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Conociendo las islas casi rosarinas

La islas ubicadas frente a Rosario son muy frecuentadas durante todo el año, especialmente en verano para escapar del agobiante calor de la ciudad. Allí cuenta con paradores, grandes playas de arena, cabañas junto al río, y la posibilidad de practicar deportes playeros y acuáticos. En realidad, estas islas son entrerrianas, pero casi rosarinas por concurrencia.

Luego de 15 minutos de navegación, se puede estar en este ambiente isleño, donde los visitantes pueden disfrutar jornadas enteras de esparcimiento, so, en un entorno verde.

Hay varios recorridos para hacer por el Río Paraná que parten desde la Estación Fluvial, donde se puede conocer la vegetación típica de las islas, en especial los grandes irupé cuya única hoja semeja una bandeja apoyada en el agua, con sus flores blancas.

La Estación Fluvial, una de las joyas arquitectónicas de Rosario, reinaugurada en el año 1957, desde allí parten los barcos "Ciudad de Rosario" y de la empresa Island explorer, que hacen excursiones de 2 horas por las islas, el puente Rosario-Victoria y la costa rosarina.

Las lanchas que cruzan a las islas, tienen servicios todos los días cada media hora, con destino a los selectos paradores isleños

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Titulo: Conociendo las islas casi rosarinas.
Publicado el 09/11/2012.
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Sitio: 365litoralargentino.com
Provincias: Santa Fe
Ciudades: Rosario
Ver en: http://www.365litoralargentino.com/santa_fe/rosario/conociendo-las-islas-casi-rosarinas_n.html
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Conociendo las ruinas de Santa Fe La Vieja


Este sorprendente Parque Arqueológico es uno de los atractivos culturales más importantes de Argentina, donde se puede realizar un paseo interactivo que permite al viajero revivir la historia la vida de hace varios siglos.

Ubicado en la provincia de Santa Fe, a 80 kms de la ciudad de Santa Fe, y a 1 km del centro de la localidad de Cayastá, fue declarado Monumento Histórico Nacional.
Es posible caminar por las calles de la antigua ciudad que estuvo escondida durante más de 3 siglos, cerca de 70 edificios, entre casonas e iglesias, que fueron abandonadas para mudarse a lo que actualmente es la ciudad de Santa Fe.
Luego de un largo trabajo de investigación encabezado por el especialista Agustín Gollán, volvió a la luz en el año 1949 lo que se dimensionó como la primera ciudad planificada del Río de La Plata.
El primer lugar a conocer es el Museo de Sitio, donde se recorre la historia a través de piezas encontradas en el parque. Se puede ver el paso del tiempo de los primeros llegados de la Corona, hasta la fundación de la actual Santa Fe de la Vera Cruz.
Se puede identificar la casa del Conde Tessieres de Boisbertrand, el solar que ocupó Juan de Garay, el Colegio de la Compañía de Jesús, y la Plaza de Armas en el centro.

La Iglesia de San Francisco es uno de los lugares mas interesantes y atractivos. Su interior está protegido. Allí se encontró un pequeño cementerio donde descansan los restos de la hija del fundador, Jerónima de Contreras, y su esposo, Hernandarias de Saavedra, el primer gobernador criollo del Río de La Plata.
En otras manzanas, se encuentran otros templos de otras órdenes religiosas como las de Santo Domingo y La Merced y otras viviendas menores.
No todas las viviendas están abiertas al público.

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Titulo: Conociendo las ruinas de Santa Fe La Vieja.
Publicado el 21/09/2012.
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Sitio: 365litoralargentino.com
Provincias: Santa Fe
Ciudades: Cayastá
Ver en: http://www.365litoralargentino.com/santa_fe/cayasta/conociendo-las-ruinas-de-santa-fe-la-vieja_n.html
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Santa Fe La Vieja, 3 siglos bajo la maleza


Las ruinas de Santa Fe La Vieja están ubicadas a 1 km de Cayastá, y a 80 km de la ciudad de Santa Fe.
Es un increíble Parque Arqueológico donde se pueden recorrer los cimientos de lo que fue una de las primeras ciudades planificadas del Río de la Plata, abandonadas durante 3 siglos.

Es posible caminar por las calles de lo que fue una antigua ciudad, que luego de 1 siglo de vida, por diversos motivos dejaron todo atrás para mudarse a lo que actualmente es Santa Fe de la Vera Cruz, la actual ciudad de Santa Fe, capital de la provincia.

En esta urbe, convivieron españoles, criollos, mestizos, culturas aborígenes y africanos esclavos, en una población que se estima de unos 2 mil habitantes.

Declarado Monumento Histórico Nacional, en este asentamiento había cerca de 70 edificios entre casonas e iglesias que fueron abandonadas, y recien saldrían a la luz en el año 1949.
Muchas de las construcciones sólo conservan las partes bajas de los muros que fueron hechos bajo la técnica de tapio o tierra apisonada.

Hay que visitar el Museo de Sitio donde se puede ver una maqueta que reconstruye el trazado de este asentamiento de la época de la Corona. Se pueden ver lo que fue la casa del Conde Tessieres de Boisbertrand, el solar que ocupó el mismo Juan de Garay, el Colegio de la Compañía de Jesús, y la Plaza de Armas en el centro.

En el Museo, hay fragmentos de tejas y sorprenden algunas con dibujos e inscripciones. También hay objetos cerámicos y utensilios de la época.

En el predio, se puede conocer la Iglesia de San Francisco que está techada, protegida de las inclemencias climáticas. Allí se encontró un pequeño cementerio, que hay que conocer.
En el año 1573, Garay fundaría la ciudad sobre la barranca occidental del río de los Quiloazas, actualmente denominado San Javier.

A mediados del siglo XVII, por el aislamiento que generaba la creciente del río, el Cabildo ordenó el traslado.
La mudanza finalizó en el 1670, cuando la ciudad quedó despoblada y la maleza se fue apoderando del lugar y dejó a este asentamiento enterrado durante 300 años.

El Parque permanece abierto en invierno de martes a viernes, de 9 a 13 y de 14 a 18, mientras que sábados, domingos y feriados sólo de 11 a 17.
Desde el primero de octubre cambian las tardes de 15 a 19, y los fines de semana de 10 a 13 y de 16 a 19.
La entrada es un bono contribución.

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Titulo: Santa Fe La Vieja, 3 siglos bajo la maleza.
Publicado el 30/09/2012.
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Sitio: 365litoralargentino.com
Provincias: Santa Fe
Ciudades: Cayastá
Ver en: http://www.365litoralargentino.com/santa_fe/cayasta/santa-fe-la-vieja-3-siglos-bajo-la-maleza_n.html
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El Museo de la Democracia en Rosario

A fines del 2012, está previsto la apertura del Museo de la Democracia en la ciudad de Rosario.

El mismo estará en el edificio Palacio Fuentes, un ícono en la ciudad y que en estos momentos esta siendo restaurado.

El Museo de la Democracia es una iniciativa privada de la Fundación Estudios Litoral Argentino.

Contará con una moderna propuesta tecnológica e interactiva, que incluirá la robótica y pantallas táctiles para que el público consulte a través de estas nuevas herramientas la historia de un determinado objeto y sus participantes.

Entre los objetos y piezas que se podrán apreciar en el Museo, habrá objetos muy particulares como manuscritos de Julio Argentino Roca, Juan Manuel de Rosas, y Juan Domingo Perón. También se exhibirán los bastones de mando y su relación con el poder, la primera urna femenina, entre otros.

Fuente: Rosario.gov.ar

Santa Fe. Las Islas casi rosarinas

La islas ubicadas frente a Rosario son un concurrido destino turístico con paradores, playas de arena, cabañas junto al río, y la posibilidad de practicar deportes playeros y acuáticos, y degustar platos típicos regionales. El turismo en estas islas entrerrianas registró un sostenido crecimiento en los últimos años y en época estival cobra mayor relevancia por la variada e interesante oferta de servicios e infraestructura que ofrece.

Turistas nacionales y extranjeros se embarcan desde la costa rosarina y, tras 15 minutos de navegación, se encuentran en el ambiente isleño. La infraestructura de servicios permite a los visitantes disfrutar de jornadas enteras de esparcimiento, sol y diversión, en el marco de un verde y cautivante paisaje. La paz y tranquilidad de ese sitio contrasta con el bullicio y el movimiento de la gran urbe rosarina, que se divisa desde las islas con sus edificios de altura sobre la costa.

En los recorridos por el Paraná los turistas pueden apreciar la vegetación típica de las islas, en especial los grandes irupé cuya única hoja semeja una bandeja posada en el agua, con sus flores blancas. Desde la Estación Fluvial, una de las joyas arquitectónicas de Rosario -inaugurada en 1957- parten hacia las islas los barcos "Ciudad de Rosario" y de la empresa Island explorer, que además hacen excursiones de dos horas por las islas, el puente Rosario-Victoria y otros sectores de la costa rosarina.

Las lanchas locales del complejo La Fluvial ofrecen servicios todos los días, cada media hora, con destino a los selectos paradores isleños, en tanto Rosario Sail brinda paseos por la zona en un barco a vela y en un bote semirrígido.

Muchos turistas que prefieren los campings eligen la ribera del Paraná Viejo, un brazo del río en cuyo ambiente agreste hay sitios para acampar -o dormitorios- con parrillas, comedor y proveeduría, en un sector que tiene tanto costas barrancosas y de aguas profundas como playas de arena y poca profundidad.

Santa Fe, Isla, pesca y playas

Una floreciente y pujante actividad turística se desarrolla en la ciudad de Santa Fe, que ofrece al visitante propuestas y posibilidades para todas las edades, al combinar la arquitectura histórica con los espacios naturales y alojamientos modernos y confortables para el descanso. El casco urbano ofrece numerosos atractivos emparentados con la historia y evolución de la ciudad y es recorrido por una creciente cantidad de viajeros llegados de las provincias y países vecinos, en excursiones que combinan la rica arquitectura secular y las novedades comerciales y de recreación más recientes.

Son muy atractivos los recorridos por el Parque Arqueológico “Santa Fe la Vieja”, los paseos de compras por la peatonal San Martín, las visitas al Paseo de las Culturas, la Casa de Gobierno y el Palacio de Tribunales, entre otros. También la identidad religiosa se expresa en la Catedral, el convento de San Francisco y el museo Etnográfico, íntimamente vinculados al nombre e idiosincrasia de la ciudad.

Santa Fe ofrece circuitos aeróbicos y sectores para la contemplación del paisaje, con el imponente fondo isleño o la costanera de la laguna Setúbal. A los atractivos del centro de la ciudad se suma el entorno, con la seductora belleza de las islas, recorridas a diario en un catamarán que parte desde el puerto local.

Las extensas playas de las costaneras oeste y este de la laguna Setúbal ofrecen sus limpias arenas y moderna infraestructura, con paradores, natatorios, bares y espectáculos durante el día. Desde la ciudad hasta las localidades de Santa Rosa de Calchines o San Javier se suceden los complejos de cabañas y bungalows, donde el visitante puede disfrutar el contraste entre la calma, el verde, los ríos, la paz y los grandes eventos culturales, los servicios, y la gastronomía regional.

Una docena de ciudades vecinas y numerosos desarrollos privados suman a la oferta sus propias propuestas de tranquilidad, calidez y buenos servicios, y a la celosa preservación de las bellezas naturales dispuestas por las autoridades del sector.

El sostenido crecimiento de la actividad hizo que las reservas en los complejos de cabañas a lo largo de la ruta provincial 1 cubran la totalidad de la oferta durante la temporada estival, y se extiendan hasta Semana Santa. Este verano, el precio del alquiler de una cabaña para cuatro personas es de 130 pesos por día, una excursión de pesca de ocho horas de duración en lancha es de 320 pesos con combustible incluido.

Fuente: La Capital Turismo

Santa Fe. Una fórmula que se repite cada verano


Como otros destinos del país, la provincia de Santa Fe también tiene -entre otros tantos atractivos- la opción de sol y playa. Bañada por numerosos brazos del Paraná, como el río Coronda, el Santa Fe, el San Javier, el Colastiné, el río se presenta como el marco ideal para realizar distintas actividades.

Y el abanico es amplio: desde los balnearios más urbanos como los de Santa Fe y Rosario, hasta lugares alejados y semisalvajes, donde los fanáticos de la pesca se internan en arroyos y riachos.

La Costanera

Esta elegante zona santafesina se inicia en la avenida 7 Jefes -conocida popularmente como avenida Costanera- donde en su intersección con la calle Castellanos se podrá apreciar el monumento al Brig. Gral. Estanislao López «Patriarca de la Federación». Hacia la derecha se encuentra el puente Nicasio Oroño que cruza la laguna Setúbal y uno de los pilares del ex puente colgante Ing. Candioti, cuya estructura fuera seriamente dañada por la inundación de 1983 si bien está proyectada su reconstrucción. Recorriendo la avenida se podrán admirar modernas y atractivas residencias además de un faro y el Centro Observadores del Espacio (CODE) que abre sus puertas al público de lunes a viernes de 10 a 12 y de 17 a 21 y los sábados, domingos y feriados de 17 a 21.

Para aquellos que eligen una jornada de sol y playa, el Espigón I y II, Playa Norte, Costanera Este y Piedras Blancas son las opciones ideales. La afinidad que tiene la ciudad con los deportes acuáticos se ve reflejada en la importante actividad de sus clubes náuticos ribereños como el Yatch, Regatas, el Náutico Sur y el Quillá.

Unida a Santa Fe por el Puente Carretero, está la ciudad de Santo Tomé, reconocida por sus balnearios y paseos costeros, así como por el Festival Folklórico Nacional Paso del Salado. Unos kilómetros al sur se ubica Sauce Viejo, centenario pueblo costero en el que se puede practicar la pesca en varios de sus parajes o simplemente disfrutar de un sabroso pescado a la parrilla en alguno de sus pintorescos comedores.

La ciudad de Rosario también ofrece distintas alternativas para disfrutar del paisaje ribereño.

Casablanca: hombres y mujeres en trajes de baño, calor insistente que sólo se apaga con un poco de río. Almuerzan, toman sol, nadan, y disfrutan de la vista maravillosa de las islas rosarinas.
Puerto Pirata: es un destino histórico paradisíaco, que nadie debe dejar de conocer. Situado frente a uno de los extremos de Rosario, espera para revivir la historia a quienes deseen aprovechar de un día de sol, con todas las instalaciones necesarias.
Vladimir: extensa playa de arenas blancas, es un rincón en las orillas del pariente del mar, en donde el tiempo parece detenerse, para dejarse llevar más lentamente, entre olas y sauces.
Isla Verde: cuenta con un parador, donde se reúnen cientos de jóvenes amantes de las noches de verano. Sus playas, calmas durante el día y expectantes de gente relajada, se convierten en lugares de concentración de personas en busca de tragos y buena música.
Balneario La Florida: además de pertenecer a la historia de la ciudad, La Florida se distingue por ser un balneario accesible para todos aquellos que busquen un espacio de tranquilidad a la vera del Paraná. Durante la temporada de verano, sus arenas se ven cubiertas de sombrillas y familias enteras se despliegan en la costa, hambrientas de aire libre. Desde el balneario se divisa el majestuoso puente Rosario-Victoria, completando un panorama exclusivo.
Rambla Cataluña I y II: saborear deliciosos tragos, mientras se goza del correr de las aguas del Paraná, es la oferta que le ofrece este balneario.

Santa Fe la Vieja

Tomando por la Ruta Nacional Nº 168 y luego por la Ruta Provincial Nº 1 se podrá apreciar la zona costera que circunda a la ciudad reflejada por casas de fin de semana y modernos campings complementados por una exuberante vegetación. Se destaca en tal sentido la localidad de San José del Rincón con pintorescas viviendas y tradicionales calles de arena que le otorgan un estilo muy particular.

Allí podrá visitarse el Museo de la Costa, la iglesia y el camping comunal que se recuesta sobre el arroyo Ubajay dotado de todas las comodidades necesarias para disfrutar a pleno de la paz del lugar, pudiéndose optar también por la práctica de la pesca y la caza deportiva. Retomando la Ruta Provincial Nº 1 a la altura del kilómetro 78 se ubica la localidad de Cayastá, donde podrá descubrirse la historia misma de la ciudad en las Ruinas de Santa Fe la Vieja, antiguo emplazamiento en el que podrá admirarse las huellas del ayer: desde restos fósiles exhumados de nuestros fundadores directos, canoas y otros elementos utilizados por indígenas y españoles que se exhiben en el Museo Fundacional Argentino.

También allí se conservan las marcas utilizadas en la primera yerra realizada alrededor de 1576. Allí fundó Juan de Garay la ciudad de Santa Fe sobre el río de los Quiloazas (hoy San Javier) cuyo trazado deja ver la mitad de la Plaza de Armas y las iglesias de La Merced, Santo Domingo y San Francisco.

Fuente: Ambito

Conociendo San Carlos Centro

San Carlos Centro está ubicada a 45 km de la ciudad capital de Santa Fe, en el departamento Las Colonias, actualmente cuenta con 13.000 habitantes.
Fue fundada por Carlos Beck Bernanrd el 27 de septiembre de 1858 y creció mediante el impulso de colonos e inmigrantes que vinieron de “otra tierra” para iniciar una guerra de orquilla, pala y hachazos.

San Carlos Centro es una mágica mezcla entre lo tradicional y tecnológico, donde se puede encontrar en armonía empresas como Bisignano, Bessone, Lheritier, Primo y Cía. y otras más tradicionales como son: Cristalería San Carlos y la única en Sudamérica, fábrica de campanas Luis Bellini y Cía. Además, el aporte lechero y ganadero son importantes para impulsar todos los ámbitos de la economía local.
La ciudad combina historia y progreso, ambos conservando valores arquitectónicos y culturales que dan lugar a espacios de la cultura tan ricos para el patrimonio de la comunidad.

San Carlos Centro alberga dos fábricas únicas en su especie que merecen ser visitadas.

Cristalería San Carlos

Es una de las pocas cristalerías que quedan todavía en el país.
Todos los días entre las 5 y las 10 AM, se puede ver como los viejos artesanos soplan el vidrio y le dan forma a vasos, copas y jarrones, tambien se pueden ver los hornos en los cuales se funde el vidrio a más de mil grados.
También en el Museo del Vidrio se pueden ver los primeros diseños realizados en esta fábrica fundada por inmigrantes italianos, que llegaron a estas colonias luego de la Segunda Guerra Mundial.

Dirección: San Martín 1646, San Carlos Centro
Teléfono: (03404) 42-0148
Web: www.san-carlos.com.ar

Campanas Bellini

Campanas Bellini es una empresa que mantiene la tradición iniciada en el año 1892 por Juan Bautista Bellini, quién inauguró una fábrica de campanas artesanales en San Carlos Centro. Siendo hoy la única fábrica de funcionamiento permanente en América Latina.
Actualmente, la empresa Campanas Bellini se dedica a fabricar campanas musicales de bronce, aptas para carrilones desde 20 a 5000 kgrs. y sus equipos de accionamiento, automatización, relojes de torre y montaje en obra.
Se realizan entre 20 y 30 campanas por año, de entre 20 kilos la más pequeña y 5000 kilos la más grande.

El proceso de fabricación de una campana artesanal demora 9 meses y consta de 4 pasos. Primero se hace el “noyo” que, una vez seco, se cuece en un horno de ladrillo. Segundo, la falsa campana, que se encera, y tercero, un capuchón con tierra refractaria, arena blanca de la laguna, cuarzo fino y, “pelo de cristiano”. El último paso dura 15 segundos y es definitivo: el momento en que se vierte la aleación de bronce, cobre y estaño dentro del molde, enterrado en un pozo. Una vez solidificada, viene la etapa de pulido y las pruebas de sonido antes de darle el destino final de la mayoría de las campanas: catedral o iglesia.

Dirección: Tomas Lubary 258, San Carlos Centro
Teléfono: (03404) 42-0298
Web: www.campanasbellini.com.ar

Santa Fe a pura espuma

Aunque habitualmente se asocia Villa General Belgrano o El Bolsón como los sitios cerveceros del país, Santa Fe presentó una nueva Ruta de la Cerveza, circuito turístico para entendidos por la capital y alrededores que incluye el legado de don Otto Schneider, dos plantas de elaboración de cerveza, el museo de la cerveza y las choperías más destacadas para tomar el tradicional liso. Una medida mucho más discreta que la pinta británica, por cierto, el liso, inventado por Otto Schneider, es un vaso sin rugosidades de 255 cm3 de cerveza y con 2,5 cm de espuma.

La cultura cervecera llegó a Santa Fe con los primeros inmigrantes europeos a mediados del siglo XIX. Así, comenzaron a proliferar la industria cervecera local, la producción artesanal y los patios cerveceros.

En 1912, Otto Schneider se instaló a orillas de la laguna Setúbal, buscando un lugar donde continuar lo que había aprendido en el establecimiento cervecero de sus padres, en Prusia oriental. Allí impulsó la fundación de la Cervecería Santa Fe y en 1933 le puso su apellido a una marca propia, con fuertes lazos con las tradiciones alemanas de su pasado.

Apenas probó las aguas blandas del Paraná, con escaso contenido de hierro y sin metales pesados (lo que más oxida la cerveza), notó que las aguas santafecinas eran como las blandas de Pilsen, ciudad checoslovaca famosa por la elaboración de cervezas lagers.

El museo cuenta cómo los sumerios inventaron esta bebida que luego llegó a Egipto, Europa y se expandió por el resto del mundo. Herramientas de la época, ollas de cobre para preparar el mosto, barriles de madera, filtros y otros objetos que recuerdan la elaboración histórica de esta bebida. También reúne objetos de memorabilia, como fotos de los antiguos patios cerveceros y los primeros inmigrantes, etiquetas antiguas, por ejemplo.

En la planta de Cervecería Santa Fe se muestra el moderno proceso de fabricación a base de malta (de cebada), lúpulo y agua. La visita guiada, con cita previa ( www.cervezasantafe.com.ar ), permite conocer todas las etapas: desde la cocina, la fermentación, la maceración hasta el envasado. Entre otras marcas aquí se elaboran las cervezas Santa Fe, Schneider, Imperial, Heineken, Budweiser. La cervecería está desarrollando un polo en la ciudad que rescatará la antigua tradición de los patios cerveceros santafecinos. Frente a la planta, e inspirado en el mítico Recreo Schneider (un patio cervecero creado por Schneider), el patio de la Cervecería Santa Fe se inaugurará a fin de año. La otra cervecera, San Carlos, que fue fundada en 1884, es la más antigua del país en funcionamiento. Actualmente está atravesando un proceso de puesta en valor y relanzamiento de su tradicional marca San Carlos. Aquí se elaboran además las cervezas Otro Mundo y Duff.

Entre las principales choperías de la ciudad se puede visitar Campos del Sur (General López 3352), Chopería Santa Fe (Bv. Pellegrini y San Gerónimo), Club Ferroviario (Alte Brown y S. del Carril).

Fuente: La Nación Turismo

Santa Fe, Puerto Gaboto: una playa con historia

Si lo que más le gusta es la pesca, la vida de camping, tomar sol y el contacto con la naturaleza, la Playa del Fuerte es una de las mejores opciones para disfrutar todo el año a orillas de los ríos Carcarañá y Coronda. Algo más de seis hectáreas parquizadas con un sector para carpas, 12 bungalows, servicios de agua, luz, baños, duchas, vestuarios, amarradero para pequeñas y medianas embarcaciones, servicio de guía de pesca, cancha de vóley y bochas son algunas de las comodidades que brinda la Playa del Fuerte, en un rincón de Puerto Gaboto.

El complejo cuenta con parrilleros, juegos infantiles, bar, alquiler de mesas, sillas, reposeras y sombrillas, proveduría, teléfono público, restaurante y vigilancia privada las 24 horas. Los bungalows (ocho de ellos con aire acondicionado) son modestos monoambientes y tienen capacidad para cuatro personas con todas las comodidades, como ropa de cama, agua caliente y fría, baños, TV con cable, anafe, heladera y alarma. La piscina tiene 18 metros por 11, con una profundidad máxima de 1,20 metro; con deck de madera a su alrededor.

Gente de río

Casi en la unión de los dos ríos, hay un pequeño bar de adobe y techo de paja con mesas y sombrillas para mirar un partido de fútbol por TV o escuchar buena música y compartir una picada con frescas bebidas. La proveduría, a cargo de Ernesto, un simpático y amable correntino que hace dos años dejó su Corrientes porá para encargarse de todo el movimiento del complejo, tiene mucho de lo necesario para no tener que ir de compras al pueblo a cada rato.

Dentro del predio, hay un restaurante, El Moncholo, con un amplio menú en pescados de río. Bogas, sábalos, surubí, taruchas, milanesas de raya, y la especialidad de la casa: empanadas de pescado. El lugar, a cargo de Osvaldo, tiene capacidad para más de 80 personas donde además se pueden saborear distintos manjares caseros.

A la hora de la pesca se pueden obtener buenos ejemplares de amarillo, patí, armado, moncholo, raya y hasta algún dorado, aunque por la veda y para mantener el ecosistema es recomendable la pesca con devolución. Desde hace unos meses personal de la Playa también presta el servicio de guía de pesca por serpenteantes riachos de la zona donde se pueden obtener ejemplares más grandes.

A la Playa del Fuerte se llega desde Rosario por autopista a Santa Fe, hasta el kilómetro 51, la salida a Maciel. Luego hay que cruzar la ruta 11 hacia Puerto Gaboto. Al llegar al pueblo tomar a la derecha hasta que termina la calle, luego a la izquierda hasta la bajada sobre el río Coronda.

La entrada a Playa del Fuerte cuesta $ 10 para los mayores, y 4 pesos los menores de 4 a 12 años.
El estacionamiento es de 10 pesos por vehículo y 20 por carpa.
Las cabañas cuestan 200 pesos diarios de lunes a jueves; 350 por dos días y 450 por tres días. De viernes a domingo el precio es de 250 pesos diarios, 450 pesos dos días y el paquete de tres cuesta 600 pesos. Para mayores informes consultar al (0341) 155 - 475679; página web: www.laplayadelfuerte.com.ar; para reservas en el restaurante, (0341) 153-365943.

Fuente: La Capital Turismo

Diez razones para visitar Rosario

Frente al majestuoso río Paraná nos encontramos con una ciudad que año a año viene creciendo e incrementando su capital turístico. Con servicios altamente profesionalizados y una cordialidad que la caracteriza por sobre todo, Rosario se presenta como un destino más que interesante en el que podemos destacar, entre otras muchas cosas la Fiesta de las Colectividades que comienza el próximo fin de semana.

El Casco Histórico incluye la Plaza 25 de mayo; Catedral Basílica Santuario Nuestras Señora del Rosario; Palacio Municipal, Museo Municipal de Arte Decorativo "Firma y Odilo Estévez"; Pasaje Juramento; Monumento Histórico Nacional a la Bandera.

Por avenida Belgrano se arriba al paseo ribereño céntrico, ex zona portuaria y el Museo de Arte Contemporáneo Argentino adaptado dentro de una típica construcción de silo portuario, "los silos Davis".

Por la avenida de la Costa hacia el norte de la ciudad, se encuentra el Parque Sunchales, De las Colectividades. Allí se puede observar el Club Atlético Rosario Central con su cancha mundialista Parque Leandro N. Alem, Complejo de Piletas "Parque Alem". Desde allí se empalma con el llamado popularmente paseo ribereño norte. En el paseo ribereño norte se encuentran, clubes náuticos, guarderías, barrio residencial "Alberdi" recostado sobre una barranca natural hasta llegar al sector de playas, "Ramblas Catalunya I y II", balneario "La Florida", negocios gastronómicos, boliches para finalmente llegar al Complejo Costa Alta, Paseo del Caminante el cual consta de una pasarela peatonal de aproximadamente 700 metros de largo construida sobre el río, un embarcadero donde se puede realizar una magnífica vista del puente Rosario-Victoria.

Ya en el místico barrio Pichincha se puede recorrer su avenida principal descubriendo el edificio de la ex estación de trenes Rosario Norte (hoy Secretaría de Cultura de la ciudad). Continuando se llega a la estatua de Alberto Olmedo en un homenaje de su barrio de infancia. Además este barrio tiene una interesante oferta en locales de anticuarios y un circuito cultural y gastronómico singular.

El tramo de bulevar Oroño desde el río hasta el Parque Independencia se convierte en un recorrido donde se puede apreciar una rica arquitectura de edificaciones de fines del siglo XIX y comienzos del XX, en excelente estado de conservación.

Parque Independencia, tradicional parque de la ciudad de diseño francés el cual presenta el lago con una fuente de Aguas Danzantes, museos como el de Bellas Artes "Juan B. Castagnino", el de la Ciudad, Histórico Provincial "Doctor Julio Marc"; clubes deportivos, entre ellos Newells Old .Boys.

Paseo de compras

La ciudad cuenta con peatonales, shoppings y el Complejo City Center. En tanto la plaza Che Guevara ubicada en bulevar 27 de febrero entre Buenos Aires y Laprida es un buen lugar para visitar. En cuanto a la gastronomía, a pocas cuadras del centro mismo de la ciudad se encuentra el paseo gastronómico por excelencia, la avenida Pellegrini que cuenta con una variada oferta de espacios donde se podrá encontrar con bares cerveceros, pizzerías, heladerías y una amplia oferta de opciones.

El Tríptico de la infancia, constituye un circuito fundamental del proyecto pedagógico urbano a través de la creación de tres espacios públicos: La Granja de la Infancia, El Jardín de los Niños y La Isla de los Inventos.

Fuente: La Capital Turismo

Islas de Santa Fe, el primer parque nacional de Santa Fe

El primer parque nacional de la provincia de Santa Fe, se llama “Islas de Santa Fe” y está ubicada en la desembocadura del río Coronda, a 50 kilómetros de Rosario.

Tras la sanción en la Cámara de Diputados de la Nación se crea la zona protegida de 2.9000 hectáreas, lo que la convierte en el primer Parque Nacional de Santa Fe.

La zona protegida está sobre la margen del río Paraná, cerca de la localidad Coronda, y su ingreso es a través de Puerto Gaboto, en la desembocadura del río Coronda, a unos 50 kilómetros al norte de Rosario.

César Mackler, secretario de Medio Ambiente de Santa Fe, dijo que la aprobación “significa garantizar la protección de la riqueza de la flora y la fauna de la zona” y a partir de la sanción de la ley se podrán “optimizar las medidas de manejo y protección del ecosistema”.

La fauna del lugar, agregó el funcionario, está conformada principalmente por carpinchos, nutrias y yacarés, además de la fauna ictícola y la gran variedad de aves. También se destacan distintas especies vegetales como el irupé y arbóreas como el sauce, el timbó y sangre de Drago, entre otras.

La zona linda con el Parque Nacional Predelta en la provincia de Entre Ríos.

Un tranvía en Rosario, después de 100 años

Rosario cuenta con un nuevo atractivo turístico.
Con diferentes recorridos por las calles de Rosario, una réplica de un viejo tranvía de 1910, ya circula en el año del Bicentenario. Reciclado totalmente a mano por Eduardo Firpo y luego de 2 años de trabajo que contó con la asistencia de artesanos rosarinos en sus terminaciones y fileteados, este tranvía de 4 accesos y 10 ventanillas nació como un emprendimiento familiar para que vecinos de la ciudad y visitantes puedan disfrutar de sus recorridos.

El Ente Turístico Rosario (ETuR) informó que la réplica de un tranvía de 1910 comenzará a circular por las calles de la ciudad en el año del Bicentenario.

La unidad, que cuenta con 4 accesos y 10 ventanillas, fue reciclada totalmente a mano por el señor Eduardo Firpo, luego de 2 años de trabajo que contó con la participación de artesanos locales en sus terminaciones y fileteados.

Este nuevo atractivo turístico surgió como un emprendimiento familiar para que tantos los habitantes de Rosario como sus visitantes puedan disfrutar de sus recorridos.

Recorrido del tranvía

Luego del viaje inaugural, el tranvía saldrá los días:
Jueves y viernes, a las 19: desde la plaza Pringles (Pte. Roca y Córdoba)
Sábados a las 11, a las 14, a las 17 y a las 19: desde La Fluvial
Domingos y feriados, a las 11: desde La Fluvial

Santa Fe. Una recorrida por tierras de pioneros

La epopeya de las colonias agrícolas de inmigrantes revive en museos, centros culturales, comidas y granjas de Sunchales y pueblos rurales.

En una enorme casa colonial de Presidente Roca –un pueblo rural de 500 habitantes, a 13 km de Rafaela, Santa Fe– está servido un contundente desayuno de campo. La posada Risa Erni, de la inmigrante alemana Sabina y el suizo Ricardo, tiene un ambiente amplio, de techo muy alto y con un hogar circular en el centro. Decenas de pinturas trepan por las paredes. También hay fotos, esculturas, libros y un par de relojes de péndulo. Una galería de arte en medio del campo. El canto de un gallo coincide con la primera taza de café.

Los anfitriones, con jardineros y gorros de paja, conducen un paseo en carro tirado por un tractor. Frente a la plaza, de cuatro manzanas, la iglesia deja boquiabiertos a los visitantes. La nave de estilo clásico soporta una excéntrica y moderna torre de metal. La respuesta a tanta grandilocuencia es una clase de historia que dicta la guía Etelvina. Roca, al igual que otros pueblos de la zona, no fue fundado sino “formado”: surgió en 1886, a medida que las compañías colonizadoras vendían parcelas a europeos que buscaban un futuro próspero.

Al mediodía, una propaladora lanza noticias locales, literalmente a los cuatro vientos. “Anuncia los avisos parroquiales”, explica Etelvina. En la atmósfera de otro tiempo del Museo del Pueblo, una réplica de pulpería, objetos personales, muebles, herramientas rurales, fotos y la primera caja fuerte de la comuna cuentan la llegada de los primeros colonos alemanes, daneses e italianos.

De regreso en Risa Erni, domina el aroma a caldo de carne con fideos, obra de Ricardo, al igual que el chucrut con panceta y salchichas con papas y ensalada de la huerta. De postre, tarta de manzana y budín inglés. La sobremesa invita a tirarse sobre un sillón y dormitar en la galería.

Unos 30 km al norte, Sunchales se extiende en una zona agrícola, ganadera y lechera. La muestra del Museo Municipal Basilio Donato narra los orígenes de la ciudad, que primero fue un fuerte y, luego de dos intentos fallidos, se “formó” en 1886. Accesorios, ropa, fotos, un sillón de barbero, una máquina registradora y herramientas, entre otras cosas, muestran cómo fue la vida de los pioneros, en su mayoría piamonteses, sus profesiones y oficios. Una Berlina, el Rincón de la Música –lleno de instrumentos– y una vitrola son las joyas de la casa, donde las artes plásticas también tienen su espacio. También impacta el Museo del Club Deportivo Libertad. Se recorre casi en penumbras y la tecnología sale al encuentro del espectador a cada paso.

La ciudad conserva la primera cosechadora automotriz del mundo, fabricada en 1929 por el inmigrante italiano Alfredo Rotania. En el campo, la granja educativa La Mary es ideal para visitar con chicos, que pueden pasear entre ñandúes, carpinchos, ovejas, monos y docenas de especies de pájaros. En el restaurante del predio se ofrecen picadas, parrillada, cordero y lechón. En Sunchales, el helado de leche de campo de Via Vai y el dulce de leche La Vaca Pascualita son exquisitos.

“Shalom”, saluda en hebreo un cartel del paraje Palacios, donde nació la epopeya de Moisés Ville, primera Colonia Judía Agrícola Organizada e Independiente de la Argentina, formada en 1886 con 136 familias. Mientras relata la historia, Golde Kuperstein guía un recorrido por el Museo Histórico Comunal y de la Colonización Judía. Enfrente, la Asociación Cultural y Teatro Kadima exhibe su alto valor arquitectónico. Fundada en 1929, la sala para 500 espectadores recibió a figuras como Berta Singerman y los escritores Samuel Eichelbaum y César Tiempo. Las calles del pueblo llevan a las sinagogas de Brener –Monumento Histórico Nacional–, Baron Hirsch –la única que funciona– y Obrera.

Fuente: Clarín Turismo

Santa Fe. La ruta del liso y las choperias

Una ruta dedicada a la bebida recorre el legado de Otto Schneider: dos plantas de elaboración de cerveza, el museo y las choperías más destacadas donde tomar el tradicional "liso".

Quienes visiten Santa Fe, más precisamente su capital y zonas aledañas, notarán que las choperías trabajan a toda hora sin descansar y proponen una carta con los mejores sabores de la cerveza. Entre bares y restaurantes, la ciudad ostenta más de 130 direcciones que ofrecen el famoso "liso" típico de estos lares -vaso liso de 250 cc, en el que los santafesinos acostumbran tomar la cerveza tirada de barril.

Si bien la provincia es muchas veces reconocida como una importante cuenca lechera, la tradición de la cerveza es parte importante de la cultura local. Tanto es así que en casi todas las casas hay barriles y la producción artesanal es la mayor en todo el país. Para ilustrar la pasión por el producto, basta un dato: el consumo per cápita es de casi 70 litros contra una media nacional de 43,4 (dato de la Cámara de la Industria Cervecera Argentina).

Por esta razón, la propuesta es adentrarnos en la nueva Ruta de la cerveza, que comprende desde El Trébol hasta San Javier y contempla plantas elaboradoras de la ciudad, degustaciones en las más famosas choperías, el museo de la cerveza, que resumen la idiosincrasia de este pueblo y su cultura cervecera.

Todo liso

Desde los orígenes del brebaje de la mano de los sumerios, su incursión en Egipto y más tarde en Europa y de allí al mundo -incluso presente en la Piedra de La Roseta- el museo transita las etapas históricas con datos interesantísimos.

Herramientas antiguas, ollas de cobres en las que se colocaba el mosto, barriles de madera, filtros y otros objetos que recuerdan la elaboración de la bebida en diversas épocas pueden observarse. También hay objetos de memorabila como fotos de los antiguos patios cerveceros y los primeros inmigrantes, etiquetas antiquísimas, etc.

En la planta de Cervecería Santa Fe se ilustra el moderno proceso de fabricación a base de malta (de cebada), lúpulo y agua. El recorrido permite conocer desde la cocina, la fermentación, la maceración, hasta el envasado. La planta embotella mil unidades por minuto y produce 2.600.000 hectolitros por año. Entre otras marcas aquí se elaboran: Santa Fe, Schneider, Imperial, Heinecken y Budweiser.

La otra cervecera que integra la ruta es San Carlos que, fundada en 1884, es la más antigua del país en funcionamiento. Actualmente está atravesando un proceso de puesta en valor y de relanzamiento de su tradicional marca "San Carlos". Aquí se elaboran además Otro Mundo y Duff.

Marca la diferencia

La diferencia más clara entre la cerveza santafesina y otras del país es la misma que hay entre la leche fresca y la de larga vida, es que por aquí la cerveza se toma directamente del barril y no se pasteuriza (proceso que somete el producto al calor para garantizarle seis meses de duración, aunque pierda un poco de sabor, color y aroma), y por eso es más sabrosa y tiene la frescura de lo recién elaborado.

Basta un ejemplo: sentarse a pinchar un barril y tomar "lisos" es para los locales lo mismo que para los porteños juntarse a tomar un café. Y este hábito, que un porteño confinaría a los bares, en Santa Fe es, ante todo, doméstico: el 70% se toma en casa.

Otra particularidad que resaltan es el vaso liso costumbre que instauró Don Otto Schneider a partir de pedir en los patios cerveceros la bebida en un vaso liso, de 255cc, sin rugosidades.

Esto, le permitía sentir el frío del líquido, ver su color y evitar que se caliente rápido. Todo "liso" lleva 2,5 cm de espuma y en Santa Fe casi el 90% de los bares venden cerveza tirada, de barril, en vasos liso, no existe otra medida.

Un poco de historia

La cultura cervecera llegó a Santa Fe con los inmigrantes europeos a mediados del siglo XIX: italianos, polacos, suizos, croatas, checoslovacos y alemanes, entre otros, no se resignaron a olvidar la bebida y se aferraron a su tradición. Así comenzó a proliferar la industria cervecera local, la producción artesanal y los patios cerveceros.

Otto Schneider en 1911 se instaló a los pies de la laguna Setúbal, buscando un lugar donde continuar el know how que había aprendido en el establecimiento cervecero de sus padres, en Prusia Oriental. Allí impulsó la fundación de la Cervecería Santa Fe y, 21 años más tarde, brindó su apellido a una marca propia, creando una variedad que guardaba fuertes lazos con las tradiciones alemanas de su pasado.

Apenas el teutón probó las aguas blandas del Paraná, con escaso contenido de hierro y sin metales pesados (lo que más oxida la cerveza), notó que eran como las de Pilsen, la ciudad checoslovaca que era famosa por la elaboración de cervezas lagers. Sus escritos atestiguan las propiedades que le asignaba al líquido elemento.

Temperamental, Schneider de inmediato impuso en la capital mediterránea algunas costumbres de su país natal: los patios cerveceros de Europa y el "liso" (el vaso pulcro y sin relieves para beber 255 cm3 de cerveza, lo justo para apreciar mejor las cualidades, mantener el frío y los 2 cm de espuma).

En breve se presentará el libro "Otto Schneider, Tradición alemana en Santa Fe, cuna de la cultura cervecera argentina". Luciano Alonso y otros. Editado por Universidad Nacional del Litoral, 2010; y de él se desprende que ya en el acta fundacional de la Cervecería Schneider, Don Otto hacía hincapié en los elementos que podían garantizar la elaboración de una bebida de propiedades especiales y así decía: "el mejor punto en el país, para la instalación de una cervecería, debido a la calidad especial de sus aguas, es la ciudad de Santa Fe".

Herederos de esta actividad, los santafesinos hoy son fanáticos de la elaboración artesanal de cerveza, con el único fin de compartirla con amigos y familiares. "Se trata de una verdadera pasión", dijo Daniel Llinás, miembro de la Asociación Somos Cerveceros, que reúne a cerveceros artesanales de habla hispana. Daniel cuenta que se están preparando para un Encuentro de Cerveceros, en el mes de octubre y estamos todos invitados.
Fuente: Los Andes Online

Santa Fe, la capital de la espuma

La capital litoraleña lidera el consumo de cerveza en el país. En casi todas las casas hay barriles y crece la producción de cerveza artesanal. Habrá Oktoberfest, museos y patios al estilo europeo.

Tienen lo suyo. El “liso” es la medida litoraleña de la cerveza. Se acompaña con maníes o lupines horneados, salados y con piel. Restaurantes, como El Castillo, en Arroyo Leyes, elaboran y sirven cerveza artesanal: sabrosa, con más cuerpo y menos amarga que otras.

Sonaba a desafío. ¿De qué otro modo puede interpretarse? La invitación rezaba: “Vení a Santa Fe, tierra de cerveceros”. ¡A una quilmeña, que todavía recuerda tantos domingos, con malta y comida alemana en las mesitas de la cervecería de Otto Bemberg, nave insignia del partido! Pero acepté, convencida de que era un mito con pies de barro. Y hacia allí partí.

Los folletos pregonaban que hay 13 balnearios, 2.500 plazas hoteleras, cuatro universidades y 159 puntos gastronómicos. Atravesé una ciudad de sauces y ceibos, donde todos duermen siesta y las mesas y sillas de los bares pasaban la noche a la intemperie, porque nadie se las llevaba. Enseguida tuve las primeras instantáneas. Entre las calles Urquiza y 25 de Mayo se concentraba todo el pasado, con el Convento San Francisco a la cabeza (de 1680) y la iglesia Nuestra Señora de los Milagros, donde una vez brotó agua de un cuadro... durante una hora.

Y rebobiné. Santa Fe fue fundada por el mismo Juan de Garay, en 1573, pero 77 años más tarde debieron trasladarla ochenta kilómetros hacia el Sur, por las amenazas del río San Javier. Fue casi en vano porque, de ese modo, quedó emplazada en la confluencia de los ríos Salado y Paraná, y ninguno de los dos le daría tregua.

Santa Fe, la tierra de la batalla de San Lorenzo, del Monumento a la Bandera y de la Constitución, la patria de Antonio Berni, Juan José Saer y Alfonsina Storni era también una ciudad signada por el agua. Pero el agua también fue su bendición.

Así le pareció a Otto Schneider, cuando en 1911 se instaló a los pies de la laguna Setúbal, buscando un lugar donde continuar el know how que había aprendido en el establecimiento cervecero de sus padres, en Prusia Oriental. Allí impulsó la fundación de la Cervecería Santa Fe y, 21 años más tarde, brindó su apellido a una marca propia, creando una variedad que guardaba fuertes lazos con las tradiciones alemanas de su pasado. Apenas el teutón probó las aguas blandas del Paraná, con escaso contenido de hierro y sin metales pesados (lo que más oxida la cerveza), sintió que había sacado el huesito de la suerte en el pollo. Las santafesinas eran como las aguas blandas de Pilsen, la ciudad checoslovaca que era famosa por la elaboración de cervezas lagers. Temperamental, Schneider de inmediato impuso en la capital mediterránea algunas costumbres de su país natal: los patios cerveceros de Europa y el “liso” (el vaso pulcro y sin relieves para beber 255 cm3 de cerveza, lo justo para mantener el frío y los 2 cm de espuma).

El hombre no fue un pionero (el censo de 1895 otorga mayor antigüedad a la Schlau, la cervecería de Fernando Magdelín, la de Anthony, en Esperanza y, sobre todo, San Carlos, fundada por Francisco Neumayer en 1884), pero sí un creador.

Abrumada de ideas, ingresé bajo el sol rajante del litoral a la planta cervecera de Calchines 1401, donde todo comenzó. “Esta es una industria divertida”, dice a modo de bienvenida el ingeniero Eduardo Cetta, gerente industrial de Cervecería Santa Fe. “... El lúpulo es el alma de toda cerveza... las plantas de Luján, Salta y Santa Fe dan trabajo a 2.500 personas...el agua se purifica diez veces más que el agua de red y los tanques se lavan con soda cáustica para evitar la contaminación”, escuchaba mientras recorría la planta. La información rebasaba como la espumita en el chop, mientras afuera, en la zona de embotellamiento, la intensidad sonora era de ochenta decibeles. “... De cada producción cervecera se hacen 30 mil análisis...” ¡¿Treinta mil análisis?!, desconfié. “Sí, porque ésta es la única planta en donde se fabrican Budweiser, Schneider y Heineken juntas, cada una con su receta, y nada debe alterar el proceso. Obtuvimos varios premios y la certificación Bureau Veritas”, se ufana Cetta. ¿Por qué las cervezas no se venden con tapa a rosca?, pregunté, segura de que aquí sí pisarían el palito. Pero tomó la palabra Carlos Palacios, el gerente de operaciones que siempre tenía una respuesta para todo: “Porque es más cara, tiene que cerrar bien y a la vez abrir bien, el oxígeno de afuera quiere entrar y el gas carbónico de adentro, salir. Corona tuvo tapa con rosca en Europa, pero hubo problemas”. Brindamos, agradecimos y nos fuimos. Esa cerveza era fresca, menos amarga y más liviana que la de mi barrio. ¿Por qué?

“La cervecería Santa Fe hace un gran esfuerzo en recuperar el legado de la cultura cervecera de la zona. El liso en Santa Fe es lo que nunca cambia. La diferencia más clara entre esta cerveza y otras del país es la misma que hay entre la leche fresca y la de larga vida”, ejemplifica Carlos Fertonani, propietario de Chopería Santa Fe, Triferto, Saer y otros seis locales. “Sentarse a pinchar un barril es para los santafesinos lo mismo que para los porteños juntarse a tomar un café”, Mientras que en el país se consumen, per cápita, 43,4 litros de cerveza anuales, cada santafesino bebe 70 litros. Y este hábito, que un porteño confinaría a los bares, aquí es ante todo doméstico: a nivel nacional, Santa Fe lidera el consumo en barril y el 70% se toma en casa. La cerveza de barril no se pasteuriza (proceso que somete el producto al calor para garantizarle seis meses de duración, aunque pierda un poco de sabor, color y aroma), y por eso es más sabrosa. Aunque sorprenda, también los chicos toman cerveza: para los padres litoraleños, la combinación de cebada, levadura y lúpulo es una dosis vitamínica concentrada en los 80 cm3 del “cívico”, el pequeño vasito infantil. Una costumbre a la que también contribuyó la prohibición de vender gaseosa cola, vigente hasta los años 70 (la mayor diversión de los viajes de egresados era tomar Coca Cola en Córdoba). Así las cosas, el año pasado la provincia produjo 2.367 hectolitros y los visionarios dicen que el consumo crece 7% cada año.

Por la tarde, Marcelo Gil, técnico en heladeras, nos recibió en el patio de su casa. El calor era arrollador y su cerveza artesanal sabía a delicia fresca. “Yo comencé con un amigo y buscamos una receta por Internet, pero nos salió nafta súper. Consulté a un maestro cervecero y de a poco lo logré. Todos los miércoles preparo 90 litros, con 4 de graduación alcohólica. Si fermento a 18º C o 19º C, salen dos cervezas diferentes. Es un producto muy sensible, como hacer jamón”.

Fabricar cerveceza artesanal es una tendencia en ascenso, y no sólo en Santa Fe. Según Daniel Llinás, presidente de la Asociación Somos Cerveceros, la agrupación ya nuclea 130 socios en todo el país, que producen para consumo casero o comercial.

Quilmes, la ciudad que huele a tilo y cebada, ya estaba lejos. Aunque hay unos pocos bares de cerveza artesanal y Martiniano Molina, el invitado de honor del Primer Encuentro de Cerveceros en Santa Fe, confesó que en su casa, sobre el Río de la Plata, él hacía su propia cerveza, en la zona bonaerense aún no despertó un movimiento similar al santafesino. Durante el evento, que tuvo lugar en la restaurada estación Belgrano del ferrocarril, los artesanales habían vendido 3.500 litros de cerveza en dos noches.

Antes de despedirme, el intendente de Santa Fe, Carlos Barletta, habló de su provincia como “tierra de cerveceros” y dijo querer revivir el Oktoberfest y repetir en noviembre el Segundo Encuentro de Cerveceros. Se sumó a la pelea del director provincial de Turismo, Gustavo Reggiani, para que el Gobierno nacional otorgue a Santa Fe el título de “polo cervecero”. Pidió que se incluyera a la derruida y prestigiosa cervecería San Carlos (que volvió a producir las marcas Otro Mundo y Duff y está por relanzar su propia marca), a 47 km de la capital, como hito histórico del circuito temático. Y hasta inventó un ícono santafesino, el sapo de arcilla. En Quilmes, por ahora, no se consigue.

Fuente: Diario Perfíl

Santa Fe. El domicilio de la buena cerveza

Fábricas, bares y restaurantes proponen, en la capital santafecina, una carta con los mejores sabores.

La cultura cervecera llegó a Santa Fe con los primeros inmigrantes europeos, a mediados del siglo XIX. Italianos, polacos, suizos, croatas, checoslovacos y alemanes, entre otros, no se resignaron a olvidar semejante delicia y se aferraron a la tradición. Así comenzó a proliferar la industria cervecera local, la producción artesanal y los patios cerveceros, donde la gente iba a consumir esta bebida y llevaba su propia comida.

Un brindis por los pioneros

La Municipalidad de Santa Fe capital, el gobierno provincial, las fábricas Santa Fe y San Carlos y la Asociación Somos Cerveceros, de productores artesanales, celebraron en marzo el primer Encuentro de Cerveceros, para mostrar usos y costumbres forjados en torno a esta bebida. La fiesta convocó a más de 8 mil personas y seis colectividades. La fábrica Santa Fe, fundada en 1912 por el maestro cervecero alemán Otto Schneider, es la punta del ovillo para empezar a tejer la historia de la cultura cervecera en la ciudad.

Aquí se acostumbra degustar el producto de barril en liso, un vaso de vidrio sin textura, de 255 cm cúbicos, que permite conservar la bebida en su temperatura ideal como apreciar su color. La modalidad fue implementada por el pionero.

La excursión por la cervecería, que elabora las marcas Santa Fe, Córdoba, Salta, Schneider, Heineken y Budweiser, comienza en un moderno bar, donde un video narra cómo los sumerios inventaron esta bebida que luego llegó a Egipto, Europa y se expandió por resto del mundo. Siguen imágenes del proceso de fabricación, a base de malta (cebada), lúpulo y agua. Después del documental, la guía retoma su relato, en medio del aroma del mosto en ebullición. Muestra el sector molinos y el área de la cocina, donde el calor es agobiante y se ven ollas que cargan entre 20 mil y 40 mil litros de malta macerada en agua.

Llega el turno de sumar el lúpulo -ingrediente que aporta el aroma y el sabor característicos- que se fermenta con levadura, generadora del alcohol y el gas carbónico. Provistos de lentes protectores, los visitantes aprecian las etapas de maduración y embasado. Diferentes tipos de botellas y latas corren por las cintas transportadoras. La planta envasa mil unidades por minuto y produce 2.600.000 hectolitros por año.

Dos centímetros de espuma

El momento de gloria llega "al pie de la vaca", como denominan los expertos el acto de degustar la cerveza recién extraída de los tanques. Los lisos pasan de mano en mano, con los 2 cm de espuma obligatorios, para que el trago sea perfecto.

La experiencia continúa en una señorial casa de dos plantas, dentro del predio, donde se exhiben fotos de antiguos patios cerveceros y de fábricas que funcionaron en la capital, y herramientas como seleccionadoras de malta, filtros, ollas de cobre para elaborar mosto y barriles de madera.

Más de 130 destinos

Entre bares, restaurantes y choperías, la ciudad de Santa Fe ostenta más de 130 direcciones que sirven el famoso liso. Entre los platos que acompañan, en El Castillo, se destacan el yacaré con puré duquesa a la cerveza roja, conejo a la cerveza negra y cordero con la variedad de cerveza América Peleale. Para los que gustan de sabores más simples, hay pastas y pizzetas.

Otro sitio ideal para deleitarse es la Chopería Santa Fe, con sus bastones de surubí. De plato principal, más pescado de río, aunque también ofrecen platos internacionales y minutas.

En la antigua Estación Belgrano, una joya de la arquitectura de principios del siglo XX, el bar Saer homenajea al escritor santafesino Juan José Saer. Además de servir cerveza y algunos platos, permite disfrutar los típicos alfajores santafesinos Merengo.

Pero Santa Fe ofrece mucho más que cerveza: su arquitectura, las dos costaneras, el casino y el palomar de la plaza Colón, complementa una visita simplemente perfecta.
Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2010/05/09/v-02193120.htm

Termas cerca de Oliveros, Santa Fe

Ubicado en un bosque de eucaliptos de 185 hectáreas junto al río Carcarañá, en el distrito de Oliveros y a sólo 40 minutos de Rosario, la provincia de Santa Fe ya tiene su primer complejo termal. Balnea Terma & Spa es un coqueto lugar de Campo Timbó, inmerso en un paraje natural donde el canto de los pájaros y el rumor del agua del serpenteante río es la música de fondo para que las suaves manos de las terapeutas hagan masajes relajantes o descontracturantes bajo las sombra de los árboles. Además de disfrutar de las aguas termales y del spa, el establecimiento ofrece alojamiento en casas o bungalows, cabalgatas, trekking, avistaje de fauna, paseos en lancha y jornadas de pesca, entre otros entretenimientos.

   Balnea es un nuevo destino para el turismo saludable y se caracteriza por ser un centro de tratamiento termal al estilo europeo, y no un conjunto de piletas de agua termal. Cada huésped recibe atención personalizada y realiza un circuito de tratamiento termal especialmente preparado de acuerdo a sus necesidades. Funciona de jueves a domingo, de 14 a 18 (próximamente extenderá su horario) y es para mayores de 15 años. Pero para las familias que quieran ir con chicos, Balnea tiene preparada una serie de entretenimientos y salidas con los más chiquitos, mientras los adultos disfrutan del spa y de las aguas termales.

   El complejo incluye un cuerpo de recepción con restaurante, vestuarios y gimnasio integral con aparatos de última generación, desde donde parte una vistosa pasarela de madera que recorre todo el circuito termal a la altura de la copa de los árboles del bosque, para acceder a los pozones termales Norte y Sur –ubicados casi sobre la barranca del río–, al área de masajes y al edificio principal. Apenas ingresan, los visitantes son provistos de impecables batas, toallones y pantuflas.

   En el edificio principal, finamente decorado, hay un área especial de relax con duchas escocesas, sauna húmedo y seco, sala de reposo con aire ionizado y jacuzzis para tratamientos termales individuales con aromaterapia. El circuito culmina en el mismo edificio en la piscina lúdica termal, cubierta y abierta, que domina el paisaje de bosques y río a través de sus grandes ventanales. Mauricio, Lucía, Natalia, María Fernanda, Vanesa, Daniela y Mauro son algunos de los jóvenes pero expertos terapeutas que trabajan en el complejo.

   La piscina principal cuenta con un circuito de diferentes hidromasajes con chorros que trabajan sobre distintas partes del cuerpo (pies, pantorrillas, muslos, glúteos, espalda, cuello). También posee camillas sumergidas, pileta de agua dulce y un jacuzzi con diferentes intensidades. La piscina también es escenario para hacer acqua gym y floating. El agua, tres veces más salada que la de mar, es extraída de 785 metros de profundidad y a 37 grados centígrados (mesotermal), es rica en minerales beneficiosos para las terapias hidrotermales de rehabilitación del sistema osteo-articular y muscular, además de sus propiedades revitalizantes y relajantes.

   Campo Timbó nació en 2004 como un Club de Campo y golf, y tiene atractivos para toda la familia. Posee una cancha de golf de 18 hoyos, de 6.647 yardas, par 71, homologada por la Asociación Argentina de Golf y diseñada por Emilio Serra. También cuenta con un Club House de 1.600 metros cuadrados que incluye el restaurante "Hoyo 18" (se puede disfrutar desde cocina internacional hasta manjares a la parrilla), el lounge con su hogar, sala de reuniones empresarias, el pool bar y piscina al aire libre de 25 metros.

   La propuesta de alojamiento para disfrutar del spa termal es en casas de diseño en un village privado, dotadas de dos plantas, con living comedor completamente equipado con TV plasma de 32 pulgadas, y vajilla completa. Un dormitorio principal y tres en planta alta; con dos baños, cocina equipada y todos los ambientes con vista al bosque y a la cancha de golf. Próximamente estarán disponibles para alquiler 16 cabañas, construidas sobre palafitos en el corazón del bosque de la reserva.

   A Campo Timbó se puede llegar por la autopista Rosario-Santa Fe, saliendo a la altura de La Ribera. Luego, tomar por la ruta 11 hacia el norte y tras pasar el casco urbano de Oliveros, en el kilómetro 354, a mano derecha está la entrada del complejo.

Tarifas de alojamiento

Casas de Diseño en Village. Incluye: Desayuno, ropa blanca y de cama, servicio de limpieza y una sesión de spa termal de por persona (14 a 18), que comprende área de recepción, área fitness, área pozones termales, área de piscina termal lúdica, área de relax con sauna seco, sauna húmedo y duchas terapéuticas.
Tarifas fin de semana completo de tres días y dos noches (check in: 14 del viernes, check out 20 del domingo). Total 2 Pax Mayores: 1.340 pesos; 4 pax Mayores: 1.700 pesos; 6 pax mayores: 2.400 pesos.
Tarifas de dos días y una noche. (check in: 12 del sábado, check out 20 del domingo). Total 2 pax mayores: 1.000 pesos; 4 pax mayores: 1.270 pesos; 6 pax mayores: 2.090 pesos. Balnea Terma & Spa
La tarifa promocional es de 210 pesos por persona.

Turismo aventura. Paseos a caballo 1,30 hora aproximadamente con refrigerio, 60 pesos por persona.

Paseos en lancha 1,30 hora aproximadamente, 60 pesos por persona.

Salida de pesca día completo, de 10 a 18 con asado y bebidas 150 pesos por persona.

Informes

Balnea Terma & Spa
Atención de jueves a domingo de 14 a 18.
Teléfono: 0341-155 053423;
Correo: balnea@campotimbo.com;

Restaurante “Hoyo 18” de martes a domingos a partir de las 9.
Teléfono 0341-155 798211.

Fuente: La Capital

En la orilla más agreste del Paraná

La costa del río, a la altura de Florencia, se presta para pescar dorados, practicar safari fotográfico y pasear en lancha.

Absolutamente toda la riqueza forestal del chaco santafesino parece reunida sobre la costa del Paraná, a la altura de Florencia. Si bien queda poco y nada del quebracho colorado después del paso de la compañía La Forestal por el norte de Santa Fe, el verde intenso resiste: portentosos sauces, timbóes y algarrobos se arraciman entre los bañados, ríos y riachos, a cuya belleza serena acuden amantes de los safaris fotográficos, experimentados pescadores y familias que pasean en lancha.

Hay dos momentos únicos, incomparables de la jornada, en los que nadie quiere perderse el gran espectáculo que se aprecia mejor desde la costa: primero, el amanecer con el río en primer plano que va adoptando colores vivos y la vegetación uniforme atrás; después, la caída del sol, seguido por la luna, que pide paso.

El universo agreste que rodea los recreos de la costa -a los que se accede desde Florencia por un camino de tierra de 20 km que atraviesa tres riachos- es el tema recurrente de los turistas. Intercambian sus vivencias al final del día, con la vista clavada en el río y el cielo. Unos refieren a la súbita aparición de yacarés, monos y carpinchos, otros hablan de bandadas de biguáes, garzas, tucanes y cardenales y los pescadores deportivos más afortunados relatan la lucha que sostuvieron con algún ejemplar de dorado, cuyo peso promedia los 7 kilos.

"El mejor pique está repartido entre la isla Pelota, el río Laureltí y el riacho San Lorenzo. Aunque el nivel del agua está crecido, además de dorados se consigue mucha pesca variada, como manduvé, moncholo, patí y boga", sostiene Marcelo Rouvier.

El guía conoce mejor que nadie los secretos del río y las islas más cercanas a Florencia. Describe la situación con detalles, parado en el antiguo puerto de Piracuá. Es el mismo amarradero desde el que se despachaba la producción de tanino, que La Forestal extrajo de los cortes de quebracho durante 80 años, hasta la década del 60. Ese pasado que marcó para siempre la suerte de los pueblos cercanos a Florencia revive en Villa Guillermina y Villa Ana, a través de las casas que albergaron a los directivos ingleses, galpones y las últimas señales de la traza ferroviaria. Allí, el ecoturismo es desplazado por el recuerdo vívido de los peones de los obrajes.

Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2009/12/20/v-02104345.htm

Todo para disfrutar a la vera del río

La capital, un territorio para explorar y gozar las costaneras, los parques y la noche. Los pueblos cercanos y abundante pesca.

En verano, los santafesinos de la capital revelan las dos marcas indelebles que mejor los definen. Para refrendar su amor intenso con el río, en enero reviven una multitudinaria procesión hacia la Costanera, a la espera de la señal de largada de la maratón de aguas abiertas desde Santa Fe de la Vera Cruz hasta Coronda. En cambio, el perfil festivo estalla en febrero, encendido por los ritmos pegadizos y colores de las comparsas del Carnaval.

La esplendorosa vista del puente colgante, posado sobre la laguna Setúbal -generosamente alimentada por el río Paraná- desde 1928, parece estimular a vecinos y turistas más allá del calendario. Esa postal clásica se potencia con la salida del sol y vuelve a seducir al atardecer. Inspira elogios de almas conmovidas en el bar Baviera, que aporta lo suyo para dejarse llevar por un momento grato: una suculenta picada matizada con un liso (vaso alto de cerveza).

La bebida emblemática es un imán difícil de eludir en los restaurantes, bares y paradores de las costaneras Vieja y Este. En algunos lugares comparte palmo a palmo su fama con los pescados de río, el fruto de las jornadas de pesca que los expertos en la materia desandan en el riacho Santa Fe, detrás del puerto. Armados, patíes, bogas y mojarras saltan del agua amarronada a los baldes y de ahí a las parrillas.

En medio de un parque arbolado que disimula el aspecto algo descuidado de la playa, El Quincho de Chiquito es la cantina más indicada para caranchear (arrancar trozos con el tenedor, sin servirse en el plato) boga a la parrilla. La tradición es la última etapa de un menú que empieza a solazar el paladar con empanadas y albóndigas de pescado, milanesa de surubí y patí al disco.

Para reponerse de algún exceso gastronómico, el Parque Belgrano -más conocido como Parque Sur- tiñe de verde la ribera y sugiere una reparadora caminata en medio de árboles, parrilleros y ciclistas. Más exigente, un sendero aeróbico dibuja el contorno de un lago. Por las dudas, un monumento erigido delante del Club del Quillá muestra a Pedro Candioti pletórico de salud. Medio siglo atrás, ese modelo casi imposible de emular se atrevió a desafiar al Paraná y unió Buenos Aires con Santa Fe a puro nado. La proeza le valió el apodo "Tiburón del Quillá" y un lugar entre los santafesinos más venerados.

Sobre la orilla opuesta, en la Reserva Ecológica El Pozo, la capital despeja su semblante urbano y exhibe naturaleza intacta. Un sendero avanza por la selva, donde se cruzan los vuelos de 140 especies de aves. A los pies de ceibos, sauces y alisos asoman comadrejas, lagartos, cisnes y ofidios.

La ciudad moderna resurge a pocos pasos, en el territorio copado por los jóvenes que delimita la playa Piedras Blancas. En este caso, los cuerpos atléticos descansan tendidos en reposeras, se prenden en desafíos al vóley y se asolean sobre las embarcaciones blancas del Yacht Club.

Para la mayoría de los santafesinos, el espectáculo del atardecer en la costa menos transitada es el paso previo a la diversión nocturna, que proyecta las luces más fulgurantes en el barrio Recoleta. Allí confluyen también los grupos de amigos reunidos en el faro, una pieza decorativa del Muelle de los Pescadores, en el margen oeste. Una hilera de chalés de estilo inglés y el elegante palacete Casa de los Espejos dan pie a otro paseo para no despegarse de la Costanera. La noche brilla con la luna llena y estira la jornada más allá de lo previsto.

Al amanecer, termino de despabilarme con un submarino y un alfajor Merengo. Tres tapas de masa, dulce de leche y baño de glacé sostienen desde 1851 el mito de esta magistral obra artesanal.

Cruzo hacia la isla Sirgadero, embellecida con casas de fin de semana y quintas productoras de frutas, verduras y flores. El arroyo Leyes es sacudido por la lucha que los pescadores sostienen con sus presas. Algunos sueltan la caña, para acercarse a ofrecer peces vivos, que guardan en jaulas sumergidas bajo sus botes a remo. En Santa Rosa de Calchines -a 36 km de la capital por la ruta 1-, los isleños procuran su subsistencia con la venta de hortalizas, frutas, caracoles, amapolas y rosas.

Unos 36 kilómetros más al norte, un sendero de 400 metros alcanza la barranca del río San Javier y permite reconstruir la historia de Cayastá, el antecedente de la ciudad actual, que Juan de Garay intentó fundar por primera vez en 1573. Un templete cobija los restos de la iglesia San Francisco, de cuyo suelo parcelado por paredes de tapia (tierra apisonada) sobresalen esqueletos. Ceibos, sauces y palmeras sombrean el sendero, mientras telescópicos roedores tucu tucu se obstinan en quebrar el silencio perforando túneles bajo la tierra. t

Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2010/01/03/v-02112071.htm