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La Rioja, sus circuitos nuevos y clásicos riojanos


Con la llegada del verano a La Rioja, las vides renacen y se empieza a descubrir la ruta del vino, surgen circuitos alternativos para conocer lugares no tan conocidos, así surgen circuitos a Laguna Brava, los nogales de Famatina, el cablecarril La Mejicana, la Quebrada del Cóndor y el sorprendente Talampaya.

En el límite con Chile se encuentra Laguna Brava, un paraíso escondido en la Cordillera de los Andes.

Es una Reserva Natural de 5.000 hectáreas, ubicada 450 kms al oeste de La Rioja capital, creada para preservar las comunidades de vicuñas y guanacos que estaban al borde de la desaparición.
Otro de los lugares vírgenes para descrubrir, es el Cañón de Talampaya.
Son sorprendentes las figuras de piedra talladas por la acción del tiempo y del viento, que resplandecen bajo el sol o bajo la luna. La Catedral es una de las paradas del circuito, con sus agujas góticas.

La Rioja también es conocida por tener un clima perfecto para la producción de vino. La Ruta del Vino está integrada por 35 bodegas, y Chilecito es el polo vitivinícola, con el 75% de los establecimientos. El resto de los establecimientos están en Anillaco, Villa Unión y Famatina.
En este circuito se puede apreciar el arte de la elaboración casera, con las nuevas técnicas y tecnologías modernas de los grandes productores de miles y miles de botellas.

Otro de los manjares riojanos, son las nueces de Famatina. Entre las sierras, encontramos la Finca Huayrapuca se dedica a la producción de nueces, y abrió sus puertas al turismo con la propuesta de mostrar el proceso de elaboración de este fruto.

Por las condiciones climáticas del valle, hace que sea de las mejores del país. En la gastronomía casera y tradicional riojana, la nuez es un ingrediente estrella.

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Titulo: Circuitos nuevos y clásicos riojanos.
Publicado el 09/12/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: La Rioja
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/la_rioja/circuitos-nuevos-y-clasicos-riojanos_n.html
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La Rioja. Los cóndores, los reyes del cielo


Es poco conocido el pueblito de Tama, ubicado a 180 kms al Sur de ciudad de La Rioja, desde donde salen los viajes en vehículos doble tracción a la Reserva Natural Quebrada de los Cóndores, hasta la Sierra de Los Quinteros.

En estas serranías de rocas de granito, pastizales, con pequeñas quebradas y cactus en flor, dan hogar a esta comunidad de 150 ejemplares de cóndores andinos. Esta es una especie que está al borde de la extinción.

El camino hacia la Quebrada de los Cóndores es un paisaje ondulante asciende con suavidad.
Desde un puesto rural en el camino, es posible realizar una cabalgata para estar mas cerca del hogar de los dueños del lugar, mientras estos cóndores planean el firmamento riojano. La cabalgata es de una hora y media aproximadamente, para llegar al mirador natural, pasando por vertientes y arroyos.
Allí, en el "Mirador de los Cóndores" tenemos una excelente platea natural es un gigantesco peñasco que sobresale del acantilado unos 3 o 4 metros, a más de 1800 lindísimo.

El paisajes es lindísimo e impresionante, desde allí se pueden ver varias montañas cubiertas de verde, riachuelos que cortan las quebradas y el camino hasta la posta.
Los cóndores vuelan y planean sigilosos, brindando un espectáculo único.

Otros atractivos de la zona son:

Vestigios y pinturas rupestres. Es un paseo de seis horas y dividido en etapas.
La primer etapa es una caminata de una hora que bordea el lecho del río Santa Cruz, donde hay muchas pequeñas flores silvestres, y se pueden encontrar conejos, zorros, liebres y aves. Se llega hasta un bosque de molles (árbol típico de la zona).
Luego de una pausa, se continúa a caballo hasta llegar al lugar donde nuestros antepasados aborígenes dejaron su huella indeleble en la roca.

Pesca de truchas.
Uno de los atractivos que ofrece Santa Cruz de la Sierra, es la pesca de truchas en estas aguas transparentes. Esta excursión se combina con una cabalgata hasta el Parque de Piedra, por un laberinto de pasadizos y senderos de rocas dispersas con forma extraña, hasta llegar al lugar donde se inicia la pesca.

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Titulo: Los cóndores, los reyes del cielo.
Publicado el 08/12/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: La Rioja
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/la_rioja/los-condores-los-reyes-del-cielo_n.html
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La Rioja. Los caminos de Famatina y el oro


Para llegar a Chilecito desde Villa Unión hay que atravesar la Cuesta de Miranda, uno de los paisajes más lindos de La Rioja.

El principal atractivo de la región, es Famatina que sobresale por su bellezas naturales y sus anterior antecedente minero.

Aún se puede ver el cablecarril que utlizaban los alemanes durante los años dorados de la mineria en esta región, aunque ya no reluce como en aquellas epocas.

Famatina tiene varios senderos para realizar, algunos no son tan faciles de transitar pero valen la pena conocer.

Un ascenso es visitar la Mina del Oro, que funcionó en el Cerro Negro entre los años 1935 y 1955.
El trayecto es complicado, hay que hacerlo solo en camioneta 4x4, incluso asi, hay un tramo que hay que realizar caminando durante 1 hora. A lo lejos se puede ver entre dos montañas, la Mina del Oro.

Hay que pasar del otro lado del río El Oro, subir la cuesta y entrar a lo que fúe este viejo emprendimiento de donde salía oro puro, cosa que sucede en muy pocas minas. Se puede ver un horno de fundición que se utilizaba para hacer lingotes.

Otro ascenso, puede ser conocer La Mejicana, que era un emprendimiento inglés que funcionó entre los años 1880 y 1913. Entonces, cuando en el año 1890 funcionaba el ferrocarril Belgrano, de Chilecito a Famatina, los materiales de la montaña se bajaban a lomo de mula hasta Los Corrales, y de ahí en tren a Chilecito. En el año 1913 los ingleses se van y continúa el Banco Nación. La explotación continuaría hasta el año 1936, cuando se acabó la minería en Famatina.

El ascenso a picos que llegan a los 6250 metros de altura para llegar a La Mejicana, es una experiencia impactante. Los minerales tiñen la montaña con colores ocres y anaranjados. Hay que pasar la formación conocida como El Pesebre y luego el Cañón del Ocre.

En el camino, hay que bordear y atravesar varias veces el río Amarillo, que pasa entre grandes paredones que arrastran dióxido de hierro que le da ese color tan característico.

En el camino, tambien se pueden ver algunas cuevas que alguna vez habitaron buscadores de oro.
A medida que se asciende, la vegetación comienza a ser escasa, pero la belleza de los paisajes son únicos.

La Quebrada del Caballo Muerto es el lugar más alto y espectacular del trayecto, desde donde se puede ver todo el valle de Antinaco, Chilecito y varias torres del cablecarril, que en total tenía nueve estaciones a lo largo de 36 kilómetros.

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Titulo: Los caminos de Famatina y el oro.
Publicado el 30/11/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: La Rioja
Ciudades: Famatina
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/la_rioja/famatina/los-caminos-de-famatina-y-el-oro_n.html
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La Rioja. Actividades en el Dique Los Sauces


El Dique Los Sauces se encuentra al oeste de la capital riojana, es un lindo paseo que combina naturaleza e historia, donde se pueden hacer actividades náuticas, deporte aventura y hermosas vistas de la precordillera. Es uno de los principales atractivos de la provincia de La Rioja.

Ubicado a 15 kms de la ciudad de La Rioja, por el acceso a la Quebrada de los Sauces, se puede llegar al enorme lago del dique Los Sauces, que se encuentra entre los cerros El Peñón (de 1.800 metros de altura) y el cerro de la Cruz (que alcanza 1.600 metros de altura).

Hace 80 años, por la escasez de agua se construyó este reservorio que es una obra de ingeniería moderna. Las aguas se embalsan para el riego y consumo de la capital provincial.
Este embalse concentra alrededor de 8 millones de metros cúbicos, en las 80 hectáreas.

El dique es un lugar ideal para practicar deporte acuáticos, para los amantes de la navegación a vela y el esquí acuático.

Hay una tirolesa con la que se puede cruzar el lago, a través de un cable de 600 metros de largo. No es necesario ser un experto, pero si tomar coraje para llegar a la otra orilla.

También, es ideal para los pescadores que llegan a practicar su deporte preferido.

Bordeando el dique, encontramos el Club de Pesca, el Club Náutico de La Rioja y el Camping Municipal.

En el Camping Municipal hay lugares establecidos para acampar, con asadores y sanitarios, y piletas para disfrutar tan cerca del dique.

El dique está al pie del Cerro de la Cruz, donde hay una rampa de lanzamiento de aladeltas y parapentes, que según los expertos es uno de los mejores lugares del mundo para practicar esta actividad, además de poseer excelentes condiciones climáticas. La cima del cerro está a 1.600 metros de altura, desde donde se puede disfrutar de una impactante vista del lago y sus alrededores.

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Titulo: Actividades en el Dique Los Sauces.
Publicado el 15/11/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: La Rioja
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/la_rioja/actividades-en-el-dique-los-sauces_n.html
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Tiempos de deporte aventura en La Rioja


La Rioja se perfila como un lugar ideal para prácticar deportes, aventura y disfrutar de la tranquilidad de sus parajes, donde se puede practicar tirolesa, carrovelismo, longboard, parapente, además de las tradiccionales actividades de ciclismo y trekkings.

Camino a Aimogasta, se puede sentir el viento y la velocidad hacienco carrovelismo, o experimentar un vuelo en parapente en La Rioja capital y Famatina, o bien, probar cruzar realizar tirolesa, atravesado el Dique Los Sauces en un cable de 600 mts, son algunas de las actividades que se pueden realizar.

La propuesta en el Dique Los Sauces es cruzar el lago por los aires, a través de un cable de 600 metros de largo. La Tirolesa no necesita ningún conocimiento previo o estado físico especial, sólo coraje para seguir el impulso y llegar a la otra orilla.

A 29 kms de La Rioja Capital, en la localidad de Sanagasta se puede practicar longboard, una nueva disciplina deportiva que consiste en bajar la montaña por ruta o circuitos adaptados, en tablas largas (como una patineta pero mas larga y grande). Hay varios circuitos ya establecidos, y se destaca el circuito Pampa de la Viuda, que es un descenso de 4,30 kms de largo y se llega a una velocidad máxima de 80 km/hora.

A 30 km de Aimogasta, en el tranquilo departamento de Arauco, se encuentra esta planicie arida que es una de las mejores pistas de carrovelismo de la Argentina. Hace miles de años se secó una gran laguna, de 7 kilómetros de largo por 4 de ancho, donde hay vientos constantes que superan los 50 kms/hora, ideales para este deporte.
Allí hay un complejo con refugios para descansar, asadores, hornos de barro, una confitería y una escuela equipada con carrovelas, kitebuggys y bicicletas.
Otra opción es hacer kite-buggy, cabalgatas, salidas en bici y caminatas.

En los meses de verano, son ideales para realizar parapente en La Rioja, gracias a las térmicas, las corrientes de aire cálido que ayudan a mantener el parapente suspendido en el aire por mucho mas tiempo. En las pistas de vuelo hay instructores y guias, y tambien se pueden realizar vuelos de bautismo para quien quiera probar este deporte.
En la provincia hay dos pistas, una es conocida como Puerta de la Quebrada (a 7 kms de La Rioja capital) y otra en Famatina (a 200 kms de la capital) en el cerro Cuesta Vieja.

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Titulo: Tiempos de deporte aventura en La Rioja.
Publicado el 14/10/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: La Rioja
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/la_rioja/tiempos-de-deporte-aventura-en-la-rioja_n.html
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La Rioja: En bicicleta por el Triásico


Un paseo en bicicleta es un buen medio de transporte para estar en contacto directo con la naturaleza y el Cañon de Talampaya.

En el Parque Nacional Talampaya hay 25 bicicletas disponibles para alquilar que permiten recorrer algunos de los circuitos tradicionales del parque, siempre con un guía autorizado.

Hay dos circuitos para realizar, el del Cañón de Talampaya que dura casi 2 horas y pasa por el sector de los petroglifos indígenas, una cueva y el Jardín Botánico. El otro circuito es un poco más largo, dura casi 3 horas y además de recorrer los mismos lugares del otro circuito, se llega hasta La Catedral.

El paseo comienza al pie de una muralla de arena colorada de 130 metros y en la Puerta del Cañón de Talampaya se pueden ver unos antiguos petroglifos con imágenes de hombres, guanacos, pumas y ñandúes. También encontramos morteros cavados en la roca, de culturas Ciénaga y Diaguita (siglos III al X). El recorrido continúa al pie de un descomunal paredón de 150 metros hasta el Jardín Botánico, un bosquecillo de 500 metros con una flora autóctona que contrasta con la aridez del parque, donde hay algarrobos de 250 años, chañares y molles de penetrante aroma. Allí encontramos otro paredón, donde vemos una gran hendidura vertical de forma cilíndrica creada por el agua de lluvia, llamada La Chimenea.

Se sigue pedaleando junto a paredones erosionados de 250 millones de años de historia geológica.
Estos paredones fueron la superficie de la tierra en el período Triásico y luego de estar millones de años sepultados afloraron al levantarse la Cordillera de los Andes.

En el camino, se pueden ver diversas formaciones de sedimento y solitarias columnas sosteniendo una gran roca en lo alto. Estas formas caprichosas pueden parecer antiguas ciudades amuralladas, catedrales góticas, esfinges rojas esculpidas, etc.
La Asociación de Guías de Talampaya es quien ofrece la excursión en bicicleta y también algunos de los circuitos de trekking.
Se puede ver mas información en: www.talampaya.org.ar

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Titulo: En bicicleta por el Triásico.
Publicado el 03/10/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: La Rioja
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/la_rioja/en-bicicleta-por-el-triasico_n.html
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Los laberintos de Talampaya



En el Parque Nacional Talampaya hay tres circuitos clásicos que se visitan en el mismo día, y varias alternativas menos conocidas como la Ciudad Perdida, el Cañón de Arco Iris y la Quebrada Don Eduardo.
Además de los medios clásicos de transporte, hay excursiones en bicicleta o a la luz de la luna.

Los circuitos clásicos para hacer en Talampaya son El Cañón, Los Cajones y La Catedral Gótica.
Este Parque Nacional abarca 215.000 hectáreas.

El camino hacia la Ciudad Perdida se debe hacer con un guía autorizado. Comienza por el lecho seco del río Gualo, donde se deja el vehículo y comienza una caminata sorteando elevadas dunas y pampas pobladas por guanacos. Se llega a un mirador natural en una elevación del terreno, para luego encontrar un impresionante “cráter” de 3 kms de extensión con formaciones que se asemejan a las ruinas de una ciudad fantasma destruida por una lluvia de meteoritos.

Ciudad Perdida es una gran depresión en el terreno rodeada por farallones de 250 metros de altura. Vista desde arriba se aprecian las grietas, galerías sin salida y cursos de agua resecos.
Esta formación surgió hace 120 millones de años.

Se puede descender al interior de la Ciudad Perdida para recorrer sus interminables laberintos diseñados por las corrientes de agua de lluvia, que cada verano se rehacen a si mismo. Entre los tesoros escondidos hay una pequeña pirámide casi perfecta y un pozo de 100 metros de ancho por 30 de profundidad.

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Titulo: Los laberintos de Talampaya.
Publicado el 01/10/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: La Rioja
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/la_rioja/los-laberintos-de-talampaya_n.html
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La Rioja: La Ruta del Vino y las aceitunas


La provincia de La Rioja se destaca por su gastronomía amplia en variedad de sabores entre otros atractivos, como las aceituneras de Aimogasta (polo olivícola del país) hasta los excelentes vinos de Chilecito.

En la ciudad de La Rioja se pueden encontrar platos tradicionales de la cocina riojana, y otros mas de época, como algarroba, conejo, jarilla y mistol.

Los platos típicos de la región son el chivito, cordero, locro, empanadas, y gran variedad de quesos regionales.

La Ruta del Vino de La Rioja comprende más de 35 bodegas registradas, en las que se pueden realizar visitas guiadas y degustaciones.

Chilecito es uno de los pueblos ubicados entre cerros y viñedos, donde se concentra la actividad vitivinícola, pero también abundan los cultivos de nueces, aceitunas y frutales.

También, cerca de la Sierra de Famatina crece el desarrollo del cultivo de nogales.

En el Museo Folklórico de La Rioja, de la capital provincial, se puede encontrar la historia de esta centenaria tradición vitivinícola en la provincia.

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Titulo: La Ruta del Vino y las aceitunas.
Publicado el 20/09/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: La Rioja
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/la_rioja/la-ruta-del-vino-y-las-aceitunas_n.html
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Un trekking por la Quebrada Don Eduardo


La Quebrada Don Eduardo es quizás el circuito más completo y espectacular del parque, y también uno de los menos visitados.

Para conocerlo, hay que caminar seis o doce kilómetros según el camino elegido, pero es un esfuerzo que vale la pena hacer.

La excursión arranca temprano en la mañana para evitar el fuerte sol riojano, caminando por el curso seco del río Talampaya. En este lecho seco, puede crecer de manera aluvional el curso del río que puede alcanzar en minutos, los 400 mts de ancho y casi 2 metros de profundidad.

A orillas del río crecen algarrobos de tronco retorcido, algunos centenarios, otros por cumplir el milenio.

Allí comenzamos a trepar lomadas y pasar bajo túneles de piedra entre laberintos de arenisca, para ingresar en la Quebrada Don Eduardo.

En el trayecto de 12 kilómetros, la excursión atraviesa finalmente el Cañón de Talampaya, caminando entre paredones de 180 metros de alto, e incluye la visita a Los Pizarrones, un conjunto de petroglifos y morteros cavados en la roca por los aborígenes hace unos once mil años.

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Titulo: Un trekking por la Quebrada Don Eduardo.
Publicado el 24/10/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: La Rioja
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/la_rioja/un-trekking-por-la-quebrada-don-eduardo_n.html
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La Rioja: Conociendo el Parque Provincial El Chiflón


El Parque Provincial El Chiflón se encuentra a 80 kms de San Agustín del Valle Fértil, y 146 kms de la ciudad de La Rioja, sobre la Ruta Nacional 150, a una hora del Parque Nacional Talampaya.
Es un área natural protegida de alto valor paisajístico, ecológico y cultural, donde llaman la atención unas extrañas formaciones de arenisca cinceladas por el viento con colores y formas distintas de las del Valle de la Luna y Talampaya.

Hay 3 circuitos relativamente cortos dentro de El Chiflón que deben realizarse con un guía autorizado, donde se pueden ver restos de troncos petrificados de 250 millones de años, morteros cavados en la piedra por aborígenes prehispánicos, formaciones de areniscas cinceladas por siglos de erosión eólica y vuelos de cóndores.

Es un afloramiento sedimentario del Período Triásico, en el que los agentes erosivos han esculpido una variedad significativa de geoformas, enmarcadas en un paisaje montañoso. El sol enmarca las formaciones provocadas en los cerros de arenisca que fueron tallados naturalmente, tomando bellas formas y curiosas perspectivas.

Se lo denomina "El Chiflón" por el sonido que produce el viento a través de sus montañas.
Es una excursión de día completo que también puede hacerse desde Villa Unión.
El Parque cuenta con seis guardaparques que provienen de las localidades y parajes cercanos con reducido número de habitantes: La Torre (80 habitantes distribuidas en 17 familias), Cerro Blanco (10 habitantes), El Chiflón (6 habitantes).

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Titulo: Conociendo el Parque Provincial El Chiflón.
Publicado el 23/10/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: La Rioja
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/la_rioja/conociendo-el-parque-provincial-el-chiflon_n.html
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Cruce de los Andes a caballo, la cabalgata bicentenaria

El pasado fin de semana de Enero, se revivió en la cordillera riojana un cruce de mulas y caballos por el mismo camino que siguió, hace 194 años, una columna enviada por San Martín para liberar Huasco y Copiapó. Crónica de una cabalgata conmemorativa hasta el cruce de Come Caballos, que el año próximo estará abierta a todo tipo de viajeros.

Participar de una cabalgata que busca revivir un episodio de la gesta de la Independencia puede tener diversos significados. Para un granadero de la Casa Rosada es una oportunidad de lucir sus uniformes en la inmensidad de la cordillera riojana entre 200 caballos y mulas, igualito a como ocurrió en un momento clave de nuestra historia... pero sin el celular con que se saca la foto. Para un operador turístico es una experiencia para explorar nuevas rutas. Los políticos disfrutan también de lo lindo –como todos– y aprovechan el evento para proyectarse en decenas de medios a nivel nacional. Los fanáticos de las 4x4 también gozan a pleno –por cada diez equinos hay una camioneta– y los fotógrafos alcanzan el éxtasis casi a cada paso. Los periodistas, por nuestra parte, asistimos asombrados a un original encuentro entre dos columnas de mulas y caballos –una llegada desde el lado chileno y otra del argentino–, cuyos jinetes se abrazaron a casi 5000 metros junto al hito limítrofe con genuina emoción y vivas a la patria, a Chile y a la Argentina, en un acto entre imponentes montañas cargado de un fuerte simbolismo de unidad latinoamericana. Más tarde, por lo bajo, alguien me comentaría que por ahí dicen que dicen que los chilenos, cada tanto, “corren el hito unos metritos hacia el este” por eso “siempre venimos a controlar”.

Hacia Laguna Brava

Partimos en camioneta al clarear el alba desde la ciudad de Villa Unión hacia el sector riojano de la Cordillera de los Andes. La primera parada fue en la Quebrada de la Troya, una cuesta de ripio donde vimos el perfil de una pirámide natural casi perfecta, formada por el desprendimiento de una gigantesca placa de piedra sobre la ladera de la montaña.

Luego apareció en el camino el pueblito de Alto Jagüe otra rareza difícil de explicar a simple vista. Desde hace décadas, en los días de lluvia la reseca y única calle del pueblo se convierte en el lecho de un irregular río que ha ido cavando dos barrancas, una a cada costado de la calle, que miden entre dos y tres metros de altura. Y arriba están las casas, todas de adobe, a las que se llega subiendo la barranca por unos peldaños esculpidos en la tierra. En la puerta de algunas casas cuelgan ramitos de “ruda macho” para ahuyentar al demonio. A veces las ráfagas de un viento zonda levantan una nube de polvo que hace desaparecer al pueblo por unos instantes. Y los lugareños aseguran que Alto Jagüe –donde es raro ver a alguien en la calle– no siempre reaparece en el mismo lugar.

Por la Quebrada del Peñón subimos en la camioneta hasta los 4350 metros, donde la vegetación desaparece por completo y por el resto del viaje, salvo por unos escasos pastos dorados que cada tanto brotan como barbas invertidas aquí y allá. El suelo pasó a estar cubierto por millones de piedritas de vivos colores y a la distancia las montañas parecían tener finas capas de terciopelo azul, verde, naranja, violeta, gris y rosa.

En una pampa de altura nos cruzamos con cinco vicuñas de terso pelaje marrón. Al transponer una lomada se abrió a los pies del camino un amplísimo valle con una laguna en el centro, cuyo espejo de agua azul zafiro mide 17 kilómetros de largo por dos de ancho. Era la Laguna Brava, rodeada de volcanes nevados que superan los 6000 metros de altura.

En la lejanía la laguna duplicaba en su superficie la silueta invertida de algunos flamencos rosados, inmóviles dentro del agua frente a una playa de sal. Un viento helado sacudía los escasos pastos dorados y un ambiente árido al extremo recreaba el aura onírica de un espejismo. Hasta que la serenidad del paisaje se rasgó como una hoja de papel y los flamencos remontaron vuelo al unísono para desaparecer aleteando tras una serranía.

Puesto Barrancas Blancas

Luego de seis horas en camioneta llegamos al puesto de vialidad en Barrancas Blancas, que tiene una veintena de cuartos con camas cucheta, baños, agua caliente y un gran salón que sirve de comedor comunitario para los expedicionarios. Allí pasamos la primera noche.

Antes de dormir me puse a conversar con un compañero de cuarto –cada uno envuelto en su bolsa de dormir–, quien me contó con acento riojano muy esdrujulado que era tataranieto de Nicolás Dávila, 2º jefe de la expedición riojana que ayudó a liberar Chile. Pero además era tataranieto de Manuel de la Encarnación Gordillo y Castro, un teniente de la misma expedición que fue quien viajó a hacerle el reporte de la victoria a San Martín. En agradecimiento, el Libertador le regaló su yesquero de campaña, una reliquia que se conserva en la familia.

Al día siguiente comenzó la cabalgata en sí, rumbo a Come Caballos, donde está uno de los catorce refugios de piedra y barro que se construyeron en este sector de la cordillera durante el gobierno de Mitre, donde paraban los arrieros que llevaban ganado en pie hasta Chile. Estos refugios tienen la forma y la estructura interna de caracol de los iglúes. Y sirvieron para salvarles la vida a muchas personas a quienes sorprendió el garrotillo, como le dicen aquí al viento blanco mezclado con nieve y granizo que, por momentos, amenazó con complicarnos la vida pero rápidamente se disipó.

Un centenar de caballos y mulas con jinetes portando banderas argentinas, ponchos rojos, e incluso dos granaderos del Regimiento de Patricios, subieron 25 km por el lecho seco de un río en medio de un gran valle. La cabalgata fue sencilla y los paisajes imponentes.

Los integrantes de la cabalgata –liderada por el gobernador Beder Herrera– eran invitados especiales intendentes y secretarios de Cultura de ciudades riojanas y de otras provincias, lugareños y muchos periodistas locales. Al llegar a los 4300 metros nos encontramos con el refugio de Come Caballos –otro de los “iglúes”–, destino final de la primera etapa. La jornada fue ardua y hay que decirlo sin culpa: todos hicimos trampa, ya que desmontamos en Come Caballos y todos los jinetes nos volvimos en camioneta al refugio a dormir, cómodos y calentitos.

A la noche hubo cordero asado, vino y folklore con rondas de aro aro aro. Y los mayores aplausos se los llevó el ingenioso cura del pueblo de Vinchina: “Aro aro aro aro / ayer pasé por tu casa / y con pena me dijiste / qué triste llegar a viejo / sin conocer el upite”.

Al día siguiente, de madrugada, partimos otra vez en camioneta hacia Come Caballos para volver a montar. Aunque varios quedaron en el camino y debieron ser bajados en vehículo afectados por el mal de altura.

El último tramo hasta el hito fronterizo fue de apenas 6 km en fuerte subida. Sobre una ladera el brillo de unos filosos penitentes rompió la lisura casi perfecta de las montañas. La meta ya estaba cerca.

En el hito, finalmente, nos topamos con la cabalgata organizada del lado chileno desde Copiapó. Los gobernadores de ambos lados se abrazaron, hubo discursos, se izaron banderas y se cantaron los himnos en la cima de una montaña, en medio de la más absoluta nada. Y luego de la despedida cada caravana de caballos bajó la cordillera hacia su correspondiente lado.

Los jinetes argentinos regresaron al refugio de Barrancas Blancas donde las mulas y caballos fueron transportados en camión a sus lugares de origen. Y todos volvimos a la civilización en camioneta, otra vez atravesando los oníricos paisajes que rodean la Laguna Brava con sus desoladas montañas de colores.
La cabalgata comienza en Come Caballos, uno de los refugios de piedra y barro del siglo XIX.

Antes de llegar a la laguna hicimos un alto en el camino para ver la impresionante tumba del “destapadito”. Cuenta la historia –que no es muy vieja, ocurrió en 1974– que el jefe de una familia de arrieros le encargó a su hijo que se adelantara durante un arreo. Al alcanzarlo, dos días después en uno de los refugios de la época de Mitre, lo encontraron muerto, seguramente víctima del garrotillo. Lo taparon con piedras, como se acostumbraba en la zona, y siguieron hacia Chile. Al regresar encontraron las piedras desperdigadas y el cadáver a la vista, así que lo volvieron a tapar. Pero cada arriero que pasaba lo encontraba “destapado” y lo volvía a tapar. Y hasta el día de hoy, los huesos del destapadito están ahí en su tumba, a la vista de todos, bajo el frío riguroso y seguramente cumpliendo milagros, ya que la gente le deja monedas. No sólo hay este tipo de ofrendas: algún irreverente también le puso zapatos y un pucho en la dentadura.

Las nubes bajas por momentos nos borraban la visión del camino y de todo lo que estuviera más allá de un metro. Pinchamos una goma –como casi todos–, lo cual nos dio la oportunidad de caminar un rato entre la bruma al borde de un precipicio. El viento se detuvo de repente y en medio de un absoluto silencio se nos vino encima la dolorosa belleza de la desolación total, de un vacío que explotaba de colores encerrando la esencia misma del yermo paisaje riojano. Los colores de la soledad

Fuente: Página 12 Turismo

La Rioja: los reyes del cielo

El viaje a la reserva natural Quebrada de los Cóndores se efectúa en vehículos doble tracción y parte desde Tama, un pueblito que descansa a 180 kilómetros al sur de la ciudad de La Rioja, hasta la Sierra de Los Quinteros. Bendecidas por una remota geografía, estas singulares serranías de rocas de granito, tapizadas de pastizales, pequeñas quebradas y cactus en flor, protegen al 80% de esta comunidad de cóndores andinos, integrada por 150 ejemplares. Una especie que en todo el continente está al borde de la extinción.

La posta. Alcanzar el puesto rural de Santa Cruz de la Sierra demanda tres horas de camino. Pero el tiempo no se siente, porque el paisaje ondulante asciende con suavidad y arrulla al viajero. Este es el punto base para alcanzar la Quebrada de los Cóndores. José de la Vega es un hombre cansino y cordial, y anfitrión de la centenaria casa donde vivieron sus antepasados. Hoy, su morada, está abierta a las visitas.

Un comedor rústico es el escenario para degustar las delicias de la cocina riojana que se sirven, como cazuela de gallina, cabrito la horno de barro, locro, empanadas, puchero de cabra y frutas silvestres cosechadas “in situ” por el mismo visitante.

Hacia la Quebrada

Desde el puesto rural sale una cabalgata hacia una bella saliente montañosa cercana al hogar de los dueños del lugar: los majestuosos cóndores que planean orondos el firmamento riojano. La excursión comienza con una caminata hasta el sitio donde aguardan los caballos, para emprender la cabalgata que dura casi una hora y media, tiempo necesario para atravesar los 4 kilómetros hasta el mirador natural. El recorrido, lento y de precaución, sortea pequeños arroyos y vertientes que brotan entre las inmensas rocas, hasta llegar al desfiladero que conduce al ’Mirador de los Cóndores’. Esta platea natural es un gigantesco peñasco que sobresale del acantilado unos 3 ó 4 metros, a más de 1800 msnm.
Luego de transitar una angosta huella que serpentea la montaña, alcanzar la cima de esta saliente que domina el paisaje, es el gran secreto. Desde ahí se divisan hileras de montañas cubiertas de verde, varios riachuelos que marcan un trazo profundo entre las quebradas y el camino hasta la posta. La abrumadora presencia del acantilado, escogido por estos reyes del aire para establecer su morada, causa una dosis de impresión. Tal vez por ello, desarrollaron la capacidad de vivir en estas recónditas montañas, cuyos recovecos y relieves son óptimos para proteger los nidos.

La aparición de ellos en escena no se hace esperar. Más de cuarenta cóndores planean sigilosos ante la presencia de extraños, lo cual no impide que regalen un vuelo sincronizado durante dos horas.

El atardecer marca el regreso, con el sol que se oculta y un descenso liviano que sella un encuentro hipnótico con los reyes del cielo: los cóndores de la Quebrada.

Otros atractivos de la zona

Vestigios y pinturas rupestres: Este paseo insume seis horas y está dividido en etapas. La primera es una caminata de una hora que bordea el lecho del río Santa Cruz, a cuyos lados brotan multitud de pequeñas flores silvestres, como una alfombra de terciopelo de tonos naranja, verde y blanco. Conejos, zorros, liebres y aves son otras de las sorpresas que renuevan el asombro del visitante. Se llega así hasta la sombra de un bosquecillo de frondosos molles (árbol típico de la zona) que invita a un refrigerio. Luego de este descanso en un microclima especial, se continúa a caballo hasta llegar al lugar donde nuestros antepasados aborígenes dejaron su huella indeleble en la roca.

Pesca de truchas: La pesca de truchas es otro de los atractivos que ofrece Santa Cruz de la Sierra, donde el agua transparente devela a las truchas y pareciera que podrían alcanzarse con la mano. Esta excursión se combina con una cabalgata hasta el Parque de Piedra: un curioso laberinto de pasadizos y senderos de rocas dispersas con forma extraña. La ruta continúa hasta llegar a un pequeño río, donde se inicia la pesca.

Fuente: La Capital Turismo

Petroglifos en Talampaya

Los antiguos habitantes de La Rioja dejaron también su huella en cuevas y aleros de montaña que utilizaron como vivienda, depósito y enterratorio para sus muertos. Además, cincelaron petroglifos en grandes paredones verticales y rocas a cielo abierto. En el área conocida como Los Pizarrones, del Cañón de Talampaya, están algunas de las muestras más representativas de los petroglifos riojanos. Se trata de figuras que, se estima, fueron hechas por indígenas agroalfareros de la cultura aguada y están en una especie de panel de 15 metros de ancho de una formación sedimentaria, sobre una pátina oscura generada por el bióxido de manganeso. Los grabados de Los Pizarrones prefiguran formas antropomorfas (humanas) y zoomorfas. Entre las humanas masculinas hay figuras con sexo prominente y los brazos en alto. En cuanto a los animales, se puede reconocer la fauna casi completa de la zona, tanto huellas como perfiles de guanacos, zorros, ñandúes y pumas. Además hay una figura muy curiosa que representaría a un hipocampo. Si así fuera cabría pensar que fue grabada por algún miembro de las culturas próximas al océano Pacífico. También hay muchas figuras geométricas, escenas de sacrificio de animales y signos astrales. El petroglifo más llamativo es una escena de caza colectiva con muchos individuos persiguiendo a sus presas.

En la zona del Parque Nacional Talampaya se han comprobado ocupaciones humanas temporarias en un período que va del año 120 al 1180 de nuestra era. Y muestra de ello son los varios enterratorios encontrados en el lugar, como el fardo funerario de una mujer de entre 18 y 20 años envuelta en un tejido de lana atado con dos cordeles.

En la Puerta de Talampaya se pueden ver más petroglifos y una gran cantidad de morteros cavados en la roca uno al lado del otro. Dadas las condiciones poco habitables del lugar, se cree que puede haber sido un centro ritual donde los morteros se usaban para quemar inciensos alucinógenos, o fermentar la vaina del algarrobo para hacer la chicha muy fuerte que usaban los chamanes en las ceremonias de celebración de las cosechas.

Desde la ciudad de Villa Unión, quienes estén muy interesados en la arqueología local pueden visitar el paraje conocido como La Isla, a 7 kilómetros de la ciudad. Allí hay una larga serie de petroglifos que, según los arqueólogos, podrían haber sido realizados por una casta de notables –sacerdotes, caciques o hechiceros– de la cultura ciénaga (año 200 al 400 d.C.), o quizá de la cultura de aguada (año 500 al 800 d.C.). La cantidad de grabados supera el centenar de figuras de ñandúes, felinos y diversos signos y figuras geométricas cuyo significado es desconocido. Algunos han querido ver en los sofisticados signos de La Isla un primer intento fallido de los habitantes de estas tierras en plasmar por escrito sus palabras. El mensaje llegó hasta nuestros días, pero en el camino del tiempo el posible significado se ha perdido.

Fuente: Página 12 Turismo

Rastros del pasado en La Rioja

A lo largo de toda la provincia de La Rioja hay restos de las culturas totoral, ciénaga, aguada y diaguita de hasta 10.000 años de antigüedad. Un recorrido para conocer las estrellas diaguitas de Chilecito, el Museo Inca Huasi y las pinturas rupestres del Cañón de Talampaya.

En La Rioja no sólo sobreviven costumbres relacionadas con las culturas indígenas como la fiesta de la chaya y el tinkunako. También están desperdigados por toda la provincia restos arqueológicos de las culturas originarias. En su libro Amanecer de la historia, la arqueóloga Martha Ortiz Malmierca explica que los vestigios más antiguos de la presencia humana en La Rioja datan de unos 10.000 años, cuando grupos nómadas de la cultura totoral pasaban habitualmente por el Valle de Vinchina.

A comienzos de la Era Cristiana aparecen los primeros grupos sedentarios en la región –de las culturas saujil, condorhuasi y ciénaga–, que se instalaban en los pocos lugares donde había agua. El Museo Arqueológico Inca Huasi en la ciudad de La Rioja exhibe objetos cotidianos de aquellos tiempos, que hablan del modo de vida sedentario cuyo rasgo más novedoso fue el cultivo. El museo está en la calle Alberdi 650 y abre de martes a sábados de 9 a 12. Y cuenta con unas 8000 piezas de cerámica, piedra y metal clasificadas de acuerdo con la cultura a la que pertenecieron: diaguita, belén, condorhuasi, aguada y Santa María.

La cerámica de los diaguitas –quienes alcanzaron un alto nivel de sofisticación moldeando a mano y con pequeños tornos, vasijas y urnas funerarias–, es quizá la más llamativa del museo. Los diaguitas cocían la cerámica en hornos que permitían la entrada de oxígeno para oxidar el hierro y obtener colores rojizos con la arcilla. Pero también tenían hornos sin oxígeno, con lo cual conseguían colores más oscuros. E incluso cocían la cerámica sobre un colchón de guano para generar un efecto ahumado negruzco.

Una de las piezas más llamativas del museo es una urna funeraria de la cultura aguada del siglo VI. En los patios hay morteros de piedra –con cavidades profundas y angostas– y conanas, una variante con forma de disco levemente cóncavo, sobre la cual se friccionaba hasta casi pulverizar los granos. También se exhiben estatuillas de barro que, además de su valor estético, son una fuente importante para el estudio del vestido y el peinado de los antiguos pobladores de la provincia. Hay estatuillas de aborígenes con simples taparrabos y polleras, o con unos enormes vestidos que llegaban hasta los tobillos, lo cual coincide con los testimonios de algunos cronistas de la época.

El testimonio más impactante de los habitantes originarios de La Rioja precolombina tiene que ver con los pucarás, destinados a proveer refugio y defensa ante el enemigo invasor. Los restos de esas antiguas fortificaciones existen en varios puntos de la provincia. De los pucarás que hay en La Rioja el más visitado es el de Hualco, que fue restaurado y está ubicado en un paraje de fácil acceso desde la ciudad de La Rioja, en el Departamento de San Blas (170 km de la capital provincial, cerca de la localidad de Cuipán).

Vestigios en Chilecito

Justo detrás del cementerio de la ciudad de Chilecito se han preservado vestigios de lo que fuera una sede del curacazgo más austral del imperio Inca. Se dice que también en ese lugar estableció su vivac el conquistador de La Rioja, Ramírez de Velasco, atraído por los relatos de las fabulosas riquezas de oro y plata que los pobladores de la zona explotaban.

Pero el sitio más interesante en todo el Departamento de Chilecito es el llamado Perfil del Inca, ubicado en la Quebrada de Paluqui, en la zona de Los Colorados. Al llegar a este lugar al pie de las Sierras del Velasco, pareciera que la noche anterior hubiese ocurrido un gran derrumbe, con lajas de arcilla desperdigadas por todo el suelo. Allí se levanta una enorme roca con 10 metros de diámetro cuya forma natural semeja el perfil de una cabeza humana. Y lo más asombroso son los centenares de enigmáticos petroglifos tallados en la roca que se encuentran a su alrededor. Entre los grabados hay imágenes de flores, centenares de pequeños pies, manos, flechas, aves y la figura de un brujo que se repite varias veces. Se cree que fue un importante centro ritual.

Desde el pueblo de Vinchina –en el extremo noroeste de la provincia– se visita el curioso sitio arqueológico llamado Las Estrellas Diaguitas, una suerte de mosaicos hechos con piedras de colores en el suelo, probablemente por ancestrales miembros de las culturas diaguita o aguada. Si fuesen de la cultura aguada tendrían unos mil años de antigüedad. El sitio está camino a la Quebrada de La Troya, sobre la Ruta Nacional 76, pasando el río Bermejo. Cada una de estas “estrellas” de diez puntas mide unos 10 metros de ancho y se cree que podrían haber sido una especie de calendario agrícola. El relleno de los dibujos está hecho con piedras negras de basalto en las puntas triangulares, piedras rojas de arenisca en los espacios entre las puntas y el festón, y piedras de cuarzo blanco como separador lineal de las diferentes áreas de color. Otro detalle importante es que tienen un sendero sin piedras que corta la corona en su lado oeste y permite ingresar al espacio central de las estrellas. En total son tres estrellas reconstruidas y hay otras tres que no se pudieron recuperar.

Fuente: Página 12 Turismo

Por los caminos del Chilecito Riojano

En el centro-norte de la provincia de La Rioja, desde la localidad de Chilecito, se visitan en 4x4 los restos de un cablecarril abandonado en 1920 que ascendía a más de 4000 metros de altura en la montaña transportando oro y plata extraídos de la mina La Mejicana. Si uno no tiene el vehículo adecuado puede contratar la excursión en las ciudades de Chilecito o Famatina, para subir la montaña hasta la base de operaciones abandonada de La Mejicana. En el trayecto se avanza por unas sinuosas serranías y al llegar a la Cuesta Blanca se despliega frente a la camioneta un colorido panorama de montañas que dejan ver sus minerales al desnudo por la nula vegetación que hay en la altura.

La aventura continúa con el vehículo subiendo hasta más de 4000 metros en La Cueva de Pérez para llegar a la fantasmal Estación 9 del cablecarril, llena de transportes de carga abandonados, rieles destruidos, carteles desperdigados por el suelo, las ruinas de las casillas de los trabajadores y un gran socavón con los despojos del sistema de andamiaje. Y finalmente el paseo se interna en la Quebrada del Caballo Muerto para detener la camioneta en el filo más alto de la montaña.

Fuente: Página 12 Turismo

Las bellezas del Parque Nacional Talampaya

Un paredón colorado, zorros, petroglifos, cóndores, algarrobos, ecos, una chimenea, un monje, desierto, guanacos, un hilo de agua. La lista puede parecer caprichosa, pero se va enhebrando a medida que uno se interna en uno de los paisajes más impresionantes de la Argentina: el Cañón de Talampaya, al sudoeste de La Rioja.

Este Parque Nacional Talampaya es como un libro a cielo abierto, en el que se puede leer la historia de la tierra. La formación tiene más de 200 millones de años y es uno de los pocos lugares del mundo donde uno puede observar una secuencia completa de sedimentos del periodo Triásico. Además, la zona constituye un importantísimo yacimiento paleontológico, donde se encontraron fósiles anteriores a los dinosaurios, y guarda tesoros arqueológicos, como misteriosos petroglifos precolombinos que se ven durante la visita turística.

En el 2000, el lugar fue declarado Patrimonio de la Humanidad por Unesco y es, junto con su vecino Valle de la Luna (en San Juan), el principal destino turístico de la región.

Secretos del desierto

Los zorros grises caminan por el estacionamiento en busca de comida. Para quienes los creían tímidos y huidizos, allí están, dando la bienvenida a los visitantes. No serán los únicos animales que veremos en este paisaje desértico. Sin embargo, la vida parece haberse retirado hace tiempo de aquí, aunque se esconden distintas especies. En el viaje por el interior del Parque descubriremos guanacos, algún ñandú y una pareja de cóndores que planean en vuelo cadencioso sobre la roca colorada.

El desierto tiene sus secretos y uno imagina el manantial invisible que debe alimentar las plantas que verá durante el paseo: desde retamas y jarillas achaparradas hasta añosos algarrobos. Para visitar el Parque, hay que contratar una excursión. El recorrido no se puede hacer por cuenta propia sino que, indefectiblemente, debe ser acompañado por guías.
Las opciones clásicas son el circuito hasta la figura de piedra conocida como El Monje (de dos horas y media) y el paseo hasta Los Cajones (más de 4 horas). Las dos excursiones se contratan –sin reserva previa– en la entrada del Parque y salen varias veces por día. La tercera opción es la visita de tres horas y media –guiada por la Cooperativa Talampaya– hasta La Ciudad Perdida, una espectacular depresión poblada de formaciones erosivas.

Si bien se puede combinar en un día la visita a Talampaya y al vecino Ischigualasto (Valle de la Luna), es recomendable dedicar un par de días a la zona para conocerla en detalle y visitar los dos parques, que, si bien pertenecen a la misma cuenca, presentan paisajes muy diferentes.

Las esculturas del viento

El Parque Nacional Talampaya tiene 215 mil hectáreas, de las que se recorre una ínfima parte. Las excursiones tradicionales se realizan en un vehículo por el lecho seco del río. Las perspectivas se estrechan, dilatan, alargan y aplastan en distintos tramos del recorrido. Los paredones desnudan curiosos relieves, como si un rastrillo gigantesco les hubiera dejado su marca.

La erosión del viento y del agua moldeó las paredes y armó figuras gigantescas: El Rey Mago, El Totem, La Catedral y El Monje, un coloso de piedra que le hace frente al desierto y que parece plantado en ese rincón árido desde el inicio de los tiempos. Los murallones de 160 metros de altura impactan desde lejos, con sus siluetas coloradas que quiebran la monotonía del paisaje. Mientras uno se acerca, los paredones formatean el entorno con contrastes que varían según la hora del día: rojizo, terracota, rosado, tierra. El color se debe al óxido de hierro, el mineral que recubre las formaciones. Los rojos contrastan con ese azul, casi cegador, del cielo.

En la parada del Jardín Botánico, los arbustos espinosos conviven con algarrobos de 10 metros, cuya presencia sorprende en este lugar condenado a la aridez.

Patrimonio arqueológico

Muy cerca del Jardín Botánico está La Chimenea, una altísima formación semicircular, en la que los viajeros prueban los rebotes del eco. Las voces vuelven varias veces, como si se resistieran a abandonar el paisaje.

Talampaya lleva grabada en su suelo la historia de la tierra. Resulta difícil imaginar que hace 225 millones de años aquí existió un paraíso de plantas tropicales, por el que se desplazaban criaturas que precedieron a todas las formas de vida conocidas.

Entre los fósiles y restos del Triásico encontrados en el parque, figura un pequeño reptil que vivió a comienzos de ese período y pudo haber sido el primer antecesor de los dinosaurios. También se encontraron varias tortugas fósiles.

Además de su riqueza paleontológica, Talampaya conserva pinturas rupestres de gran valor arqueológico. Muy cerca de la entrada, la Puerta de Talampaya es un conjunto de petroglifos con representaciones de figuras geométricas, humanas y de animales. Se destacan los “hombres mariposa”, que muestran a seres alados y con las cabezas recubiertas por una especie de casco. Nunca faltan los que asocian a las figuras con presencia extraterrestre, aunque lo concreto es que las pinturas tienen entre 700 y 1.100 años de antigüedad y pertenecen a primitivas culturas de la zona.

La excursión sigue en Los Cajones. El cielo se recorta sobre las interminables paredes, mientras el frío se cuela por las sombras. Trepamos piedras, atravesamos angostos corredores. Un hilo de agua serpentea por donde alguna vez el río moldeó estas descomunales paredes coloradas.

Fuente: Clarín Turismo

Ver tambien Hoteles y Turismo en la provincia de Buenos Aires.

Famatina, el gigante de Cuyo

El oeste de la provincia de La Rioja tuvo un “importante” flujo de turistas en este receso invernal, en especial los departamentos Chilecito y Famatina, que tuvieron como principal atractivo el Cañon de Talampaya, el Cable Carril y el cerro Famatina, adornado por las recientes nevadas caídas que cautivan la elección de los visitantes.

Chilecito es uno de los principales departamentos de tiene la provincia y desde hace muchos años está dentro las ofertas turísticas más importantes de La Rioja, donde los turistas buscan viajar a través del tiempo con las estaciones del Cable Carril y de su mano ingresan en su majestuoso cordón montañoso.

Aprovechando la distribución del receso invernal durante las cuatro semanas de julio, la “Perla del Oeste” recibió una marcada cantidad de turistas que coparon la capacidad hotelera y provocaron un movimiento económico importante en el departamento. En este contexto, el Ente Municipal de Turismo trabajó de manera conjunta con los diferentes sectores chileciteños vinculados con el turismo, para organizarse y brindar un buen servicio al turista. Desde el Ente Municipal de Turismo (Emutur) y los Artesanos Chileciteños, instalaron una feria artesanal en plena plaza principal de Chilecito, donde el área gubernamental puso una posta informativa y un espacio donde se brindan espectáculos musicales todas las noches.

El titular del Emutur, Alejo Phiel, indicó que desde su área decidieron instalar tres postas informativas, una en la oficina del Ente, la otra en la Terminal de Omnibus, que recibe a la mayor cantidad de turistas, y la otra en la plaza principal. Con respecto a la distribución de las vacaciones, Phiel resaltó que “nos vimos sorprendidos la primera semana cuando tuvimos prácticamente un lleno total en la capacidad hotelera con turistas de Córdoba, Rosario y Santa Fe, que por lo general son los menos”.

Agregó que “ahora con el receso invernal del turista de Buenos Aires tenemos la capacidad hotelera superada y la extrahotelera, que son las casas de familias, también completas, por lo que estamos derivando gente a Famatina o a la capital de la provincia”. Phiel también destacó que “el sector privado tomó una gran participación en estas vacaciones, ya que se organizaron varias actividades y hay espectáculos casi todas las noches, por lo que se considera este receso, que es uno de los más fuertes en el año superando las expectativas”. El funcionario explicó además que “con todas las acciones de difusión que se llevan a cabo desde el Gobierno y las privadas, el caudal de turista va aumentando un 30 por ciento aproximadamente de temporada a temporada por lo que el trabajo coordinado entre el Gobierno y el Municipio es el ejemplo que se decidió seguir entre los diferentes sectores, artesanos, hoteleros y cámara de turismo.

Fuente: La Capital Turismo

La Rioja. Hacia el encuentro con un pasado milenario

En las vacaciones de invierno, la provincia de La Rioja es un destino ideal para alejarse de la ciudad y sumergirse en un territorio donde el sonido que prevalece es el silencio. Alguna vez habitada por los diaguitas ofrece desde su ciudad capital un conjunto de atractivos circuitos turísticos que permiten el encuentro con un pasado milenario: el Pucará de Hualco, la zona de La Costa, con su nuevo circuito de bodegas artesanales; Huayrapuca, con sus secretos de la nuez; El Barreal, escenario perfecto para la práctica de deportes de aventura; la clásica Famatina, y la joyita de la provincia: el majestuoso Parque Nacional Talampaya.

A 150 kilómetros al norte de la ciudad de La Rioja y por la Ruta 75 descansan pueblos sumergidos en el silencio. La Costa riojana, al pie de las Sierras de Velasco, está conformada por una cadena de pueblos de menos de ochocientos habitantes, rodeados de pinos, nogales y álamos. Aquí, los pequeños productores vitivinícolas idearon un nuevo circuito de vinos artesanales, que involucra a ocho establecimientos situados en Sanagasta, Huaco, Agua Blanca, Aminga, Anillaco, Los Molinos, Anjullón, San Pedro y Santa Vera Cruz. Ellos son los responsables de la elaboración de vinos caseros que hacen con «muy buenas manos»: varietales como Malbec «casero»; Torrontés blanco y vinos dulces como «añejo» cocido, que se valen de las técnicas ancestrales y hacen de su labor una experiencia para compartir.

La zona de El Barreal es uno de los mejores lugares del mundo para practicar deportes de viento como carrovelismo o kitebuggy, de la mano de vientos constantes que superan los 50 kilómetros por hora que sumados a la magnitud de la superficie permiten alcanzar grandes velocidades.

Ruinas del Pucará de Hualco

La excursión hacia las ruinas del Pucará de Hualco, en el departamento de San Blas de los Sauces, es una caminata intensa hacia el pasado; durante el trayecto se observan vestigios de las pircas que conformaban las viviendas; de las 300 existentes en los tiempos de gloria se recuperaron hasta ahora 150.

Al borde de las sierras del Famatina se ubica Huayrapuca, o «viento colorado del Zonda». Éste es un reciente emprendimiento turístico productivo que cuenta con alojamiento y donde el visitante puede degustar exquisitos platos gourmet, todos con un toque de nuez, realizar paseos por la finca y cabalgatas. Ésta es una región nogalera por excelencia por su óptima ubicación a 1.700 msnm, que combina frío necesario, muy baja humedad, abundante sol y gran amplitud térmica que redundan en un fruto de inigualable calidad. También se producen exquisitos tomates deshidratados.

Famatina es un destino tradicional dentro de las fronteras riojanas. El dormido cablecarril La Mejicana es el testimonio más cabal de la fiebre por el metal precioso. A lo largo de las nueve estaciones, esta obra de principios de siglo XX ascendía a más de 4 mil metros hasta los socavones en lo alto del nevado.

Sin duda, la imagen emblemática de La Rioja es el cañón de Talampaya. Aquí, donde el tiempo dejó su huella y la erosión, un legado de figuras que parecen talladas a mano, se alberga un verdadero tesoro de belleza e historia. A pie, en bicicleta, bajo un cielo azul profundo o el resplandor de la luna llena, cualquiera de las originales propuestas son aptas para conocer los vestigios de un remoto mundo perdido.

El Gran Cañón, Ciudad Perdida y Circuito Arco Iris son los nombres de los paisajes que forman parte de un territorio de 215 hectáreas separadas solamente por la línea imaginaria que marcan los mapas turísticos. Recorrer esta árida geografía es en sí mismo una aventura. Transitarla en su totalidad demanda tres días. Todas las excursiones se realizan con guías y en compañía de guardaparques.

El Cañón Arco Iris es bastante diferente de los demás y es otra de las nuevas opciones del parque. Dentro del universo de este desfiladero se alza un escenario de enormes formaciones ocres, rojas, verdes y blancas, que dejan perplejo al visitante. Las formaciones geológicas de la sierra de Paganzo señalan perfectamente cómo se fue formando la Tierra durante millones de años. Se ven cuevas, pasadizos y enormes rocas que penden en el aire y parecen a punto de caer.

Ciudad Perdida es el circuito más extenso del parque. La recorrida dura cuatro horas y comienza avanzando por el lecho seco del río Gualo. En una caminata sorteando dunas y pampas se llega a un mirador natural. Allí, una impresionante depresión de tres kilómetros de extensión con fantásticas formaciones en su interior se despliega con esplendor. Se trata de una depresión del terreno de 70 metros de profundidad a la cual se desciende para recorrer sus interminables laberintos diseñados por las corrientes de agua. Entre los tesoros escondidos en la Ciudad Perdida hay una pirámide casi perfecta llamada Mogote Negro y finalmente, un gran anfiteatro natural de 80 metros de profundidad excavado por la erosión.

Fuente: Diario Ambito

Naturaleza al desnudo en La Rioja

Vacaciones de invierno en la provincia de La Rioja: una propuesta cálida para alejarse del cemento y sumergirse en un territorio donde el sonido que prevalece es el silencio.

Sin dudas, la imagen emblemática de La Rioja es el cañón de Talampaya. Aquí, donde el tiempo dejó su huella y la erosión un legado de figuras que parecen talladas a mano, se alberga un verdadero tesoro de belleza e historia. A pie, en bicicleta, bajo un cielo azul profundo o el resplandor de la luna llena, cualquiera de las originales propuestas son aptas para conocer los vestigios de un remoto mundo perdido.

El "Gran Cañón", "Ciudad Perdida" y "Circuito Arco Iris" son los nombres de los paisajes que forman parte de un territorio de 215 hectáreas separadas solamente por la línea imaginaria que marcan los mapas turísticos. Recorrer esta árida geografía es en sí misma una aventura.

Transitarla en su totalidad demanda tres días. Todas las excursiones se realizan con guías y acompañados por guarda-parques.

El Cañón Arco Iris es bastante diferente a los demás y es otra de las nuevas opciones del Parque. Dentro del universo de este desfiladero se alza un escenario de enormes formaciones ocres, rojas, verdes y blancas, que dejan perplejo al visitante.

Las formaciones geológicas de la sierra de Paganzo señalan perfectamente cómo se fue formando la Tierra durante millones de años. Se ven cuevas, pasadizos y enormes rocas que penden en el aire y parecen a punto de caer.

Ciudad Perdida es el circuito más extenso del parque. La recorrida dura 4 horas y comienza avanzando por el lecho seco del río Gualo. En una caminata sorteando dunas y pampas se llega a un mirador natural. Allí, una impresionante depresión de 3 kilómetros de extensión con fantásticas formaciones en su interior se despliega con esplendor.

Se trata de una depresión del terreno de 70 metros de profundidad a la cual se desciende para recorrer sus interminables laberintos diseñados por las corrientes de agua. Entre los tesoros escondidos en la Ciudad Perdida hay una pirámide casi perfecta llamada Mogote Negro y finalmente un gran anfiteatro natural de 80 metros de profundidad excavado por la erosión.

Otro tema, un mismo destino

El extremo sur riojano es el albergue de docenas de cóndores que custodian el cielo. La Quebrada del Cóndor es un destino oculto que sorprende a quien quiera descubrirlo. A 180 kilómetros de la capital provincial esta geografía remota es la morada de 150 cóndores que planean cerca, muy cerca, de los visitantes.

Desde el paraje Tama hay que partir hasta Sierra de los Quinteros y desde ahí, luego de una cabalgata de un par de horas, se alcanza el peñón rocoso que oficia de mirador para los dueños del lugar. Si la estadía es de tres días se puede combinar con un paseo a las pinturas rupestres y con la pesca de truchas en piletones naturales de agua cristalina.

Fuente: Los Andes Online

Pueblos de vino en La Rioja

A 150 kilómetros al norte de la ciudad de La Rioja y por la ruta 75, descansan pueblos sumergidos en el silencio. La Costa riojana, al pie de las Sierras de Velasco está conformada por una cadena de pueblos, de menos de ochocientos habitantes, rodeados de pinos, nogales y álamos.

Aquí, los pequeños productores vitivinícolas idearon un nuevo circuito de vinos artesanales, que involucra a ocho establecimientos situados en Sanagasta, Huaco, Agua Blanca, Aminga, Anillaco, Los Molinos, Anjullón, San Pedro y Santa Vera Cruz.

Ellos son los responsables de la elaboración de vinos caseros que hacen con "muy buenas manos": varietales como Malbec "casero"; Torrontés blanco y vinos dulces como "añejo" cocido, que se valen de las técnicas ancestrales y hacen de su labor una experiencia para compartir.

Fuente: Los Andes Online