-un-pueblo_n.html
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El circuito de Güemes


El propio heroe Martín Miguel de Güemes ya tiene su homenaje y su ruta que parte desde la ciudad de Salta por el Valle de Lerma, en el Norte Argentino.

Se puede conocer y revivir la vida y muerte del general que fué fundamental en la guerra de la independencia, que detuvo a los realistas realistas por el Norte. También tomó el buque de guerra inglés Justine que habia quedado encallado en las costas bonaerenses.

Hay varios lugares para conocer como parte de la historia del general, desde su monumento en el cerro San Bernardo, la catedral salteña, el Panteón de las Glorias del Norte que guarda sus restos y de otros próceres nacionales, entre otros.
A 10 kms de Salta Capital, está La Pedrera, donde el 24 de marzo del año 1814 arrasó con las milicias españolas que allí se encontraban.
Donde hoy está la Finca La Quesera, era un convento. Allí cuenta la historia que fúe atendido cuando lo llevaron sus hombres, tras ser herido de muerte en una emboscada por más de 300 españoles. Hoy es un buen lugar que respeta las costumbres gauchescas, donde se pueden hacer cabalgatas y trekkings para recorrer este bello paisaje.

Finca La Cruz fué declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1941. Propiedad perteneciente al padrastro de Güemes, se usó como base militar y como hospital. Allí se puede visitar el Museo de la Vida Rural Salteña.

La siguiente parada, es la Capilla de El Chamical se construó en el año 1818 por orden del general.
Luego, se conoce su casa y el sitio donde se lo enterró antes de ser llevado a la catedral salteña.
Finalmente, hay que ir a Cañada de la Horqueta donde hay un monolito que señala el lugar donde el prócer agonizó durante diez días. Murió el 17 de junio del año 1821.
La muerte del general gaucho, es una fecha importante para los salteño, que se realiza la tradicional Guardia Bajo las Estrellas para recordar sus días de agonía, en su monumento en el cerro San Bernardo. Se realizan danzas y cantos típicos, y se puede disfrutar de locros, tamales y empanadas.

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Titulo: El circuito de Güemes.
Publicado el 17/07/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Salta
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/salta/el-circuito-de-guemes_n.html
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Cafayate, de viaje por el camino del torrontés

En Cafayate, “la otra capital del vino”.

Salta, de noche. Estamos en “La Vieja Estación”, una de las peñas pioneras de la calle Balcarce. Sobre el escenario toca Federico Maldonado, finalista de Operación Triunfo y niño mimado del folclore joven. En las paredes cuelgan fotos en sepia de Cafrune, ponchos y unos sombreros negros que parecen murciélagos gigantes.
“Los salteños somos raros”, me dice por lo bajo Raúl Mazza, un sommelier local, que trabaja para la bodega El Esteco. “Hasta hace poco, en los bares y restaurantes te ofrecían vinos mendocinos antes que salteños”, se lamenta y luego embucha un trago de torrontés helado. “Por suerte, ahora los pibes en las peñas toman mucho vino de Cafayate, jóvenes y de buen precio, tipo Quara. Es que las peñas son muy vineras, sabés, y si los pibes no toman los vinos de acá, ¿quién los va a tomar?”.

Ver mas en:
http://www.turismonorteargentino.com/salta/de-viaje-por-el-reino-del-torrontes_nota1457.html

Salta, el observatorio de aves en el Parque El Rey

El observatorio de aves en el Parque Nacional El Rey dispone de información con las características de las aves que habitan este Parque Nacional y cuenta con un telescopio y binoculares disponibles para los turistas.
El Parque Nacional El Rey cuenta con gran diversidad de aves, y tiene 361 especies.

Este nuevo emprendimiento es de gran importancia, y se suma a los otros edificios que ya cuenta el Parque.


Ver mas en:
http://www.turismonorteargentino.com/salta/el-observatorio-de-aves-en-el-parque-el-rey_nota1499.html

Camino a Cachi

El atractivo paisaje de los Valles Calchaquíes y los colores de este pueblo, que atesora vestigios de culturas milenarias.

La localidad de Cachi, en Salta, atrapa con sus diversas imágenes que nos muestran sus paisajes, su gente, la cultura local, con un encantador silencio y quietud general. Los colores del cerro Nevado . El exquisito torrontés que se produce en los Valles Calchaquíes .

El viaje comienza en la ciudad de Salta, donde muchos viajeros hacen base para conocer todo el Norte Argentino.

En la ciudad de Salta, se puede disfrutar del casco histórico, la calle Balcarce (llena de bares y peñas folclóricas de deslumbra todas las noches) y el Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM).

Ver mas en
http://www.turismonorteargentino.com/salta/camino-a-cachi-sin-apuro_nota1498.html

El turismo comunitario en Salta

Familias campesinas humildes integran una red de turismo con mucho para ofrecer y para enseñar.

En los valles calchaquíes salteños existe desde hace unos años una Red de Turismo Campesino. "Una experiencia genuina de desarrollo rural participativo"; con esas palabras definen el proyecto los propios hacedores. Concretamente se trata de una cooperativa agropecuaria, artesanal y de turismo rural comunitario, conformada por 50 familias campesinas humildes de 12 comunidades de esa región.

Que el turismo sea una actividad que genere autogestión, trabajo digno, reivindicación y reconocimiento al saber local y a su patrimonio natural y cultural son algunos de los objetivos de los salteños integrantes. Esos mismos que aseguran que el turismo convencional ha estado históricamente en manos de empresarios y ha invadido de manera descontrolada y espontánea territorios comunitarios sin medir sus impactos sociales, culturales, ambientales y económicos. Ellos proponen, en cambio, una alternativa ambientalmente sustentable y con tarifas socialmente justas.

Ver mas en:
http://www.turismonorteargentino.com/salta/turismo-comunitario-en-salta_nota1491.html

De Chicoana a Cafayate. Sonoro silencio calchaquí

Crónica de un viaje desde Salta capital hasta Cafayate, tomando la Ruta 40 como eje principal para recorrer los poblados de La Poma, Cachi y Molinos, y la espectacular quebrada de las Flechas. Historia y naturaleza en un circuito que concentra las vivencias y los paisajes emblemáticos del Noroeste.

A grandes rasgos, podría decirse que hay una Salta puneña, una citadina en la capital y otra que la llaman “vallista” en los Valles Calchaquíes. Esta última, con sus pueblitos y casas de adobe perdidas en la montaña, es la faceta salteña que nos proponemos explorar, tomando como eje principal la Ruta 40.

Partimos desde la capital provincial por la RP 68 para tomar la 33 en El Carril, con rumbo oeste por el valle de Lerma. Antes de comenzar a subir el chofer reparte unas hojas de coca entre los pasajeros, aunque advirtiendo que no será por esto si ven llamitas volando. Mientras tanto, a los costados se extienden las plantaciones de tabaco y el guía explica que el trabajo de producción de las hojas se hace totalmente a mano. Un peón hace un agujero en la tierra con un palo y otro planta. Tres meses después se corta la flor planta por planta –para que toda la energía vaya a las hojas– y más tarde se va cortando hoja por hoja y se lleva a secar en hornos de adobe alimentados con madera.

Ver mas en
http://www.turismonorteargentino.com/salta/de-chicoana-a-cafayate-sonoro-silencio-calchaqui_nota1485.html

Por la Puna Salteña, entre salares y bellezas naturales

Una de las experiencias mas impresionantes del Norte Argentino, es ascender a la Puna salteña.
Este Circuito Andino comienza en la ciudad de Salta y a traves de la Ruta Nacional Nº 51, se atraviesa quebradas serpenteantes, ruinas arqueológicas y bellos paisajes. Los salares confunden la tierra y el cielo, haciendo un paisaje increible para disfrutar con todos los sentidos.
Este altiplano ubicado a más de 4.000 msnm, tiene picos con nieves eternas, negros volcanes, extensos mares de sal, lagunas repletas de flamencos y vicuñas, por donde se llega a localidades con costumbres ancestrales, como San Antonio de los Cobres y Tolar Grande.

El viaducto "La Polvorilla", ubicado a pocos kilómetros de San Antonio de los Cobres, por donde pasa el famoso Tren a las Nubes, es un icono turístico de la provincia y del país.

Ver mas en
http://www.turismonorteargentino.com/salta/por-la-puna-saltena-entre-salares-y-bellezas-naturales_nota1508.html

Extraños desiertos de sal

En la Argentina se encuentran las Salinas Grandes ubicadas entre las provincias de Salta y Jujuy, a 190 kilómetros de San Salvador de Jujuy.

Es uno de los salares mas grandes de Argentina, que ofrecen un espectaculo inolvidable al visitante, inmerso en un profundo silencio.

La gran extensión de sales sólo se interrumpe otros monticulos de sal y por los piletones que se utilizan para extraer y procesar este mineral.

Tiene 8.200 kilómetros cuadrados y se quedan con el segundo lugar en el ranking de los mayores salares del planeta.

Ver más: Esos extraños desiertos de sal

Entre viñedos de gran altura

En los Valles Calchaquíes se concentra gran parte del enoturismo en el Norte Argentino, a mas de 2000 mts sobre el nivel del mar.

Por los valles se pueden degustar vinos artesanales y líneas de alta gama, en especial el clásico torrontés.

Los Valles Calchaquíes de Salta, se transforman en un valle repleto de viñedos y uvas, donde hoy se puede recorrer la Ruta del Vino Norteña, entre cerros colorados y 2.200 hectáreas de viñedos en plena producción.

Ver más en: Entre viñedos de gran altura

De viaje por el reino del torrontés

Cafayate ya es conocida como la otra capital del vino.

En la ciudad de Salta podemos disfrutar de la noche, e indudablemente iremos a la calle Balcarce a disfrutar tantas tradiciones nacionales, con un folclore joven y viejo, que nos delita todos los sentidos. Al igual que las tipicas comidas que podemos disfrutar, acompañados por vinos de Cafayate, que no tiene nada que envidiarle a los vinos de otras regiones del pais.

Ver más en: De viaje por el reino del torrontés

Quebrada de las Conchas, donde el destino está al costado del camino

Las numerosas y curiosas figuras rojizas de la Quebrada de las Conchas, en Salta, no requieren de un viaje extra del visitante para disfrutarlas, ya que lo acompañan como en una exposición a lo largo de unos 50 kilómetros junto a la ruta desde Cafayate, aunque siempre es bueno apearse y recorrerla a fondo.

La ruta 68, que conecta esta ciudad con la capital provincial, parte de Cafayate hacia el oeste como una recta impecable que atraviesa el verde cinturón de los viñedos que generan sus famosos vinos torrontés. Después de unos letreros que indican las distancias hasta Salta capital y una localidad con el extraño nombre de Alemania, en pocos minutos se llega a un paisaje opaco, con arbustos bajos y al frente sólo cerros azulados y algunas delgadas nubes posadas sobre sus crestas, que a la distancia semejan un manto níveo.

Se trata del Valle de Guachiras, donde la soledad de la siesta -si el viaje es después del mediodía- sólo es alterada por algunos burros que cruzan dubitativos la cinta asfáltica y rapaces que giran buscando carroña junto a la ruta. Tras pasar el puente sobre río de las Conchas, una serie de curvas, badenes y toboganes obligan a aminorar la velocidad, pero el principal motivo para circular lentamente es poder admirar las extrañas formas de las rojas rocas arenosas a ambos lados, porque allí comienza la Quebrada de las Conchas, o de Cafayate.

Ver mas en:
http://www.365argentina.com/salta/quebrada-de-las-conchas-donde-el-destino-esta-al-costado-del-camino_nota1442.html

Salta, una ciudad que brilla junto a los cerros

Tradicional y a la vez vanguardista, la capital salteña cautiva con su arquitectura y la riqueza cultural. El circuito de las iglesias y el museo de las momias incas.

Siempre suena alguna campana en el centro de Salta. Como si las torres y las cúpulas necesitaran algo más que su imponente presencia para hacerse notar. Hay paredes con filigranas, columnas, arcos, palmeras deshilachadas, molles de hojas finas como agujas, una glorieta poblada de chicos, mesitas con gente en las veredas. Y detrás del ritmo casi musical del atardecer en la plaza, los cerros limitan el horizonte con su presencia silenciosa.

Sólo hace falta rondar por el centro, caminar entre las antiguas casonas de la calle Caseros, o levantar la vista hacia el interminable campanario de la iglesia de San Francisco para comprender por qué a esta ciudad la llaman desde siempre “La Linda”.

Más allá de la visita a los tradicionales edificios históricos, vale la pena caminar sin rumbo para encontrar la nueva cara de la ciudad de Salta con sus locales de diseño, el impactante Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM) y las muestras de arte vanguardista.

Nadie la despierta de su sueño de quinientos años. Los dientes de leche asoman por la boca entreabierta, los ojos cerrados, la cabeza ligeramente inclinada hacia arriba y el cuerpo cubierto con antiguos tejidos incaicos. La Niña del Rayo sigue durmiendo en la penumbra inalterable del museo, como alguna vez lo hizo en la cima olvidada de un volcán. Aquí también suena el viento, y el frío eriza la piel como en la soledad de los Andes, aunque estemos en el centro de la ciudad, y aunque afuera –en esa calle que ahora parece tan lejana– la temperatura escale arriba de los treinta grados.

El Museo de Arqueología de Alta Montaña de esta ciudad guarda uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de los últimos tiempos: los Niños del Llullaillaco. Se trata de los cuerpos congelados de tres niños que habrían sido ofrendados por los incas a los dioses, en un ritual llamado Capacocha.

Por su excelente estado de conservación y por el lugar donde fueron descubiertos –sobre el Volcán Llullaillaco, a más de 6.700 metros de altura– el hallazgo ha justificado la creación de este museo en un bello edificio de estilo neogótico, frente a la plaza principal de la capital salteña.

El tránsito por las penumbrosas salas de este museo significa mucho más que un paseo entre vitrinas y reliquias históricas: se trata de una experiencia por un mundo ya perdido con sus voces, ceremonias y secretos.

El ajuar que acompañaba a los tres niños en su viaje eterno estaba compuesto por 146 miniaturas que representaban la vida cotidiana con materiales que habían sido traídos desde distintos puntos del Imperio Inca: conchas marinas de Ecuador, plumas de las selvas orientales, oro y plata provenientes del altiplano.

La exhibición avanza entre paneles explicativos, sonidos y voces que crean un clima sobrecogedor, hasta que detrás de un panel esmerilado –el visitante decide si continuar la visita– aparece el cuerpo. Los niños son expuestos en condiciones climáticas y de luz ideales para su preservación.

Una vez fuera del museo, la luz de la calle encandila como si hubiéramos hecho un auténtico viaje de quinientos años.

A pocos metros del tesoro de los incas, una escultura del virrey Francisco de Toledo con su espada, los bigotes en punta y el traje de conquistador da cuenta de cómo sigue la historia.

La Catedral, con su frente de color rosado, alberga otras ceremonias: una morocha elegante vestida de blanco, con sombrero de alas anchas y poncho colorado sobre un hombro, lee en silencio una oración.

El altar reluce como un sol dorado que delata el trabajo realizado por dedicados orfebres. En la Catedral todo brilla, se eleva, se redondea en dirección a la cúpula. En uno de los rincones, el Panteón de las Glorias del Norte guarda los restos de Martín Miguel de Güemes y de otros héroes de la Independencia.

De vuelta en la calle, el ruido aturde: un hombre azota la calzada con un martillo neumático, una chica reparte volantes disfrazada de gaucho, un grupo de chicos corre debajo de la bella glorieta techada.

Al otro lado de la plaza, el Cabildo con sus recovas y galerías intenta condensar las complejidades de la historia local.

“En el imaginario social el Cabildo sigue siendo el lugar donde se decide y peticiona, a pesar de que la Intendencia y el poder político se hayan mudado de la plaza hace tiempo”, afirma María Esther Ríos, actual directora de los tres Museos Históricos Nacionales que tiene Salta.

Entre las galerías, patios y gruesas paredes de adobe del Museo Histórico del Norte, situado en el Cabildo, se despliegan colecciones que abarcan los tres grandes períodos históricos de la región: culturas originarias, período colonial y período independiente.

El edificio vio pasar guerras, terremotos y revoluciones que aún se adivinan entre sus paredes. Como si se tratara de una puesta en escena, un policía conversa con los cuidadores del museo frente a los calabozos de la planta baja, donde estuvieron presos los cabildantes revolucionarios por orden del gobernador.

Pero el recorrido incluirá mucho más que eso: urnas funerarias de los pueblos originarios, bellísimas piezas de arte sacro, banderas y uniformes utilizados en las guerras de la independencia, y una elegante colección de carruajes antiguos.

Fuera del Cabildo, la tarde avanza y la ciudad se acelera: las palmeras se mecen, la gente se agita en las peatonales, algunos se sientan a tomar café en las mesas esparcidas alrededor de la plaza, suena una campana.

La historia se mezcla a cada paso: sobre otra de las calles que rodean a la plaza de la ciudad, un cartel anuncia que estamos, ahora, frente al Museo de Arte Contemporáneo (MAC).

El interior blanco, despojado y luminoso con sus obras de vanguardia parece la antítesis exacta del MAAM, ubicado justo enfrente. A falta de guías y paneles explicativos, cada visitante arma su propio recorrido, entre gigantografías, instalaciones, pinturas y objetos que por momentos resultan desconcertantes.

Junto al museo y sobre la calle Caseros, los locales de diseño juegan a combinar nuevas formas con materiales tradicionales: lámparas hechas de cardón, carteras de barracán, anotadores con diseños precolombinos.

La historia no se detiene en esta ciudad que cabalga entre la vanguardia y las tradiciones.

El sol se pone entre las montañas. Detrás del panel de vidrio que resguarda la habitación, la ciudad se extiende como una alfombra silenciosa y rojiza.

Desde el hotel anclado en la ladera de uno de los altos cerros que rodean a la capital salteña, el campanario de la iglesia de San Francisco parece una torre silenciosa y colorida.

Hace minutos apenas, mientras nos alejábamos de la plaza por la histórica calle Caseros, los 54 metros de la torre se resistían al registro fotográfico y las campanas batían con fuerza. La iglesia, con su cautivante porte de tarjeta postal, exhibía cada detalle de su frente con columnas, molduras y falsos cortinados de yeso.

“Sin dudas, es la iglesia más linda que tiene la ciudad. Las campanas que tiene están hechas con el metal fundido de los cañones utilizados en la batalla de Salta”, explicaba con orgullo Marité, la guía.

Desde la ventana de la habitación, la capital salteña se convierte en espejismo. La torre iluminada de la iglesia de San Francisco titila como las estrellas entre los cerros en sombras.

Fuente: Clarín Viajes

Gira norteña por Salta, Tucumán y Jujuy

De los Valles Calchaquíes a la Puna, una hoja de ruta día por día para recorrer en dos semanas las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy, visitando Tafí del Valle, Cafayate, Cachi, la capital salteña, Tolar Grande, Iruya y la Quebrada de Humahuaca.

En vacaciones de verano muchos viajeros acostumbran hacer travesías largas por alguna de las diversas regiones de nuestro país. Pueden partir rumbo a Cuyo, o a la Mesopotamia o hacer un recorrido por zonas de la Patagonia. El otro de los grandes viajes en nuestra vasta Argentina es el noroeste, donde se siente con mayor intensidad el latido originario de las culturas autóctonas, mientras se atraviesan sus coloridos paisajes. En el NOA hay además una religiosidad popular andina muy diferente a otras, una música propia cuyo origen se remonta a tiempos prehispánicos y se viven algunas de las fiestas populares más alegres del país. A continuación, un viaje de 15 días por las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy –Catamarca queda ya para otro viaje– como para llevarse una idea general de la región, siempre con la idea de volver. Porque cada provincia justifica un viaje en sí mismo –siempre va a haber un viaje más a fondo por donde uno pase– de al menos una semana cada uno. El viaje sugerido aquí se puede hacer en auto o en transporte público en su mayor parte.

Desde Tucumán

Desde Buenos Aires hasta San Miguel de Tucumán hay 1310 kilómetros –por ruta, unas 15 horas en promedio–, así que si se viaja con vehículo propio lo normal es pasar una noche en la ciudad de Córdoba. En la segunda jornada, si el cansancio no abruma y el calendario marca día sábado, se justifica en el camino una parada en el pueblo de Simoca para visitar su histórica feria de campo.

El mercado de Simoca es teóricamente el más antiguo del país, ya que su origen se remonta al tiempo de la colonia, cuando en el siglo XVII el mismo espacio físico era una feria semanal donde había una posta de caballos y se comerciaba con la ley del trueque (que en algunos casos todavía se aplica, entre amigos). Este mercado a cielo abierto funciona todos los sábados desde hace ya más de 300 años, y gran parte de las personas que hacen compras llegan en coloridos sulkies que a veces suman más de un centenar estacionados en las calles de alrededor.

En la capital tucumana es casi una obligación patriótica visitar la Casa de Tucumán –en la noche se hace un sugerente recorrido con un espectáculo de luz y sonido inspirado en la firma del acta de la Independencia– y se puede dormir en esa ciudad o seguir viaje 107 kilómetros más hasta Tafí del Valle para pasar una o dos noches.

La parte final del trayecto entre San Miguel y Tafí del Valle toma la RP 307 para subir por un camino de cornisa a través de las montañas del “monte tucumano”, entre cañaverales y cascadas que brotan de manantiales en las alturas. Cada tanto aparece algún lapacho florecido de color fucsia y la vegetación se hace cada vez más tupida, hasta que el verdor estalla en una profusión de helechos, lianas y árboles de gran porte con plantas colgantes.

Cerca de los dos mil metros de altura sobre el nivel del mar, la vegetación decae. Ya casi no hay árboles, pero toman la posta los cardones, esos cactus gigantes que se elevan hacia el cielo como dedos acusadores. Alrededor de la ruta se levantan grandes montañas cubiertas por un suave manto verde y cada tanto se ven bajar baqueanos a caballo desde las alturas de los cerros.

El Valle de Tafí aparece de pronto, tras una curva, donde el sol cae a pleno sobre el agua del embalse La Angostura. Los calchaquíes denominaban Taktillakta (pueblo de entrada espléndida) al antiguo Tafí, donde algunos cardones crecen entre las casas superándolas en altura. También se ven caballos pastando a una cuadra del centro, llamas en los patios de algunas casas y se oye el canto de los gallos. Desde el pueblo se visita el Parque de los Menhires –una serie de piedra aborígenes talladas–, el casco de una vieja estancia y se organizan salidas a caballo y en 4x4.

De Tafí del Valle uno debería irse cuando le den ganas –lo ideal es viajar sin un cronograma estricto–, siguiendo hacia el norte para pasar por Amaicha del Valle y empalmar con la Ruta 40 en menos de una hora, justo antes de uno de los puntos culminantes de este viaje: las ruinas de la antigua ciudad de los indios quilmes, conformada por una serie de terrazas escalonadas sobre los faldeos del cerro Alto Rey. El segmento restaurado es apenas una parte de lo que fue una “gran ciudad” indígena que llegó a albergar a 3 mil personas. Basta con internarse un poco en la maleza para toparse con infinidad de montículos de piedra que alguna vez fueron parte de las gruesas paredes de las casas indígenas.

La ciudad de los quilmes fue uno de los asentamientos prehispánicos más importantes del país. Solamente la base de las casas fue reconstruida, utilizando las mismas piedras que yacían amontonadas en el sitio. Vista desde las alturas del cerro, la ciudad se asemeja a un complejo laberinto de cuadrículas de hasta 70 metros de largo, que servían de andenes de cultivo, depósitos y corrales para las llamas. Hay también numerosas casas de estructura circular que estaban techadas con paja. Se calcula que el lugar comenzó a poblarse alrededor del siglo IX d.C., y a mediados del siglo XVII unas 10 mil personas vivían en los territorios de los alrededores.

Rumbo a Salta

De regreso en la legendaria Ruta 40 el siguiente destino es el pueblo salteño de Cafayate, donde se puede hacer noche y dedicar el día siguiente a visitar alguna bodega de vino torrontés y la Quebrada de las Flechas, donde brotan de la tierra unas placas sedimentarias que se quebraron por el surgimiento de las montañas y ahora apuntan al cielo sus filosas puntas.

Dos noches son el mínimo necesario para respirar el ambiente pueblerino y colonial de Cafayate. La excursión más impactante por sus paisajes es a la Quebrada de las Conchas por la RN 68 que es también uno de los dos caminos posibles hasta la ciudad de Salta, aunque si se regresa por allí se pierde de visitar los pueblos de Cachi y Molinos, que están en la vía alternativa. Entonces la solución es recorrer la primera mitad de esta quebrada –unos 30 sinuosos kilómetros– para visitar las impresionantes formaciones sedimentarias de la Garganta del Diablo y El Anfiteatro y luego regresar de nuevo a Cafayate. La Quebrada de las Conchas está totalmente asfaltada hasta Salta –a diferencia de la opción por la Ruta 40 desde Cafayate–, así que es una opción para quienes le teman al ripio.

Desde Cafayate, la Ruta 40 conduce hacia el norte por los pintorescos pueblitos coloniales de Molinos y Cachi, lugares ideales para pernoctar en el silencio absoluto de las noches (muchos optan por seguir hasta la ciudad de Salta y disfrutar de la movida nocturna de peñas folclóricas como La Vieja Estación y la Casona del Molino). Desde Cafayate a Cachi la 40 es de ripio y luego hasta Salta está casi toda pavimentada.

Para llegar a la ciudad de Salta se abandona la Ruta 40 y se toma la nacional 33 que en la Recta de Tin Tin atraviesa el Parque Nacional Los Cardones y luego sube por los caminos de cornisa de los Valles Calchaquíes hasta los 3348 metros en la Piedra del Molino, donde se comienza a descender por la espectacular Cuesta del Obispo. Desde la ruta se divisa la Precordillera de los Andes y la cumbre del Nevado de Cachi, que con sus 6720 metros es la segunda más alta del país luego del Aconcagua.

Hacia la Puna

Salta es la capital más bonita del noroeste, y además de su vida nocturna y edificios coloniales tiene circuitos en sus alrededores como la Quebrada de San Lorenzo, además de la excursión llamada Movitrack que hace por tierra un recorrido en paralelo al Tren a las Nubes. Esta excursión –igual que el tren– tiene como destino final el pueblo de San Antonio de los Cobres, que es la siguiente parada de este periplo. Por eso, quienes no tengan auto propio pueden tomar cualquiera de estas dos excursiones y bajarse en San Antonio a pasar una noche (en ambos casos se debe pagar la excursión completa).

A San Antonio de los Cobres se llega por la RN 51 –70 por ciento pavimentada– en unas cuatro horas desde Salta. Al costado del camino aparecen caseríos extraviados en medio de la nada, con apenas unas casas de adobe con techo de paja. Unos llamativos corrales pircados forman cuadrículas en medio de la inmensidad arenosa, donde cada tanto aparece algún pastor de poncho rojo y sombrero ovejón arreando un tropel de chivos.

Junto a la ruta se ven algunos pequeños cementerios cercados por un muro de adobe, tras el cual sobresalen coloridas cruces decoradas con flores. Más adelante las tropillas de llamas le dan vida al paisaje de pastos ralos doblados por el viento. Hasta que en la lejanía se vislumbra el pueblo de San Antonio de los Cobres, apechugado en medio de un valle protector con cumbres que sobrepasan los 6500 metros. Es el comienzo de la altiplanicie de la Puna, un cambio de dimensión.

En San Antonio de los Cobres lo ideal es dormir una noche para no hacer tan largo el viaje hacia Tolar Grande, un pueblo todavía poco conocido con sólo 150 habitantes, donde están los paisajes más espectaculares de la Puna salteña.

Tolar Grande es una de las perlas escondidas de la Puna, el único lugar de esta gira a donde se requiere una camioneta 4x4 para llegar, especialmente en verano, época de lluvias. Pero quienes vayan con auto común pueden dejarlo estacionado y contratar una excursión de dos noches que la municipalidad de Tolar Grande ofrece como paquete completo desde San Antonio de los Cobres. El precio es de $ 800 por persona en base doble e incluye traslados, alojamiento en casa de familia, cinco comidas, desayuno y excursiones a Ojos de Mar, El Arenal y el espectacular Cono de Arita, una pirámide casi perfecta de origen natural. Se puede reservar en: www.tolargrande.gov.ar Tel.: 0387-155-332-912.

Luego de dos días en Tolar Grande hay que desandar el camino hasta San Antonio de los Cobres para retomar la Ruta 40 hacia el norte –de ripio en este tramo– rumbo a las Salinas Grandes, compartida por Salta y Jujuy.

Al acercarnos a las salinas la ruta se convierte en una recta larguísima que divide por la mitad ese “mar blanco” que asemejan las Salinas Grandes. La llegada es deslumbrante. Allí no hay un solo arbusto, ni una rama seca, ni vestigio aparente de vida. Es una planicie perfecta donde sólo se vislumbra un suelo liso y radiante, con resquebrajamientos en forma de pentágono que se reproducen con la exactitud matemática de una telaraña. La única excepción son unos misteriosos conos de sal –en realidad, acumulados por los trabajadores de la salina–, y unos piletones naturales de forma rectangular llenos de agua. Y difícilmente otro paisaje norteño pueda transmitir mejor la idea de la nada más absoluta.

El siguiente destino del viaje es el pueblo de Purmamarca, aunque al dejar atrás la salina se puede hacer primero un desvío a la izquierda en la ruta 52 para visitar el pintoresco pueblito de Susques, un trayecto totalmente pavimentado. Al llegar a Susques –a 3896 metros de altura y al fondo de una pequeña hoya rodeada de mesetas– se descubre un pueblito con calles de tierra y casas de adobe que al mediodía parece desierto. El atractivo principal de este pueblo de un millar de habitantes es su pequeña iglesia de adobe del siglo XVI. La iglesia Nuestra Señora de Belén de Susques tiene un muro perimetral con un arco de entrada que, al igual que los techos de la iglesia, está cubierto con una torta de arcilla y paja. Por dentro, tiene vigas de cardón unidas con tientos de llama y piso de tierra. En Susques se puede dormir o desandar el camino hasta el cruce con la Ruta 40 y seguir por la misma 52 hasta el pueblo de Purmamarca, recorriendo los caracoleos de la espectacular Cuesta de Lipán, totalmente asfaltada.

En Purmamarca está el famoso arco iris de piedra del Cerro de Siete Colores, con sus zigzagueantes franjas de minerales. Sus callecitas de tierra suben a la montaña y las casas de adobe parecen brotar de la tierra. A simple vista pareciera que el tiempo no roza este pueblo fundado en 1594, que mantiene mejor que ningún otro su arquitectura colonial. Unas veinte manzanas se arremolinan alrededor de una plaza con un cabildo y una iglesia, cuya fecha de construcción está cincelada en el dintel de madera de la entrada: 1648.

Luego de una noche en Purmamarca se toma la RN 9 que recorre la Quebrada de Humahuaca, pasando por el cerro Paleta del Pintor en Maimará hasta llegar al pueblo de Tilcara, famoso por su pukará. En Tilcara hay muy buenas peñas folclóricas y variedad de posadas y hosterías, así que se justifica dormir allí o si no seguir viaje hasta la ciudad de Humahuaca, a una hora y media de viaje.

Humahuaca es casi una ciudad cuyas callecitas empedradas se van iluminando al atardecer con los faroles coloniales de hierro forjado clavados en las paredes de adobe. También es la sede principal del famoso Carnaval de la Quebrada, y quien no venga para esa fecha igual puede tener un acercamiento a esa fiesta visitando el Museo Folklórico Regional, con una muestra de instrumentos y disfraces.

Iruya, al final de la ruta

El último tramo de este viaje es hasta el pueblo de Iruya, que si bien está en Salta, se llega desde la Quebrada de Humahuaca hacia el norte. Al abandonar la famosa Quebrada se acaba el pavimento y comienza un ripio en muy buen estado, primero por la RN 9 y luego la RP 133. En total son 70 kilómetros –sólo 52 de ripio–, que también se pueden hacer en colectivo gracias a la línea diaria que une Humahuaca con Iruya, si es que uno no quiere poner en riesgo su auto. Hay que tener en cuenta que al ser el verano la época de lluvias –suelen ser lluvias cortas– a veces el camino se corta por unas horas justo llegando a Iruya, ya que lo cruza un arroyito. Y con mala suerte uno puede quedar varado dentro del pueblo a lo sumo un día en Iruya sin poder salir. Pero eso no es impedimento para el viaje.

El camino a Iruya sube hasta los 4000 metros en el Abra del Cóndor, justo el límite entre Salta y Jujuy. Entonces la ruta comienza a bajar en zigzag mientras se encienden los colores vivos de los cerros y tras la ventanilla se ven senderitos que trazan líneas diagonales en la montaña. A lo lejos proliferan pircas rectangulares y circulares, y aparecen manadas de llamas, cabras y ovejas con su pastorcito atrás.

Hasta Iruya desde el abra son 19 deslumbrantes kilómetros bajando a los 2800 metros, la altura del pueblo. Al costado de la ruta también baja el río Colanzulí, mientras Iruya se hace desear. Después de cada curva el viajero espera encontrarse la famosa iglesita de 1753, pero siempre falta una vuelta más. Hasta que aparece, iluminada por el sol, en la parte baja de un valle muy cerrado, una especie de anfiteatro descomunal con gradas multicolores

Datos útiles

- Una de las cuestiones que tiran atrás a algunos viajeros es el clima veraniego en el noroeste. Desde ya que otras estaciones son más agradables, pero hay que tener en cuenta también que, salvo la capital tucumana, los lugares propuestos en esta nota son todos elevados y además secos, es decir que en la noche refresca mucho y durante el día la falta de humedad hace el calor mucho más llevadero.

- En el noroeste el alquiler de una camioneta 4x4 cuesta entre $ 600 y 700 por día. Un auto común cuesta desde $ 480 por día.

- La época de lluvia no impide para nada este viaje, pero hay que tener en cuenta que Defensa Civil –que tiene un fuerte trabajo de control en la zona y permanentemente arregla los caminos con máquinas después de cada lluvia– a veces corta el tránsito durante las lluvias en prevención de derrumbes o porque algún arroyito que baja de la montaña está muy cargado. Pero suelen ser cortes de pocas horas y uno puede estar informado todo el tiempo llamando al 911, que deriva los llamados a las oficinas de vialidad de Salta.

Fuente: Página 12 Turismo

Salta. Clásicos y también nuevos atractivos

Salta presentó sus propuestas de verano en el marco de la Feria Internacional de Turismo, y allí estuvo Ámbito del Placer compartiendo empanadas, vino y el mejor folclore, junto a autoridades salteñas y gran cantidad de público. Además de promocionar sus impactantes paisajes, los atractivos para la temporada estival incluyen una amplia agenda cultural y festivales folclóricos, que se llevarán a cabo durante los fines de semana.

Este verano la agenda incluye carnavales, el Dakar 2011 (que pasará por Salta el 4 de enero), el anuncio de ser la sede de la Copa América y la apertura del Museo de la Vid y el Vino de Cafayate.

Ciudad de Salta

Casas de un solo piso, con calles y veredas angostas, enmarcadas por el verde amarronado de sus cerros. Una recorrida por esta ciudad permite descubrir museos, casonas e iglesias construidas en época de la colonia. Su clima templado, su vida tranquila, la diversión y el relax, logran que sea inolvidable. Hay actividades que no se deben pasar por alto: el Museo de Arqueología de Alta Montaña y el Tren a las Nubes son algunas. Otra que se podrá disfrutar a partir de febrero es la inauguración del Museo de la Vid y el Vino de Cafayate.

El MAAM, constituye el mayor sitio turístico salteño y se encuentra ubicado en una antigua residencia. Allí son exhibidas tres momias encontradas hace unos 15 años, que datan de más de 500. Éstas, totalmente intactas, son llamadas «Los niños del Illullaillaco» y pertenecen al período de los incas.

Valles Calchaquíes

El significado de cachi es un tema de discusión. En quechua, significa sal, se cree que pudo haber habido un depósito de este mineral en épocas prehispánicas. Otra, proviene de los antiguos diaguitas, de donde «kak» significa peñón, piedra, roca y «chi», silencio, soledad. Y la última, de un vocablo atacameño que significa valle hermoso. Hay para elegir. Cachi está a 157 kilómetros de la ciudad capital. Nace en la unión de los ríos Cachi y Calchaquí a 2.280 metros sobre el nivel del mar. Es parte del valle Calchaquí, que está rodeado de cerros y montañas pertenecientes a la precordillera de los Andes. El Nevado de Cachi es un cordón montañoso con nueve cumbres el pico más alto es El Libertador (6.380 m). Este antiguo pueblo data de 1673, y parece detenido en el tiempo. Mantiene intactas sus costumbres, sus famosos telares y la fabricación de cerámicas.

Todo, en sus calles de piedras angostas, con sus casas coloniales, donde la madera y el adobe son los protagonistas. En la parte central del pueblo se encuentra la plaza principal 9 de Julio, el museo arqueológico Pío Pablo Díaz (duración de visita 45 minutos), una casa construida en 1920 que cuenta con una colección de más de 5.000 piezas desde el 800 a.C. hasta el 1600 d.C., y su increíble iglesia, declarada en 1945 monumento histórico. Allí, se encuentra la imagen de su patrono, San José, donde todos los 18 y 19 de marzo se festeja la fiesta patronal.

Bien vale una visita al mercado artesanal, donde se venden los productos que son de gran tradición y buena calidad, como sus tejidos, trabajos en cuero, madera, metales, cerámicas, y otros regionales que poseen certificación de origen.

En Cachi se realizan el Festival de la Tradición Calchaquí y Festival de la Canción; Fiesta de San José con la quema de cardones y la peregrinación al Cerro de la Virgen Reina de los Cielos; el encuentro de artesanos del Valle Calchaquí y el concurso de la comida vallista. La quebrada de Escoipe; la maravillosa cuesta del Obispo; el multicolor valle Encantado; el desértico Parque Nacional Los Cardones; el magnífico Nevado que blanquea el pueblo, se cuentan entre los paisajes más encantadores de Cachi.

Cafayate se halla a 180 km de la capital. Es el punto central de los Valles Calchaquíes. El legado de los diaguitas que habitaron la región se encuentra materializado en pinturas rupestres, que pueden verse en más de un sitio dentro del territorio. La ciudad está flanqueada por ríos y dentro de un cinturón de viñedos.

El Divisadero, al sudeste, y las Cavernas de San Isidro, al oeste, son ejemplos de la belleza natural. Hay dos museos, con exposiciones que abarcan diversas áreas, y una catedral, que completa el circuito. Además de todo su encanto, la ciudad tiene la combinación perfecta de temperatura y humedad, que permite la obtención de una uva con un sabor dulce, haciendo de las bodegas de la región centros de atracción turística para degustar distintos vinos. Aquí madura la cepa del Torrontés, vino blanco que se distingue por su intenso aroma y sabor frutado.

Otras excusiones en Cafayate: la quebrada de las Conchas y su majestuosa vista desde el cerro Santa Teresita, y el festival conocido como Serenata a Cafayate.

El Museo de la Vid y el Vino de Cafayate se prepara para ser inaugurado en febrero. Se prevé para esa fecha la actuación de la Orquesta Sinfónica de la provincia. La construcción de este museo se integra al proyecto de la Ruta del Vino de Salta, que otorgará a los Valles Calchaquíes un atractivo turístico más de primer nivel internacional.

Fuente: Ambito

Todos los paisajes rodean a la Quebrada de Humahuaca

Hablar de la pequeña provincia norteña con forma de zapato siempre remite a los paisajes de la mítica Quebrada y de la Puna, pero Jujuy tiene mucho más para ofrecer y el verano es una estación perfecta para lanzarse a descubrir caminos que, además de mágica aridez, profunda historia y andinos festejos de carnaval, pueden ofrecer misteriosas y húmedas selvas en la región de las Yungas, lagunas de altura y termas en torno de la zona sureña de los Valles, y la magia de las Salinas Grandes.

No hay duda de que Purmamarca y su Cerro de los Siete Colores son un imperdible de Jujuy. La foto de ese pequeño pueblo de origen precolonial, casi pegado a la enorme piedra multicolor, ha recorrido el mundo con justa razón. Especialmente luego de que en 2003 la Quebrada de Humahuaca fuera declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la Unesco.

Tilcara es otra de las perlas jujeñas, con sus casas de adobe y paja. Aunque últimamente muy trajinada por el turismo, se erige como cabecera para recorrer la provincia a lo largo de la Ruta Nacional 9. La ciudad combina simplicidad con cantidad y variedad de servicios y hospedajes de alto nivel. Es la Capital Arqueológica de la provincia, ya que cuenta con el famoso Pucará.
Humahuaca

Con Humahuaca se termina de armar la trinidad turística de la Quebrada. Es el pueblo más grande y autóctono de la región, con pequeñas callecitas empedradas y su increíble Iglesia de la Candelaria, de 1641. Allí se encuentra, además, el único punto de partida hacia otro destino único: Iruya, que por los caprichos de la cartografía queda en territorio de la provincia de Salta.

Las Salinas Grandes es otro de los paisajes más buscados. A 190 kilómetros de la ciudad de San Salvador de Jujuy ocupan más de 12 mil hectáreas de la Puna con un eterno mar de penetrante blancura.

En las antípodas de la aridez se encuentra el sorprendente Parque Nacional Calilegua, en el sudeste provincial, que reúne uno de los ambientes de mayor biodiversidad del país, en un ecosistema de máxima humedad y verdor.

La vegetación también domina en la región de los Valles, cerca de San Salvador, donde se destaca el Hotel Termas de Reyes, un hermoso destino, ya que se trata de un hotel y spa de lujo en medio de un paisaje de montaña y al pie del Parque Provincial Potrero de Yala, que abarca un encadenamiento de lagunas de altura. La lista de destinos jujeños se extiende aún más allá, con la ventaja de estar próximos entre sí, a pesar de su diversidad.

Si la curiosidad acompaña, también son recomendables visitas a sitios como La Quiaca, en la frontera con Bolivia; al cercano pueblo de Yavi, que se remonta a mediados de 1600; y a Susques, el mirador de la Puna Sur, con acceso por la Cuesta de Lipán.

Fuente: Ambito

Salta, una capital con un perfil tradicional

Respetuosa de las tradiciones, devenidas de la cultura aborigen y del pasado hispano, la Capital salteña asiste a los cambios que demanda el turismo extranjero.

Llegar a Salta es como una bocanada de aire fresco. La capital secular mantiene un importante y cuidado patrimonio colonial que convive con nuevas tendencias en servicios de alojamiento y gastronomía que demanda el numeroso turismo extranjero que recibe. Estos cambios generan hoy una gran “movida” en la tradicional ciudad.

El resultado es un logrado encastre entre la memoria presente del caudillo Martín Miguel de Güemes que se manifiesta en los desfiles de las agrupaciones gauchas con vestimentas tradicionales, impuestos en el gusto colectivo, y los cambios que exige el masivo turismo que visita la ciudad. En este contexto, donde alternan la profunda devoción religiosa con los festejos de la Pachamama, en el interior de la provincia, se perfilan cambios en la fisonomía urbana que no afectan al encantador centro histórico.

El tradicional trazado en damero de la Capital salteña habla a las claras del pasado hispano y una buena manera de conocerla es comenzar por el corazón céntrico, es decir, la Plaza 9 de Julio, punto donde Hernando de Lerma en 1582 fundó la ciudad.

En ese entorno son las recovas las que contextualizan el acervo histórico ciudadano, junto a las calles circundantes de la plaza. A uno de los costados, la Catedral Basílica, levantada a partir de 1858 y en cuyo interior el altar laminado en oro atrae las miradas. Reúne las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, patronos de la ciudad. También en ese templo se encuentra el Panteón de las Glorias del Norte, donde entre otros descansan los restos del héroe de la guerra de la independencia, el general Martín de Güemes.

Tiempos fundacionales

Frente a la Catedral el Cabildo Histórico remite a los tiempos fundacionales y hoy es sede del Museo Histórico del Norte.

Por calle Caseros y hacia el este se arriba a la iglesia San Francisco, con una alta torre y muros color terracota, y seguidamente al Convento San Bernardo, con un sólido portal de algarrobo tallado por aborígenes en 1762.

Integran el casco histórico una serie de muy cuidadas residencias coloniales que en la actualidad abren como museos.

Para el final del recorrido inicial se sugiere visitar el Mercado Artesanal, maravilloso ejemplo de la artesanía regional, pleno de colores y texturas que funciona en otro edificio patrimonial.

El cerro San Bernardo destaca en los trazos urbanos capitalinos, en su base acoge al Monumento a Güemes, y en la altura ofrece una gran panorámica de la ciudad.

La arquitectura salteña es de diseño hispano colonial con casas de un solo piso, calles y veredas angostas. Caminarla, conduce a descubrir museos, iglesias y bellas casonas que transporta a tiempos coloniales.

El clima templado, caluroso durante el día y fresco hacia la noche lo que facilitan los paseos tranquilos, sin prisa, degustando de a poco esa atmósfera tranquila y armoniosa.

En la mayor parte de las ciudades y pueblos del territorio argentino, las viejas estaciones de trenes cayeron en desuso y las más de las veces hoy están sumidas en el abandono. En Salta se decidió revertir la situación y hoy la vieja estación es un punto referencial donde se autoconvoca el turismo en torno a la “movida” cultural, gastronómica y recreativa. Al lugar se lo denomina “Calle Balcarce” y reúne más de 30 propuestas entre peñas, bares, restaurantes y cafés que invitan a alargar la noche entre amigos.

Los fines de semana una feria artesanal pone el colorido y vocinglería en torno al arte tradicional que heredaron de varias generaciones precedentes.

Dique Cabra Corral

A 65 kilómetros de la ciudad de Salta se encuentra el dique Cabra Corral, espejo de agua de 127 kilómetros cuadrados. Esta obra hídrica significa el aporte de agua para el riego de 110 mil hectáreas de tierras en Salta y Santiago del Estero. Del mismo modo, es un sitio que convoca al deporte y la recreación. En las costas se hacen trekking, travesías, montañismo, escaladas, mountain bike, cabalgatas, safaris fotográficos, avistaje de aves y agroturismo.

Fuente: La Voz Turismo

La vista de Salta desde el Cerro San Bernardo

Uno de los lugares para tener una vista panorámica de la ciudad de Salta, es desde el Cerro San Bernardo.
El Cerro San Bernardo está a 1.454 metros sobre el nivel del mar, pero teniendo en cuenta que Salta está a 1.200 metros sobre el nivel del mar, solo hay que subir 260 metros para poder apreciar la vista de la ciudad desde los miradores, balcones o terrazas que hay en la cumbre.

Las vistas panorámicas son increibles, se puede apreciar toda la ciudad e identificar las principales edificaciones, como la Plaza 9 de Julio, la Catedral, el Mercado, los 2 estadios de futbol de la ciudad y muchos mas. El cerro está rodeado de abundante vegetación, y en la cima hay cascadas artificiales.

Para llegar a la cima hay varias opciones

a- Se puede subir en coche por una ruta asfaltada de unos 2 kilómetros que sale desde el barrio Portezuelo, yendo por la Av Hipólito Irigoyen y después la Av Ciudad de Asunción.

b- A pie se hace subiendo los poco más de mil escalones de piedra que salen desde el Museo de Antropología, una opción que recomiendo para quienes tengan ganas de caminar.

c- Existe la posibilidad de subir en el teleférico que sale desde el Parque San Martín, que está a unos 15 minutos caminando desde el centro histórico. El trayecto tiene un desnivel de 285 metros entre las dos estaciones, y se hace en 8 minutos. El teleférico funciona todos los días de 10:00 a 19:00 horas.

Salvo que estén en coche, nosotros recomendamos hacer el ascenso en el teleférico, y descender por el sendero con los 1000 escalones de piedra, entre la tupida vegetación que rodea el Cerro San Bernardo. Por el sendero verán también las 14 estaciones del Vía Crucis que reflejan la tradición religiosa salteña.

Ver nota completa en: La vista de Salta desde el Cerro San Bernardo

La ciudad sagrada de los Quilmes

Las ruinas de los Quilmes nos acercan a ese pueblo que resistió 130 años la conquista española.

"Los quilmes resistieron 130 años la conquista española. Parte del pueblo fue desarraigado y trasladado caminando a Buenos Aires", dice el cartel ubicado en la misma entrada de la Ciudad Sagrada de los Quilmes, al menos lo que quedó al resguardo arqueológico y cultural de este pueblo diaguita. Es todo un anticipo sobre la historia que se resguarda de lo que turísticamente es conocido como "Ruinas de los quilmes", en plenos Valles Calchaquíes de la bella provincia de Tucumán.

El recorrido dura el tiempo que cada visitante quiera darle y dispone de una explicación que ofrecen guías que se presentan como descendientes de la comunidad aborigen. Sólo hay que pagar en la entrada 5 pesos por persona, un bono que contribuye a la difusión de una historia no siempre contada por los libros, y, en especial, sometida a años de depredación, olvidos y ausencias.

El único consejo que hará con insistencia el guía es "cuidar el patrimonio del lugar", esto es no llevarse "recuerdos" como piedras o lajas. No es para menos: lo que se muestra de esta ciudad sagrada son los vestigios de una organización cultural y social que no sólo le hizo frente a la diversidad climática que caracteriza a cada época del año en los valles, sino al empeño colonizador de los españoles.

Sitio arqueológico

El ingreso al sitio arqueológico se anuncia en la Ruta Nacional 40, la misma que acerca dos destinos para poner en la agenda de lugares de la Argentina para conocer: Tafí del Valle, en Tucumán, y Cafayate, en Salta. (Una región ideal para probar buenos vinos y darse el gusto con variedad de empanadas).

La entrada a las llamadas "ruinas" son sólo 5 kilómetros de ripio, en buen estado. Apenas se empiezan a transitar ya se disfruta el bello paisaje que dibujan los restos de la ciudad originaria sobre el cerro. Es justamente a la distancia como mejor se aprecia la organización que se daba esta comunidad en su vida cotidiana.

La explicación del guía es necesaria para situarse en el tiempo, conocer datos básicos de la vida de este pueblo y también saber que la pelea por la restitución final de las tierras no ha cesado. Luego, el recorrido queda librado a cada visitante, y la verdad es que es toda una invitación a caminar sobre tierra diaguita.

Lo más visible es lo que se pudo reconstruir de las viviendas, edificadas con piedras usadas a modo de pircas (superpuestas), y que en su momento tuvieron techos de paja y barro. De forma rectangulares, se conectaban entre sí. El lugar destinado a las ceremonias religiosas estaba en la parte más alta del valle, al igual que la residencia del cacique de la comunidad, y los puestos de vigilancia. Con paciencia y tiempo a favor es posible llegar hasta este sector y disfrutar el paisaje de los Valles Calchaquíes.

El relato de los guías se explaya sobre la belleza que cultivaron sus antepasados en el arte, la religión y la cosmovisión del mundo. También a recordar que en 1665 fueron divididos como pueblo: 1.700 integrantes de la comunidad de los quilmes fueron llevados a pie hasta Buenos Aires. Sólo 400 llegaron. Su arribo dio origen a la ciudad bonaerense que tomó su nombre.

Guardianes

Cerca de la ciudad sagrada está Amaicha del Valle (sobre la ruta 307), una localidad tucumana conocida por ser la anfitriona de la Fiesta Nacional de la Pachamama, sus quesillos, alfajores y vino patero. Se sabe que se está por arribar a Amaicha por los cardones que rodean el camino, los mismos que acompañan las denominadas "Ruinas de los quilmes". Se trata de una especie de cactus, pero gigantesco, y del cual se cuenta una rica leyenda.

El relato que explica su presencia asegura que en realidad se trata de indios que vigilan valles y cerros. Habían sido enviados a cuidar el camino de la presencia de los españoles, y a esperar la orden de atacar al invasor. Se apostaron en lugares determinantes para esta tarea, pero la orden nunca llegó ya que el enviado para darla había sido capturado por los colonizadores.

Leyenda

La leyenda dice que, como los indios nunca se movieron de aquella espera, la Pachamama (la tierra) se apiadó, los fue adormeciendo y haciéndolos parte de ella. Los cubrió de espinas para cuidarlos en su descanso.

Leyenda o no, los cardones no pasan inadvertidos en el camino, son otro atractivo, y claramente eternos guardianes de los Valles Calchaquíes.

Fuente: La Capital Turismo
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Salta y La Ruta del Vino de altura

El raro encanto de un viñedo a 3000 metros sobre el nivel del mar se marida idealmente con paisajes únicos, modernos centros de degustación y lo último en hotelería

"¡Meraviglioso!", así le describe el lugar la italiana Sandra Liotta a través de su celular a alguien del otro lado del Atlántico. Junto con un grupo de compatriotas disfruta de un almuerzo a la sombra de la pequeña galería de Las Nubes, la bodega del enólogo José Luis Mounier en la zona de Divisadero, en las afueras de Cafayate.

Llegaron en bicicleta desde el pueblo, atravesando los viñedos de la familia Muñoz y Domingo Hnos., donde tuvieron el bono extra de compartir los últimos tramos de la cosecha del año.

Como Sandra y sus amigos, otros europeos -junto a una pléyade de jóvenes mochileros que recorren el noroeste argentino- descubrieron a través de Internet las bondades de este polo vitivinícola, el mayor centro productor de la región, que regala además un recorrido por los muchos tesoros que guardan los Valles Calchaquíes.

Las cifras son contundentes. En 2009, las bodegas de la zona recibieron más de 120.000 visitantes, lo que representa un 14% más que en 2008. De los turistas que visitaron las bodegas el año pasado, el 54% correspondió al turismo nacional, el 28% al extranjero, y el restante 17% fue salteño. Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, así como las provincias del Norte y el Litoral, se destacan entre los turistas nacionales, en tanto los extranjeros que visitaron las bodegas provinieron de España, Canadá, Francia, Estados Unidos, Italia, Inglaterra y Brasil, por ejemplo.

Para la mayoría, Cafayate es el punto de partida o el broche final hacia un imperdible viaje a los vinos de altura. Con un paisaje pleno de viñedos y bodegas rodeados de imponentes cerros, modernos centros de degustación y una relevante hotelería.

Por la Cuesta del Obispo, impresionante caracoleo por un camino consolidado de cornisa que ofrece maravillosas vistas hacia las cumbres; su altura máxima está a 3380 msnm. Desde allí se accede a la ruta que atraviesa la Recta de Tin Tin, para sumergirse luego en las amplios panoramas del Parque Nacional Los Cardones con miles de altivas cactáceas, estáticos vigilantes con brazos hacia el cielo.

Payogasta - Cachi

En el pintoresco pueblo vallisto que enfrenta las mejores vistas al imponente Nevado de Cachi y sobre la ruta 40 está la Sala de Payogasta, un complejo que tiene como eje principal el hotel boutique del mismo nombre, una puesta a punto de lo que fue parte de la centenaria residencia de adobe de la familia Ruiz de los Llanos. Hoy ofrece sus comodidades, con el agregado del spa de montaña. En el hotel y en una de las dos construcciones que enfrentan al mismo, se disfruta de una de las mejores cocinas de los valles, con especialidades en carnes de cabrito y cordero al horno de barro, chacinados, quesos de cabra y oveja, papines y vegetales producidos en la finca. Muchos de estos productos se ofrecen en el otro edificio, junto a exclusivas artesanías y los vinos de la bodega de la Sala.

Pequeños viñedos comienzan a tapizar el panorama, junto a otros importantes como El Arenal, del grupo Hess, que a 3015 msnm son los más altos del mundo y forman parte de los vinos que salen de la bodega Colomé. A pocos kilómetros hacia el valle aparece Cachi, la preciada joya del circuito, para sumergirse en los tiempos de la Colonia. Sitio ideal para instalarse allí y recorrer el pueblo al atardecer, donde reluce la plaza con su iglesia iluminada, y de paso probar la colección de vinos de aquí y del Nuevo Mundo que brinda Oliver, la mejor vinoteca del lugar.

Para internarse en un clima rural con bellos paisajes de cerros, a unos pocos kilómetros está Cachi Adentro. En la espectacular arquitectura de la Merced del Alto, hotel boutique de alta gama, se degusta una excelente cocina acompañada de una completísima selección de vinos que guarda la cava, donde se ofrecen catas guiadas. Una pasada por La Casa del Molino, el elegante hotel de los Durand con molino del siglo XVIII incluido en su interior, obliga a hacer una visita a la lindísima bodega aledaña para probar los vinos de producción limitada que allí elabora la familia.

Seclantás

Cuando se retoma la ruta 40, por un laborioso camino de 29 km que lentamente se interna en los paisajes de los valles bajo el omnipresente sol y el cielo azul intenso, aparece Seclantás, pintoresco pueblo de los tejedores de ponchos y mantas más afamados de Salta, donde se puede ver a la familia de Tero Guzmán tejiendo en los rústicos telares en la frescura del patio, y también los trabajos para vender tendidos sobre la ruta, como ropa secándose al sol.

El histórico pueblo, con la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, una de las más bellas de los valles, guarda en su memoria la reunión de patriotas que en 1814 auxiliaron a Manuel Belgrano en su retirada después de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.

Desde las alturas del cementerio con su sorprendente capilla, se obtiene la mejor vista del poblado con las casas de adobe, galerías y techos de caña, típica construcción vallista. La quietud del pueblo invita a recorrer las pequeñas bodegas familiares para probar buenos vinos pateros y la mistela, especie de ron dulce a base de alcohol, mosto de uva y especias, receta que nos dejaron los españoles en los tiempos de la conquista.

Molinos - Colomé - Tacuil

Otros 25 km y otros paisajes para llegar a Molinos, punto de partida de un circuito de enoturismo dentro del circuito. El pintoresco pueblito se instaló en 1659 alrededor del conjunto de la iglesia de San Pedro Nolasco y la casa-hacienda de los Isasmendi, convertida en un confortable hotel boutique que conserva el encanto original del siglo XVII.

Desde aquí el camino asciende y se interna en las profundidades de los valles para avistar a lo lejos, recostado sobre un descollante paisaje de imponentes cerros, la silueta de Colomé, importante complejo que el suizo Donald Hess imaginó y construyó en 2001. Los viñedos que pincelan de verde el paisaje dan la bienvenida al viajero antes de hacer una visita guiada a la bodega; el Centro de Visitantes con sala de proyección, y el recientemente inaugurado Museo de James Turrell, aclamado artista cuyas obras juegan con el espacio y la luz.

En una corta caminata se llega al exclusivo hotel boutique de sólo siete habitaciones, lugar ideal para unos días de descanso dentro de un espectacular panorama de cerros. De paso, se puede probar la conocida gastronomía del lugar imaginada por la reconocida chef Gloria Diez Peña.

Dentro del mismo circuito se llega a la bodega Finca Humanao para degustar sus vinos, salidos de viñedos que están a más de 2200 msnm.

En la zona está Tacuil, el centenario establecimiento de la familia Dávalos, que con el excepcional marco de la precordillera andina guarda antiguas leyendas alrededor de la inmensa meseta rosa que corona el paisaje, conocida como el Fuerte de Tacuil. La casa-hacienda es hoy parte del pequeño poblado con su capilla y la bodega que comanda Raúl Dávalos, productor pionero de la zona de renombrados vinos de altura.

Angastaco - San Carlos

La R40 sigue su curso durante 40 km hasta llegar a Angastaco, donde sorprende el contraste del verde intenso de los cultivos y el suelo arenoso de la zona. El pueblo, desde donde se hacen paseos por dos imperdibles circuitos cercanos de gran belleza, como Los Colorados y su anfiteatro natural y Las Flechas -un panorama lunar de agudas paredes-, ofrece sencillas y cómodas hosterías como Angastaco y Los Cardones, junto a la finca El Carmen, para disfrutar del clima pueblerino y recorrer las bodeguitas con vinos regionales y la de la familia Miralpeix, que elaboró vinos finos desde mediados del siglo XX.

Otra vez en el camino, que en este tramo acompaña al río Calchaquí, pasando por estrechos desfiladeros, se llega a San Carlos, pueblo de gran importancia histórica durante los siglos XVII y XVIII. La ruta los deposita en la plaza central con imponente iglesia, y en el entorno es posible descubrir edificios con recovas y hasta una casa con puerta esquinera, auténtica joya colonial. Cerca está Animaná, pueblo vallisto famoso por los excelentes vinos pateros de producción casera, limitada, que familias de tradición bodeguera del lugar producen desde hace años. Muy cerca se encuentra Santa Rosa, un encantador poblado a la vera del río Calchaquí, donde se visita la bodega José Ramón, pequeña productora de vinos finos de la región.

Casi tocando el límite con Catamarca, Tolombón aparece sobre la ruta donde se perfila la imponente silueta de Altalaluna, hotel boutique que aparece entre los viñedos de Orfila, broche final para brindar con una copa de alguno de los vinos de la bodega, que mira hacia un majestuoso paisaje de cerros.

Cómo llegar a Cafayate

Vuelos a Salta diarios. Lan, Aerolíneas Argentinas y Andes. Las tarifas redondean los $ 1600, aunque conviene consultar por promociones.
Alquiler de auto en Salta, desde $ 300 diarios

Dónde dormir en Cafayate

En el centro. El Killa Cafayate, con piscina. Desde $ 390 diarios.

Entre viñedos.
Patios de Cafayate, junto a la bodega El Esteco. Todos los servicios y spa. Desde US$ 270.
Altalaluna en Tolombón, a 15 km del pueblo, también con spa. Desde $ 470 diarios.
Cafayate Wine Resort . Confortable boutique, con importante cava y muy buena cocina. US$ 138 diarios. www.cafayatewineresort.com.ar
La Casa de la Bodega. Sobre la quebrada de las Conchas, combina confort con una excelente gastronomía y catas dirigidas de los vinos de la bodega. $ 400 por día

Dónde comer

* El Terruño . Excelente gastronomía del chef Carlos Amante.
* Amarantos . Rico tapeo ofrecido por el peruano Antonio Yupanqui.
* Colorado . April y Charlie brindan una cocina con toques mexicanos.
* Las Nubes . Sabrosa gastronomía de Mercedes Villegas en la bodega.

Más información de Cafayate

Web: www.turismosalta.gov.ar
En Buenos Aires. Casa de Salta, 4326 2456. Av. R. Sáenz Peña 933. www.casadesalta.gov.ar
Fuente: La Nación Turismo