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La costanera de Posadas


La costanera de Posadas es uno de los atractivos de la ciudad de Posadas, una ciudad que mira de frente al Río Paraná, uno de los más importantes de Sudamérica.

El Paraná debe su nombre a la lengua guaraní, significa "pariente del mar" o "agua que se mezcla con el mar".
 
Posadas está ubicada en una de las vueltas que hace el Río Paraná en su paso por Misiones, frente a la ciudad de Encarnación, de Paraguay. Ambas se comunican por el Puente Internacional "San Roque González de Santa Cruz".

La costanera es una obra que le cambió la cara a la ciudad de Posadas, se extiende por 20 kilómetros hasta la localidad de Garupá a la vera del Paraná.

Este paseo costero es la elegida por los locales para disfrutar de las playas, y realizar muchas actividades al aire libre, eventos culturales, pasear en la bicisenda, y demás actividades con el río de fondo.

Hoy en día, es cotideano ver a la gente descansando y tomando mate sobre los bancos de madera, otros haciendo ejercicio, disfrutando de la música de los bares, etc.

Los posadeños incorporaron a su vida diaria el beneficio de realizar sus actividades de cara al río Paraná, algo que hace 300 años no era así..

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Titulo: De cara al Paraná, sobre la costanera de Posadas.
Publicado el 15/11/2012.
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Sitio: 365litoralargentino.com
Provincias: Misiones
Ciudades: Posadas
Ver en: http://www.365litoralargentino.com/misiones/posadas/de-cara-al-parana-sobre-la-costanera-de-posadas_n.html
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Haciendo la Ruta de la Selva Misionera Guaraní


En la provincia de Misiones se desarrolló la Ruta de la Selva Misionera Guaraní, una ruta temática que intenta ser un complemento de las Cataratas de Iguazú, que ya son un emblema del litoral y del mundo.

Esta Ruta de la Selva invita a vivir el bosque y la selva paranaense en todo su esplendor, fomentando el turismo favorable a la conservación y el desarrollo local.

Por esta senda que huele a verde en cada rincón, se recorren 10 municipios, conociendo la la cultura de cada paraje, y recuperando sitios y puntos históricos de cada localidad.

Cada vez hay mas turistas interesados en realizar turismo ecológico, sumando actividades y conocimientos locales a sus viajes.

La ruta une actividades comunitarias y de esparcimiento, con atractivos turísticos y otros productos secundarios.

De esta forma, actividades turísticas como las Reducciones Jesuíticas de San Ignacio, o las las minas de piedras preciosas de Wanda, se integran a un circuito amplio y variado.
La zona de San Pedro contiene parte de la Reserva de Biósfera Yabotí, que además de ser un ecosistema único, allí se encuentran los famosos Saltos del Moconá.
En un contexto de biodiversidad, se van a conocer recursos naturales no tradicionales, como plantaciones de orquídeas, avistaje de aves, yaguareté, reptiles, insectos y todo tipo de flora, también realizar tirolesa, senderismo, paseos en botes o kayak, cabalgatas, etc.
Los municipios que integran este circuito son: Iguazú, General Manuel Belgrano, San Pedro, Guaraní, 25 de Mayo, Cainguás, Puerto Iguazú, Wanda, Andresito, San Antonio, Bernardo de Irigoyen, San Pedro, San Vicente, El Soberbio, Dos de Mayo, Alba Posse y Aristóbulo del Valle, entre otros.

Lugares para conocer.
En el recorrido se ven los parques provinciales de: la Araucaria, Parque Cruce Caballero, Parque Moconá, Parque Piñalito, Parque Esmeralda, Parque Salto Encantado, Valle del Cuña Pirú, Parque Uruguaí, Reserva Cabureí, Parque Foerster, Reserva de Biósfera Yabotí, y también reservas privadas, totalizando más de un millón de hectáreas de manejo sustentable contando al “Área Integral de Conservación o Corredor Verde”.
En estas zonas hay gran cantidad de arroyos y cascadas, donde habitan las comunidades rurales y aborígenes, con sus diversas tradiciones.

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Titulo: Haciendo la Ruta de la Selva Misionera Guaraní.
Publicado el 14/10/2012.
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Sitio: 365litoralargentino.com
Provincias: Misiones
Ver en: http://www.365litoralargentino.com/misiones/haciendo-la-ruta-de-la-selva-misionera-guarani_n.html
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Diez actividades para hacer en el Parque Nacional Iguazú

Las cataratas del Iguazú son uno de los destinos preferidos de los argentinos, y turistas de todo el mundo.
Hay lugares para conocer dentro del Parque Nacional Iguazú , que los turistas no pueden dejar de pasar, y realizar las actividades que allí se realizan.

Dentro de este listado, podemos mencionar:

1- Centro de Interpretación "Yvyrá Retá", que en la lengua nativa guaraní significa "El país de los árboles"
2- El tren ecológico de la Selva
3- Hay que llegar a la Garganta del Diablo
4- Comer en el Restaurante La Selva.
5- Transitar el Sendero Verde
6- Recorrer el Circuito Superior
7- Recorrer el Sendero Macuco
8- Recorrer el Circuito Inferior
9- Llegar a la Isla San Martín
10- Hacer el paseo de Luna Llena

Ver mas en:
http://www.365argentina.com/misiones/diez-actividades-para-hacer-en-el-parque-nacional-iguazu_nota1501.html

Misiones. Cataratas, más que saltos de agua

Aunque eclipsadas por las de Iguazú, Misiones también tiene otras cataratas, las únicas longitudinales del mundo. También un Parque Provincial muy intenso.

¿Cataratas, en Misiones? Cualquier viajero desprevenido respondería “las del Iguazú”. Sin embargo, la provincia mesopotámica ostenta otro privilegio: tiene los únicos saltos longitudinales del mundo, además, impredecibles. Un día pueden amanecer tapados por el agua del Uruguay y otro, con caídas de hasta doce metros de altura. No por nada, Moconá –de ellos se trata– quiere decir “el que todo lo traga”. La falla mide tres kilómetros, pero sólo cae agua a lo largo de 1.500 metros.

Más allá de la excursión a bordo de un gomón que recorre 35 kilómetros por el Uruguay, río arriba, la región de Moconá invita a calzarse las botas de explorador y recorrer la selva tupida de caminos colorados.

Para llegar a la zona es necesario entrar por Colonia Paraíso, con el arroyo El Soberbio dominando la vista. A lo largo de la Ruta 213, el tiempo parece detenido por construcciones de madera sin puerta, muchos de ellos, galpones que se dedican al secado del tabaco y el té, los dos grandes cultivos de la zona. Lo primero que recibe es el imponente Parque Provincial Moconá, que comparte el límite natural con el brasileño Parque Estadual Do Turvo, una reserva de la biósfera de 235 mil hectáreas. De este lado, el parque nació en 1967. Dentro de ambas reservas se puede admirar la flora y la fauna, a través de senderos de interpretación para trekking. Se debe que tener en cuenta que para cruzar al lado brasileño hay que llevar documentación, porque hay cruce de aduana. Dentro de Do Turvo, se recorren 15 kilómetros de selva, entre cultivos de trigo, maíz y soja. En el lado argentino, sobre el arroyo Pepirí Miní, se accede al Parque Provincial desde la estación de los guardaparques. Tras 600 metros de caminata sobre piedras con el agua, a veces, hasta la rodilla, se llega a los saltos para verlos desde arriba. Recomiendan llevar zapatillas y no ir con niños muy pequeños.

Una vez de regreso en Puerto Paraíso, se puede optar por el trekking, la observación de aves y algunos animales –los monos, eso sí, son esquivos– o andar en bicicleta con un guía. Frente al brazo que desemboca en el Uruguay está la Reserva de la Biósfera Yabotí, un espacio privado donde todavía se explota madera. Permiten acampar, con previo permiso. Dentro de ella, la reserva natural cultural Papel Misionero tiene el entorno natural muy bien conservado: no hay más explotación de papel, y entre los helechos y los árboles enormes viven tres comunidades originarias.

Para un cierre más en contacto con la cultura local, está el Museo de las Esencias, en el centro del pueblo, en El Soberbio. El laboratorio de Carlos Yunis muestra elementos para destilar las hierbas, pastos y demás vegetales regionales, hasta conseguir esencias como el patchouli o la citronella. Y en medio de ese paisaje de aromas, prometerse volver.

Fuente: Diario Perfil

Emoción natural en el Parque Nacional Iguazú

Crónica de dos días en el Parque Nacional Iguazú y alrededores.
Cataratas del Iguazú. La tierra roja, el agua desatada, la vegetación que no deja espacio, la fauna que persiste en su territorio agarrada con uñas y dientes, y la votación para ser la octava maravilla del mundo, a modo de presentación. Muchas veces hablamos de Cataratas, tantas otras la visitamos y aún así al verlas nuevamente, nos emocionamos.

Amaneció nublado, humedad 100%., calor omnipresente. Tomamos la Ruta Nacional Nº 12, que atraviesa lo que se denomina zona de choque -área de arbustos a la vera del camino-. La denominación obedece a que el asfalto genera altas temperaturas quemando la selva propiamente dicha.

Le sigue inmediatamente la de transición, con cedros, palmeras, laureles y tantas especies que con la caída de sus hojas abonan el suelo, y atrás la selva misma y está viva. Dicen que avanza, si la dejamos, que en tan sólo un año la maraña de enredaderas y las arbustivas cubren una casa. No cuesta creerlo.

El cruce con la 101 que lleva a Andresito, nos da pie a otro viaje. Esa ciudad constituye uno de los puntos más extremos de la Argentina, muy promocionado por el impactante entorno natural en el que yaguaretés, pumas, ocelotes, coatíes, venados, tapires, carpinchos y yacarés, se observan en su estado natural. Pero ése será cuento de otro viaje.

Una vez en el Parque Nacional Iguazú, tomamos el tren ecológico hacia la Garganta del Diablo a las 8.30. La espesura se cierra a los lados como una persiana americana y tras un mundo que no se alcanza a ver a pesar de la velocidad súper crucero con la que avanzamos. Los sonidos de la selva le ganan al tren y las mariposas al verde, en una curva el caudaloso río y los flashes que se disparan.

La escena se repite varias veces hasta la parada. El trecho que separa del gran salto, entre pasarelas, aguas y más aguas, nos permite descubrir a los vencejos de cascada, que hacen sus nidos cerca de la costa y en un puente; abajo una tortuga toma sol sobre una roca y una urraca -común o del Paraguay- chilla confundiéndose en la Babel que en estos momentos son las Cataratas.

Los turistas forman una barrera frente al espectáculo mayor, pero no hay que desesperar. Aunque parezca que tardaremos horas en estar en primera fila, la cosa lleva apenas unos minutos y la foto buscada se concreta.

El sonido es ensordecedor, la potencia del caudal se adivina apenas (caen 1.600 m3 de agua por segundo). Dicen que aquel día de la inundación en la década del 80, cayeron 14.000 y arrasaron la pasarela. Por ello ahora están construidas para recostarlas y dejar pasar el agua en casos extremos).

El circuito continúa por varios saltos siguiendo los carteles indicadores, pero a nosotros nos interesa uno en particular. Un camión 4x4 nos adentra en la selva, lejos de las pasarelas a través del Sendero Yacaratiá (nombre de un árbol cuyo fruto se utiliza para alfajores con sabor a madera). Tras la lluvia miles de mariposas salen en búsqueda de las sales minerales, su alimento, brindando un show privado en el lapso de 8 km hasta Puerto Macuco.

La selva paranaense o misionera se muestra en toda su expresión y aunque la fauna es esquiva, ya que mayoritariamente es de hábitos nocturnos, de pelaje o plumaje oscuro para protegerse de los predadores, se adivina su presencia. "Por acá hay lagartos, dice la guía, y todos giran la cabeza.

Un puma se vio la semana pasada en esta área, señala más tarde, una gran noticia ya que se ven una o dos veces al año, afirma. También indica los árboles, los frutos, sus usos y las aves que se animan a quedarse a pesar de nuestro paso. Mientras habla no mira a sus interlocutores. Tiene sus ojos puestos en la frondosa vegetación para divisar animales y enseñarlos.

Resulta impactante observar los pisos que integran el ambiente de árboles, enredaderas y arbustos. Mientras unos se elevan infinitamente para buscar la luz, otros se les cuelgan sirviéndose de ellos y otros se dejan proteger hacia abajo.

Por estos lados el palmito es emblemático, está protegido ya que parte de la fauna depende de su fruto. Y es precisamente el techo selvático compuesto principalmente de palo rosa, más abajo guatambú y naranjos silvestres, el que resguarda la especie.

Apenas 150 metros de escalera hacia abajo nos separan de la Gran Aventura. Lo recomendable al subir a la lancha bimotor que conducirá sin demoras a los saltos, es doblar la ropa y guardarla, junto con todos los elementos de valor, en los bolsos que entrega la empresa, de lo contrario nada saldrá seco (también proveen pilotos).

Se navega aproximadamente unos 6 km; un dato: la tripulación tantea el ánimo de los viajeros y se adecua a ellos. Por tanto si los rostros reclaman acción, la tendrán. La embarcación emprende el trayecto hacia los saltos, pero antes el conductor buscará las rocas y hará saltar el vehículo que al caer sobre el agua levanta a los turistas varios centímetros, y esto es sólo el comienzo.

El bautismo de brumas, que bien señala el speech de la empresa, se puede transformar en un verdadero baño bajo los saltos, y si esto es lo que piden, lo tienen. El capitán no duda en pasar varias veces sobre una de las caídas de agua empapando a los visitantes que no dejan de aullar. La cosa sigue pasando por la Isla San Martín, con su hermosa playita que deja asolearse a los que así lo quieran. Nosotros seguimos en búsqueda de más agua, otro salto, otra ducha y así, hasta desembarcar en el mismo Puerto Macuco bautizados por el Iguazú.

Fuente: Los Andes Turismo

A los saltos por el río Uruguay


Los Saltos del Moconá abarcan unos tres kilómetros y tienen la particularidad de ser saltos de aguas longitudinales.

Misiones posee otro accidente geográfico en el que un caudaloso río recorre su cauce a los saltos, provocando un exuberante espec-táculo lleno de agua y selva. Son los Saltos del Moconá, hermanos menores de las Cataratas del Iguazú, que conforman un lugar perfecto para el turismo aventura o el disfrute de la naturaleza en estado salvaje.

Se trata de una gigantesca hendidura de unos tres kilómetros de extensión a lo largo del río Uruguay, en el centro-este de la provincia de Misiones, en la frontera con Brasil. Allí se ubica la reserva natural Parque Provincial Moconá, dentro de la Reserva de Biosfera Yabotí.

Los Saltos del Moconá son una muy recomendable opción de verano, que puede combinarse con las Cataratas del Iguazú, distantes a 245 kilómetros. En los Saltos del Moconá el cauce se despeña sobre sí mismo en cortos espacios, generando una gran cantidad de saltos. Los más altos llegan a los 15 metros, siempre dependiendo del caudal de agua que tenga el río.

«Es el único salto de agua en el mundo que ocurre en forma longitudinal», destaca Marcelo Poletti, operador de Alto Uruguay Turismo, una de las tres agencias que trabaja en El Soberbio, la localidad que es puerta de entrada a los Saltos del Moconá, destino que a partir de este año comenzó a recibir turismo en forma masiva, en vista de que se completó el asfalto de la Ruta 13.

Una de las actividades más buscadas es el paseo de cuatro horas que lleva desde El Soberbio hasta Puerto Paraíso por tierra, recorriendo 32 kilómetros en la zona de chacras. Luego se embarca en botes semirrígidos con capacidad para entre 8 y 12 personas y se recorren 28 kilómetros del río Uruguay, atravesando 2 kilómetros dentro de los saltos. Desde el río se aprecian la selva, las islas, las playas de ambos lados de la frontera, tanto del brasileño Parque Estadual Do Turbo como de la Reserva de Biosfera Yabotí y el Parque Provincial Moconá. También se recorren las colonias de pescadores de esta zona poco explorada de Misiones.

Hay, además, un paseo corto en bote, de entre 15 y 20 minutos, focalizado en la zona de los saltos. Para ello hay que internarse en el Parque Moconá y partir desde el embarcadero Piedra Bugre.

Otra forma, aunque menos habitual, es recorrer la selva en vehículos 4x4. Del lado argentino se transita por la Reserva de la Biosfera Yabotí, cruzando el arroyo Pepirí Miní y luego accediendo al Parque Provincial Moconá. Una vez en la orilla del río Uruguay, se recorre un tramo a pie dentro de aguas bajas del río. Otra opción es en el lado brasileño, atravesando paisajes serranos cultivados son soja, trigo y maíz, hasta llegar al Parque Estadual do Turbo, para finalmente llegar a los saltos. Otras excursiones posibles son la visita a las comunidades Mbya Guaraní, en las aldeas Pindopotí y Yeyí, y un recorrido paisajístico por el Alto Uruguay que incluye la visita al Museo de las Esencias en El Soberbio, así como producciones regionales de citronela, cítricos, mandioca y tabaco.

Fuente: Ambito

Paisaje de humedales

Recorrer los 390 km que separan Iguazú del Iberá es casi mágico: tierra colorada bañada por los saltos más originales del mundo, y yacarés y pirañas que parecen surreales. Además de 360 especies de aves, selva tupida, mosquitos y aventuras.

Hasta los nombres propios la reflejan casi como un espejo: en guaraní, el vocablo ý significa “agua”. Castellanizadas, Iguazú (Yguazú) e Iberá (Yberá) están a 390 kilómetros de tierra colorada de distancia entre sí, pero muy cerca en significado: la primera es “agua grande”. La otra, “agua que brilla”. Y en el medio, el majestuoso río Paraná, el inmenso Uruguay y la frontera compartida, explícita en el recorrido por Misiones e implícita en tierra correntina.

Es que el paseo por el Litoral es así: verde, húmedo y tupido. Su flora, su fauna, sus caminos, sus cultivos, su gente. Todo está impregnado de vida en estado puro, con el agua como gran protagonista.

Ir desde la majestuosidad de las Cataratas del Iguazú hasta la calma extraña de los esteros correntinos –con un desvío hacia el Oeste, recorriendo el río Uruguay hacia abajo y deteniéndose en los no tan populares saltos del Moconá– es una experiencia inolvidable.

Pero el estado de ensoñación que propone su recorrido lo describió mejor Horacio Quiroga, maravillado ante la exuberancia, en sus Cuentos de la selva. Vale aclarar que no es fácil ver a los flamencos con medias de víbora, o a los yacarés con collares de bananas en el pescuezo, o a los sapos con escamas de pescado pegadas en el cuerpo. Pero sí es posible imaginárselos, porque aquí todo es calor, exceso y animales. Muchos. Increíbles. Bellos. Pero vayamos de mayor a menor, al menos, en litros de H2O.

Agua grande

Metros de papel se han usado para describir la majestuosidad de las Cataratas del Iguazú. El Parque Nacional más antiguo del país rebasa, pero de visitantes. Durante el verano, a pesar de que la humedad no baja del 85% y el termómetro de los 32º, igual hay que hacer cola para tomar el tren ecológico de las 8.30, y escuchar hablar en inglés, francés, italiano, alemán. Poquísimo portugués, porque los brasileños prefieren quedarse de su lado. El Circuito Superior es la excusa para llegar a la Garganta del Diablo, que escupe 3 mil litros de agua por segundo. Pero para vivir, en el sentido carnal del término, las cataratas, lo mejor es la Gran Aventura: un viaje que combina 8 km en camión por la selva tupida, con explicación de flora y fauna autóctona incluida y la revelación de los caramelos y alfajores “de madera”, que los misioneros quieren imponer como souvenir local para competir con los santafesinos, cordobeses y marplatenses, y que se preparan con el polvo de la corteza del yacaratiá, una especie de palmera de tronco muy fino. ¿Que cómo son? Pueden probarse en cualquier comercio del centro de Puerto Iguazú.

Acto seguido, viene la ducha: una navegación con rafting que recorre los saltos durante 40 minutos. Adrenalina pura.

Primero hay que bajar 150 metros de escaleras, y sacarse la ropa. Una vez sentados, el bautismo: debajo del salto San Martín, y uno más en la entrada de la mismísima Garganta. De allí se parte santificado: ya se es un misionero más. La ruta seguirá hacia el Sur, bordeando el Uruguay. Moconá espera.

Esquivos

Llegar a Colonia Paraíso desde San Vicente ya puede considerarse parte de la travesía. En los primeros 50 km. por la Ruta 213, con el valle de El Soberbio dominando la vista, aparecen los primeros signos que se repetirán como una constante: prolijos teales, carretas y galpones de madera, sin puerta, para el secado del tabaco. ¿1900? No, 2011. Una escuela, un almacén y unas casitas: así es Colonia Paraíso, en cuya jurisdicción se ubican los siete lodges integrados al entorno que ofrecen dormir casi literalmente en la copa de los árboles. Desde allí, a orillas del brazo Paraíso que desemboca en el Uruguay, se ve el límite de la reserva de la biósfera Yabotí y el Parque Provincial Moconá.

La orilla de enfrente es Brasil: la pared verde oculta el Parque Estadual do Turvo, una de las pocas áreas que se salvaron de ser deforestadas en el sur del país vecino.

La ruta hacia los saltos no se hace sobre tierra colorada: es, cómo no, acuática. Se parte en un enorme gomón, desde el lodge, 35 km río arriba. A la izquierda, del lado argentino, se ven unas construcciones de madera. Son los galpones donde se hierven 400 kilos de pasto de citronela –que ahuyenta a los omnipresentes mosquitos–, y extraen su esencia. La navegación por el Uruguay es tranquila y solitaria. Antes de llegar a los saltos, es casi obligatorio hacer una parada en el arroyo Pepirí Miní, donde el motor se detiene. Lo único que se escucha es el silencio, y el verde del agua y el de la orilla es el mismo. Sumergirse es el próximo paso lógico, saltando por la borda.

Río arriba, el canal se angosta y aparecen. Los saltos del Moconá son impredecibles. No hay en el mundo quien pueda decir si mañana estarán tapados por el agua del río Uruguay, o si se dejarán mostrar furiosos, cayendo con estelas interminables de espuma blanca. Por algo su nombre significa “el que todo lo traga”: pueden tener 12 metros de altura o nada. El volumen del agua depende de las represas instaladas en el cauce del Uruguay, del lado brasileño. Más allá del bote, las piedras se ven lisas, ideales para apreciar la caída. Pero Miguel, el líder de la expedición, no lo permite: “No se puede cruzar sin documentos”, bromea. Y acelera el gomón debajo de los saltos, para agregarle “emoción”.

El Moconá es el único conjunto de saltos del mundo que tiene forma longitudinal. La falla mide 3 km, pero sólo cae agua a lo largo de 1.500 metros. Alcanza y sobra.

Al volver, queda un regalo más: al atardecer, aparece un caico, una canoa angosta, de madera, hecha a la usanza guaraní. Con un remo rústico, un farol a querosén y un cielo estrelladísimo como techo, la travesía parte desde el embarcadero del lodge y llegará, en silencio y acompañada por un ejército de luciérnagas, hasta la desembocadura del Uruguay. La furia de los rápidos se adivina más adelante, pero allí todo es calma. El que no aprovecha para poner la cabeza en orden pierde.

Esteros ‘porá’

Los guaraníes, dueños de las tierras cuando todo era lodazal, sabían que con la naturaleza no se juega. Por eso, a absolutamente todo en este extremo noreste de la provincia de Corrientes, se le agrega el calificativo porá (lindo), por las dudas, para que ella no se enoje y no se despierten los pomberos, esos enanos nada agraciados con pies peludos que, según la leyenda, no deben invocarse ni criticar, porque salen de sus escondites y se ensañan con quien ose molestarlos. Si se imita su grito, peor: se ofenden y contestan.

Pero decir que todo en los bañados que rodean la Reserva Natural del Iberá es lindo no es faltar a la verdad, más bien es quedarse corto. La compleja red de humedales formada por los antiguos cauces del río Paraná ocupan hoy casi un millón y medio de hectáreas, y son una de las principales reservas de agua dulce del mundo. Además, claro, de una fauna que parece sacada directo de la prehistoria: los yacarés que miran desafiantes, las pirañas –sí, pirañas, pero “no asesinas, ése es un mito del cine”, se apurarán a defender los baqueanos de los bañados– con las que se alimentan y los carpinchos, una mezcla entre roedores gigantes y afables mascotas con pelo suave, que disfrutan, sin molestar a nadie, de sus baños de lodo, mientras se dividen en grupos familiares constituidos –mamá, papá, hijitos– e ignoran a los machos solterones, casi como si quisieran forzarlos a formar pareja para integrar ese perfecto orden social. Los lobitos de río, los ciervos de los pantanos –colorados, casi tanto como los atardeceres sobre el estero– y los aguará guazú (zorros grandes) son más esquivos, pero si se aguza la vista y se tiene paciencia, se dejarán ver.

Y en el cielo, mientras la canoa que va casi al ras del agua se adentra en la laguna bordeada por totoras y salpicada de irupés y lentejas de agua, más de 360 especies de aves, que vuelven loco a cualquier ornitólogo aficionado y hacen despertar las ganas de aprender más en los neófitos. Las espátulas rosadas –esos flamencos que amaba Quiroga– y los anó grandes comparten con los jotes (no distinguirlos según el color de la cabeza será, a partir de ahora, casi un pecado) y persiguen a los monos carayá, que se esconden en tierra firme sobre las copas de los jacarandás en flor.

Aunque la puerta de entrada más popular a los esteros esté en Colonia Carlos Pellegrini, justo en el centro sur de la reserva acuífera, el norte comparte ese espíritu litoraleño que se trae bajando por la RN 12 desde Misiones y agrega el regalo de recorrer la laguna Yacyretá, en el lado correntino de la represa. A la salida del canal, la costa paraguaya saluda, camino a Puerto Valle, con un atardecer perfecto como escenografía. Sentarse a tomar un tereré helado y recordar la travesía será el mejor fin de fiesta. Y prometerse volver, porque con una visita sola, seguro, no alcanza.

Fuente: Diario Perfíl

Mate y queso de raclette en Ruiz de Montoya

Un pueblo que sorprende por su impronta suiza y, más aún, por su lograda versión del famoso queso típico de los Alpes.

Para llegar a este pueblo, a unos cien kilómetros de Posadas, escondido en las ondulaciones del relieve misionero, hay que dejar la ruta 12 y continuar algunos kilómetros por una ruta que sube y baja siguiendo los vaivenes verdes de un paisaje sembrado de té y yerba mate.

Lo más probable es que se llegue precisamente detrás de los camiones cargados de bolsas de yerba, o siguiendo la huella de un tractor con su remolque de troncos.

En la entrada de la ruta, un modesto arco de metal se anticipa algunos kilómetros y da la bienvenida a Ruiz de Montoya. Pero llama más la atención el chalet de madera, de arquitectura alpina, que se encuentra a su lado: la torrecita que lo corona le da cierto aspecto de vigía y anticipa la impronta suiza de este pueblito discreto del sur de la provincia de Misiones.

El pueblo en sí es un lugar apacible y retraído, con algunos comercios a lo largo del bulevar de la calle principal. Las manzanas alternan campo y casas, separadas por calles de tierra rojiza, que tiñe todo a su paso. Rojo y verde, los dos colores de Misiones, también predominan aquí, aunque sobre el principal edificio de Ruiz de Montoya además flamean el rojo y el blanco: se trata de la bandera del Club Suizo, edificio construido como una granja de los Grisones o del Appenzell, de silueta maciza y con techo de tejas.

Instituto Línea Cuchilla

El club es el centro de la vida del pueblo, como la iglesia, que se encuentra algunos metros más arriba por la misma calle y pertenece a la Iglesia Evangélica Suiza, un movimiento nacido de la reforma calvinista en el Renacimiento. En el mismo predio funciona el Instituto Línea Cuchilla, otro testigo de la presencia suiza en este rincón de Misiones y la principal institución del pueblo.

Esta escuela rural es un centro de formación para futuros agricultores y un internado donde estudian chicos de pueblos más lejanos con la dirección del pastor suizo Martin Günthardt. Fundado en 1962 por un pastor de Berna, el instituto recibía en sus principios a los hijos y nietos de colonos suizos de Misiones, mientras que hoy tiene unos 400 estudiantes de toda la región, sin consideraciones étnicas ni confesionales, que se forman como técnicos agrícolas o electromecánicos. La escuela no se visita, pero tiene en la recepción un puesto de venta de algunos productos elaborados por los alumnos.

Según los suizos radicados en la Argentina, allí se fabrica el mejor -si no el único verdadero- queso de raclette local. Se puede comprar una horma o una porción, así como dulces, mermeladas y conservas. Son productos de calidad artesanal, como cabe esperar de este pequeño enclave a la suiza en las cuchillas misioneras, al borde de la transitadísima ruta 12, que va de Posadas a Iguazú.

Una ruta donde Ruiz de Montoya merece un alto, y tiene, entre muchos otros atractivos cercanos, las ruinas de San Ignacio y Santa Ana, las ciudades de Montecarlo y Puerto Rico, las minas de piedras semipreciosas de Wanda y, al final, las espléndidas Cataratas.

Informes
Para más información sobre Ruiz de Montoya: 03743-495040.
Informes sobre el Instituto Línea Cuchilla: 03743-495015; ilc@prico.com.ar.

Fuente: La Nación Turismo

Misiones: Cataratas del Iguazú

Las Cataratas del Iguazú están situadas en la provincia de Misiones, Argentina, en la frontera con Brasil y están consideradas una de las bellezas naturales más maravillosas del planeta y forman parte del patrimonio universal declarada por la UNESCO.

Miles de turistas visitan anualmete las Cataratas del Iguazú, y quedan impresionados no solo por el gran salto de agua, sino también por el magnífico entorno natural virgen, una selva subtropical en donde puede verse la flora y fauna más representativa de la zona. Además de esto, las Cataratas del Iguazú se caracterizan por la importancia histórica y arqueológica de los sitios en donde se encuentran las ruinas jesúiticas, que fueron uno de los primeros asentamientos de evangelización cristiana de América del Sur.

Más altas que las Cataratas del Niágara, con el doble de ancho con 275 cascadas dispersas en una forma de vaso de caballo a través de 3 kilómetros en el Río Iguazú, las Cataratas del Iguazú son el resultado de una erupción volcánica que dejó otra enorme marca en la Tierra. Durante la época de lluvias -de Noviembre a Marzo-, el caudal de agua que fluye por las cataratas puede llegar a 12750 metros cúbicos por segundo.

Estos detalles apoyados con números no son nada para describir el esplendor de las cataratas, la inmensa cantidad de agua que cae 82 metros, la ubicación tropical y la majestuosa belleza que llevó a Eleanor Roosvelt a decir "Pobre Niágara!". Con 4 veces el ancho de las cataratas del Niágara, las cataratas del Iguazú están divididas por varias islas en cascadas distintas. Una de las más conocidas es la "Garganta del Diablo".

Las Cataratas de Iguazú, llamadas Foz do Iguaçu en Portugués, quedan en el límite entre Brasil y Argentina y son un sitio denominado Patriomonio Natural de la Humanidad por la UNESCO.

Más sobre las Cataratas

Las cataratas son parte de un ecosistema de jungla prácticamente virgen protegidas en los lados brasilero y argentino por Parques Nacionales. Dos tercios de las cataratas están del lado argentino del río en donde se puede realizar un tour por el Parque Nacional Iguazú. Lo ideal es planear un día entero en el Parque Nacional para disfrutar la fauna salvaje y la flora.

Es posible ver las cataratas y alrededores en un viajes relámpago, pero lo ideal es planear estar unos dos días en el lugar. Las vista desde el lado brasilero da una impresión más panorámica y hay excursiones en helicóptero desde Foz do Iguaçu para ver las cataratas. Se puede también realizar un tour en bote hasta las cataratas. Para sacar fotos, la mejor luz es la de la mañana.

La Garganta del Diablo se ve mejor desde el lado brasilero, en donde 14 cascadas caen más de 100 metros con tanta fuerza que siempre hay una nube de unos 30 metros de "llovizna". No hay que perderse el arco iris que se forma!!! Para una vista más de cerca, conviene ir a través de la selva subtropical del Parque Nacional Iguaçu hasta la base del salto Floriano y subir con el ascensor hasta la cima de las cataratas, o caminar sobre las cataratas en el Salto Unión. Del lado argentino, se puede caminar por un sendero construido sobre las aguas hasta la Garganta del Diablo. Generalmente conviene ir con un impermeable. Hay lugares en donde se puede "nadar" en la fina lluvia que producen las cataratas.

Las mejores estaciones para ver las Cataratas del Iguazú con la primavera y el otoño. El verano es tropical, muy cálido y húmedo, y en invierno el nivel de las aguas es muy bajo. Hay hoteles en ambas márgenes del río y muchas agencias de turismo proveen tours para recorrer los alrededores.

Aguas abajo de las cataratas en donde se juntan el Río Iguazú con el Río Paraná, también lo hacen las fronteras de Argentina, Brasil y Paraguay.

El nombre de las cataratas viene del idioma guaraní por una palabra que significa "agua grande". El primer explorador español en ver las cataratas (recordar la película "La Misión") fue Álvar Núñez Cabeza de Vaca en 1541.

El vasto poder de las cataratas no fue utilizados sino hasta la construcción de la gran represa hidroeléctrica de Itaipú, en un proyecto conjunto entre Brasil y Paraguay. Terminada en 1991, la represa está abierta al público y provee 12,600,000 KW de energía eléctrica satisfaciendo casi el 40% de las necesidades de Brasil y Argentina. Esta represa es una de la más grandes del mundo y es expuesta por ambos países como una obra maestra de tecnología.

Como llegar a Las Cataratas del Iguazú

En Omnibús
Desde Estación de Omnibus de Retiro ( Ciudad de Buenos Aires ) a Puerto Iguazú (Aproximadamente 17 horas de viaje)
Crucero del Norte- Teléfonos 011 4315 1652 / 011 4315 0478
Empresa Río Uruguay - Teléfono 011 4312 1828
Expreso Singer - Teléfonos 011 4313 3927 / 011 4313 2355
Expreso Tigre Iguazú - Teléfono 4315 7700
Vía Bariloche - Teléfono 0800 333 7575

Vuelos de cabotaje
Desde Aeroparque Jorge Newbery (AEP) en Buenos Aires al Aeropuerto Internacional Cataratas del Iguazú (IGR) en Puerto Iguazú (Aproximadamente una hora y media de viaje):

Oficinas Comerciales de Aerolíneas Argentinas - Austral en Ciudad de Buenos Aires:
Av Leandro N Alem 1134 / Perú 2 / Av Cabildo 2900.
Teléfono desde Argentina 0810-222-86527
Teléfono desde el exterior +54 11 4130 3000

Oficinas Comerciales de LAN en Ciudad de Buenos Aires: Cerrito 866.
Teléfono desde Argentina 0810-9999-526
Teléfono desde el exterior +54 11 4378 2222

La ciudad de San Ignacio

Envuelta por un halo de misterio, la ciudad de San Ignacio resiste en el centro oeste de la provincia de Misiones encabezando la región turística de Las Misiones Jesuíticas y ostentando las ruinas con mayor valor histórico- cultural del circuito. Serenidad característica, profusa vegetación, aire puro y misticismo, esta localidad cautiva con su encanto a multitudes turísticas deseosas de encontrar en ella la purificación de la mente y el cuerpo. San Ignacio es una mansa ciudad del interior cuyo eje turístico se centra en la existencia de vestigios del pasado jesuita- guaraní, así como en la majestuosa flora autóctona que se cuela por cada rincón y las propuestas de agroturismo. Paisajes apasionantes como el Peñón del Teyú Cuaré; acompañantes majestuosos como el río Yabebirí; y bellezas naturales desperdigadas en toda su extensión; San Ignacio es una típica ciudad de Misiones donde selva y tierra colorada interrumpen constantemente las modernas construcciones.

Casa de Horacio Quiroga

A orillas del río Paraná, y rodeada por una exuberante vegetación, la casa que construyera y habitara el célebre escritor Horacio Quiroga, y que sirviera de inspiración junto a su entorno selvático y los personajes de la tierra misionera para desenlazar apasionantes cuentos, yace convertida en Museo y sumida en la añoranza de aquellos viejos tiempos. Allí se conservan objetos de uso doméstico que pertenecieran al mejor cuentista de Sudamérica, libros, documentos, e incluso sensaciones de presencias oscuras, de esas mismas que inundan las hojas de Quiroga.
Se encuentra abierta al público diariamente de 7:00 a 19:00

Otro museo de importancia en San Ignacio, es el Museo Provincial Miguel Nadasdy, el cual exhibe una muestra de elementos representativos de la localidad y su área de influencia, y cuyo nombre lo debe al donante que hizo posible su existencia. Éste abre sus puertas al público de lunes a sábados de 7:00 a 19:00 y se encuentra asentado en calle Sarmiento Nº 557 – TEL (03752) 470130

Peñón del Teyú Cuaré

Situado en el municipio de San Ignacio, este Parque Provincial de 78 hectáreas de superficie fue creado con la finalidad de proteger un interesante afloramiento rocoso de singular valor paisajístico. Se trata de una estribación de la región premontañosa en la planicie ondulada, cuyas geoformas son el producto del modelado fluvial. Sus cavernas naturales sirven de refugio a numerosas especies de murciélagos, mientras que su flora con especies muy localizadas, es un sitio de valor folklórico-histórico. Este apasionante conjunto natural es el que ha servido de inspiración al célebre escritor Horacio Quiroga en sus numerosos cuentos.

El Parque Teyú Cuaré se extiende desde el arroyo Yabebirí hacia el norte, y desde el Paraná hasta unos 20Kms. hacia el interior, siguiendo una franja más o menos uniforme. Su origen geológico es diferente al resto del suelo de Misiones, y en cuanto a la vegetación, ésta es una zona de transición entre las selvas mixtas y el distrito de los campos, abarcando además una pequeña porción del ambiente de las selvas marginales del Río Paraná. Este hecho también incide en la presencia de especies faunísticas que pasan de un ambiente a otro buscando el que les resulta más apropiado a sus necesidades biológicas básicas.

Misiones. Salto del Moconá, un atractivo natural único en el mundo

Moconá, que en idioma guaraní significa "el que todo lo traga", es una falla geológica en el manto de basalto del macizo de Brasilia. Esto produjo, en el Río Uruguay, un quiebre de aproximadamente tres kilómetros de longitud, con una profundidad de más de ciento veinte metros.

Los saltos, si el río tiene un normal caudal de agua, alcanza a medir hasta 20 metros de altura. Este último detalle, está sujeto a las lluvias producidas en el Brasil o a las aperturas de las compuertas de las represas del mencionado país.

Pero... bajo ningún punto de vista se le ocurra llegar hasta los saltos, sin contar con la orientación de guías preparados para tal aventura.

A este efecto se construyó, el refugio "Moconá, naturaleza y aventura".

Este emprendimiento está ubicado a aproximadamente 70 kilómetros de la ciudad de San Pedro (4 kilómetros por Ruta Nacional 14 y 67 kilómetros desde la Ruta hasta el quincho principal). Este emprendimiento que tiene casi tres años funcionando, cuenta con un grupo de guías especialmente preparados y de una calidad humana, que le será muy difícil encontrar en otras partes del país.

En este lugar se pretende ofrecer un rincón, donde se pueda disfrutar de la naturaleza, viviendo íntimamente las bellezas y bondades de un espacio sin igual, escapando del cemento de las ciudades y disfrutando de la paz y el silencio de la selva, en combinación con verdaderas aventuras en vehículos 4 X 4, por circuitos que la atraviesan, pero siempre sin afectar su ecosistema.

La propuesta contempla también, la posibilidad de avistar la esquiva fauna y los vegetales más representativos de la selva, recorriendo los parques provinciales "Moconá" y "Esmeralda" que son los núcleos de la Reserva de Biosfera Yaboty e integrantes del Proyecto "Man and Biosphere" de la UNESCO, como así también recorrer el Parque Provincial La Araucaria.

A su vez, el Refugio "Moconá, Naturaleza y Aventura", le ofrece al turista, todas las comodidades para una estadía por demás placentera: una capacidad total para alojar a 26 personas en cómodas habitaciones con luz eléctrica. Además, cuenta con un área de camping, alquiler de carpas, baños con agua fría/caliente, snack bar, desayunos, almuerzos y cenas preparados con el mejor esmero que pueda esperar.

Saltos del Moconá, solo para aventureros

El verano es la estación ideal para llegar a la menos conocida de las bellezas de Misiones. Su ubicación sobre el río Uruguay a 80 kilómetros del pueblo más cercano y a la misma distancia del primer camino asfaltado hacen que sea un lugar sólo para los aventureros de espíritu.

Los saltos del Moconá, una impresionante caída de agua de 2500 metros de extensión y hasta 30 metros de altura ubicada transversalmente sobre el río Uruguay, están en medio de un parque provincial intangible que le otorga la característica única de estar en medio de la selva y no tener ningún tipo de infraestructura.

Recién hace un par de años se instaló en el límite mismo del parque, a unos cinco kilómetros de este increíble lugar, un emprendimiento privado propiedad de la firma Harriet, que ofrece todo tipo de servicios turísticos y la Provincia, por medio de la dirección de Vialidad y la Secretaría de Turismo, mejoraron el viejo camino de obrajes por el cual se llegaba y lo convirtieron en una ruta de tierra apta para todo tipo de vehículos.

Hoy ya no hace falta pagar costosos viajes en camionetas 4x4 para experimentar la emocionante aventura de conocer lo más profundo de la selva misionera y descubrir esta belleza, aunque el servicio está disponible en la localidad más cercana, El Soberbio, con un costo mínimo de 150 pesos por vehículo.

También por río, con un costo mínimo de 240 pesos. En ambos casos son experiencias inigualables que merecen ser vividas. Una vez, que se llegó al Moconá se puede visitar el puesto de los guardaparques o el puesto de la Gendarmería Nacional. El primer lugar tiene un amplio patio y es donde se puede acampar. Además es el lugar de paso obligado para ver los saltos desde la parte alta. Desde el destacamento Yabotí de GN salen las lanchas.

Estos sacrificados custodios de la selva misionera siempre demuestran mucha cordialidad asistiendo con lo poco que tienen a quienes lo necesitan y guiando a los turistas para aprovechar todo lo bello que hay.

Se puede recorrer el monte, por unos senderos de interpretación realizados por los guardaparques o llegar hasta la gruta, un lugar donde un fino hilo de agua brota desde la piedra y se desploma sobre una pared basáltica ahuecada por los caprichos de la naturaleza.

En uno de los senderos se encuentra un claro ejemplo de los prodigios de la naturaleza, un imponente cañafístola de 12 metros de diámetro que está a escasos 200 metros de camino por el monte.
La natura, el silencio y la tranquilidad complementan este paradisíaco lugar.

Moconá, una aventura imperdible

Se encuentra a 340 kilómetros de Posadas y 320 de Iguazú. Es una de las grandes maravillas de la provincia, una falla geológica donde confluyen los ríos Uruguay, Yabotí, Pepirí Guazú, Serapio y Calixto, formando un cañón de tres kilómetros de largo con caídas de agua paralelas a su cauce, que a diferencia de una cascada o catarata, su caída la realiza transversalmente, pudiendo alcanzar los 20 metros de altura y una profundidad de 120 metros.

Toda el área está considerada como Parque Provincial, e incluye la biosfera Yabotí, un refugio natural para la flora y la fauna de la pluviselva, llamada así, por las abundantes lluvias que caen allí.

Desde San Pedro se organizan excursiones en lancha o gomones en el camino de ida, retornando en vehículos 4X4 todo terreno, pudiendo apreciar la magnificencia de la selva subtropical, así como la quietud voraz del río Uruguay.
Las excursiones también pueden ser terrestres, visitando la comunidad aborigen de Yeyí, donde se puede adquirir artesanías guaraní.

Los Saltos del Moconá, único lugar en el mundo por sus características particulares.

Cuando el río tiene poco agua se potencia la caída a lo largo de los casi 3.100 metros de saltos transversales, allí donde el río Uruguay se partió en dos para brindar un espectáculo único en su especie, rodeado de una verde y espesa selva.

La aventura comenzará, mucho antes de llegar al lugar señalado. Apenas se deja el asfalto, el camino de tosca y ripio trepa empinados cerros. Más adentro y cuando se lleva casi una hora de marcha los restos de la selva van dejando al descubierto el salvajismo del hombre que aniquiló, por años, los montes.

Ya cerca de los saltos, encontrará la vegetación en estado más natural, los grandes bajadones y alas empinadas trepadas conjugan paisajes imponentes.
Al final del camino, los guardaparques, le darán la bienvenida. Sin embargo, lo mejor será que los vea con sus propios ojos y después de admirar esta maravilla de la naturaleza, jamás se podrá olvidar de este inigualable despliegue de grandeza. Los saltos del Moconá, un espectáculo imponente.

La Historia de Misiones

Fue hacia el Siglo XV que el territorio hoy abarca la provincia de Misiones, comenzó a ser escenario y testigo de la expansión de la cultura guaraní procedente de la Amazonia. No obstante, ya anteriormente estas tierras habían sido habitadas por distintas etnias, prácticamente desconocidas.

La historia de Misiones comenzaría a escribirse con mayor fuerza en el Siglo XVII con la llegada de la Compañía de Jesús. Los jesuitas se dedicarían a crear pueblos en plena selva, evangelizando y educando a los aborígenes. En pocos años, más de 30 reducciones habían sido establecidas, basadas en la agricultura y el sedentarismo.

Serían los jesuitas los que crearían la llamada Provincia de Misiones, aunque con límites más amplios que con los que cuenta actualmente, ya que en aquel momento abarcaba toda la región de La Guayrá, es decir desde la Línea de Tordesillas hasta el Paralelo 20ºS y el río Paranapanema.

Tras 200 años de consagrada labor, a principios del año 1767, los jesuitas quedarían expulsados de Misiones por el Rey Carlos III. Entonces, franciscanos, dominicos y mercedarios tomarían a su cargo los pueblos misioneros, sin poder evitar que el abandono y el avance de la vegetación convirtiera en ruinas lo que alguna vez habría sido casi un imperio.

Diversión en el Parque Nacional Iguazú

El Parque Nacional Iguazú cumplió con los requisitos de entretenimiento y adrenalina del público más exigente: niños y adolescentes.

No es fácil iniciar un viaje con la familia, y más aún, hacia un destino no aprobado. Que a quién se le ocurre ir a las Cataratas, si todos los amigos van a las playas, que por qué siempre tenemos que hacer lo que vos querés, que nunca más te voy a hablar… algunos de los enunciados que vociferaban los pequeños (y no tanto).

Finalmente el viaje hacia Misiones se hizo posible gracias a las galletas de chocolate que empacamos para la merienda, los CD con gustos muy personales que acordamos escuchar (menos los míos) y una competencia por buscar patentes capicúa, además de tarjetas de celulares extras para estar en contacto con los amigos (los suyos).

El hotel fue una de las mejores elecciones, la tierra roja que coloreaba el camino y que comenzó a despertar interés en los chicos, daba asilo a un enmarañado jardín de plantas parecidas a las nuestras, aunque sus hojas tenían gran tamaño.

El conserje les sugirió a los pequeños estar atentos porque en el enorme jardín había animales sueltos; pero: no hay que hacer ruido, ni llorar, porque así se los espanta. Al ver la cara de pánico acertó en indicar que jamás ingresan al hotel porque su reino es la selva, que adoran a los niños porque fueron amaestrados por unos pequeños que se quedaron 3 meses en el hotel, entre otros cuentos.

Calzado cómodo y bien sujeto al pie, repelente y gorras, mochilas con víveres y agua, la expedición partió hacia el Parque Nacional. El tren, las pasarelas, los balcones, los senderos que se pierden en el medio de un tortuoso enramado, los coatíes, los pájaros de colores, los paseos en bote, nada más divertido que las Cataratas.

Leímos todos los carteles explicativos, visitamos el centro de interpretación, repasamos lecciones de geografía y tomamos fotos para las maestras, evaluamos cómo cuidar el planeta, a su flora y fauna mientras caminamos el sendero verde, vimos caer el agua en diversos planos, nos empapamos en los balcones cercanos a los saltos, nos encontramos con animales extraños y con gente que habla otros idiomas, "esto está buenísimo", fue la conclusión.

Aventura asegurada

El contingente familiar se dividió, algunos fueron por hamburguesas y los otros por aventura. Una lancha fue el vehículo conductor de la adrenalina, ese que hizo olvidar del celular y los SMS a los adolescentes. Por el río Iguazú, a una velocidad considerable, esa que hace pensar en las medidas de seguridad, y que obviamente contemplan los prestadores, nos direccionamos hacia las caídas de agua.

El conductor aceleraba y frenada generando gritos de alegría en los pasajeros, y cuando estábamos acostumbrados a la maniobra, nos vimos literalmente bajo una nube cristalina.

El paseo continúo hacia otro sector y ya todos nos preparábamos para la ducha, y otra vez nos sorprendió el ensordecedor ruido y el vapor de agua a escasos metros. Ésta gente sí que sabe de diversión, el guía y el conductor mostraban rostros de satisfacción al vernos sonreír y al ver nuevamente probados sus viejos trucos.

Cuando pensamos que la aventura había concluido, saciados de humedad y carcajadas, nos percatamos que la cosa no terminaba allí. Como movilizados por una urgencia rodeamos una isla, la San Martín, y su salto fue la meta de la embarcación.

La soga de la cual nos sujetábamos fue el hilo conductor de la ansiedad, ¿y ahora qué?, ¿no vamos a meternos en ese chorro, no?

Fuente: Los Andes Online
http://www.losandes.com.ar/notas/2010/3/14/turismo-477773.asp

Cataratas majestuosas en Semana Santa

Las cataratas son una opción para disfrutar durante la Pascua. Excursiones y buena gastronomía.

Se acerca Semana Santa y una buena opción es pasar unos días en las Cataratas del Iguazú. La mayoría de los turistas visitan en ésta época este lugar y se maravillan con las dos caras tradicionales, la del lado argentino, sin duda la más bella y extensa, y la brasileña con sus obras de infraestructura y sus impactantes hoteles. Están formadas por 275 saltos de hasta 80 metros de altura.

Los puntos de acceso son las ciudades de Foz do Iguazú –en Brasil– y Puerto Iguazú, en Argentina.Con una infraestructura mucho mayor en alojamiento, restaurantes y servicios comerciales, Foz es la que recibe a la mayoría de los turistas. Pero los visitantes concurren a ambos parques en igual medida por una causa fundamental: el espectáculo es tan maravilloso y la vivencia diferente en ambos lados, que vale la pena recorrer los pocos kilómetros que los separan y realizar el –a veces– tedioso trámite aduanero. Los extranjeros deben tener presente que transitar entre ambos países implica llevar consigo la documentación correspondiente: visitantes de algunas nacionalidades necesitan visa en un país y en otro no.

Acceso argentino

El acceso a las cataratas argentinas se realiza a través del Centro de Visitantes, donde se abona una cifra en dólares por persona con derecho al ingreso, los dos recorridos del tren y el bote que cruza a la isla San Martín. Hasta el Centro se llega en auto o con el bus que transita cada 45 minutos desde el hito Tres Fronteras, la Terminal de Omnibus y la ruta Nº 12, con un precio de algo menos de un dólar por persona. En el acceso pueden contratarse guías bilingües para realizar el recorrido, pero también pueden hacerlo por propia cuenta.

   El primer tramo posee patio de comidas, tiendas de souvenirs, un anfiteatro y un espacio dedicado al conocimiento del ecosistema del parque y de la cultura humana que ha interactuado con el mismo a lo largo de la historia. Los comentarios de cada panel están realizados solamente en español.

   Luego de recorrer unos 400 metros se encuentra la Estación Central desde donde parte el tren que lleva a la Estación Cataratas, en el primer tramo. Otra opción, para quienes quieran comenzar el contacto directo con la naturaleza, es realizar este tramo caminando unos 20 minutos–sin dificultad alguna– por el Sendero Verde.

   Desde la Estación Cataratas comienza el recorrido hacia el Circuito Superior. Durante una hora se camina por la pasarela –1.200 metros– sin dificultad ni escaleras, que se interna por la selva, cruza arroyos y repentinamente aparecen las primeras vistas de saltos de agua. Aquí ya es un espectáculo maravilloso, pero, recién comienza.

   En algunos miradores las vistas son de frente a los saltos y hacia el final del recorrido desde arriba de los mismos. Enfrente, en color rosado, se ve el Hotel Tropical das Cataratas en tierra brasilera.

Circuito inferior

El Circuito Inferior tiene mayor dificultad que el anterior, ya que contiene escaleras. Aquí también se camina por la selva en el primer tramo, cruzando arroyos y simpáticos coatíes necesitados de mantener su privacidad sin ser molestados, y hacia la mitad del recorrido comienzan a aparecer los primeros saltos de agua. En este caso todos son vistos desde abajo. Al final de la pasarela está el bello Salto Bosetti: en el extremo del balcón la proximidad de tanto caudal de agua cayendo con toda su fuerza hace que los visitantes terminen mojados e impactados.

   Para quienes no tengan dificultades físicas, el trayecto continúa por escaleras de pronunciada pendiente hasta tomar el bote que cruza a la isla San Martín. Después de un ascenso algo cansador en ambos lados de la isla hay balcones que ofrecen otra perspectiva de los saltos vistos desde arriba en el Circuito Superior.

   Una experiencia vibrante puede vivirse participando de la aventura náutica que, mediante gomones, hace que nos encontremos debajo de la Garganta del Diablo con un bautismo entre la bruma que deja la fascinante caída de agua de 70 metros. Regresando, después de la subida por escaleras, es el momento ideal para tomar un descanso, comer y beber en alguno de los bares, antes de emprender el tramo final.

Segunda fase

Desde la Estación Cataratas parte la segunda fase del tren hasta la Estación Garganta del Diablo. Allí también hay bar y sanitarios. Este recorrido no presenta dificultad ya que no cuenta con escaleras, va cruzando diferentes brazos del río Iguazú Superior por medio de abundante vegetación y varias aves –entre ellas lindísimos tucanes– hasta llegar al salto más espectacular: la Garganta del Diablo. Varias ramificaciones del río confluyen en un gigantesco pozo, lo cual provoca una caída violenta de gran caudal de agua. La observación desde el balcón implica necesariamente que los maravillados visitantes culminen completamente mojados: por ello es recomendable llevar ropa de lluvia a menos que se prefiera paliar un día muy caluroso con un baño en las cataratas. Enfrente se observan las instalaciones del sector brasilero del parque.

   El recorrido puede comenzar por cualquiera de los circuitos, incluso por la Garganta del Diablo. Pero disponiendo del día completo. En tanto para conocer las cataratas desde Brasil, es necesario llegar al Centro de Visitantes en auto o en bus desde Foz do Iguaçu. El recorrido en bus es amenizado por explicaciones del ecosistema del parque en portugués, español e inglés.

La primera parada, permite acceder al Macuco: después de un tramo en vehículos especiales acompañados de guías que enseñan acerca de la flora y la fauna de la mata atlántica brasilera, Hacia el final del sendero se toma el bote hasta los fantásticos saltos de las Cataratas. Este paseo completo tiene precio en dólar.

Fuente: La Capital
http://www.lacapital.com.ar/ed_turismo/2010/3/edicion_72/contenidos/noticia_5102.html

Misiones: La ruta verde

Entre Puerto Iguazú y Posadas, un recorrido por la RN 12 que pasa por ruinas jesuíticas, plantaciones de té y yerba mate, pueblitos de colonos y yacimientos de gemas semipreciosas. La exuberancia misionera todo lo alberga, en un mundo de agua, piedra y vegetación donde reinan los más variados matices del rojo y el verde.

Misiones es, si hay que definirla en una instantánea, la provincia del agua. Bien al norte, donde los mapas dibujan el límite con Brasil, se encargan de recordarlo las caudalosas Cataratas del Iguazú. Algo más al sur, sobre el extremo este del brazo misionero, también los Saltos del Moconá contribuyen a esta postal de selva y agua. Sin embargo, las onduladas rutas que la atraviesan de punta a punta –con la RN 12 y la RN 14 como grandes ejes, además de las menos transitadas carreteras transversales– tienen mucho más para descubrir: siempre teñidas del rojo típico de la tierra misionera, llevan hasta lugares históricos y pueblos donde siempre hay algo para ver. Este itinerario empieza, entonces, cuando quedan atrás las Cataratas y se apaga el furioso rumor de los saltos.

Brillos preciosos

A unos 40 kilómetros de Iguazú, por la RN 12 que lleva hacia Posadas bordeando el Paraná, las entrañas de la tierra empiezan a revelar algunos de sus misterios en Wanda, una localidad fundada en los años ‘30 por colonos polacos. Geológicamente, Misiones pertenece al macizo de Brasilia, formado sobre sucesivas coladas de lava basáltica de decenas de millones de años de antigüedad, y quiso el azar que entre una capa y otra de lava quedaran atrapados globos de aire y agua que la magia de la naturaleza fue transformando en ágata, jaspe, amatistas, cristal de roca y topacios. Wanda es la más conocida, pero hay otras minas cercanas, como la de Santa Catalina en la vecina localidad de Libertad, menos explotadas y muy interesantes para explorar después de haber recorrido el puñado de kilómetros que separan los yacimientos de la ruta. Durante la visita se conoce el proceso que fue formando las piedras semipreciosas, en particular las espectaculares geodas de amatistas, y se aprende a distinguir las líneas que marcan en el suelo el recorrido de las burbujas, indicadoras de la presencia de gemas bajo la superficie. En las cercanías de Libertad existe además una reserva donde se está acondicionando un sendero de interpretación, el Paso del Yaguareté, en uno de los últimos lugares donde observar el tigre misionero en peligro de extinción. La especie es representada frecuentemente en las artesanías de los pueblos guaraníes que viven en las aldeas de la zona, intentando conservar tradiciones como la cestería con fibras vegetales y el tallado en madera de pequeños animales.

Esperanza misionera

Siempre hacia el sur, la ruta lleva hacia Puerto Esperanza, otra de las localidades que prosperaron gracias la yerba mate y la industria maderera. Basta echar un vistazo a un lado y otro de la ruta para comprobar que el “oro verde”, la yerba y el té, siguen dominando el paisaje, alternando con los bosques de pino destinados a las plantas papeleras. La exuberancia del paisaje, aunque ahora la enmarañada selva haya sido domada por los cultivos, hizo vislumbrar a los conquistadores que primero se internaron en esta verde densidad la promesa de riquezas sin fin. La localidad de Eldorado, ya a 100 kilómetros de Iguazú, heredó el nombre de esta ilusión: y en verdad para el visitante es un lugar que atrae gracias a las posibilidades de explorar en canoa los arroyos Pirá Guazú y Pirá Miní, pescar dorados en el Paraná o descansar en las estancias que abren sus puertas al turismo. También se puede visitar el museo instalado en la casa que perteneció a la familia Schwelm, una de las fundadoras, donde exhiben objetos legados por los colonos y materiales indígenas.

Algunos kilómetros más adelante, la topografía sigue prometiendo lujos: esta vez en Montecarlo, la “capital nacional de la orquídea”. El clima húmedo, el calor y las abundantes lluvias favorecen a estas flores delicadas y vistosas que parecen dibujadas por un pincel de imaginación infinita, toda una tentación en los viveros para los amantes de las plantas (que no dejarán de visitar el laberinto vegetal del Parque Vortisch, el más grande de Sudamérica). Como las ciudades vecinas, lejos de los casinos de su homónima europea, Montecarlo vive de la yerba, el té, mandioca y la industria forestal: quien dé vuelta un paquete de yerba para el mate en cualquier lugar del país no se sorprenderá entonces de encontrar el nombre de la ciudad asociado con algunas conocidas marcas. Cerca del Parque Vortisch se levanta el Club de Pesca, punto de partida para visitas en lancha a la isla Caraguatay. Y en las afueras de la ciudad, el Zoo Bal Park vale el paseo para apreciar algo de la fauna local, con unos 500 animales de especies autóctonas y exóticas.
Camino de acceso a las minas de Santa Catalina, entre el rojo de la tierra y el verde de las plantaciones de pinos.

A poca distancia de Montecarlo, la visita misionera toma un carácter histórico y se suma a la ruta que recorre, en distintos extremos del país, las casas de Ernesto “Che” Guevara. Una está en San Martín de los Andes, conocida como “La Pastera”. Otra en Alta Gracia, donde pasó algunos años de infancia y donde fue levantado un museo evocativo de su figura e ideales. La tercera –o la primera, cronológicamente hablando– está aquí, en Caraguatay, sumergida en la selva y a orillas del Paraná, mirando hacia el Paraguay. Lo que queda son apenas los cimientos y parte de las paredes de ladrillo de la casa donde Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna vivieron durante algunos años, incluyendo los dos primeros de su hijo Ernestito, hasta que la humedad misionera que agravaba el asma del niño los impulsó a mudarse a Córdoba. Hoy los visitantes son bien recibidos y acompañados por los guías desde la casona de recepción, donde funciona un museo, hasta los restos de la vivienda original, recorriendo un sendero selvático de poca dificultad.

Rumbo a San Ignacio

La siguiente localidad de esta ruta vuelve a recordar las quimeras de riqueza de la tierra misionera: Puerto Rico, siempre bella gracias a los lapachos en flor que le renuevan la cara cada primavera. Varios viveros de orquídeas rivalizan con Montecarlo, y sobre todo la costanera sobre el Paraná le da a la ciudad su ritmo de tranquila belleza. Es un buen lugar para hacer un alto y luego seguir rumbo hacia el pueblito de Ruiz de Montoya, avanzando por el sinuoso trazado de la ruta para descubrir un lugar tan escondido como pacífico, signado por la herencia suiza (se dice que aquí se elabora el único auténtico queso raclette del país, que se puede conseguir en el pequeño local del Instituto Línea Cuchilla).

Más hacia el sur, dejando atrás Jardín América y Santo Pipó, se llega a uno de los lugares emblemáticos de la Misiones histórica: las ruinas jesuíticas de San Ignacio. Una fachada neocolonial funciona como punto de acceso al predio, donde varias salas explican a través de fotos y dibujos el funcionamiento de las reducciones fundadas por los jesuitas, el trabajo de los indígenas y la expulsión de la orden religiosa de los territorios americanos. Lo que sigue es lo mejor: la espectacular fachada barroca de la iglesia sobre lo que fue la plaza central; los restos de las paredes de las viviendas; los muros de arenisca roja que se resisten al avance de la selva. Al atardecer, un espectáculo de luz y sonido revive la aventurada historia de San Ignacio, que sufrió asedios y traslados hasta su abandono definitivo y su destrucción en el siglo XIX. No muy lejos, en estado más salvaje, también las ruinas jesuíticas de Santa Ana forman parte del patrimonio de la humanidad y permiten completar esta página de la historia colonial.

A un puñado de kilómetros de las ruinas de San Ignacio, otro lugar revela el poder inspirador de la selva. Es la casa donde vivió el escritor Horacio Quiroga, el maestro que puso la naturaleza en palabras y arrinconó los peligros de este mundo salvaje en el catártico ejercicio de la literatura. Enamorado, atrapado por el verde exuberante de San Ignacio que había conocido cuando fue contratado como fotógrafo durante una expedición organizada por Leopoldo Lugones, Quiroga levantó su casa sobre una barranca del Paraná. Es la misma que hoy se visita después de recorrer un sendero entre bambúes, jalonado de “estaciones” sobre su itinerario literario y vital. En realidad las construcciones levantadas en un claro de la selva son dos: una es la casa de material donde se conservan varios objetos y recuerdos del escritor; otra una réplica del primer bungalow de madera donde vivió, reconstruido para la filmación de una película sobre su vida.

Finalmente, desde San Ignacio se puede atravesar Misiones transversalmente, para poner rumbo hacia Oberá y Leandro N. Alem, o bien terminar el recorrido en la capital provincial, Posadas, el principal centro de servicios de la región y también el mejor punto de partida cuando se quiere recorrer la ruta en sentido inverso, rumbo a las Cataratasz

Fuente: Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-1724-2010-02-21.html

Yacutinga / Reserva de vida silvestre

En el Corredor Verde Misionero y a 80 kilómetros de Iguazú se encuentra una singular oferta ecoturística / Es una reserva privada con un “lodge”, servicios turísticos, gastronomía y un estrecho contacto con la naturaleza.

A 80 kilómetros de Iguazú, y a una hora de las cataratas, Yacutinga es el paradigma por excelencia de la oferta eco-turística argentina.

Rodeada por el río Iguazú Superior, esta exuberante reserva privada de 570 hectáreas de selva virgen conforma uno de los ejes del Corredor Verde misionero.

Lejos de la civilización y alejado del masivo flujo de turismo que caracteriza el área de las Cataratas del Iguazú, Yacutinga ofrece una variada gama de servicios turísticos originales en medio de un paisaje salvaje.

En su original lodge, el descanso y la buena gastronomía, son sólo una parte de la propuesta; ya que su concepto eco-turístico está dedicado a generar una armoniosa relación entre el hombre y el medio que lo rodea.

Con el asesoramiento de la Fundación Vida Silvestre Argentina, Yacutinga posee también, una Estación Biológica donde se desarrollan diversos programas basados en el uso sustentable de la naturaleza, que además del avance científico, permite entender mejor la selva, y por qué es necesario preservar este imponente santuario natural, quizás uno de los últimos remanentes de Argentina y del mundo.

Quienes viven esta experiencia participan de diversas actividades, tales como caminatas basadas en educación ambiental, plantación de árboles nativos, observación de fauna silvestre, y sobre todo la interpretación de la naturaleza.

Dominio natural

Al llegar al lugar, un edificio de dos plantas y techo a dos aguas concentra las miradas. Las enredaderas, que cubren las construcciones recuerdan que la naturaleza manda en Misiones.

Una serie de senderos conduce a las cabañas, flanqueadas por una profusa vegetación que no deja pasar la luz del sol.

Se dice que la tierra misionera adoptó su particular tono rojizo para no usar filtro solar. Entonces, las arboledas son bienvenidas. A la vez, el agua que fluye desde las vertientes hasta la piscina, donde sobrevuelan un centenar de mariposas, genera sonidos relajantes que invaden con su armonía el ambiente.

Además, las construcciones de Yacutinga siguen suavemente las pendientes naturales del terreno y mantienen la armonía de la naturaleza circundante. Materiales del lugar, como piedras y grandes trozos de madera aprovechados de árboles caídos fueron incorporados con éxito al concepto arquitectónico, integrando de esta manera con el medio natural.

Sólo cuatro hectáreas de las 570 que totalizan la propiedad fueron utilizadas para construir las edificaciones de este complejo eco-turístico inédito en Argentina.

Propuestas

Los paseos de Yacutinga son tan originales que hacen que el visitante descubra las maravillosas curiosidades de la naturaleza en cada rincón.

Para evitar el calor, las actividades comienzan a las 7, luego de disfrutar de un abundante y delicioso desayuno con frutas y pan casero.

Cualquiera de los ocho senderos de la reserva basta para sumergirse en un reino clorofílico, que sólo encuentra una detallada explicación cuando el guía ambientalista revela las leyes de la naturaleza.

Allí, la conciencia de encontrarse en la selva, apartados de todo por una vastedad verde que no tiene fin, produce sensaciones infinitas e inéditas para los turistas procedentes de las grandes ciudades.

En el lugar impera el concepto de la vida como un todo, en sus expresiones más ricas dentro de un mundo de especies, de sombras, de dimensiones y de colores.

Esta magnífica y equilibrada combinación es el resultado de un reino natural, que constituye un todo. El efecto es el respeto a esa fuerza vital que sólo la geografía genera y que se traduce en una respuesta conmovedora.

Tarifas

Paquete turístico. Tres días y dos noches de alojamiento con pensión completa, excursiones por la selva misionera y caminatas por el refugio privado con guías especializados desde, U$S 225 dólares por persona en base single y U$S 150 por persona en base doble.

Fuente: La Voz Turismo
http://www.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=587258

El Litoral, es el paisaje de los ríos y las Cataratas

Se trata de una de las regiones más atractivas del país cuando llega el verano, ya que el Litoral cuenta con una amplia variedad de playas, espejos de agua navegables y con buena pesca y, por supuesto, el gran clásico de Misiones: las Cataratas del Iguazú. En esta temporada, a los convocantes de Saltos de Moconá -ahora con sólo 10 km sin asfaltar desde El Soberbio- y Ruinas de San Ignacio, la provincia misionera le sumará la inauguración de la Cruz de Santa Ana, un atractivo turístico de 80 metros de altura en el cerro homónimo. Hay numerosos paquetes y hotelería para todos los presupuestos. Por ejemplo, 3 noches en el hotel Loi Suites cuesta $ 1.260, con excursiones incluidas. Corrientes también está apostando a poner en valor las ruinas jesuítico-guaraníes de La Cruz, a orillas del río Uruguay. En tanto, el Paraná se destaca por sus playas y su pesca, como ocurre en Paso de la Patria. Para los amantes de la naturaleza, hay buena infraestructura hotelera en Colonia Carlos Pellegrini, base para visitar los fantásticos Esteros del Iberá.

Por su parte, Entre Ríos presenta un abanico de opciones para disfrutar, tanto en prestaciones de servicios como en propuestas naturales, como las bellas playas de Colón y el gran Palmar. Además de los famosos carnavales (con Gualeguaychú a la cabeza), este verano se incorporan como productos turísticos el avistaje de aves y nuevos complejos de termas. La provincia con más centros termales del país inaugura la primera etapa de Victoria del Agua y las nuevas Termas Concepción del Uruguay. En promedio, una cabaña para 4 personas en la temporada sale $ 250.

Santa Fe atrae visitantes con sus playas en el Alto Delta del Paraná, además de la vida cultural y la movida nocturna de Rosario. Por ejemplo, el 17/2 se presenta el cantante Joaquín Sabina. Allí, un bed & breakfast ronda los $ 230.

Mientras que la propuesta más contundente para el verano en el Chaco sigue siendo la Isla del Cerrito, Formosa propone la Fiesta de la Corvina en la laguna Herradura a fines de enero y avistaje de aves en el Bañado La Estrella, Laguna Oca y Parque Nacional Pilcomayo.

Concepción del Uruguay y Victoria estrenan este verano complejos termales: Termas Concepción del Uruguay y Victoria del Agua, respectivamente.

Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2009/12/20/v-02104333.htm

Misiones, sorpresas en la selva

Lejos de las Ruinas y las Cataratas, una sucesión de cascadas, saltos y arroyos cristalinos sugieren paseos por la serranía de la Región Central.

Si bien Misiones es sinónimo de Cataratas y Ruinas Jesuíticas, existen circuitos turísticos menos conocidos, pero que impactan igualmente por su belleza. Uno de ellos es la Región Central, atravesada por un cordón serrano que ofrece valles y arroyos cristalinos, con decenas de cascadas y saltos en un entorno de naturaleza casi virgen.

Las ciudades de Leandro N. Alem, Oberá y Aristóbulo del Valle pueden servir de punto de partida para surcar los caminos de tierra colorada. Entre plantaciones de té, yerba mate, cítricos y pinares, la aventura espera al final de cada curva. En verano es mejor salir provisto de tereré (mate frío) y repelente.

Una incursión por la zona también es una invitación a degustar menúes a base de yerba mate. Restaurantes y bares ofrecen desde bocaditos hasta pizzas, tragos y helados de mate. La gastronomía elaborada con yerba seduce con un sabor suave, incomparable.

Una buena opción es hacer base en Oberá -a 100 km de Posadas-, cuna de la inmigración europea de principios del siglo XX. A 2 km del centro, en Monte Aventura, la adrenalina comienza a fluir. Ofrece entretenimiento y diversión para grandes y chicos, con tirolesa, puentes colgantes, una casa construída sobre los árboles y el enorme desafío de hamacarse sobre una laguna llena de lodo tratando de no embarrarse. Los saltos Berrondo y Krysiuk ofrecen la posibilidad de acampar, con todas las comodidades para los amantes de las carpas y el contacto pleno con la naturaleza.

En Campo Grande, el salto Chávez impacta por sus 50 m de ancho. Pero, sin dudas, el más deslumbrante de todos es el Salto Encantado, cerca de Aristóbulo del Valle. El agua se despeña desde casi 60 m de altura, en una pileta natural que sirve para aplacar el intenso calor del verano misionero. Todo enmarcado en el verde intenso de parte de esa selva, que hasta hace algunas décadas cubría gran parte de la provincia y hoy es destruida por las motosierras. Un sendero bien cuidado en medio de la selva lleva hasta el salto La Olla. Ante su increíble belleza, el esfuerzo de la caminata bien vale la pena.

Varias chacras del Valle del Cuñá Pirú se transformaron en confortables lodges, donde se organizan paseos en carro, cabalgatas y es posible conocer la historia de los inmigrantes que llegaron a Misiones hace un siglo.

Naturaleza y tradiciones ancestrales de ucranianos, alemanes, polacos, rusos, escandinavos y suizos esperan a los turistas para mostrar cada uno de los rincones de una provincia bendecida por la madre naturaleza.

Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2009/12/20/v-02104338.htm