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El verde del Parque Nacional Calilegua
En el Parque Nacional Calilegua se puede conocer una vegetación tupida en un paseo en un relieve variado, conociendo flora y fauna de difícil acceso, y una amplia variedad de aves que sobrevuelan la selva y los pastizales.
Ubicado al Este de Jujuy se encuentra el pueblo de Calilegua, que se presenta tranquilo a los visitantes, y a su alrededor la selva de yungas del Parque Nacional Calilegua.
Es normal ver tucanes salvajes con sus pecheras blancas y picos coloridos, paseando como dueños del lugar.
Los tucanes y lapachos crecen en este Parque creado hace 30 años, que se creó para preservar este ambiente tan diverso de la Argentina.
Al llegar al parque, podemos disfrutar de un camino repleto de precipicios, mientras el camino va serpenteando por las laderas de las Serranías de Calilegua, entre las nubes, llegando a la altura de 1.800 msnm.
Una de las secciones principales es Aguas Negras, por donde se ingresa al parque mientras el guardaparque les da la bienvenida y explica sobre los diferentes senderos para conocer y precauciones a tener en cuenta.
El relieve es variado, con profundos cañadones tallados por pequeños ríos de mucha pendiente, y picos que llegan a superar los 3 mil metros de altura.
En el parque se pueden identificar 3 tipos de ambientes, como la selva pedemontana (de naturaleza chaqueña), la selva montana (hasta 1.800 mts) y pastizales de altura.
Hay sectores de baja o media dificultad, como el Sendero a la Lagunita, el sendero La Herradura al pie del cerro, el sendero Mirador del Río San Lorenzo donde se puede ver una impresionante vista del valle del río San Lorenzo.
El sendero Tataupá es un camino de dificultad alta, recorre 2,5 kms por la selva pedemontana y regresando por el cauce del arroyo Negrito.
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Titulo: El verde del Parque Nacional Calilegua.
Publicado el 15/11/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Jujuy
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/el-verde-del-parque-nacional-calilegua_n.html
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Jujuy: Un viaje al Pucará de Tilcara
Tilcara ubicado a los pies del Pucará, es uno de los pueblos más visitados de la Quebrada de Humahuaca. Además de conocer el clásico Pucará, se pueden hacer originales caravanas con llamas por las Yungas norteñas, disfrutar de vida nocturna en sus peñas folklóricas.
En toda la Quebrada se siente esta extraña belleza que baja de las montañas, donde se encuentran vestigios ancestrales en lo alto de los cerros, como las fortalezas indias llamadas “pucará”.
La ruta pasa entre dos cadenas de montañas, siguiendo la línea de 22 pucarás que hacia el año 1000 se levantaban a cada lado, defendiendo la única y casi infranqueable vía de acceso para los invasores de otras culturas. Algunos de los pucarás se pueden ver a simple vista, otros nos los muestra el guíaerigidos.
Por su imponencia, sobresale el Pucará de Tilcara que marca la entrada al pueblo.
Esta fortaleza tiene 1000 años de antiguedad, llegó a albergar a 2000 habitantes y fue edificado por los omaguacas. En el año 1908 fue descubierto por Juan Ambrosetti y se restauró parcialmente en el año 1948, aunque los arqueologos actuales hay cuestionado el criterio de restauración.
A simple vista es un laberinto de muros y escaleras, con casas de piedra. Algunas casas fueron reconstruidas con techo y se ingresa en ellas por unas entradas muy bajas.
Tambien se puede reocrrer la zona alrededor del Pucará, donde pueden pasar horas caminando entre los cardones con el pasto hasta las rodillas, entre las grandes piedras milenarias que alguna vez sostuvieron los muros de la fortaleza.
Las técnicas de construcción de los pucarás eran muy simples: se colocaba piedra sobre piedra sin ningún pegamento.
A lo largo de toda la Quebrada había distintos subgrupos de la cultura omaguaca, entre ellos los tilcara, los ocloya, los purmamarca y los uquía. Los veintidós pucarás de la quebrada pertenecían a cada uno de los distintos grupos.
Por la geografía de la Quebrada, desde los pucarás se podia ver al invasor a distancia y cuando el enemigo se acercaba todo el mundo subía a los cerros para emboscarlo en la noche.
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Titulo: Un viaje al Pucará de Tilcara.
Publicado el 28/10/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Jujuy
Ciudades: Tilcara
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/tilcara/un-viaje-al-pucara-de-tilcara_n.html
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Jujuy: Los primeros colores de la Quebrada
Desde San Salvador de Jujuy sale el camino hacia la quebrada que comienza al norte sobre la Ruta Nacional 9, bordeando el río Grande durante gran parte de su recorrido.
El comienzo de las tonalidades se pueden ver a 40 kilometros de la capital, en el pueblo de Volcán, donde llama la atención el tinglado del ex Ferrocarril General Belgrano y la vieja estación de estructura industrial inglesa, donde hoy está la feria local con ropas, dulces, quesos y arte nativo. En esta primera posta en la Quebrada, se puede conocer el antiguo Pukará y El Antigal (cementerio sagrado).
Siguiendo 10 kilómetros nos encontramos con Tumbaya, el primero de una serie de asentamientos prehispánicos de los indios omaguacas, que alcanzaron su esplendor en la región entre los años 850 y 1480, bajo el dominio de diferentes tribus.
Hay que conocer la iglesia de Tumbaya, construida en el año 1796 y conserva valiosas pinturas de la escuela cuzqueña, piezas de orfebrería y alabanzas al cura violinero San Francisco Solano, junto con otros ritos antiguos a la Pachamama.
Siguiendo, hace presentación Purmamarca, una de las tres localidades más famosas de la Quebrada. En lengua aimara significa “Pueblo de tierra virgen”.
El pueblo del cerro De los Siete Colores es un tesoro que hay que cuidar y conservar lo más inalterable que se pueda. Hay que caminar para conocer Purmamarca, sus construcciones, su gente, el mercado de la plaza, la parroquia Santa Rosa de Lima.
En toda la quebrada se puede degustar de tamales, humitas y empanaditas caseras de carne, queso de cabra o mondongo, además de disfrutar de las peñas y los músicos de la plaza.
Siguiendo por el camino, hay otros lugares para conocer como el Camino de los Colorados y las Salinas Grandes.
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Titulo: Los primeros colores de la Quebrada.
Publicado el 15/10/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Jujuy
Ciudades: Purmamarca
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/purmamarca/los-primeros-colores-de-la-quebrada_n.html
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Jujuy: A sacarle la vincha al toro
En el Día de la Virgen de la Asunción, en la Puna jujeña se reza y se entregan ofrendas a la Pachamama, mientras que en la plaza se realiza un toreo singular que atrae a locales y turistas.
La pequeña población de Casabindo es normalmente un pueblo tranquilo, donde se crían ovejas, llamas y se realizan tejidos de sus lanas, se encuentra a 120 kms de Abra Pampa y a 148 kms de Humahuaca.
Cada agosto se celebra el Día de la Asunción de la Virgen, en la plaza del pueblo, ubicada frente a la antigua iglesia inaugurada en el año 1772.
La celebración de la Asunción es de origen católico, pero en Casabindo además se ofrenda a la Pachamama, en su mes (mes de agosto). Lo religioso y lo pagano se juntan aquí.
Esta zona de la puna, es una zona de pocos espacios verdes y poca agua, que revive cada mes de agosto para realizar estas celebraciones. Los creyentes creyentes de los puebles vecinos llegan desde temprano, cargando sus propias imágenes de la Virgen, de Jesús y de los santos, sus tradicionales misachicos, mientras cantan, danzan y rezan.
Las cuarteadoras dan color a la fiesta. Son parejas de mujeres que llevan media res de cordero seccionada a lo largo y atadas en las extremidades, para disputarlas con sus contrincantes en una lucha simbólica aunque no falta fuerza. Además 3 pequeños niños representando un caballo, un jinete y un toro, teatralizan la faena taurina.
En la iglesia, por supuesto hay misa y procesiones por las calles.
Luego, se realiza esta particular corrida de toros que es el único toreo en Sudamérica, tambien llamado Toreo de la vincha en la Plaza “Pedro Quipildor”.
El toreo comienza cuando el toro sale al ruedo con una vincha en las astas, y el objetivo del torero es obtener esta vincha que para ofrendarla a la Virgen.
Es un festejo popular, donde hay mucho ruido de bombas de estruendo y sobre todo gritos del publico. El torero cuenta con una capa para enojar al toro, mientras el polvo se apodera del ambiente.
Una vez cumplido el objetivo, por la noche la Virgen de la Asunción regresa a su altar, las familias a sus hogares y la paz a las calles de Casabindo.
Las actividades comienzan 10 días antes con misas y novenas, con cambios de manto y maquillaje de la imagen de la Asunción.
Durante todo este tiempo, funciona una Feria Artesanal donde exponen las diferentes comunidades de Cadabindo y localidades cercanas.
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Titulo: A sacarle la vincha al toro.
Publicado el 27/09/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Jujuy
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/a-sacarle-la-vincha-al-toro_n.html
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Jujuy: Caravana con llamas por Tilcara
La caravana con llamas es una de las excursiones más originales que se realizan desde Tilcara,
con llamas que llevan los bultos para recorrer a pie diversos circuitos
por la montaña, de uno a cinco días, entre milenarios caminos que
omaguacas e incas atravesaban de la misma forma cargados con
mercaderías.
Esta experiencia se hace reviviendo y respetando las técnicas e implementos de carga originales.
Además de conocer estos paisajes jujeños, el objetivo de la caravana con llamas es revivir la experiencia que durante 5.000 años fue en común de las diversas culturas aborígenes que se establecieron en la Quebrada y toda la Cordillera de los Andes.
Se calcula que pudieron utilizarse cerca de 1 millón de llamas en los recorridos por los caminos del Tawantinsuyo, en esta zona donde habitaron los omaguacas, colonizados por los incas poco antes de la llegada de los españoles.
Hay varias alternativas según los días que disponga para la excursión. Una opción es ir en vehículo con las llamas hasta las Salinas Grandes y hacer un paseo por allí.
Una opción completa es explorar durante dos días en los valles montañosos de la zona de Alfarcito, justo detrás de Tilcara.
El guía se encarga de enseñarnos como acomodar las alforjas de arpillera (llamadas “costales”) que se cierran cosiéndolas con un punzón, como hacían los aborígenes.
La caminata comienza en Tilcara, y deslumbran los lugares con vistas panorámicas del valle.
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Titulo: Caravana con llamas por Tilcara.
Publicado el 24/10/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Jujuy
Ciudades: Tilcara
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/tilcara/caravana-con-llamas-por-tilcara_n.html
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Esta experiencia se hace reviviendo y respetando las técnicas e implementos de carga originales.
Además de conocer estos paisajes jujeños, el objetivo de la caravana con llamas es revivir la experiencia que durante 5.000 años fue en común de las diversas culturas aborígenes que se establecieron en la Quebrada y toda la Cordillera de los Andes.
Se calcula que pudieron utilizarse cerca de 1 millón de llamas en los recorridos por los caminos del Tawantinsuyo, en esta zona donde habitaron los omaguacas, colonizados por los incas poco antes de la llegada de los españoles.
Hay varias alternativas según los días que disponga para la excursión. Una opción es ir en vehículo con las llamas hasta las Salinas Grandes y hacer un paseo por allí.
Una opción completa es explorar durante dos días en los valles montañosos de la zona de Alfarcito, justo detrás de Tilcara.
El guía se encarga de enseñarnos como acomodar las alforjas de arpillera (llamadas “costales”) que se cierran cosiéndolas con un punzón, como hacían los aborígenes.
La caminata comienza en Tilcara, y deslumbran los lugares con vistas panorámicas del valle.
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Titulo: Caravana con llamas por Tilcara.
Publicado el 24/10/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Jujuy
Ciudades: Tilcara
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/tilcara/caravana-con-llamas-por-tilcara_n.html
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Jujuy: Conociendo la Paleta del Pintor
El Cerro de los Siete Colores de Purmamarca es el más famoso, pero no es el único cerro “pintado” ni es el más grande.
A pocos kilometros, siguiendo por la Ruta 9 que atraviesa la Quebrada se puede ver en Maimará la Paleta del Pintor, estas montañas pintadas que son la bienvenida de la Quebrada
La Paleta del Pintor toma la forma de una enorme ola pintada a lo largo de todo el cordón montañoso.
Es un cerro multicolor, que asi se manifiestan por una serie de plegamientos de la tierra, de los períodos terciario y cuaternario.
A medida que nos acercamos a Maimará, vemos como los cerros van cambiando de color, dependiendo de la luz que haya, el momento del día, y la ubicación del sol.
Justo delante, hay una una pequeña colina donde está ubicado el cementerio, que se puede ver con claridad desde la Ruta.
Maimará está al borde de la ruta.
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Titulo: Conociendo la Paleta del Pintor.
Publicado el 06/09/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Jujuy
Ciudades: Maimará
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/maimara/conociendo-la-paleta-del-pintor_n.html
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Jujuy: Descubriendo Tilcara
En la Quebrada de Humahuaca, hay muchos lugares para ver, conocer y descubrir.
Las distancias entre los pueblos son cortas, lo que permite llegar en pocos minutos de un lugar a otro.
Así llegamos a Tilcara, esta pequeña ciudad que es conocida por su pucará, un excepcional sitio de la cultura prehispánica que ocupó la Quebrada.
Es encuentra estratégicamente ubicada sobre una colina desde la cual se puede ver todo el valle, para defender mejor a sus ocupantes.
Los tilcareños fueron invadidos por los Incas que bajaron desde el Perú y luego por los españoles en tiempos de la Conquista.
El nombre Tilcará proviene del quechua, que quiere decir “cabeza que se desangra”. Es una expresión que recuerda la muerte del cacique del pueblo a manos de los incas, y cuya cabeza fue expuesta sobre un cardón a sus vecinos, a modo de advertencia.
El pucará se encuentra a más de 110 metros de altura sobre el valle y el lecho del río, y en la punta más alta se construyó una pirámide cuando se refaccionó parte del pueblo hace décadas.
En Tilcara tambipen se peude conocer su pequeña iglesia, la plaza con su feria y los vendedores, las calles que son características de la Quebrada.
A pesar de ser una pequeña ciudad, Tilcara tiene cinco museos para conocer.
El Museo Arqueológico es el más interesante, y uno de los más importantes de todo el norte argentino.
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Titulo: Descubriendo Tilcara.
Publicado el 06/09/2012.
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Sitio: turismonorteargentino.com
Provincias: Jujuy
Ciudades: Tilcara
Ver en: http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/tilcara/descubriendo-tilcara_n.html
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Las horas se detienen en Huacalera
Un reloj solar que indica el paso del trópico de Capricornio es el
símbolo de este pueblo de 350 habitantes, rodeado de sitios por
descubrir.
En auto por la quebrada de Humahuaca y deslumbrados por los cambiantes paisajes, siempre hay que estar atentos para no perderse los atractivos que el circuito ofrece, como el módico monolito que marca el instante en que se cruza la línea imaginaria del trópico de Capricornio. Imposible dejar de imaginar entonces el globo terráqueo y pensar dónde uno está parado.
Pronto aparece la iglesia de Huacalera, pequeña joya en adobe del siglo XVII que guarda bellas pinturas de la escuela cuzqueña, como el Casamiento de la Virgen y Bautismo de la Virgen , únicos en su temática. Es parte de la historia argentina, ya que allí reposaron los restos del general Lavalle antes de ser descarnados para que sus enemigos no pudieran alzarse con ellos. Parecería que ahí acaba todo, pero el lugar merece un stop para visitar el pueblo, que casi inadvertido aparece sobre la derecha de la ruta.
Ver mas en
http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/las-horas-se-detienen-en-huacalera_nota1472.html
En auto por la quebrada de Humahuaca y deslumbrados por los cambiantes paisajes, siempre hay que estar atentos para no perderse los atractivos que el circuito ofrece, como el módico monolito que marca el instante en que se cruza la línea imaginaria del trópico de Capricornio. Imposible dejar de imaginar entonces el globo terráqueo y pensar dónde uno está parado.
Pronto aparece la iglesia de Huacalera, pequeña joya en adobe del siglo XVII que guarda bellas pinturas de la escuela cuzqueña, como el Casamiento de la Virgen y Bautismo de la Virgen , únicos en su temática. Es parte de la historia argentina, ya que allí reposaron los restos del general Lavalle antes de ser descarnados para que sus enemigos no pudieran alzarse con ellos. Parecería que ahí acaba todo, pero el lugar merece un stop para visitar el pueblo, que casi inadvertido aparece sobre la derecha de la ruta.
Ver mas en
http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/las-horas-se-detienen-en-huacalera_nota1472.html
Conociendo El Carmen, un antiguo pueblo de la quebrada
El Carmen es una villa histórica de callecitas angostas que se la relaciona con la Independencia, uno de los pueblos más antiguos de Jujuy, está ubicada a 26 kms al noroeste de la ciudad San Salvador de Jujuy. Una zona de diques y represas que dan vida a las plantaciones de tabaco y son el remanso natural de los pueblos vecinos.
El Carmen es un parada que se puede realizar en el camino hacia la Quebrada de Humahuaca, por la Ruta Nacional 9 podemos ingresar a la villa, donde enseguida se puede ver el monumento recordatorio del mítico Jorge Cafrune, para recordar el aporte de este suelo a la cultura nacional.
En las calles céntricas se camina lento, desde donde se puede admirar la belleza de los cerros que la rodean, y respirar historia en cada esquina. Al igual que en el poema “Jujeñito”, en El Carmen se nota el orgullo de ser jujeño.
Ver mas en
http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/el-carmen-antiguo-pueblo-de-la-quebrada_nota1495.html
El Carmen es un parada que se puede realizar en el camino hacia la Quebrada de Humahuaca, por la Ruta Nacional 9 podemos ingresar a la villa, donde enseguida se puede ver el monumento recordatorio del mítico Jorge Cafrune, para recordar el aporte de este suelo a la cultura nacional.
En las calles céntricas se camina lento, desde donde se puede admirar la belleza de los cerros que la rodean, y respirar historia en cada esquina. Al igual que en el poema “Jujeñito”, en El Carmen se nota el orgullo de ser jujeño.
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http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/el-carmen-antiguo-pueblo-de-la-quebrada_nota1495.html
Conociendo Purmamarca, un clásico de la quebrada
Purmamarca está ubicado a 65 km. de San Salvador de Jujuy, y debe su nombre nombre a la lengua Aimara, que significa "Pueblo de la Tierra Virgen"
Esta localidad se desarrolló en torno a la plaza principal y la iglesia, tal como la mayoría de los pueblos de Argentina.
En la plaza principal, se puede encontrar la feria, y los locales comerciales donde se ofrecen los productos típicos, como tapices, gorros, bufandas tejidas, ponchos de lana de vicuña y llama, sonajeros de semillas, y demás accesorios hechos artesanalmente de alpaca y plata.
La Iglesia de Purmamarca es del año 1648 y en el año 1941 fué declarada Monumento Histórico Nacional. Está consagrada a Santa Rosa de Lima.
Tiene una arquitectura tradicional de la zona, con una puerta de madera imponente, los muros de adobe y los techos de cardón. Su interior alberga imágenes y pinturas cuzqueñas del siglo XVIII. La fiesta patronal se celebra el 30 de agosto.
Cercano a la Iglesia, se encuentra el Viejo Algarrobo que tiene una edad aproximada de 620 años. Su frondosa copa guarda innumerables historias importantes de la historia Argentina y el Norte Argentino. Tambien ofrece sombra y la oportunidad de disfrutar de la tranquilidad de quienes visitan el pueblo.
Ver mas en:
http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/conociendo-purmamarca-un-clasico-de-la-quebrada_nota1517.html
Esta localidad se desarrolló en torno a la plaza principal y la iglesia, tal como la mayoría de los pueblos de Argentina.
En la plaza principal, se puede encontrar la feria, y los locales comerciales donde se ofrecen los productos típicos, como tapices, gorros, bufandas tejidas, ponchos de lana de vicuña y llama, sonajeros de semillas, y demás accesorios hechos artesanalmente de alpaca y plata.
La Iglesia de Purmamarca es del año 1648 y en el año 1941 fué declarada Monumento Histórico Nacional. Está consagrada a Santa Rosa de Lima.
Tiene una arquitectura tradicional de la zona, con una puerta de madera imponente, los muros de adobe y los techos de cardón. Su interior alberga imágenes y pinturas cuzqueñas del siglo XVIII. La fiesta patronal se celebra el 30 de agosto.
Cercano a la Iglesia, se encuentra el Viejo Algarrobo que tiene una edad aproximada de 620 años. Su frondosa copa guarda innumerables historias importantes de la historia Argentina y el Norte Argentino. Tambien ofrece sombra y la oportunidad de disfrutar de la tranquilidad de quienes visitan el pueblo.
Ver mas en:
http://www.turismonorteargentino.com/jujuy/conociendo-purmamarca-un-clasico-de-la-quebrada_nota1517.html
Extraños desiertos de sal
En la Argentina se encuentran las Salinas Grandes ubicadas entre las provincias de Salta y Jujuy, a 190 kilómetros de San Salvador de Jujuy.
Es uno de los salares mas grandes de Argentina, que ofrecen un espectaculo inolvidable al visitante, inmerso en un profundo silencio.
La gran extensión de sales sólo se interrumpe otros monticulos de sal y por los piletones que se utilizan para extraer y procesar este mineral.
Tiene 8.200 kilómetros cuadrados y se quedan con el segundo lugar en el ranking de los mayores salares del planeta.
Ver más: Esos extraños desiertos de sal
Es uno de los salares mas grandes de Argentina, que ofrecen un espectaculo inolvidable al visitante, inmerso en un profundo silencio.
La gran extensión de sales sólo se interrumpe otros monticulos de sal y por los piletones que se utilizan para extraer y procesar este mineral.
Tiene 8.200 kilómetros cuadrados y se quedan con el segundo lugar en el ranking de los mayores salares del planeta.
Ver más: Esos extraños desiertos de sal
Quebrada de Humahuaca, un arco iris en la Puna
Del Pucará de Tilcara a la magia que encierran Maimará y la colorida Purmamarca. Costumbres milenarias, paseos y exquisitos sabores en la cautivante tierra del Carnaval y la Pachamama.
La tierra rojiza del camino, áspera al tocarla, es el primer indicio de que todo aquí estará lleno de color, de tonalidades cargadas, fuertes. Las montañas y cerros, de cientos de miles de años, exhiben con ostentación capas bien definidas de diversos tonos de rojos, púrpuras, ocres y marrones. El recorrido por los pequeños pueblos de la Quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy , propone conectarse con la naturaleza, con los orígenes, con la Pachamama y disfrutar de paisajes maravillosos, propios de la región del Noroeste argentino.
A 39 kilómetros de San Salvador de Jujuy comienza la Quebrada de Humahuaca, un valle andino de 155 kilómetros de extensión, cavado por el río Grande, que presenta sierras, montañas y cerros multicolores. Cuna de la cultura omaguaca , la Quebrada aloja pueblitos minúsculos en tamaño pero inmensos en belleza natural, que conservan las tradiciones ancestrales, creencias religiosas, ritos, fiestas y música que forman parte de la región desde hace más de 10.000 años. Caminar por los rinconcitos de cada lugar y descubrir la amabilidad característica de sus habitantes es realmente grato, por lo que las vacaciones aquí son siempre reconfortantes.
El eje del recorrido es la ruta nacional 9, que se abre camino entre los cerros, a 2.000 y 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Para moverse de un pueblo a otro hay micros que conectan cada lugar; conviene averiguar los horarios de salida con antelación para poder planificar mejor el viaje. Otra opción es alquilar un auto y manejar por las rutas que serpentean entre los paisajes cautivantes.
El tiempo ideal para pasar en la Quebrada de Humahuaca es de entre cinco días y una semana, aunque según la cantidad de lugares que se quieran recorrer, la duración de la estadía variará. Claro que, entre todos los pueblos, existen dos que son visitas obligadas: Purmamarca y Tilcara.
Purmamarca , el pueblo más reconocido en las postales, es la vedette de los destinos de la Quebrada, con el Cerro de los Siete Colores y su maravillosa combinación de tonalidades producidas por los diversos minerales que conforman la montaña. Caminar por sus callecitas y observar las casas que combinan el estilo colonial con el adobe y los techos de cardón, las puertas angostas y la arboleda, siempre con el colorido cerro de fondo, es realmente encantador.
Es fácil tener un buen sentido de la orientación aquí y saber para qué lado caminar, dado que el trazado urbano, típico de los pueblos antiguos, gira en torno a la iglesia principal, Santa Rosa de Lima. Sucede que Purmamarca es una antigua población de aborígenes que data del siglo XVII, tal como lo revela el dintel de la puerta de la catedral, donde puede leerse el año 1648. En el interior se encuentran objetos y pinturas realizadas por los indígenas.
Alrededor de la plaza se congrega una feria que vende todo tipo de artesanías. Muy cerca de aquí parte uno de los circuitos más conocidos: el “camino de los colorados”, que puede hacerse a pie, a caballo o en bicicleta. El paseo se extiende a lo largo de 3 kilómetros y recorre parte del afluente del río Purmamarca, desde donde se observan figuras talladas en las laderas de las montañas. A los pocos minutos de caminata comienza a sentirse algo de calor pero contrariamente a la idea que se tiene sobre el clima de la zona, las temperaturas, si bien son cálidas, también son secas, y eso hace que sean más agradables de lo que se suele pensar.
Al atardecer, por la gran amplitud térmica que caracteriza a la región, refresca y es bueno tener a mano un abrigo. Entonces, nada mejor que resguardarse y probar alguno de los exquisitos platos típicos: empanadas, humitas, tamales, carbonadas y locros.
Ubicada al norte de Purmamarca, Tilcara es conocida como la “capital arqueológica del Noroeste argentino”. Se caracteriza por sus edificaciones bajas de adobe y las calles de tierra bien empinadas, rodeadas de un paisaje quebradeño en el que se mezclan los colores rojizos con los amarronados y donde resaltan los simpáticos cactos. Como Tilcara se encuentra prácticamente en medio de la Quebrada, también es un buen lugar para hacer base y recorrer las poblaciones aledañas.
Aquí se puede visitar el Museo del Instituto Interdisciplinario de Tilcara, considerado como uno de los más importantes en el estudio de los pueblos originarios del Norte argentino.
Otro de los paseos que vale la pena hacer es la visita a la Garganta del Diablo, una unión de dos ríos que produce una zanja pronunciada y una cascada de 14 metros de altura. Otra opción interesante para los más activos es sumar cabalgatas, mountain bike, excursiones en 4x4 al cerro Morado y sandboard.
A sólo un kilómetro se encuentra el Pucará de Tilcara , donde conviene llegar a pie. Al caminar y ascender se percibe alguna dificultad para respirar, dada la altura de más de 2.400 metros sobre el nivel del mar, por lo que conviene ir a paso lento y, eventualmente, mascar hojas de coca, para evitar los mareos del apunamiento.
El Pucará es una fortaleza edificada hace más de mil años, que aún conserva 60 construcciones realizadas piedra sobre piedra, las cuales se pueden visitar incluso por dentro. Desde aquí los aborígenes custodiaban la Quebrada, ya que obtenían una visibilidad de muchísimos kilómetros. Hoy es el lugar perfecto para tomar fotos de un paisaje infinito.
Si el recorrido se realiza en orden, Humahuaca será la última parada. En febrero, el pueblo más habitado del valle festeja el carnaval más importante del país, con charangos, bombos, erkes (flautas grandes) y máscaras que le dan aún más color a sus callecitas estrechas y adoquinadas. Hay que visitar La iglesia de la Candelaria y prestar atención a los cuadros de la escuela cusqueña. Enfrente, a pocos pasos, se encuentra el Cabildo, que guarda un secreto: a las 12 en punto del mediodía una imagen articulada en tamaño natural de San Francisco Solano sale del reloj para bendecir a los presentes. ¡Es impresionante observar la cantidad de gente que se congrega para presenciar este momento! Luego, lo ideal es visitar la plaza central, desde donde parten unas escaleras que conducen al monumento a la Independencia, construido en 1950.
Otro de los pueblos mágicos que habría que sumar hacia el final del recorrido es Maimará , ubicado a los pies del cerro “La paleta del pintor”, llamado así por la clara referencia a la forma de este utensilio y, claro, por sus maravillosos colores.
De regreso, y si se cuenta con más días, por qué no visitar también la población más cercana a San Salvador de Jujuy, Volcán , con la bellísima Laguna de Gronda y sus antiguos edificios ferroviarios. Una hermosa pintura del tiempo detenido.
Fuente: Clarín Viajes
La tierra rojiza del camino, áspera al tocarla, es el primer indicio de que todo aquí estará lleno de color, de tonalidades cargadas, fuertes. Las montañas y cerros, de cientos de miles de años, exhiben con ostentación capas bien definidas de diversos tonos de rojos, púrpuras, ocres y marrones. El recorrido por los pequeños pueblos de la Quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy , propone conectarse con la naturaleza, con los orígenes, con la Pachamama y disfrutar de paisajes maravillosos, propios de la región del Noroeste argentino.
A 39 kilómetros de San Salvador de Jujuy comienza la Quebrada de Humahuaca, un valle andino de 155 kilómetros de extensión, cavado por el río Grande, que presenta sierras, montañas y cerros multicolores. Cuna de la cultura omaguaca , la Quebrada aloja pueblitos minúsculos en tamaño pero inmensos en belleza natural, que conservan las tradiciones ancestrales, creencias religiosas, ritos, fiestas y música que forman parte de la región desde hace más de 10.000 años. Caminar por los rinconcitos de cada lugar y descubrir la amabilidad característica de sus habitantes es realmente grato, por lo que las vacaciones aquí son siempre reconfortantes.
El eje del recorrido es la ruta nacional 9, que se abre camino entre los cerros, a 2.000 y 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Para moverse de un pueblo a otro hay micros que conectan cada lugar; conviene averiguar los horarios de salida con antelación para poder planificar mejor el viaje. Otra opción es alquilar un auto y manejar por las rutas que serpentean entre los paisajes cautivantes.
El tiempo ideal para pasar en la Quebrada de Humahuaca es de entre cinco días y una semana, aunque según la cantidad de lugares que se quieran recorrer, la duración de la estadía variará. Claro que, entre todos los pueblos, existen dos que son visitas obligadas: Purmamarca y Tilcara.
Purmamarca , el pueblo más reconocido en las postales, es la vedette de los destinos de la Quebrada, con el Cerro de los Siete Colores y su maravillosa combinación de tonalidades producidas por los diversos minerales que conforman la montaña. Caminar por sus callecitas y observar las casas que combinan el estilo colonial con el adobe y los techos de cardón, las puertas angostas y la arboleda, siempre con el colorido cerro de fondo, es realmente encantador.
Es fácil tener un buen sentido de la orientación aquí y saber para qué lado caminar, dado que el trazado urbano, típico de los pueblos antiguos, gira en torno a la iglesia principal, Santa Rosa de Lima. Sucede que Purmamarca es una antigua población de aborígenes que data del siglo XVII, tal como lo revela el dintel de la puerta de la catedral, donde puede leerse el año 1648. En el interior se encuentran objetos y pinturas realizadas por los indígenas.
Alrededor de la plaza se congrega una feria que vende todo tipo de artesanías. Muy cerca de aquí parte uno de los circuitos más conocidos: el “camino de los colorados”, que puede hacerse a pie, a caballo o en bicicleta. El paseo se extiende a lo largo de 3 kilómetros y recorre parte del afluente del río Purmamarca, desde donde se observan figuras talladas en las laderas de las montañas. A los pocos minutos de caminata comienza a sentirse algo de calor pero contrariamente a la idea que se tiene sobre el clima de la zona, las temperaturas, si bien son cálidas, también son secas, y eso hace que sean más agradables de lo que se suele pensar.
Al atardecer, por la gran amplitud térmica que caracteriza a la región, refresca y es bueno tener a mano un abrigo. Entonces, nada mejor que resguardarse y probar alguno de los exquisitos platos típicos: empanadas, humitas, tamales, carbonadas y locros.
Ubicada al norte de Purmamarca, Tilcara es conocida como la “capital arqueológica del Noroeste argentino”. Se caracteriza por sus edificaciones bajas de adobe y las calles de tierra bien empinadas, rodeadas de un paisaje quebradeño en el que se mezclan los colores rojizos con los amarronados y donde resaltan los simpáticos cactos. Como Tilcara se encuentra prácticamente en medio de la Quebrada, también es un buen lugar para hacer base y recorrer las poblaciones aledañas.
Aquí se puede visitar el Museo del Instituto Interdisciplinario de Tilcara, considerado como uno de los más importantes en el estudio de los pueblos originarios del Norte argentino.
Otro de los paseos que vale la pena hacer es la visita a la Garganta del Diablo, una unión de dos ríos que produce una zanja pronunciada y una cascada de 14 metros de altura. Otra opción interesante para los más activos es sumar cabalgatas, mountain bike, excursiones en 4x4 al cerro Morado y sandboard.
A sólo un kilómetro se encuentra el Pucará de Tilcara , donde conviene llegar a pie. Al caminar y ascender se percibe alguna dificultad para respirar, dada la altura de más de 2.400 metros sobre el nivel del mar, por lo que conviene ir a paso lento y, eventualmente, mascar hojas de coca, para evitar los mareos del apunamiento.
El Pucará es una fortaleza edificada hace más de mil años, que aún conserva 60 construcciones realizadas piedra sobre piedra, las cuales se pueden visitar incluso por dentro. Desde aquí los aborígenes custodiaban la Quebrada, ya que obtenían una visibilidad de muchísimos kilómetros. Hoy es el lugar perfecto para tomar fotos de un paisaje infinito.
Si el recorrido se realiza en orden, Humahuaca será la última parada. En febrero, el pueblo más habitado del valle festeja el carnaval más importante del país, con charangos, bombos, erkes (flautas grandes) y máscaras que le dan aún más color a sus callecitas estrechas y adoquinadas. Hay que visitar La iglesia de la Candelaria y prestar atención a los cuadros de la escuela cusqueña. Enfrente, a pocos pasos, se encuentra el Cabildo, que guarda un secreto: a las 12 en punto del mediodía una imagen articulada en tamaño natural de San Francisco Solano sale del reloj para bendecir a los presentes. ¡Es impresionante observar la cantidad de gente que se congrega para presenciar este momento! Luego, lo ideal es visitar la plaza central, desde donde parten unas escaleras que conducen al monumento a la Independencia, construido en 1950.
Otro de los pueblos mágicos que habría que sumar hacia el final del recorrido es Maimará , ubicado a los pies del cerro “La paleta del pintor”, llamado así por la clara referencia a la forma de este utensilio y, claro, por sus maravillosos colores.
De regreso, y si se cuenta con más días, por qué no visitar también la población más cercana a San Salvador de Jujuy, Volcán , con la bellísima Laguna de Gronda y sus antiguos edificios ferroviarios. Una hermosa pintura del tiempo detenido.
Fuente: Clarín Viajes
Los valles jujeños elegidos por los incas
«Lo mejor de Jujuy es
lo que aún resta por conocer». Estudiada, la frase del guía local
Joaquín Carrillo da en el blanco a la hora de resaltar todas las
bellezas que la provincia norteña posee pero que aún son poco conocidas
por un turismo obnubilado por la majestuosa región de la Quebrada de Humahuaca.
No resulta nada azarosa la apreciación para aquel que tenga la fortuna
de recorrer en el sur jujeño la región de los valles, donde la aridez se
ve obligada a compartir espacio con el extremo occidental de las
selváticas yungas, los cerros se encuentran coronados por un collar de
magníficas lagunas y desde el corazón de la tierra emergen cálidas aguas
termales.
Observar un mapa de Jujuy deja en evidencia lo accesibles que son estas maravillas naturales. Desde la capital provincial sólo hay que trasladarse 20 kilómetros para llegar a uno de los puntos clave de la región: Termas de Reyes. Para los jujeños este sitio no es una novedad, pero sí para muchos habitantes de otros lugares del país o del extranjero acostumbrados a asociar a la provincia norteña con el paisaje de la Puna o la Quebrada, especialmente luego de que la UNESCO declaró a esta última Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad. Es así como puede terminar siendo toda una sorpresa conocer el hotel Termas de Reyes por primera vez, a pesar de que la historia del mismo se remonta a 1938, cuando se inauguró el Gran Hotel Casino Termas de Reyes. Allí llegó a estar alojada Eva Perón en dos oportunidades. Tras varias clausuras y aperturas, el hotel funciona ininterrumpidamente desde 1999, año en el cual pasó por primera vez a manos privadas.
Más allá de su historia, Termas de Reyes impresiona desde el momento en que se toma la Ruta 4 que conduce allí desde San Salvador. Curvas cerradas y cornisas llevan hasta el solitario paraje donde el hotel se encarama entre el cerro y el río Reyes, con su cauce gris cubierto de piedras.
Como su nombre lo indica, en Termas de Reyes se aprovechan las cálidas aguas que brotan de la tierra. Hay canales que hacen descender el fluido hasta las piletas del hotel. El beneficio para la salud se da por medio de baños termales y masajes en el spa, o a cielo abierto, con vista a los cerros en la pileta exterior. Las aguas afloran a una temperatura de 50 °C desde una profundidad de 600 o 700 metros.
En otra época, en el hotel también funcionó una embotelladora que tomaba el agua de vertiente que también surge en la zona.
Por su ubicación, Termas de Reyes es un buen punto para iniciar el recorrido por la región de los valles, que presenta como otro de sus sitios destacados el Parque Provincial Lagunas de Yala, área protegida de 4.300 hectáreas que contiene cinco espejos de agua de altura de gran belleza.
En apenas siete kilómetros se asciende allí desde 1.400 metros sobre el nivel del mar hasta los 2.100 metros. Las lagunas son de origen glaciar, pero dependen de las lluvias. Sus aguas no están contaminadas y es prueba de ello la presencia del mirlo del agua, ave que sólo se deja ver en ecosistemas sanos.
Camino Real
Cerca del acceso al parque, en la confluencia entre la Ruta 4 y la Ruta 9 se encuentra la zona conocida como Potrero de Yala, de características residenciales, con un clima y un ecosistema que recuerdan el área de San Lorenzo en Salta.
En tiempos del Camino Real, que comunicaba el Virreinato del Río de la Plata y el Alto Perú, la zona fue justamente un potrero para el engorde de unas 65 mil mulas que circulaban por allí cada año provenientes de Córdoba. Hoy es un sitio apropiado para alojarse, ya que abundan las hosterías e, incluso, la atractiva posibilidad de pescar, o comer, truchas en el criadero Los Nogales.
Fuente: Diario Ambito
Observar un mapa de Jujuy deja en evidencia lo accesibles que son estas maravillas naturales. Desde la capital provincial sólo hay que trasladarse 20 kilómetros para llegar a uno de los puntos clave de la región: Termas de Reyes. Para los jujeños este sitio no es una novedad, pero sí para muchos habitantes de otros lugares del país o del extranjero acostumbrados a asociar a la provincia norteña con el paisaje de la Puna o la Quebrada, especialmente luego de que la UNESCO declaró a esta última Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad. Es así como puede terminar siendo toda una sorpresa conocer el hotel Termas de Reyes por primera vez, a pesar de que la historia del mismo se remonta a 1938, cuando se inauguró el Gran Hotel Casino Termas de Reyes. Allí llegó a estar alojada Eva Perón en dos oportunidades. Tras varias clausuras y aperturas, el hotel funciona ininterrumpidamente desde 1999, año en el cual pasó por primera vez a manos privadas.
Más allá de su historia, Termas de Reyes impresiona desde el momento en que se toma la Ruta 4 que conduce allí desde San Salvador. Curvas cerradas y cornisas llevan hasta el solitario paraje donde el hotel se encarama entre el cerro y el río Reyes, con su cauce gris cubierto de piedras.
Como su nombre lo indica, en Termas de Reyes se aprovechan las cálidas aguas que brotan de la tierra. Hay canales que hacen descender el fluido hasta las piletas del hotel. El beneficio para la salud se da por medio de baños termales y masajes en el spa, o a cielo abierto, con vista a los cerros en la pileta exterior. Las aguas afloran a una temperatura de 50 °C desde una profundidad de 600 o 700 metros.
En otra época, en el hotel también funcionó una embotelladora que tomaba el agua de vertiente que también surge en la zona.
Por su ubicación, Termas de Reyes es un buen punto para iniciar el recorrido por la región de los valles, que presenta como otro de sus sitios destacados el Parque Provincial Lagunas de Yala, área protegida de 4.300 hectáreas que contiene cinco espejos de agua de altura de gran belleza.
En apenas siete kilómetros se asciende allí desde 1.400 metros sobre el nivel del mar hasta los 2.100 metros. Las lagunas son de origen glaciar, pero dependen de las lluvias. Sus aguas no están contaminadas y es prueba de ello la presencia del mirlo del agua, ave que sólo se deja ver en ecosistemas sanos.
Camino Real
Cerca del acceso al parque, en la confluencia entre la Ruta 4 y la Ruta 9 se encuentra la zona conocida como Potrero de Yala, de características residenciales, con un clima y un ecosistema que recuerdan el área de San Lorenzo en Salta.En tiempos del Camino Real, que comunicaba el Virreinato del Río de la Plata y el Alto Perú, la zona fue justamente un potrero para el engorde de unas 65 mil mulas que circulaban por allí cada año provenientes de Córdoba. Hoy es un sitio apropiado para alojarse, ya que abundan las hosterías e, incluso, la atractiva posibilidad de pescar, o comer, truchas en el criadero Los Nogales.
Fuente: Diario Ambito
Gira norteña por Salta, Tucumán y Jujuy
De los Valles Calchaquíes a la Puna, una hoja de ruta día por día para recorrer en dos semanas las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy, visitando Tafí del Valle, Cafayate, Cachi, la capital salteña, Tolar Grande, Iruya y la Quebrada de Humahuaca.
En vacaciones de verano muchos viajeros acostumbran hacer travesías largas por alguna de las diversas regiones de nuestro país. Pueden partir rumbo a Cuyo, o a la Mesopotamia o hacer un recorrido por zonas de la Patagonia. El otro de los grandes viajes en nuestra vasta Argentina es el noroeste, donde se siente con mayor intensidad el latido originario de las culturas autóctonas, mientras se atraviesan sus coloridos paisajes. En el NOA hay además una religiosidad popular andina muy diferente a otras, una música propia cuyo origen se remonta a tiempos prehispánicos y se viven algunas de las fiestas populares más alegres del país. A continuación, un viaje de 15 días por las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy –Catamarca queda ya para otro viaje– como para llevarse una idea general de la región, siempre con la idea de volver. Porque cada provincia justifica un viaje en sí mismo –siempre va a haber un viaje más a fondo por donde uno pase– de al menos una semana cada uno. El viaje sugerido aquí se puede hacer en auto o en transporte público en su mayor parte.
Desde Tucumán
Desde Buenos Aires hasta San Miguel de Tucumán
hay 1310 kilómetros –por ruta, unas 15 horas en promedio–, así que si
se viaja con vehículo propio lo normal es pasar una noche en la ciudad de Córdoba.
En la segunda jornada, si el cansancio no abruma y el calendario marca
día sábado, se justifica en el camino una parada en el pueblo de Simoca
para visitar su histórica feria de campo.
El mercado de Simoca es teóricamente el más antiguo del país, ya que su origen se remonta al tiempo de la colonia, cuando en el siglo XVII el mismo espacio físico era una feria semanal donde había una posta de caballos y se comerciaba con la ley del trueque (que en algunos casos todavía se aplica, entre amigos). Este mercado a cielo abierto funciona todos los sábados desde hace ya más de 300 años, y gran parte de las personas que hacen compras llegan en coloridos sulkies que a veces suman más de un centenar estacionados en las calles de alrededor.
En la capital tucumana es casi una obligación patriótica visitar la Casa de Tucumán –en la noche se hace un sugerente recorrido con un espectáculo de luz y sonido inspirado en la firma del acta de la Independencia– y se puede dormir en esa ciudad o seguir viaje 107 kilómetros más hasta Tafí del Valle para pasar una o dos noches.
La parte final del trayecto entre San Miguel y Tafí del Valle toma la RP 307 para subir por un camino de cornisa a través de las montañas del “monte tucumano”, entre cañaverales y cascadas que brotan de manantiales en las alturas. Cada tanto aparece algún lapacho florecido de color fucsia y la vegetación se hace cada vez más tupida, hasta que el verdor estalla en una profusión de helechos, lianas y árboles de gran porte con plantas colgantes.
Cerca de los dos mil metros de altura sobre el nivel del mar, la vegetación decae. Ya casi no hay árboles, pero toman la posta los cardones, esos cactus gigantes que se elevan hacia el cielo como dedos acusadores. Alrededor de la ruta se levantan grandes montañas cubiertas por un suave manto verde y cada tanto se ven bajar baqueanos a caballo desde las alturas de los cerros.
El Valle de Tafí aparece de pronto, tras una curva, donde el sol cae a pleno sobre el agua del embalse La Angostura. Los calchaquíes denominaban Taktillakta (pueblo de entrada espléndida) al antiguo Tafí, donde algunos cardones crecen entre las casas superándolas en altura. También se ven caballos pastando a una cuadra del centro, llamas en los patios de algunas casas y se oye el canto de los gallos. Desde el pueblo se visita el Parque de los Menhires –una serie de piedra aborígenes talladas–, el casco de una vieja estancia y se organizan salidas a caballo y en 4x4.
De Tafí del Valle uno debería irse cuando le den ganas –lo ideal es viajar sin un cronograma estricto–, siguiendo hacia el norte para pasar por Amaicha del Valle y empalmar con la Ruta 40 en menos de una hora, justo antes de uno de los puntos culminantes de este viaje: las ruinas de la antigua ciudad de los indios quilmes, conformada por una serie de terrazas escalonadas sobre los faldeos del cerro Alto Rey. El segmento restaurado es apenas una parte de lo que fue una “gran ciudad” indígena que llegó a albergar a 3 mil personas. Basta con internarse un poco en la maleza para toparse con infinidad de montículos de piedra que alguna vez fueron parte de las gruesas paredes de las casas indígenas.
La ciudad de los quilmes fue uno de los asentamientos prehispánicos más importantes del país. Solamente la base de las casas fue reconstruida, utilizando las mismas piedras que yacían amontonadas en el sitio. Vista desde las alturas del cerro, la ciudad se asemeja a un complejo laberinto de cuadrículas de hasta 70 metros de largo, que servían de andenes de cultivo, depósitos y corrales para las llamas. Hay también numerosas casas de estructura circular que estaban techadas con paja. Se calcula que el lugar comenzó a poblarse alrededor del siglo IX d.C., y a mediados del siglo XVII unas 10 mil personas vivían en los territorios de los alrededores.
Rumbo a Salta
De regreso en la legendaria Ruta 40 el siguiente destino es el pueblo salteño de Cafayate,
donde se puede hacer noche y dedicar el día siguiente a visitar alguna
bodega de vino torrontés y la Quebrada de las Flechas, donde brotan de
la tierra unas placas sedimentarias que se quebraron por el surgimiento
de las montañas y ahora apuntan al cielo sus filosas puntas.
Dos noches son el mínimo necesario para respirar el ambiente pueblerino y colonial de Cafayate. La excursión más impactante por sus paisajes es a la Quebrada de las Conchas por la RN 68 que es también uno de los dos caminos posibles hasta la ciudad de Salta, aunque si se regresa por allí se pierde de visitar los pueblos de Cachi y Molinos, que están en la vía alternativa. Entonces la solución es recorrer la primera mitad de esta quebrada –unos 30 sinuosos kilómetros– para visitar las impresionantes formaciones sedimentarias de la Garganta del Diablo y El Anfiteatro y luego regresar de nuevo a Cafayate. La Quebrada de las Conchas está totalmente asfaltada hasta Salta –a diferencia de la opción por la Ruta 40 desde Cafayate–, así que es una opción para quienes le teman al ripio.
Desde Cafayate, la Ruta 40 conduce hacia el norte por los pintorescos pueblitos coloniales de Molinos y Cachi, lugares ideales para pernoctar en el silencio absoluto de las noches (muchos optan por seguir hasta la ciudad de Salta y disfrutar de la movida nocturna de peñas folclóricas como La Vieja Estación y la Casona del Molino). Desde Cafayate a Cachi la 40 es de ripio y luego hasta Salta está casi toda pavimentada.
Para llegar a la ciudad de Salta se abandona la Ruta 40 y se toma la nacional 33 que en la Recta de Tin Tin atraviesa el Parque Nacional Los Cardones y luego sube por los caminos de cornisa de los Valles Calchaquíes hasta los 3348 metros en la Piedra del Molino, donde se comienza a descender por la espectacular Cuesta del Obispo. Desde la ruta se divisa la Precordillera de los Andes y la cumbre del Nevado de Cachi, que con sus 6720 metros es la segunda más alta del país luego del Aconcagua.
Hacia la Puna
Salta es la
capital más bonita del noroeste, y además de su vida nocturna y
edificios coloniales tiene circuitos en sus alrededores como la Quebrada
de San Lorenzo, además de la excursión llamada Movitrack que hace por tierra un recorrido en paralelo al Tren a las Nubes.
Esta excursión –igual que el tren– tiene como destino final el pueblo
de San Antonio de los Cobres, que es la siguiente parada de este
periplo. Por eso, quienes no tengan auto propio pueden tomar cualquiera
de estas dos excursiones y bajarse en San Antonio a pasar una noche (en
ambos casos se debe pagar la excursión completa).
A San Antonio de los Cobres se llega por la RN 51 –70 por ciento pavimentada– en unas cuatro horas desde Salta. Al costado del camino aparecen caseríos extraviados en medio de la nada, con apenas unas casas de adobe con techo de paja. Unos llamativos corrales pircados forman cuadrículas en medio de la inmensidad arenosa, donde cada tanto aparece algún pastor de poncho rojo y sombrero ovejón arreando un tropel de chivos.
Junto a la ruta se ven algunos pequeños cementerios cercados por un muro de adobe, tras el cual sobresalen coloridas cruces decoradas con flores. Más adelante las tropillas de llamas le dan vida al paisaje de pastos ralos doblados por el viento. Hasta que en la lejanía se vislumbra el pueblo de San Antonio de los Cobres, apechugado en medio de un valle protector con cumbres que sobrepasan los 6500 metros. Es el comienzo de la altiplanicie de la Puna, un cambio de dimensión.
En San Antonio de los Cobres lo ideal es dormir una noche para no hacer tan largo el viaje hacia Tolar Grande, un pueblo todavía poco conocido con sólo 150 habitantes, donde están los paisajes más espectaculares de la Puna salteña.
Tolar Grande es una de las perlas escondidas de la Puna, el único lugar de esta gira a donde se requiere una camioneta 4x4 para llegar, especialmente en verano, época de lluvias. Pero quienes vayan con auto común pueden dejarlo estacionado y contratar una excursión de dos noches que la municipalidad de Tolar Grande ofrece como paquete completo desde San Antonio de los Cobres. El precio es de $ 800 por persona en base doble e incluye traslados, alojamiento en casa de familia, cinco comidas, desayuno y excursiones a Ojos de Mar, El Arenal y el espectacular Cono de Arita, una pirámide casi perfecta de origen natural. Se puede reservar en: www.tolargrande.gov.ar Tel.: 0387-155-332-912.
Luego de dos días en Tolar Grande hay que desandar el camino hasta San Antonio de los Cobres para retomar la Ruta 40 hacia el norte –de ripio en este tramo– rumbo a las Salinas Grandes, compartida por Salta y Jujuy.
Al acercarnos a las salinas la ruta se convierte en una recta larguísima que divide por la mitad ese “mar blanco” que asemejan las Salinas Grandes. La llegada es deslumbrante. Allí no hay un solo arbusto, ni una rama seca, ni vestigio aparente de vida. Es una planicie perfecta donde sólo se vislumbra un suelo liso y radiante, con resquebrajamientos en forma de pentágono que se reproducen con la exactitud matemática de una telaraña. La única excepción son unos misteriosos conos de sal –en realidad, acumulados por los trabajadores de la salina–, y unos piletones naturales de forma rectangular llenos de agua. Y difícilmente otro paisaje norteño pueda transmitir mejor la idea de la nada más absoluta.
El siguiente destino del viaje es el pueblo de Purmamarca, aunque al dejar atrás la salina se puede hacer primero un desvío a la izquierda en la ruta 52 para visitar el pintoresco pueblito de Susques, un trayecto totalmente pavimentado. Al llegar a Susques –a 3896 metros de altura y al fondo de una pequeña hoya rodeada de mesetas– se descubre un pueblito con calles de tierra y casas de adobe que al mediodía parece desierto. El atractivo principal de este pueblo de un millar de habitantes es su pequeña iglesia de adobe del siglo XVI. La iglesia Nuestra Señora de Belén de Susques tiene un muro perimetral con un arco de entrada que, al igual que los techos de la iglesia, está cubierto con una torta de arcilla y paja. Por dentro, tiene vigas de cardón unidas con tientos de llama y piso de tierra. En Susques se puede dormir o desandar el camino hasta el cruce con la Ruta 40 y seguir por la misma 52 hasta el pueblo de Purmamarca, recorriendo los caracoleos de la espectacular Cuesta de Lipán, totalmente asfaltada.
En Purmamarca está el famoso arco iris de piedra del Cerro de Siete Colores, con sus zigzagueantes franjas de minerales. Sus callecitas de tierra suben a la montaña y las casas de adobe parecen brotar de la tierra. A simple vista pareciera que el tiempo no roza este pueblo fundado en 1594, que mantiene mejor que ningún otro su arquitectura colonial. Unas veinte manzanas se arremolinan alrededor de una plaza con un cabildo y una iglesia, cuya fecha de construcción está cincelada en el dintel de madera de la entrada: 1648.
Luego de una noche en Purmamarca se toma la RN 9 que recorre la Quebrada de Humahuaca, pasando por el cerro Paleta del Pintor en Maimará hasta llegar al pueblo de Tilcara, famoso por su pukará. En Tilcara hay muy buenas peñas folclóricas y variedad de posadas y hosterías, así que se justifica dormir allí o si no seguir viaje hasta la ciudad de Humahuaca, a una hora y media de viaje.
Humahuaca es casi una ciudad cuyas callecitas empedradas se van iluminando al atardecer con los faroles coloniales de hierro forjado clavados en las paredes de adobe. También es la sede principal del famoso Carnaval de la Quebrada, y quien no venga para esa fecha igual puede tener un acercamiento a esa fiesta visitando el Museo Folklórico Regional, con una muestra de instrumentos y disfraces.
Iruya, al final de la ruta
El último tramo de este viaje es hasta el pueblo de Iruya, que si bien está en Salta, se llega desde la Quebrada de Humahuaca hacia el norte.
Al abandonar la famosa Quebrada se acaba el pavimento y comienza un
ripio en muy buen estado, primero por la RN 9 y luego la RP 133. En
total son 70 kilómetros –sólo 52 de ripio–, que también se pueden hacer
en colectivo gracias a la línea diaria que une Humahuaca
con Iruya, si es que uno no quiere poner en riesgo su auto. Hay que
tener en cuenta que al ser el verano la época de lluvias –suelen ser
lluvias cortas– a veces el camino se corta por unas horas justo llegando
a Iruya, ya que lo cruza un arroyito. Y con mala suerte uno puede
quedar varado dentro del pueblo a lo sumo un día en Iruya sin poder
salir. Pero eso no es impedimento para el viaje.
El camino a Iruya sube hasta los 4000 metros en el Abra del Cóndor, justo el límite entre Salta y Jujuy. Entonces la ruta comienza a bajar en zigzag mientras se encienden los colores vivos de los cerros y tras la ventanilla se ven senderitos que trazan líneas diagonales en la montaña. A lo lejos proliferan pircas rectangulares y circulares, y aparecen manadas de llamas, cabras y ovejas con su pastorcito atrás.
Hasta Iruya desde el abra son 19 deslumbrantes kilómetros bajando a los 2800 metros, la altura del pueblo. Al costado de la ruta también baja el río Colanzulí, mientras Iruya se hace desear. Después de cada curva el viajero espera encontrarse la famosa iglesita de 1753, pero siempre falta una vuelta más. Hasta que aparece, iluminada por el sol, en la parte baja de un valle muy cerrado, una especie de anfiteatro descomunal con gradas multicolores
Datos útiles
- Una de las cuestiones que tiran atrás a algunos viajeros es el clima
veraniego en el noroeste. Desde ya que otras estaciones son más
agradables, pero hay que tener en cuenta también que, salvo la capital
tucumana, los lugares propuestos en esta nota son todos elevados y
además secos, es decir que en la noche refresca mucho y durante el día
la falta de humedad hace el calor mucho más llevadero.
- En el noroeste el alquiler de una camioneta 4x4 cuesta entre $ 600 y 700 por día. Un auto común cuesta desde $ 480 por día.
- La época de lluvia no impide para nada este viaje, pero hay que tener en cuenta que Defensa Civil –que tiene un fuerte trabajo de control en la zona y permanentemente arregla los caminos con máquinas después de cada lluvia– a veces corta el tránsito durante las lluvias en prevención de derrumbes o porque algún arroyito que baja de la montaña está muy cargado. Pero suelen ser cortes de pocas horas y uno puede estar informado todo el tiempo llamando al 911, que deriva los llamados a las oficinas de vialidad de Salta.
Fuente: Página 12 Turismo
En vacaciones de verano muchos viajeros acostumbran hacer travesías largas por alguna de las diversas regiones de nuestro país. Pueden partir rumbo a Cuyo, o a la Mesopotamia o hacer un recorrido por zonas de la Patagonia. El otro de los grandes viajes en nuestra vasta Argentina es el noroeste, donde se siente con mayor intensidad el latido originario de las culturas autóctonas, mientras se atraviesan sus coloridos paisajes. En el NOA hay además una religiosidad popular andina muy diferente a otras, una música propia cuyo origen se remonta a tiempos prehispánicos y se viven algunas de las fiestas populares más alegres del país. A continuación, un viaje de 15 días por las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy –Catamarca queda ya para otro viaje– como para llevarse una idea general de la región, siempre con la idea de volver. Porque cada provincia justifica un viaje en sí mismo –siempre va a haber un viaje más a fondo por donde uno pase– de al menos una semana cada uno. El viaje sugerido aquí se puede hacer en auto o en transporte público en su mayor parte.
Desde Tucumán
Desde Buenos Aires hasta San Miguel de Tucumán
hay 1310 kilómetros –por ruta, unas 15 horas en promedio–, así que si
se viaja con vehículo propio lo normal es pasar una noche en la ciudad de Córdoba.
En la segunda jornada, si el cansancio no abruma y el calendario marca
día sábado, se justifica en el camino una parada en el pueblo de Simoca
para visitar su histórica feria de campo.El mercado de Simoca es teóricamente el más antiguo del país, ya que su origen se remonta al tiempo de la colonia, cuando en el siglo XVII el mismo espacio físico era una feria semanal donde había una posta de caballos y se comerciaba con la ley del trueque (que en algunos casos todavía se aplica, entre amigos). Este mercado a cielo abierto funciona todos los sábados desde hace ya más de 300 años, y gran parte de las personas que hacen compras llegan en coloridos sulkies que a veces suman más de un centenar estacionados en las calles de alrededor.
En la capital tucumana es casi una obligación patriótica visitar la Casa de Tucumán –en la noche se hace un sugerente recorrido con un espectáculo de luz y sonido inspirado en la firma del acta de la Independencia– y se puede dormir en esa ciudad o seguir viaje 107 kilómetros más hasta Tafí del Valle para pasar una o dos noches.
La parte final del trayecto entre San Miguel y Tafí del Valle toma la RP 307 para subir por un camino de cornisa a través de las montañas del “monte tucumano”, entre cañaverales y cascadas que brotan de manantiales en las alturas. Cada tanto aparece algún lapacho florecido de color fucsia y la vegetación se hace cada vez más tupida, hasta que el verdor estalla en una profusión de helechos, lianas y árboles de gran porte con plantas colgantes.
Cerca de los dos mil metros de altura sobre el nivel del mar, la vegetación decae. Ya casi no hay árboles, pero toman la posta los cardones, esos cactus gigantes que se elevan hacia el cielo como dedos acusadores. Alrededor de la ruta se levantan grandes montañas cubiertas por un suave manto verde y cada tanto se ven bajar baqueanos a caballo desde las alturas de los cerros.
El Valle de Tafí aparece de pronto, tras una curva, donde el sol cae a pleno sobre el agua del embalse La Angostura. Los calchaquíes denominaban Taktillakta (pueblo de entrada espléndida) al antiguo Tafí, donde algunos cardones crecen entre las casas superándolas en altura. También se ven caballos pastando a una cuadra del centro, llamas en los patios de algunas casas y se oye el canto de los gallos. Desde el pueblo se visita el Parque de los Menhires –una serie de piedra aborígenes talladas–, el casco de una vieja estancia y se organizan salidas a caballo y en 4x4.
De Tafí del Valle uno debería irse cuando le den ganas –lo ideal es viajar sin un cronograma estricto–, siguiendo hacia el norte para pasar por Amaicha del Valle y empalmar con la Ruta 40 en menos de una hora, justo antes de uno de los puntos culminantes de este viaje: las ruinas de la antigua ciudad de los indios quilmes, conformada por una serie de terrazas escalonadas sobre los faldeos del cerro Alto Rey. El segmento restaurado es apenas una parte de lo que fue una “gran ciudad” indígena que llegó a albergar a 3 mil personas. Basta con internarse un poco en la maleza para toparse con infinidad de montículos de piedra que alguna vez fueron parte de las gruesas paredes de las casas indígenas.
La ciudad de los quilmes fue uno de los asentamientos prehispánicos más importantes del país. Solamente la base de las casas fue reconstruida, utilizando las mismas piedras que yacían amontonadas en el sitio. Vista desde las alturas del cerro, la ciudad se asemeja a un complejo laberinto de cuadrículas de hasta 70 metros de largo, que servían de andenes de cultivo, depósitos y corrales para las llamas. Hay también numerosas casas de estructura circular que estaban techadas con paja. Se calcula que el lugar comenzó a poblarse alrededor del siglo IX d.C., y a mediados del siglo XVII unas 10 mil personas vivían en los territorios de los alrededores.
Rumbo a Salta
De regreso en la legendaria Ruta 40 el siguiente destino es el pueblo salteño de Cafayate,
donde se puede hacer noche y dedicar el día siguiente a visitar alguna
bodega de vino torrontés y la Quebrada de las Flechas, donde brotan de
la tierra unas placas sedimentarias que se quebraron por el surgimiento
de las montañas y ahora apuntan al cielo sus filosas puntas.Dos noches son el mínimo necesario para respirar el ambiente pueblerino y colonial de Cafayate. La excursión más impactante por sus paisajes es a la Quebrada de las Conchas por la RN 68 que es también uno de los dos caminos posibles hasta la ciudad de Salta, aunque si se regresa por allí se pierde de visitar los pueblos de Cachi y Molinos, que están en la vía alternativa. Entonces la solución es recorrer la primera mitad de esta quebrada –unos 30 sinuosos kilómetros– para visitar las impresionantes formaciones sedimentarias de la Garganta del Diablo y El Anfiteatro y luego regresar de nuevo a Cafayate. La Quebrada de las Conchas está totalmente asfaltada hasta Salta –a diferencia de la opción por la Ruta 40 desde Cafayate–, así que es una opción para quienes le teman al ripio.
Desde Cafayate, la Ruta 40 conduce hacia el norte por los pintorescos pueblitos coloniales de Molinos y Cachi, lugares ideales para pernoctar en el silencio absoluto de las noches (muchos optan por seguir hasta la ciudad de Salta y disfrutar de la movida nocturna de peñas folclóricas como La Vieja Estación y la Casona del Molino). Desde Cafayate a Cachi la 40 es de ripio y luego hasta Salta está casi toda pavimentada.
Para llegar a la ciudad de Salta se abandona la Ruta 40 y se toma la nacional 33 que en la Recta de Tin Tin atraviesa el Parque Nacional Los Cardones y luego sube por los caminos de cornisa de los Valles Calchaquíes hasta los 3348 metros en la Piedra del Molino, donde se comienza a descender por la espectacular Cuesta del Obispo. Desde la ruta se divisa la Precordillera de los Andes y la cumbre del Nevado de Cachi, que con sus 6720 metros es la segunda más alta del país luego del Aconcagua.
Hacia la Puna
Salta es la
capital más bonita del noroeste, y además de su vida nocturna y
edificios coloniales tiene circuitos en sus alrededores como la Quebrada
de San Lorenzo, además de la excursión llamada Movitrack que hace por tierra un recorrido en paralelo al Tren a las Nubes.
Esta excursión –igual que el tren– tiene como destino final el pueblo
de San Antonio de los Cobres, que es la siguiente parada de este
periplo. Por eso, quienes no tengan auto propio pueden tomar cualquiera
de estas dos excursiones y bajarse en San Antonio a pasar una noche (en
ambos casos se debe pagar la excursión completa).A San Antonio de los Cobres se llega por la RN 51 –70 por ciento pavimentada– en unas cuatro horas desde Salta. Al costado del camino aparecen caseríos extraviados en medio de la nada, con apenas unas casas de adobe con techo de paja. Unos llamativos corrales pircados forman cuadrículas en medio de la inmensidad arenosa, donde cada tanto aparece algún pastor de poncho rojo y sombrero ovejón arreando un tropel de chivos.
Junto a la ruta se ven algunos pequeños cementerios cercados por un muro de adobe, tras el cual sobresalen coloridas cruces decoradas con flores. Más adelante las tropillas de llamas le dan vida al paisaje de pastos ralos doblados por el viento. Hasta que en la lejanía se vislumbra el pueblo de San Antonio de los Cobres, apechugado en medio de un valle protector con cumbres que sobrepasan los 6500 metros. Es el comienzo de la altiplanicie de la Puna, un cambio de dimensión.
En San Antonio de los Cobres lo ideal es dormir una noche para no hacer tan largo el viaje hacia Tolar Grande, un pueblo todavía poco conocido con sólo 150 habitantes, donde están los paisajes más espectaculares de la Puna salteña.
Tolar Grande es una de las perlas escondidas de la Puna, el único lugar de esta gira a donde se requiere una camioneta 4x4 para llegar, especialmente en verano, época de lluvias. Pero quienes vayan con auto común pueden dejarlo estacionado y contratar una excursión de dos noches que la municipalidad de Tolar Grande ofrece como paquete completo desde San Antonio de los Cobres. El precio es de $ 800 por persona en base doble e incluye traslados, alojamiento en casa de familia, cinco comidas, desayuno y excursiones a Ojos de Mar, El Arenal y el espectacular Cono de Arita, una pirámide casi perfecta de origen natural. Se puede reservar en: www.tolargrande.gov.ar Tel.: 0387-155-332-912.
Luego de dos días en Tolar Grande hay que desandar el camino hasta San Antonio de los Cobres para retomar la Ruta 40 hacia el norte –de ripio en este tramo– rumbo a las Salinas Grandes, compartida por Salta y Jujuy.
Al acercarnos a las salinas la ruta se convierte en una recta larguísima que divide por la mitad ese “mar blanco” que asemejan las Salinas Grandes. La llegada es deslumbrante. Allí no hay un solo arbusto, ni una rama seca, ni vestigio aparente de vida. Es una planicie perfecta donde sólo se vislumbra un suelo liso y radiante, con resquebrajamientos en forma de pentágono que se reproducen con la exactitud matemática de una telaraña. La única excepción son unos misteriosos conos de sal –en realidad, acumulados por los trabajadores de la salina–, y unos piletones naturales de forma rectangular llenos de agua. Y difícilmente otro paisaje norteño pueda transmitir mejor la idea de la nada más absoluta.
El siguiente destino del viaje es el pueblo de Purmamarca, aunque al dejar atrás la salina se puede hacer primero un desvío a la izquierda en la ruta 52 para visitar el pintoresco pueblito de Susques, un trayecto totalmente pavimentado. Al llegar a Susques –a 3896 metros de altura y al fondo de una pequeña hoya rodeada de mesetas– se descubre un pueblito con calles de tierra y casas de adobe que al mediodía parece desierto. El atractivo principal de este pueblo de un millar de habitantes es su pequeña iglesia de adobe del siglo XVI. La iglesia Nuestra Señora de Belén de Susques tiene un muro perimetral con un arco de entrada que, al igual que los techos de la iglesia, está cubierto con una torta de arcilla y paja. Por dentro, tiene vigas de cardón unidas con tientos de llama y piso de tierra. En Susques se puede dormir o desandar el camino hasta el cruce con la Ruta 40 y seguir por la misma 52 hasta el pueblo de Purmamarca, recorriendo los caracoleos de la espectacular Cuesta de Lipán, totalmente asfaltada.
En Purmamarca está el famoso arco iris de piedra del Cerro de Siete Colores, con sus zigzagueantes franjas de minerales. Sus callecitas de tierra suben a la montaña y las casas de adobe parecen brotar de la tierra. A simple vista pareciera que el tiempo no roza este pueblo fundado en 1594, que mantiene mejor que ningún otro su arquitectura colonial. Unas veinte manzanas se arremolinan alrededor de una plaza con un cabildo y una iglesia, cuya fecha de construcción está cincelada en el dintel de madera de la entrada: 1648.
Luego de una noche en Purmamarca se toma la RN 9 que recorre la Quebrada de Humahuaca, pasando por el cerro Paleta del Pintor en Maimará hasta llegar al pueblo de Tilcara, famoso por su pukará. En Tilcara hay muy buenas peñas folclóricas y variedad de posadas y hosterías, así que se justifica dormir allí o si no seguir viaje hasta la ciudad de Humahuaca, a una hora y media de viaje.
Humahuaca es casi una ciudad cuyas callecitas empedradas se van iluminando al atardecer con los faroles coloniales de hierro forjado clavados en las paredes de adobe. También es la sede principal del famoso Carnaval de la Quebrada, y quien no venga para esa fecha igual puede tener un acercamiento a esa fiesta visitando el Museo Folklórico Regional, con una muestra de instrumentos y disfraces.
Iruya, al final de la ruta
El último tramo de este viaje es hasta el pueblo de Iruya, que si bien está en Salta, se llega desde la Quebrada de Humahuaca hacia el norte.
Al abandonar la famosa Quebrada se acaba el pavimento y comienza un
ripio en muy buen estado, primero por la RN 9 y luego la RP 133. En
total son 70 kilómetros –sólo 52 de ripio–, que también se pueden hacer
en colectivo gracias a la línea diaria que une Humahuaca
con Iruya, si es que uno no quiere poner en riesgo su auto. Hay que
tener en cuenta que al ser el verano la época de lluvias –suelen ser
lluvias cortas– a veces el camino se corta por unas horas justo llegando
a Iruya, ya que lo cruza un arroyito. Y con mala suerte uno puede
quedar varado dentro del pueblo a lo sumo un día en Iruya sin poder
salir. Pero eso no es impedimento para el viaje.El camino a Iruya sube hasta los 4000 metros en el Abra del Cóndor, justo el límite entre Salta y Jujuy. Entonces la ruta comienza a bajar en zigzag mientras se encienden los colores vivos de los cerros y tras la ventanilla se ven senderitos que trazan líneas diagonales en la montaña. A lo lejos proliferan pircas rectangulares y circulares, y aparecen manadas de llamas, cabras y ovejas con su pastorcito atrás.
Hasta Iruya desde el abra son 19 deslumbrantes kilómetros bajando a los 2800 metros, la altura del pueblo. Al costado de la ruta también baja el río Colanzulí, mientras Iruya se hace desear. Después de cada curva el viajero espera encontrarse la famosa iglesita de 1753, pero siempre falta una vuelta más. Hasta que aparece, iluminada por el sol, en la parte baja de un valle muy cerrado, una especie de anfiteatro descomunal con gradas multicolores
Datos útiles
- Una de las cuestiones que tiran atrás a algunos viajeros es el clima
veraniego en el noroeste. Desde ya que otras estaciones son más
agradables, pero hay que tener en cuenta también que, salvo la capital
tucumana, los lugares propuestos en esta nota son todos elevados y
además secos, es decir que en la noche refresca mucho y durante el día
la falta de humedad hace el calor mucho más llevadero.- En el noroeste el alquiler de una camioneta 4x4 cuesta entre $ 600 y 700 por día. Un auto común cuesta desde $ 480 por día.
- La época de lluvia no impide para nada este viaje, pero hay que tener en cuenta que Defensa Civil –que tiene un fuerte trabajo de control en la zona y permanentemente arregla los caminos con máquinas después de cada lluvia– a veces corta el tránsito durante las lluvias en prevención de derrumbes o porque algún arroyito que baja de la montaña está muy cargado. Pero suelen ser cortes de pocas horas y uno puede estar informado todo el tiempo llamando al 911, que deriva los llamados a las oficinas de vialidad de Salta.
Fuente: Página 12 Turismo
Todos los paisajes rodean a la Quebrada de Humahuaca
Hablar de la pequeña provincia norteña con forma de zapato siempre
remite a los paisajes de la mítica Quebrada y de la Puna, pero Jujuy
tiene mucho más para ofrecer y el verano es una estación perfecta para
lanzarse a descubrir caminos que, además de mágica aridez, profunda
historia y andinos festejos de carnaval, pueden ofrecer misteriosas y
húmedas selvas en la región de las Yungas, lagunas de altura y termas en torno de la zona sureña de los Valles, y la magia de las Salinas Grandes.
No hay duda de que Purmamarca y su Cerro de los Siete Colores son un imperdible de Jujuy. La foto de ese pequeño pueblo de origen precolonial, casi pegado a la enorme piedra multicolor, ha recorrido el mundo con justa razón. Especialmente luego de que en 2003 la Quebrada de Humahuaca fuera declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la Unesco.
Tilcara es otra de las perlas jujeñas, con sus casas de adobe y paja. Aunque últimamente muy trajinada por el turismo, se erige como cabecera para recorrer la provincia a lo largo de la Ruta Nacional 9. La ciudad combina simplicidad con cantidad y variedad de servicios y hospedajes de alto nivel. Es la Capital Arqueológica de la provincia, ya que cuenta con el famoso Pucará.
Humahuaca
Con Humahuaca se termina de armar la trinidad turística de la Quebrada. Es el pueblo más grande y autóctono de la región, con pequeñas callecitas empedradas y su increíble Iglesia de la Candelaria, de 1641. Allí se encuentra, además, el único punto de partida hacia otro destino único: Iruya, que por los caprichos de la cartografía queda en territorio de la provincia de Salta.
Las Salinas Grandes es otro de los paisajes más buscados. A 190 kilómetros de la ciudad de San Salvador de Jujuy ocupan más de 12 mil hectáreas de la Puna con un eterno mar de penetrante blancura.
En las antípodas de la aridez se encuentra el sorprendente Parque Nacional Calilegua, en el sudeste provincial, que reúne uno de los ambientes de mayor biodiversidad del país, en un ecosistema de máxima humedad y verdor.
La vegetación también domina en la región de los Valles, cerca de San Salvador, donde se destaca el Hotel Termas de Reyes, un hermoso destino, ya que se trata de un hotel y spa de lujo en medio de un paisaje de montaña y al pie del Parque Provincial Potrero de Yala, que abarca un encadenamiento de lagunas de altura. La lista de destinos jujeños se extiende aún más allá, con la ventaja de estar próximos entre sí, a pesar de su diversidad.
Si la curiosidad acompaña, también son recomendables visitas a sitios como La Quiaca, en la frontera con Bolivia; al cercano pueblo de Yavi, que se remonta a mediados de 1600; y a Susques, el mirador de la Puna Sur, con acceso por la Cuesta de Lipán.
Fuente: Ambito
No hay duda de que Purmamarca y su Cerro de los Siete Colores son un imperdible de Jujuy. La foto de ese pequeño pueblo de origen precolonial, casi pegado a la enorme piedra multicolor, ha recorrido el mundo con justa razón. Especialmente luego de que en 2003 la Quebrada de Humahuaca fuera declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la Unesco.
Tilcara es otra de las perlas jujeñas, con sus casas de adobe y paja. Aunque últimamente muy trajinada por el turismo, se erige como cabecera para recorrer la provincia a lo largo de la Ruta Nacional 9. La ciudad combina simplicidad con cantidad y variedad de servicios y hospedajes de alto nivel. Es la Capital Arqueológica de la provincia, ya que cuenta con el famoso Pucará.
Humahuaca
Con Humahuaca se termina de armar la trinidad turística de la Quebrada. Es el pueblo más grande y autóctono de la región, con pequeñas callecitas empedradas y su increíble Iglesia de la Candelaria, de 1641. Allí se encuentra, además, el único punto de partida hacia otro destino único: Iruya, que por los caprichos de la cartografía queda en territorio de la provincia de Salta.
Las Salinas Grandes es otro de los paisajes más buscados. A 190 kilómetros de la ciudad de San Salvador de Jujuy ocupan más de 12 mil hectáreas de la Puna con un eterno mar de penetrante blancura.
En las antípodas de la aridez se encuentra el sorprendente Parque Nacional Calilegua, en el sudeste provincial, que reúne uno de los ambientes de mayor biodiversidad del país, en un ecosistema de máxima humedad y verdor.
La vegetación también domina en la región de los Valles, cerca de San Salvador, donde se destaca el Hotel Termas de Reyes, un hermoso destino, ya que se trata de un hotel y spa de lujo en medio de un paisaje de montaña y al pie del Parque Provincial Potrero de Yala, que abarca un encadenamiento de lagunas de altura. La lista de destinos jujeños se extiende aún más allá, con la ventaja de estar próximos entre sí, a pesar de su diversidad.
Si la curiosidad acompaña, también son recomendables visitas a sitios como La Quiaca, en la frontera con Bolivia; al cercano pueblo de Yavi, que se remonta a mediados de 1600; y a Susques, el mirador de la Puna Sur, con acceso por la Cuesta de Lipán.
Fuente: Ambito
De fiesta en fiesta por el Norte Argentino
Pasito intermedio entre Purmamarca y Tilcara, Maimará
parece encender aún más los suelos y se consolida como un nuevo destino
de renombre en pleno centro de la quebrada, a 2383 m.s.n.m. Al llegar,
el pueblo llama la atención en varios aspectos, en especial por el
cementerio: emplazado en la altura de un cerro, ese lugar destacado y
más cercano al Tata Inti es especial para los que ya se han ido. Ese
sitio central, adornado con flores de papel, lejos de ser un espacio
apartado es parte de la escena diaria del pueblo.
A nivel paisajístico, Maimará tiene a sus espaldas un cerro parecido al Siete Colores, llamado turísticamente Paleta del Pintor, desde donde se oyen pasar las aguas del Grande. Acá se vive el Carnaval con todo, visitado por las tradicionales comparsas y otros festejos con música folklórica en celebraciones y encuentros gastronómico-culturales como el Festival del Choclo. Cerca, la antigua casona colonial Hornillos –que fuera posta obligada en la ruta que unía el Alto Perú con el Virreinato del Río de la Plata, y donde descansó el general Belgrano tras las victorias de Salta y Tucumán– abre sus puertas de museo para repasar la historia.
Cabecera del departamento, Tilcara espera ocho kilómetros más al norte. Radiante, invita a bailar y festejar la vida en cada rincón. Lugar de baile hasta la madrugada y eje de borracheras épicas, El Quincho, a la vuelta de la plaza central, convoca a jóvenes y adultos a puro carnavalito, mientras algunas bandas de “otro palo” llegan con el controvertido y multitudinario Enero Tilcareño. Sea como sea, la música vive día y noche aquí como el sonido del agua del Huasamayo. De fuerte impronta colonial, las calles centrales muestran enormes baldosones hexagonales y fachadas tradicionales con faroles de hierro negro que se encienden cuando cae la tarde, y entonces el clima es aún más acogedor para quien visita. Conocida como “capital arqueológica de la provincia”, Tilcara tiene como visita ineludible el famoso Pukará, la mejor conservada de una serie de fortalezas indígenas de la época preincaica, y otros museos a cielo abierto para desandar el camino de quienes pisaron estos suelos hace miles de años. Cuentan por ahí que sus ancestros eran también expertos tejedores y alfareros, y esas enseñanzas se han trasladado a los puesteros que hoy exponen sus creaciones en el mercado de la plaza central. A nivel aventura también hay qué hacer, desde las cabalgatas al rapel en otro de los circuitos recomendables: la Garganta del Diablo. Allí se baja por la gruta donde pasa el agua que llega a la ciudad, tras dos horas de caminata por senderos semi marcados que se internan entre los cerros. El destino final busca una gran cascada que al caer genera una olla perfecta, y es premio de quienes llegan exhaustos buscando refrescarse antes de regresar.
Fuente: Página 12 Turismo
A nivel paisajístico, Maimará tiene a sus espaldas un cerro parecido al Siete Colores, llamado turísticamente Paleta del Pintor, desde donde se oyen pasar las aguas del Grande. Acá se vive el Carnaval con todo, visitado por las tradicionales comparsas y otros festejos con música folklórica en celebraciones y encuentros gastronómico-culturales como el Festival del Choclo. Cerca, la antigua casona colonial Hornillos –que fuera posta obligada en la ruta que unía el Alto Perú con el Virreinato del Río de la Plata, y donde descansó el general Belgrano tras las victorias de Salta y Tucumán– abre sus puertas de museo para repasar la historia.
Cabecera del departamento, Tilcara espera ocho kilómetros más al norte. Radiante, invita a bailar y festejar la vida en cada rincón. Lugar de baile hasta la madrugada y eje de borracheras épicas, El Quincho, a la vuelta de la plaza central, convoca a jóvenes y adultos a puro carnavalito, mientras algunas bandas de “otro palo” llegan con el controvertido y multitudinario Enero Tilcareño. Sea como sea, la música vive día y noche aquí como el sonido del agua del Huasamayo. De fuerte impronta colonial, las calles centrales muestran enormes baldosones hexagonales y fachadas tradicionales con faroles de hierro negro que se encienden cuando cae la tarde, y entonces el clima es aún más acogedor para quien visita. Conocida como “capital arqueológica de la provincia”, Tilcara tiene como visita ineludible el famoso Pukará, la mejor conservada de una serie de fortalezas indígenas de la época preincaica, y otros museos a cielo abierto para desandar el camino de quienes pisaron estos suelos hace miles de años. Cuentan por ahí que sus ancestros eran también expertos tejedores y alfareros, y esas enseñanzas se han trasladado a los puesteros que hoy exponen sus creaciones en el mercado de la plaza central. A nivel aventura también hay qué hacer, desde las cabalgatas al rapel en otro de los circuitos recomendables: la Garganta del Diablo. Allí se baja por la gruta donde pasa el agua que llega a la ciudad, tras dos horas de caminata por senderos semi marcados que se internan entre los cerros. El destino final busca una gran cascada que al caer genera una olla perfecta, y es premio de quienes llegan exhaustos buscando refrescarse antes de regresar.
Fuente: Página 12 Turismo
Jujuy, es un mágico mundo de selvas y montañas
"Lo mejor de Jujuy todavía no se conoce”.
La frase esbozada por el presidente de la Cámara de Turismo de la
provincia, Joaquín Carrillo, es el preámbulo del recorrido. Parece
chocante y hasta exagerada, pero con el correr del viaje, la declaración
toma cada vez más fuerza. Después de poner muchos años a la Puna y la Quebrada en lo más alto del escalafón, pareciera que Jujuy
desempolva una región magnífica y con una geografía única, que todavía
no está en boca de los miles de turistas que todos los años llegan al
Noroeste del país.
Las Yungas, también conocidas como selvas de montaña o nuboselvas, junto a los circuitos de valles, son algo así como la otra cara de la región. Declaradas Reservas de la Biósfera, las Yungas –de clima cálido y húmedo– cobijan una incansable diversidad de vegetación (lapachos, arrayanes, cedros, entre tantos) y especies animales como el huemul andino, agutí rojizo y gatos monteses, difíciles de encontrar en otras latitudes.
Los alisos del cerro caen sobre la ruta provincial 4 en el anuncio de la llegada al parque provincial Yala, situado a unos 27 kilómetros de San Salvador. El camino, empinado y de tierra, tiene su cuota de adrenalina, y la falta de asfalto tiene un por qué: algunas especies en extinción como la taruca no cruzarían la ruta si no fuera de tierra.
Desde las alturas
Un breve recorrido a unos 2.000 m sobre el nivel del mar –algunos
andinistas llegan hasta 4.000– alcanzan para descubrir la magia del
lugar. Desde lo alto se aprecian cinco lagunas, cuyo caudal depende de
las lluvias, que mayoritariamente llegan en verano. Estos espejos de
agua, entre bosques de alisos y pinos del cerro, son el complemento
perfecto para un lugar de ensueño.
En el Desaguadero, por ejemplo, la cría de truchas y pejerreyes es una actividad habitual. Una de las especies más valiosas que se puede encontrar aquí es el famoso y difícil mirlo de agua. Según los pobladores de la región, el mirlo es un parámetro de la limpieza que gobierna el Parque Yala, dado que estas aves permanecen cuando no hay contaminación.
El Parque Provincial es una aventura que puede comenzar o terminar en el pueblo de Yala (a 12 km de San Salvador), donde las casas de fines de semanas abundan y se combinan con una tranquilidad que hacen un combo tentador. También hay hospedajes lujosos como la Casona del Camino Real, algo así como un hotel boutique con servicios de piscina y spa. Y otro punto fijo, en Yala, es visitar el restaurante los Nogales. Se trata del criadero de truchas más grande de Jujuy, por lo que además de comer sus platos elaborados, se pueden visitar los piletones con más de 30 mil truchas. Los Nogales funcionó como coto de pesca hace 10 años, cuando la gente podía sacar su propio ejemplar, pesarlo, pagarlo y llevárselo a casa. Ahora, sábados y domingos al mediodía, los cocineros preparan en el lugar los platos elaborados. Se puede comer en un inmenso verde, con la custodia de un excelso lago (está permitida la pesca con mosca) y las comidas no superan los $ 40 o $ 45 por persona.
Casi sin caudal de agua, el río San Lorenzo recibe a esta altura del año a los visitantes aventureros que se acercan al Parque Nacional (la temperatura media anual es de 17 grados), que tiene una extensión de más de 76 mil hectáreas. La imagen del río semivacío induce a imaginarlo con sus aguas crecidas, confundido con la vegetación. Ideal para aventureros, amantes de la exploración sin miedo de cruzarse con un pecarí de collar o un yaguareté y los que se asombran al ver una vegetación que combina desde bromelias hasta plantas epífitas. También acuden los fanáticos del avistaje de aves: se calcula que aquí hay más de 300 especies.
Por sus múltiples senderos pedestres, contratar la guía de un operario en las cabinas de entrada permite hacer el recorrido de la Herradura, La Lagunita o Tapir, entre otros circuitos. Cuatro horas de esta compañía cotizan $ 180 para dos personas. Otra posibilidad es viajar en colectivo desde la terminal de San Martín, a las 8.30. Cuesta menos de $ 10 y hace el recorrido completo hasta Valle Grande, a más de 3.000 metros de altura. Se recomienda llevar repelente y calzado liviano para las abruptas subidas. En Libertador General San Martín –centro productivo de azúcar, papel y cítricos de Jujuy–, se puede recorrer el paseo de artesanos, que se valen de las bondades de la naturaleza para sus piezas. Por ejemplo, Blanca Tejerina crea floreros forrados con esponja vegetal, vajilla con arcilla e imitaciones de lapachos con las ramas. Recuerdos de una región inolvidable.
Fuente: Clarín Viajes
Las Yungas, también conocidas como selvas de montaña o nuboselvas, junto a los circuitos de valles, son algo así como la otra cara de la región. Declaradas Reservas de la Biósfera, las Yungas –de clima cálido y húmedo– cobijan una incansable diversidad de vegetación (lapachos, arrayanes, cedros, entre tantos) y especies animales como el huemul andino, agutí rojizo y gatos monteses, difíciles de encontrar en otras latitudes.
Los alisos del cerro caen sobre la ruta provincial 4 en el anuncio de la llegada al parque provincial Yala, situado a unos 27 kilómetros de San Salvador. El camino, empinado y de tierra, tiene su cuota de adrenalina, y la falta de asfalto tiene un por qué: algunas especies en extinción como la taruca no cruzarían la ruta si no fuera de tierra.
Desde las alturas
Un breve recorrido a unos 2.000 m sobre el nivel del mar –algunos
andinistas llegan hasta 4.000– alcanzan para descubrir la magia del
lugar. Desde lo alto se aprecian cinco lagunas, cuyo caudal depende de
las lluvias, que mayoritariamente llegan en verano. Estos espejos de
agua, entre bosques de alisos y pinos del cerro, son el complemento
perfecto para un lugar de ensueño.En el Desaguadero, por ejemplo, la cría de truchas y pejerreyes es una actividad habitual. Una de las especies más valiosas que se puede encontrar aquí es el famoso y difícil mirlo de agua. Según los pobladores de la región, el mirlo es un parámetro de la limpieza que gobierna el Parque Yala, dado que estas aves permanecen cuando no hay contaminación.
El Parque Provincial es una aventura que puede comenzar o terminar en el pueblo de Yala (a 12 km de San Salvador), donde las casas de fines de semanas abundan y se combinan con una tranquilidad que hacen un combo tentador. También hay hospedajes lujosos como la Casona del Camino Real, algo así como un hotel boutique con servicios de piscina y spa. Y otro punto fijo, en Yala, es visitar el restaurante los Nogales. Se trata del criadero de truchas más grande de Jujuy, por lo que además de comer sus platos elaborados, se pueden visitar los piletones con más de 30 mil truchas. Los Nogales funcionó como coto de pesca hace 10 años, cuando la gente podía sacar su propio ejemplar, pesarlo, pagarlo y llevárselo a casa. Ahora, sábados y domingos al mediodía, los cocineros preparan en el lugar los platos elaborados. Se puede comer en un inmenso verde, con la custodia de un excelso lago (está permitida la pesca con mosca) y las comidas no superan los $ 40 o $ 45 por persona.
Casi sin caudal de agua, el río San Lorenzo recibe a esta altura del año a los visitantes aventureros que se acercan al Parque Nacional (la temperatura media anual es de 17 grados), que tiene una extensión de más de 76 mil hectáreas. La imagen del río semivacío induce a imaginarlo con sus aguas crecidas, confundido con la vegetación. Ideal para aventureros, amantes de la exploración sin miedo de cruzarse con un pecarí de collar o un yaguareté y los que se asombran al ver una vegetación que combina desde bromelias hasta plantas epífitas. También acuden los fanáticos del avistaje de aves: se calcula que aquí hay más de 300 especies.
Por sus múltiples senderos pedestres, contratar la guía de un operario en las cabinas de entrada permite hacer el recorrido de la Herradura, La Lagunita o Tapir, entre otros circuitos. Cuatro horas de esta compañía cotizan $ 180 para dos personas. Otra posibilidad es viajar en colectivo desde la terminal de San Martín, a las 8.30. Cuesta menos de $ 10 y hace el recorrido completo hasta Valle Grande, a más de 3.000 metros de altura. Se recomienda llevar repelente y calzado liviano para las abruptas subidas. En Libertador General San Martín –centro productivo de azúcar, papel y cítricos de Jujuy–, se puede recorrer el paseo de artesanos, que se valen de las bondades de la naturaleza para sus piezas. Por ejemplo, Blanca Tejerina crea floreros forrados con esponja vegetal, vajilla con arcilla e imitaciones de lapachos con las ramas. Recuerdos de una región inolvidable.
Fuente: Clarín Viajes
Humahuaca y la quebrada
La R.N. 9 sigue camino ascendente hasta Huacalera, el
establecimiento colonial más antiguo de la quebrada, donde existen
varios yacimientos arqueológicos y edificaciones del siglo XVII junto al
curioso monolito que indica el cruce del Trópico de Capricornio. A casi
3000 m.s.n.m., la posta siguiente es Uquía,
también escenario de reservas arqueológicas, ruinas y pircas de una
población indígena prehispánica asentada en Peñas Blancas y el rojísimo
cerro Las Señoritas, paso previo al fin del itinerario: Humahuaca.
Humahuaca es la ciudad cabecera y de mayor población de todo el territorio, y una suerte de resumen de todo lo vivido hasta aquí. Las casas de adobe y las calles estrechas dominan su pueblo adoquinado, con lugares que hablan de la historia reciente y antigua por igual. La plaza de la Independencia muestra al colosal indio de hierro apoyado en imágenes de los hombres que libraron aquella batalla: “Acá se recuerda que nuestro general (Manuel Belgrano) vistió los cardones como soldados y así asustó a los realistas”, cuenta Mario, un humahuaqueño de 14 años que acompaña a su madre a vender cerámicas, haciendo de guía y cantando unas coplas con su cajita con igual talento.
Comidas regionales como el locro, humitas y tamales no faltan en las peñas, siempre dispuestas a introducir a los invitados en la magia de la zamba, el ardor de la chacarera y la alegría de la saya. Esos y otros ritmos realzan la belleza de las mozas jujeñas y sus trenzas, y la destreza de los bailarines del pago, que a puro zapateo y mudanzas intentan conquistarlas. Para completar el abanico musiquero hay que llegar en época de carnavales aquí también, y entonces sentir en toda su expresión la celebración de la quebrada en el mes de febrero, cuando los ritmos son acompañados por las creencias y las vestimentas típicas. Finalmente la visita a la casa del maestro Ricardo Vilca, el entrañable músico andino que difundió sus ritmos en el mundo, es un imperdible local: cuando “La magia de mi raza” se enciende por las tardes-noches, se lo recuerda con la banda que supo ser dirigida por este fantástico cantante y compositor jujeño. Así es posible conocer uno de los legados históricos que ha permanecido en estas tierras como un documento inalterable, y al que es necesario regresar cada tanto.
Fuente: Página 12 Turismo
Humahuaca es la ciudad cabecera y de mayor población de todo el territorio, y una suerte de resumen de todo lo vivido hasta aquí. Las casas de adobe y las calles estrechas dominan su pueblo adoquinado, con lugares que hablan de la historia reciente y antigua por igual. La plaza de la Independencia muestra al colosal indio de hierro apoyado en imágenes de los hombres que libraron aquella batalla: “Acá se recuerda que nuestro general (Manuel Belgrano) vistió los cardones como soldados y así asustó a los realistas”, cuenta Mario, un humahuaqueño de 14 años que acompaña a su madre a vender cerámicas, haciendo de guía y cantando unas coplas con su cajita con igual talento.
Comidas regionales como el locro, humitas y tamales no faltan en las peñas, siempre dispuestas a introducir a los invitados en la magia de la zamba, el ardor de la chacarera y la alegría de la saya. Esos y otros ritmos realzan la belleza de las mozas jujeñas y sus trenzas, y la destreza de los bailarines del pago, que a puro zapateo y mudanzas intentan conquistarlas. Para completar el abanico musiquero hay que llegar en época de carnavales aquí también, y entonces sentir en toda su expresión la celebración de la quebrada en el mes de febrero, cuando los ritmos son acompañados por las creencias y las vestimentas típicas. Finalmente la visita a la casa del maestro Ricardo Vilca, el entrañable músico andino que difundió sus ritmos en el mundo, es un imperdible local: cuando “La magia de mi raza” se enciende por las tardes-noches, se lo recuerda con la banda que supo ser dirigida por este fantástico cantante y compositor jujeño. Así es posible conocer uno de los legados históricos que ha permanecido en estas tierras como un documento inalterable, y al que es necesario regresar cada tanto.
Fuente: Página 12 Turismo
Los primeros colores de la Quebrada
La mayoría de los medios de transporte que conectan Buenos Aires y otras ciudades con Jujuy llegan hasta la capital provincial, San Salvador de Jujuy,
aunque la quebrada comienza un poco más al norte sobre la R.N. 9, que
ladea el río Grande durante gran parte de su recorrido. El debut de
tonalidades lo establece el pueblo de Volcán, a 40 kilómetros de la
capital, donde llaman la atención el tinglado del ex Ferrocarril General
Belgrano y la vieja estación de estructura industrial inglesa, hoy
parte de la feria local con ropas, dulces, quesos y arte nativo en
múltiples formas. El antiguo Pukará y El Antigal (cementerio sagrado)
son dos lugares cercanos para conocer la cultura de la primera posta
quebradeña.
Unos 10 kilómetros arriba está Tumbaya, el primero de una serie de asentamientos prehispánicos de los indios omaguacas, que alcanzaron su esplendor en la región entre los años 850 y 1480 d.C., bajo el dominio de diferentes tribus. Estas fueron las que dieron nombre a las tierras que circundan al río Grande, formando su hogar en este suelo prodigioso. Como en casi toda la zona, la cosmovisión originaria andina convive hoy con creencias cristianas insertadas por los colonizadores europeos. En las propias estructuras es posible ver esa fusión, con cierto aire colonial en una arquitectura que suma adobe y cardón como algo natural. La iglesia de Tumbaya es un ejemplo: construida en 1796 conserva valiosas pinturas de la escuela cuzqueña, piezas de orfebrería y alabanzas al cura violinero San Francisco Solano, junto con otros ritos antiguos a la Pachamama.
Siguiendo el río y saliéndose de la R.N. 9 hacia el este, en la intersección de la R.N. 52 hace su presentación una de las tres localidades más famosas: Purmamarca. “Pueblo de tierra virgen”, en lengua aimara, la tierra del cerro De los Siete Colores porta un resplandor único e irrepetible. Es un tesoro que vale la pena cuidar y conservar lo más inalterable que se pueda, ya que desde hace unos años es desbordada cada verano por visitantes argentinos y extranjeros incrédulos ante tanta belleza. Y no es para menos: Purmamarca invita a tener los ojos bien abiertos y todos los sentidos alertan para absorber las sensaciones, las charlas con su gente, los sabores de ese suelo. Sus construcciones y el mercado de la plaza, lleno de mantas al telar, ollas de barro cocido, abrigos de lana de llama e instrumentos musicales, no dejan de asombrar a quien llega con ojos de ciudad, al igual que algunas costumbres más recientes, como la que ocurre en la parroquia Santa Rosa de Lima cuando cada tarde los “misachicos” cantan y bailan tomados de las manos al ritmo de quenas y tambores como rito previo a la misa.
Tamales, humitas y empanaditas caseras de carne, queso de cabra o mondongo se degustan con rapidez no solo porque todo tarda un poco más que en cualquier lado, sino por su infalible olor caserito. Ahí nomás, porque todo queda cerca, las peñas y los músicos de la plaza arman el espectáculo diario. Si es que no se llega a mediados de enero, cuando el Festival Coplero copa las callecitas de tierra bañadas en albahaca, harina, chicha y arsenales de coplas. Si bien es cierto que “no hay mejor viaje que el que se va improvisando día a día”, hay algunos clásicos imperdibles, entre ellos el Camino de los Colorados y las Salinas Grandes. El primero es un recorrido que enlaza y desnuda por delante y por detrás la gama de ocres, verdes, anaranjados, púrpuras y rosados que se combinan en las laderas del Siete Colores, contrastando su perfección con la aridez del paisaje. El segundo invita a la excursión por el desierto salino, siguiendo camino por la R.N. 52 hasta dar con la Cuesta de Lipán camino del Abra de Potrerillo, con el punto más alto en la ruta a 4170 m.s.n.m.
Fuente: Página 12 Turismo
Unos 10 kilómetros arriba está Tumbaya, el primero de una serie de asentamientos prehispánicos de los indios omaguacas, que alcanzaron su esplendor en la región entre los años 850 y 1480 d.C., bajo el dominio de diferentes tribus. Estas fueron las que dieron nombre a las tierras que circundan al río Grande, formando su hogar en este suelo prodigioso. Como en casi toda la zona, la cosmovisión originaria andina convive hoy con creencias cristianas insertadas por los colonizadores europeos. En las propias estructuras es posible ver esa fusión, con cierto aire colonial en una arquitectura que suma adobe y cardón como algo natural. La iglesia de Tumbaya es un ejemplo: construida en 1796 conserva valiosas pinturas de la escuela cuzqueña, piezas de orfebrería y alabanzas al cura violinero San Francisco Solano, junto con otros ritos antiguos a la Pachamama.
Siguiendo el río y saliéndose de la R.N. 9 hacia el este, en la intersección de la R.N. 52 hace su presentación una de las tres localidades más famosas: Purmamarca. “Pueblo de tierra virgen”, en lengua aimara, la tierra del cerro De los Siete Colores porta un resplandor único e irrepetible. Es un tesoro que vale la pena cuidar y conservar lo más inalterable que se pueda, ya que desde hace unos años es desbordada cada verano por visitantes argentinos y extranjeros incrédulos ante tanta belleza. Y no es para menos: Purmamarca invita a tener los ojos bien abiertos y todos los sentidos alertan para absorber las sensaciones, las charlas con su gente, los sabores de ese suelo. Sus construcciones y el mercado de la plaza, lleno de mantas al telar, ollas de barro cocido, abrigos de lana de llama e instrumentos musicales, no dejan de asombrar a quien llega con ojos de ciudad, al igual que algunas costumbres más recientes, como la que ocurre en la parroquia Santa Rosa de Lima cuando cada tarde los “misachicos” cantan y bailan tomados de las manos al ritmo de quenas y tambores como rito previo a la misa.
Tamales, humitas y empanaditas caseras de carne, queso de cabra o mondongo se degustan con rapidez no solo porque todo tarda un poco más que en cualquier lado, sino por su infalible olor caserito. Ahí nomás, porque todo queda cerca, las peñas y los músicos de la plaza arman el espectáculo diario. Si es que no se llega a mediados de enero, cuando el Festival Coplero copa las callecitas de tierra bañadas en albahaca, harina, chicha y arsenales de coplas. Si bien es cierto que “no hay mejor viaje que el que se va improvisando día a día”, hay algunos clásicos imperdibles, entre ellos el Camino de los Colorados y las Salinas Grandes. El primero es un recorrido que enlaza y desnuda por delante y por detrás la gama de ocres, verdes, anaranjados, púrpuras y rosados que se combinan en las laderas del Siete Colores, contrastando su perfección con la aridez del paisaje. El segundo invita a la excursión por el desierto salino, siguiendo camino por la R.N. 52 hasta dar con la Cuesta de Lipán camino del Abra de Potrerillo, con el punto más alto en la ruta a 4170 m.s.n.m.
Fuente: Página 12 Turismo
Yungas, el Jujuy verde que queda por descubrir
Libertador General San Martín,
Calilegua, San Francisco, Caimancito. Es probable que los nombres de
estas ciudades no despierten imágenes o recuerdos entre los entusiastas
del turismo, pero esto pronto debería cambiar, en la medida en que
comiencen a divulgarse las bellezas de la región de las yungas en el
sudeste de Jujuy.
Contiguo a la ya muy conocida zona de la Quebrada se encuentra este poco explorado ecosistema selvático de intenso verde, abundantes lluvias, aguas termales y exuberantes fauna y flora.
Para definir las yungas -«yunka» significa «valle cálido» en quechua- puede decirse que conforma una franja beneficiada por las precipitaciones que llegan del Este, que se extiende sobre las sierras subandinas de Jujuy, Salta, Tucumán y Catamarca, y también cubre Colombia y Venezuela. En la Argentina implica 5 millones de hectáreas y más de la mitad de las especies de plantas y animales del país. Si seguimos reduciendo el foco encontramos que en 2002 la Unesco creó la Reserva de Biosfera de las yungas, sobre 1,32 millón de hectáreas de Salta y Jujuy. Y allí dentro se encuentra el Parque Nacional Calilegua, nacido en 1979 sobre 76 mil hectáreas.
En torno de este parque se encuentra un puñado de ciudades jujeñas. Dentro del departamento de Ledesma, San Martín es el centro urbano más importante, con unos 55 mil habitantes, 125 km al nordeste de San Salvador. La vida aquí gira desde la primera mitad del siglo XIX en torno de la explotación azucarera y desde principios del XX alrededor de la empresa Ledesma. A la sombra de este gigante, el turismo nunca fue tenido en cuenta y hoy sorprende la escasa infraestructura que posee este sector. Los operadores receptivos se encuentran en San Salvador o en Salta, y en hospedaje hay apenas 200 camas. Asoma como una perla la hostería Posada del Sol, mientras surgen promesas sobre la llegada de una cadena internacional.
A través de San Martín se llega al Parque Nacional Calilegua. Llegar hasta allí por la intrincada Ruta 83, bordeando el río San Francisco, es una aventura en en sí misma, al ingresar en la espesura de la selva. El ingreso al parque no tiene costo y allí puede contratarse a los guardaparques como guías. Una vez adentro, el circuito principal puede recorrerse en vehículos normales, por cerradas curvas de tierra colorada, camino del que se desprenden senderos de trekking de diversa dificultad, con llegada a ríos, cascadas y lagunas. Avistadores de fauna y vegetación encuentran aquí un verdadero paraíso de color y silencio. Sobresale el «Sendero Intercultural Guaraní», guiado por miembros de esa tribu. En su lengua y con sus rituales, los guaraníes intentan trasmitir su cultura de comunión con la tierra. No hablan de la «Pachamama», sino de Kaa (selva o monte)-Lya (espíritu protector).
Espesura
A medida que se avanza por la espesura del parque, el paisaje trae
reminiscencias de la selva misionera y se vuelve difícil de creer que
este ecosistema con entre 800 y 2.000 mm anuales de lluvia esté a tan
pocos kilómetros de la árida zona de la Quebrada.
Siguiendo camino por la Ruta 83 se llega a otras localidades poco exploradas, de gran belleza. Una de ellas es San Francisco, con sus impactantes Pozos del Río Jordán, de agua transparente en plena selva. Allí se llega por medio de cabalgatas, o en travesías organizadas especialmente.
Más simple y muy relajante es otro de los atractivos de la región de las Yungas: las Termas de Caimancito, a poco más de una hora de San Martín, un sitio con historias que se remontan a los habitantes originarios, que lo consideraban ideal para rituales chamánicos. Hoy es un lugar de recreación, con la especial energía que trasmiten las aguas termales, que pueden disfrutarse casi desde la misma vertiente, con una temperatura superior a los 55°C. El escenario es el de piletas y un arroyo en medio de la selva, con poca intervención del hombre; hay opción de tomar masajes con piedras calientes o cañas, y aquellos que tengan la suficiente paciencia pueden llegar a ver al caimán semidomesticado que frecuenta la zona.
Fuente: Diario Ámbito
Contiguo a la ya muy conocida zona de la Quebrada se encuentra este poco explorado ecosistema selvático de intenso verde, abundantes lluvias, aguas termales y exuberantes fauna y flora.
Para definir las yungas -«yunka» significa «valle cálido» en quechua- puede decirse que conforma una franja beneficiada por las precipitaciones que llegan del Este, que se extiende sobre las sierras subandinas de Jujuy, Salta, Tucumán y Catamarca, y también cubre Colombia y Venezuela. En la Argentina implica 5 millones de hectáreas y más de la mitad de las especies de plantas y animales del país. Si seguimos reduciendo el foco encontramos que en 2002 la Unesco creó la Reserva de Biosfera de las yungas, sobre 1,32 millón de hectáreas de Salta y Jujuy. Y allí dentro se encuentra el Parque Nacional Calilegua, nacido en 1979 sobre 76 mil hectáreas.
En torno de este parque se encuentra un puñado de ciudades jujeñas. Dentro del departamento de Ledesma, San Martín es el centro urbano más importante, con unos 55 mil habitantes, 125 km al nordeste de San Salvador. La vida aquí gira desde la primera mitad del siglo XIX en torno de la explotación azucarera y desde principios del XX alrededor de la empresa Ledesma. A la sombra de este gigante, el turismo nunca fue tenido en cuenta y hoy sorprende la escasa infraestructura que posee este sector. Los operadores receptivos se encuentran en San Salvador o en Salta, y en hospedaje hay apenas 200 camas. Asoma como una perla la hostería Posada del Sol, mientras surgen promesas sobre la llegada de una cadena internacional.
A través de San Martín se llega al Parque Nacional Calilegua. Llegar hasta allí por la intrincada Ruta 83, bordeando el río San Francisco, es una aventura en en sí misma, al ingresar en la espesura de la selva. El ingreso al parque no tiene costo y allí puede contratarse a los guardaparques como guías. Una vez adentro, el circuito principal puede recorrerse en vehículos normales, por cerradas curvas de tierra colorada, camino del que se desprenden senderos de trekking de diversa dificultad, con llegada a ríos, cascadas y lagunas. Avistadores de fauna y vegetación encuentran aquí un verdadero paraíso de color y silencio. Sobresale el «Sendero Intercultural Guaraní», guiado por miembros de esa tribu. En su lengua y con sus rituales, los guaraníes intentan trasmitir su cultura de comunión con la tierra. No hablan de la «Pachamama», sino de Kaa (selva o monte)-Lya (espíritu protector).
Espesura
A medida que se avanza por la espesura del parque, el paisaje trae
reminiscencias de la selva misionera y se vuelve difícil de creer que
este ecosistema con entre 800 y 2.000 mm anuales de lluvia esté a tan
pocos kilómetros de la árida zona de la Quebrada.Siguiendo camino por la Ruta 83 se llega a otras localidades poco exploradas, de gran belleza. Una de ellas es San Francisco, con sus impactantes Pozos del Río Jordán, de agua transparente en plena selva. Allí se llega por medio de cabalgatas, o en travesías organizadas especialmente.
Más simple y muy relajante es otro de los atractivos de la región de las Yungas: las Termas de Caimancito, a poco más de una hora de San Martín, un sitio con historias que se remontan a los habitantes originarios, que lo consideraban ideal para rituales chamánicos. Hoy es un lugar de recreación, con la especial energía que trasmiten las aguas termales, que pueden disfrutarse casi desde la misma vertiente, con una temperatura superior a los 55°C. El escenario es el de piletas y un arroyo en medio de la selva, con poca intervención del hombre; hay opción de tomar masajes con piedras calientes o cañas, y aquellos que tengan la suficiente paciencia pueden llegar a ver al caimán semidomesticado que frecuenta la zona.
Fuente: Diario Ámbito
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