Mostrando entradas con la etiqueta Neuquén. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Neuquén. Mostrar todas las entradas

Neuquén: Paseando en el Sendero del Escorial


En el Parque Nacional Lanín, en Neuquén, hay varias actividades para realizar, como el sendero interpretativo que se puede recorrer en 2 o 3 horas.

Los caminos alternan bosques, lagos y montañas, en un entorno impactante para conocer.

El Sendero del Escorial es una caminata de bajo nivel de dificultad, que en 2 horas se puede recorrer un terreno pedregoso, rodeado de líquenes de escasos 2 o 3 metros de altura. Son especies que pueden llegar a los 20 o 30 metros de altura.

En todo el recorrido hay 8 carteles interpretativos, que fueron colocados por alumnos de un colegio secundario y los trabajadores del Parque.

Este sendero que va por encima del escorial, sorprende por los árboles enanos y la cantidad de lagartijas que aparecen sobre la piedra cuando el sol las calienta.

El camino ingresa en el bosque, pasando por el tan azul lago Epulafquen, y luego el arroyo Escorial que desemboca en este lago.

A medida que continuamos en el camino, el bosque es cada vez mas denso y variado en pantas, conociendo asi coihues, maitenes y variedades de colihue.

Quizas no encontramos muchos animales, pero sus huellas se encuentran en el camino. Aunque podemos ver jabalíes y gran cantidad de aves.
Bordeando el lago Epulafquen se llega a la salida de este sendero bellisimo.

--------------------------------------------------------------
Titulo: Paseando en el Sendero del Escorial.
Publicado el 22/10/2012.
--------------------------------------------------------------
Sitio: 365patagonia.com
Provincias: Neuquén
Ver en: http://www.365patagonia.com/neuquen/paseando-en-el-sendero-del-escorial_n.html
--------------------------------------------------------------

Un oasis de paz y naturaleza en Villa Pehuenia


Ubicada en la cordillera neuquina, a 310 kms de Neuquén capital, es un destino ideal para disfrutar de las playas, ríos, lagos y montañas.

Villa Pehuenia es una pequeña y tranquila aldea de montaña con calles de tierra, rodeada de montañas de origen volcánico, enmarcada entre lagos, playas, ríos y bosques de pehuenes.

El pueblo está ubicado en la costa norte del lago Aluminé y forma un conjunto con el paraje del lago Moquehue, pocos kilómetros al oeste. En la zona hay cabañas, hosterías, posadas, cámpings y hoteles.
En verano goza de un clima cálido pero no agobiante, que invita a la recreación en sus playas de arena y en las templadas aguas de los lagos, que también tienen sectores famosos por su calidad pesquera.

Hay mucho turismo nacional y también muchos turistas que provienen de Chile.
El nombre de la villa proviene del vocablo mapuche "pehuén", que hace referencia a esa especie, también llamada araucaria araucana. Es una conífera considerada por la botánica como un "fósil viviente", que es a su vez el árbol representativo de la provincia de Neuquén y el nacional de Chile.

El pehuén y sus semillas o piñones, fué alimento para los primeros habitantes de la región. Son árboles grandes de hasta 80 mts de altura y tienen un lento crecimiento.
Los ejemplares masculinos y femeninos se diferencian al ser éstos más "prolijos" en su crecimiento.

Villa Pehuenia también invita a la práctica de deportes de aventura y durante la temporada cuenta con varias competencias de atractivo nacional. Muchos paseos desde Villa Pehuenia se internan en bosques de pehuenes, como el de Paso del Arco, un antiguo camino a Chile ubicado a una hora por la ruta provincial 13, que además ofrece una amplia diversidad vegetal, lagunas y pequeñas villas.

A 10 kms de la aldea, se encuentra el volcán Batea Mahuida, que es administrado por la comunidad mapuche Puel. Se pueden realizar caminatas o cabalgatas y en época de nieve se convierte en un centro de esquí. En verano se puede llegar hasta la cima del volcán inactivo e ingresar hasta la laguna que hay en el cráter.

Mediante el Paso Icalma se puede llegar a Chile por un camino serpenteante entre pehuenes, cipreses, ñires y lengas, y se llega a Temuco y otras villas turísticas.

--------------------------------------------------------------
Titulo: Un oasis de paz y naturaleza en Villa Pehuenia.
Publicado el 29/08/2012.
--------------------------------------------------------------
Sitio: 365patagonia.com
Provincias: Neuquén
Ciudades: Villa Pehuenia
Ver en: http://www.365patagonia.com/neuquen/villa_pehuenia/un-oasis-de-paz-y-naturaleza-en-villa-pehuenia_n.html
--------------------------------------------------------------

Conociendo la historia del Hotel Correntoso

En un imponente rincón patagónico –donde el río Correntoso desemboca en el lago Nahuel Huapi– existe desde 1917 una hostería que encierra historias de pioneros que contribuyeron al desarrollo turístico de Villa La Angostura.

El 4 de abril de 1903, el italiano Primo Capraro se acercó por sugerencia de un amigo a conocer el virginal rincón patagónico donde el río Correntoso –que mide apenas 132 metros– une el lago del mismo nombre con el Nahuel Huapi. La idea era comprar un terreno y forjar una historia más próspera que la que podía deparar la belicosa Europa. Eran tiempos en que viajar a la Patagonia –y más aun instalarse en ella– era todavía una aventura de locos.

Los Capraro –según detalla Yayo de Mendieta en su libro Apuntes del Correntoso– se instalaron a principios del siglo XX sobre un risco que da a la desembocadura del río, pero fue recién en 1917 cuando comenzó a funcionar una hostería que no tenía cartel pero que todos conocían como la Pensión de Doña Rosa. Los anfitriones eran Primo Capraro y su esposa alemana Rosa Maier. El servicio era simple –con apenas tres cuartos y un baño– y lo utilizaban los viajeros que iban rumbo a Chile cruzando por el Paso Cardenal Samoré. Además los Capraro tenían allí un pequeño almacén de ramos generales donde los lugareños trocaban carne, leche y queso por azúcar, aceite y yerba mate.

Ver mas en:
http://www.365argentina.com/neuquen/la-historia-del-hotel-correntoso_nota1506.html

Sabor patagónico en Villa La Angostura

Además de los soñados paisajes de lagos y bosques, Villa La Angostura ofrece la delicia de una gastronomía que utiliza ingredientes regionales como carne de ciervo, trucha, cordero patagónico y jabalí, hongos de pino y ciprés, y frutos rojos como cerezas, frambuesas o frutillas. Una recorrida por algunos de los mejores restaurantes de la ciudad.

Villa La Angostura está rodeada por el Parque Nacional Nahuel Huapi, en uno de los rincones más verdes de la Patagonia, donde las montañas conforman anfiteatros naturales alrededor de los lagos. Y junto a la costa de esos lagos sobresalen las casas con techo a dos aguas que le dan al lugar un aire de aldea alpina trasplantada desde el centro de Europa.

Además de las excursiones por algunos de los paisajes más hermosos de la Patagonia, como el Corredor de los Siete Lagos, Villa La Angostura tiene una gastronomía muy propia que la distingue de otros destinos de la región. Hay más de una veintena de restaurantes y en general las recetas se basan en la cocina internacional reelaborada con productos locales como carne de ciervo, trucha, jabalí, cordero patagónico y liebre (al escabeche, como relleno o paté). También se cocina con productos del Atlántico, como salmón blanco y merluza, y salmón rosado traído de Chile. Algunas de estas combinaciones son los ravioles de trucha, el queso de cabra en las ensaladas y el uso de hongos de pino o de ciprés (morillas) en toda clase de comidas.

Para Alejandro Echassendague –chef del restó con vista al lago del hotel Sol Arrayán, quien lleva años trabajando en la ciudad– en la gastronomía local sobresalen tres restaurantes gourmet que son Las Balsas, Tinto Bistró y Waldhaus, este último especializado en platos centroeuropeos como raclette y las fondues bourguignonne (de carne) y suiza (de queso). “Estos son los que se distinguen y el resto está a un nivel bastante bueno y muy parejo”, opina Echassendague. A su modo de ver, la gastronomía de la ciudad se define por una gran variedad: si por un lado están los citados establecimientos gourmet, al mismo tiempo hay otros especializados en pastas como Nicoletto, otros sólo para comer pizza como Puerto Pirata, y luego los restaurantes de cada hotel.

En Sol Arrayán, un hotel inaugurado hace tres años, Echassendague busca que el acompañamiento del plato principal no altere el sabor del producto local: “Que la estrella, por ejemplo, sea la trucha y no la guarnición”. Por tratarse del restaurante de un hotel, con huéspedes muy variados, evita la sofisticación al estilo gourmet en pos de una cocina “simple, sabrosa y vistosa”, apuntando al gusto masivo que no deje a nadie afuera por tener un perfil demasiado definido. Un acompañamiento para la trucha puede ser entonces un puré acidulado con limón, espinacas salteadas y salsa de jamón crudo, avellanas y hierbas suaves como salvia, perejil y tomillo ($63). Como entrada el chef recomienda la sopa de hongos, el lomo con ragú de hongos y el risotto con hongos, todos de la zona.

Una de las especialidades en Sol Arrayán es el cordero en dos cocciones. Es decir que una parte del plato es un rollo de cordero braseado con cocción larga y a baja temperatura. Y la otra parte es una costilla sellada en la plancha y al horno. El plato se acompaña con papas rösti, estofado de acelga y reducción de Malbec. Esta preparación ofrece al paladar dos texturas distintas de una misma carne: la parte braseada es tierna y suave y se deshace en la boca, mientras la costilla conserva la esencia del cordero asado con su sabor original. Para los postres, acompañados por la música de Ella Fitzgerald y Tony Bennett, se puede probar un parfait de Bailey’s con compota de frutos rojos ($30).

En el Correntoso

El Hotel Correntoso tiene el restaurante hotelero más antiguo de Villa La Angostura (en verdad se creó primero el hotel y a su alrededor la ciudad). El chef es Fernando Capuzzi, al frente del restaurante Belluno, así llamado por la ciudad de origen de la familia Capraro, fundadora del establecimiento. “Nosotros tratamos de escaparle a lo clásico pero sin irnos hacia el lado vanguardista”, asegura Capuzzi, quien también evita manipular demasiado los productos patagónicos para que no pierdan su sabor original. Al estar ubicados justo en la boca del río Correntoso –un excelente lugar para la pesca de salmónidos–, Belluno pone mucho énfasis en los platos con trucha. Aquí es frecuente comer mientras se ve por los ventanales a los pescadores que arrojan sus moscas... Las guarniciones son “tranquilas”, como un puré de maíz, una emulsión de arvejas o un aromático arroz thasmin.

Una entrada en el restaurante Belluno puede ser una sopa de maíz con crutones aromatizados ($36) o los hongos salteados con provoleta dorada ($38). Como plato principal se puede optar por la trucha dorada sobre ensalada de legumbres, tomates secos y espinaca salteada. Otra alternativa es el cordero sauté sobre puré rústico de papa. Y para los postres una opción es el ananá dorado con crema helada sobre masa crocante.

Además de Belluno, el hotel Correntoso tiene el Restaurante del Puerto ubicado en la costa misma del lago, donde se ofrece una cocina más criolla y un ambiente relajado e informal. Allí se puede comer cordero patagónico a la parrilla o pata de cordero al horno de barro.

Pizzas y Sandwiches

Puerto Pirata es el lugar por excelencia para comer pizza en la ciudad, fácilmente reconocible porque tiene la forma de un barco de madera y su interior está decorado con timones, claraboyas, redes y salvavidas. La especialidad es la pizza por metro. Una de 50x23 centímetros trae doce porciones y para elegir hay 31 sabores que se pueden combinar hasta en tres variedades por pizza. Algunas opciones pueden ser la pizza de atún, otra con champiñones y jamón, la de longaniza y panceta o la Superpirata, con huevos fritos, papas, jamón, muzarella y provolone. También ofrecen servicio de delivery.

Entre los lugares de comida al paso uno ineludible –es el único en el Bosque de Arrayanes– es la tradicional Casita de Té, que todo el año ofrece alfajores caseros, tostados, tortas de chocolate, café expreso y chocolate en taza, ya sea bajo techo o en unas mesitas al aire libre con vista al lago adentro mismo del idílico bosque.

El restaurante 7 Lagos es una de las mejores opciones en la ciudad para comer minutas sentados al aire libre bajo una sombrilla. Muy recomendable es el salmón a la plancha y también se sirven pollo al horno, bife de chorizo, milanesas, lomitos, sandwiches y picadas.

A la parrilla

Las Varas es la parrilla patagónica tradicional de Villa La Angostura. La estrella es por supuesto el cordero patagónico asado, aunque un plato muy pedido es la trucha con salsa de almendras y puré ($48). Otra delicia local es el lomo de ciervo a la parrilla con papas noisette ($70). Los sorrentinos de trucha son una buena mezcla de la cocina internacional con la local ($25), que se pueden acompañar con una salsa de hongos. Como entrada se ofrecen empanadas de ciervo o cordero ($5) y lengüitas de cordero al escabeche ($26). Además hay tablas de ahumados que incluyen ciervo, jabalí, trucha, salmón y arrolladitos de queso. Y de postre, una buena opción puede ser una copa de frambuesas con helado ($28).

Fuente: Página 12 Turismo

Un fascinante paseo por el reino de la araucaria

A orillas del lago Aluminé, en los bosques y montañas que rodean Villa Pehuenia se despliega un variado menú de actividades en contacto con la naturaleza. Además, la cultura mapuche y los platos autóctonos.

Es una porción de Neuquén a merced de gigantes en pugna. Por eso, para dejar de sentirse por un momento intimidados por uno de esos portentosos vigías de Villa Pehuenia, no cabe otra opción que entregarse a la autoridad del Batea Mahuida. Sólo desde la cima del volcán las estilizadas siluetas de las araucarias –los pehuenes venerados por las comunidades mapuches– se avienen a empequeñecerse, hasta parecer hongos microscópicos que decoran los lagos Aluminé y Moquehue.
Mil metros abajo, todos los paisajes están atravesados por la variedad araucana de este árbol sagrado. Las miradas de los visitantes se dejan deslumbrar por la mancha turquesa del lago planchado y enseguida hacen foco –imitadas por las cámaras de fotos– en las copas verdes, redondeadas por ramas horizontales que sostienen piñones.
Las araucarias posadas en este tramo de la Cordillera crecen a razón de 1 a 7 cm por año y se muestran tan vigorosas como 70 millones de años atrás, cuando resistieron la hecatombe del Terciario, que sepultó la era de los dinosaurios. Es tan llamativa la presencia de la araucaria aquí, que hasta la proliferación de fucsias, anaranjados, violetas y amarillos de las flores, encendidos por el sol del verano, pasa a segundo plano.
El volcán es propiedad de la comunidad mapuche puel, que en invierno administra el centro de esquí del Batea y en esta época coordina las trepadas en 4x4 hasta la cumbre mochada. El motor del vehículo que conduce el guía Antonio Catalán ruge sobre el suelo de piedra, en la arremetida final. A 5 kilómetros por hora, asoma al costado de la ventanilla el espectacular mirador natural de una explanada abovedada. Es el borde del cráter. Hacia abajo, la pared interior –recubierta de hielo– se sumerge en la laguna azul que inunda la caldera extinguida.
A esta altura –sobre los 1.600 m–, del verde intenso del bosque andino quedan apenas los esporádicos tonos fosforescentes de ñires achaparrados. A lo lejos, mientras el viento bien frío del Pacífico se hace notar, la nieve de los volcanes Lanín, Villarrica, Llaima, Lonquimay, Copahue y del cono mochado Sierra Nevada blanquea la frontera entre Argentina y Chile.

Panorama desde el cráter

El guía arrima a los tumbos la camioneta a la playa volcánica de la laguna, le da descanso al motor y sugiere prestar oídos al silencio y el silbido del viento. Calderón es músico, docente y enfermero, infaltable en cada Nguillatún (las rogativas al dios Nguenechén, que 80 comunidades puel realizan en febrero, conducidos por el lonco Manuel Calfuqueo) y la celebración del Ui Noi Chipantu, el Año Nuevo mapuche, cada 21 de junio.
Es tal el celo que el joven guarda por el cuidado de sus tradiciones, que se niega a explicar la razón que lo impulsa a regresar a Villa Pehuenia por un camino de ripio en desuso. El misterio se devela tras diez minutos de padecimiento para el vehículo y los pasajeros: junto a esa huella casi olvidada florecen cañas colihue –utilizadas para fabricar el instrumento ceremonial de viento trutruca– y asoma, resguardado por centenarias araucarias, el recinto de adoración reue. Cada una de las familias originarias está representada en una hilera circular de chozas de paja.
Catalán señala el lugar asignado para el ritual ancestral y explica con parquedad, pero sigue de largo sin detenerse. El sol del mediodía realza el brillo del lago y las cumbres nevadas y provoca un impacto visual que, para los afortunados vecinos, es cosa de todos los días.
Una brisa que era casi imperceptible en el bosque se hace viento y sopla con fuerza en el muelle del golfo Azul. La novedad anima a Gerardo Rodríguez, que suelta amarras para que el velero Susurro trace un tajo que apunta hacia el centro del lago Aluminé.

El monstruo del lago

Siete islas e islotes –todas rigurosamente recubiertas de araucarias– van quedando atrás. Un km lago adentro, el timonel despliega la vela y el motor deja de ronronear. El silencio copa la escena cuando la embarcación bordea la punta de una península tapada de coihues y se acomoda de tal forma que ofrece un primerísimo plano del cerro Chañy. Parece improbable que desde estas aguas quietas y transparentes irrumpa Cuero, un monstruo con forma de tronco atribuido a la mitología mapuche.
Los susurros y silencios que enmarcaron las tres horas de excursión recién son interrumpidos en tierra firme, donde un anciano suelta melancólicas melodías con su pilolay, un instrumento de viento que sólo puede tocar el padre de familia mapuche y tiene tantos orificios como la cantidad de hijos del músico. Un niño de unos diez años no quiere ser menos y prepara su trutruca. Pero la presencia de extraños lo cohíbe.
Los golpes de la tambora se escuchan más tarde, a lo lejos, cuando atravieso la entrada de la fábrica artesanal Chokolhaa. Fernando Cappi se suma a esa involuntaria bienvenida con percusión autóctona convidando un inigualable chocolate negro con rosa mosqueta y marroc con frutas secas. La visita resulta fructífera, no sólo por el invalorable aporte para el paladar. Ante el grupo de turistas que no dejan de masticar, el maestro chocolatero se toma su tiempo para explicar cómo se elabora chocolate en rama con una espátula y hasta tiene la amabilidad de revelar un dato básico: “La preparación artesanal lleva un proceso de templado con baño maría, lo que genera la textura bien suave y el sabor”.
El chocolate del atardecer más el ciervo laqueado al whisky y la fondue que justificó la noche destemplada marcan los primeros pasos –por cierto lentos– de la mañana. Más vale sacar fuerzas de algún recóndito rincón del cuerpo porque se viene una caminata de 8 kilómetros por el bosque y la costa del lago Moquehue, hasta la desembocadura del arroyo Blanco. Por suerte, unos minutos después de despegar desde el puente de La Angostura, el guía Jorge “Chopper” Maciel hace una parada a la sombra de las araucarias, para indicar el área de piñonada, donde en febrero las familias mapuches se dedican a juntar piñones, caídos de las bachas de los árboles.
Un rato más tarde, la marcha se acelera súbitamente, motivada por la primera imagen del lago, una sugerente panorámica semioculta por un bosque de radales. El sonido monocorde de las chicharras confirma que la jornada será muy calurosa y desplaza el trino más agradable que acercan tordos, zorzales, carpinteros de cresta colorada y loros de cola rojiza.
Vamos decididos por la selva valdiviana hacia el encuentro directo con el agua fresca del lago. Dejamos atrás un arroyo de vertiente, pilas de leña junto a las cercas de palo de las chacras y un farallón de roca glaciaria, del que sobresale como manojo de antenas otro conjunto de araucarias.

Postal perfecta

Pero la ansiedad por alcanzar la playa casi causa un desatino y los entusiastas caminantes pasamos por alto una postal exquisita: la islita de roca Bonsai y su araucaria enana de más de tres siglos, inmóviles en medio del lago a veces turquesa, ahora verdoso, delante de los picos nevados. Cien metros más adelante, una hilera de patos negros remueve delicadamente la superficie del agua y el intenso aroma de rosa mosqueta indica la cercanía de la bajada hacia la orilla de arena. Absolutamente todos los pies de los visitantes reposan en el agua y los prismáticos del guía pasan de mano en mano, para descubrir otras araucarias plantadas en mínimos islotes de piedra.
El Circuito Pehuenia no parece ceñirse a un recorrido prefijado. Con sólo dejarse perder por cualquier ruta, camino, senda o huella, es posible detectar otros matices –indefectiblemente distintos y atractivos– del bosque y las aguas cristalinas. Por ejemplo, dos rostros bien disímiles exhibe el lago Aluminé si se lo admira desde los miradores de Villa Pehuenia o abordado desde un área de arena, ripio y bosque nativo de la margen sur, que una fatigosa travesía en cuatriciclo recorre en dos horas.
Esa perfecta combinación de adrenalina y naturaleza en estado puro se recrea en el paraje El Verde, cerca de la aldea Moquehue, tras 20 kilómetros de ripio que circundan el lago Moquehue. Sobre el cerro Bandera –a 1.100 metros de altura–, esta vez el bosque de coihues y araucarias se presta para completar cinco tramos de canopy y dos bajadas de rappel. Son 350 metros suspendidos en el aire sobre la ladera empinada. La última aventura vuelve a dejar en claro que en esta comarca de perfumes, melodías y colores naturales el hombre tiene su lugar, pero sólo le cabe acompañar al paisaje.

Fuente: Clarín Viajes

San Martín de los Andes, la joya de la Patagonia

Los más espectaculares bosques de toda la Patagonia están en el Parque Nacional Lanín, la única área silvestre protegida del país en la que están representadas tres especies del bosque inexistentes en otros parques de la cordillera: el raulí, el pehuén y el roble pellín, conviviendo junto con los cóihues, cipreses, ñires, lengas, y maitenes. San Martín de los Andes resulta el punto de partida ideal para los amantes del trekking, senderismo y montañismo, con propuestas inolvidables, como la travesía de tres jornadas desde el lago Lolog hasta la laguna Verde cruzando mallines, portezuelos, vadeando el río Auquinco, trepando laderas y atravesando el extraordinario escorial de lava del volcán Achen Niyeu. Ideal para vivir durante ésta primavera.

La alternativa de intentar el ascenso al volcán Lanín está en la mente de todos los amantes de la montaña. Con su cumbre permanentemente cubierta de hielo y nieve se eleva a 3.776 metros. Pero hay otras opciones en materia de senderismo que permiten una actividad plena en medio de la naturaleza más exuberante de la Patagonia, atravesando rincones de diferente dificultad. El avistaje de aves encuentra en este rincón de la cordillera del Neuquén el sitio ideal. Muchas especies viven en los cuatro ambientes naturales que están representados en su zona de influencia: el bosque, el monte, la estepa y las áreas de alta montaña. Los choiques, en la estepa, los cóndores en lo más alto, y los patos de torrente y carpinteros gigantes, son las aves más buscadas por los observadores de todo el mundo.

Los amantes de rafting encuentran este año los ríos con su caudal pleno, después de los deshielos de las inusitadas nevadas del último invierno que se prolongaron incluso hasta bien entrada la primavera. La pesca deportiva tiene a San Martín de los Andes, al Parque Nacional Lanín y a su área de influencia, como uno de los sitios de excelencia. Flotadas en botes neumáticos con campamentos en las islas o en las riberas de los más formidables ríos cordilleranos, resultan la pausa ideal de los amantes de la pesca. Y la excelencia de los guías es reconocida mundialmente.

Clásicos del verano

Caminatas, cabalgatas, o excursiones terrestres y lacustres son clásicos del verano en esta joya del sur del Neuquén. La excursión a Villa La Angostura a través de la mundialmente famosa Ruta de los Siete Lagos es imperdible. En una distancia de 110 kilómetros se enlazar los Parques Nacionales Lanín, Los Arrayanes y Nahuel Huapi, pudiendo reconocer los lagos Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso, Bailey Willis, Espejo y Nahuel Huapi. Estos son los que se encuentran a la vera de la ruta. Haciendo pequeños ingresos por caminos laterales a la Ruta de los Siete Lagos, se accede también al Meliquina, Hermoso, Pichi Traful, y Espejo Chico. Cada lago es único, diferente, irrepetible. Cada uno tiene su carácter, su identidad, su belleza.

Otra excursión que garantiza el placer y el asombro es la que parte de San Martín de los Andes y llega a la frontera con Chile en Paso Hua Hum a través de toda la cuenca del lago Lácar, e ingresa en una cuña de selva valdiviana donde se encuentra la cascada de Chachín.

Otro clásico de las excursiones del verano, son la que tiene como destino a Junín de los Andes, y a los lagos Huechulafquen y Paimún, accediendo al pie de la ladera sur del volcán Lanín. O el paseo a Quila Quina, la villa veraniega que está enclavada en la costa sur del lago Lácar a sólo 16 kilómetros de la localidad. Son muchos los que eligen sus playas en el verano.

Sol y playa

Claro, San Martín de los Andes es también destino de sol y playas. Las aguas del lago Lácar alcanzan los 17 grados centígrados en el verano: la misma temperatura que el mar en las costas bonaerenses. En algunas bahías reparadas con playas de fina arena junto a las que crecen frutillas silvestres, estos registros ascienden a 19 y hasta 21 grados. Y es un placer nadar inmerso en la transparencia completa de estas aguas, o hacer windsurf, o canotaje, kayak, buceo de montaña, esquí acuático o navegación a vela.

Lo mejor, su gente

Pero el placer no sólo está en los espacios naturales. El pueblo en sí mismo resulta atractivo por la calidez de su gente, de su arquitectura, de su escala intimista, por las rosas que crecen en las veredas, por la segura distensión del visitante y del poblador a cualquier hora, por la excelencia de su hotelería, de su gastronomía y de sus servicios turísticos, y también por sus opciones culturales y de espectáculos callejeros y la diversión nocturna.

A 71 kilómetros del casco antiguo de San Martín de los Andes, y enclavado en una de las áreas más exuberantes del Parque Nacional Lanín, el spa de alta gama "Termas de Lahuencó", ya está funcionando a pleno. Entretanto en los lagos Lácar y Nonthué se acaban de inaugurar dos muelles nuevos destinados a la operación de todo tipo de embarcaciones. Se trata de los enclavados en Pucará y en Hua Hum. A su vez se han instalado nuevos servicios sanitarios en Quila Quina, en Pucará y en Chachín para el uso de los visitantes.

Asimismo, en la localidad, el turista recurrente se va a sorprender también con las nuevas opciones en materia de centros comerciales, de restaurantes, de complejos turísticos.

Fuente: La Capital Turismo

Caviahue, el elegido de la nieve

La villa tiene actualmente más de un metro y medio de nieve. Los más chiquitos, agradecidos.

Con un metro y medio de nieve acumulada en la base y en el pueblo, Caviahue está viviendo una excelente temporada de invierno. Con una ocupación a pleno, los visitantes se van maravillados con este auténtico pueblo de nieve. Lo primero que sorprende al arribar a Caviahue es la inmensidad del silencio. El cielo es muy abierto. El movimiento en las calles, poco. Inmediatamente, invade la sensación de que se está en un sueño o compartiendo un secreto bien guardado. Se puede sentir que se ha descubierto un verdadero paraíso.

Al bajar del vehículo la cantidad de nieve es verdaderamente una sorpresa. De golpe, todo lo que se ve es blanco. Pero blanco de verdad. Los autos tapados de nieve, las motos de nieve circulando y la imposibilidad de distinguir entre los limites de las calles y las veredas. Los techos y las entradas de las casas, totalmente cubiertos. De noche, la gente saca los esquíes y se desliza por las tranquilas calles, extendiendo la diversión del día y disfrutando a pleno de este lugar mágico.

El pueblo de Caviahue está ubicado a 1.647 metros sobre el nivel del mar (msnm), la razón de este clima extremo. Al contar con un clima frió y seco, esta ecuación asegura una larga temporada de cinco meses de nieve en polvo. A diferencia de otros centros de esquí, el cerro queda a solo un kilómetro del pueblo, lo que determina comodidad en el acceso y el placer de esquiar en un centro de esquí de nivel internacional pero con la tranquilidad y la seguridad de una villa de montaña de 900 habitantes. En Caviahue, la nieve no se termina al bajar de los medios.

El público de este lugar es en su mayoría familiar. Y eligen el Centro Internacional de Esquí por el encanto de este pueblo y por los servicios de su centro de esquí. En Caviahue no hay demoras en los medios de elevación. Se debe a que el pueblo cuenta con una capacidad de 1.200 plazas hoteleras y el cerro, una capacidad de arrastre de 7.400 esquiadores por hora.

La amplia diferencia que existe entre la capacidad de transporte del cerro y las personas que acceden a él hacen de Caviahue el único cerro con cero demoras en sus medios de elevación y aprovechamiento al máximo. Los medios de elevación llegan a 11 y las pistas son 20, con tres niveles de dificultad, un itinerario del bosque y una pista de conexión.

Más allá de brindar todas las facilidades necesarias para los esquiadores, Caviahue se distingue por ser un centro invernal que ofrece una experiencia global, no sólo de la montaña, sino de toda la villa. Las excursiones trascienden los límites del centro de esquí. Aquí es posible conocer los principales atractivos de la villa a bordo de vehículos oruga, motos o raquetas de nieve, trineos tirados por perros, esquí de fondo o con los originales paseos en banana o nocturnos.

Viajar a Caviahue es lo que se dice una verdadera experiencia de nieve. Es un lugar donde aún está todo por hacer y sin embargo, se puede hacer de todo. Un territorio prácticamente virgen donde encontrarse con uno mismo y la familia.

Ficha técnica de Caviahue

Veinte pistas: 18 con tres niveles de dificultad; un itinerario del bosque; y una pista de conexión.
Once medios de elevación.
Longitud máxima esquiable: 7.250 metros.
Superficie esquiable: 325 hectáreas.
Altura de la base: 1.647 msnm.
Plataforma intermedia: 1.781 msnm.
Altura máxima : 2.751 metros. Llegada con medios de elevación.
Pendientes: 5º mínimo - 35º máximo.

Como llegar a Caviahue

En auto: está a 1.504 kilómetros de Rosario, se accede por las rutas 33, 1, 102, 143, 151, 237, 22, 21 y 26.
En bus: desde Rosario hasta Neuquén, y luego ómnibus regular o transfer.
En avión: vuelo a Neuquén y viaje de 360 kilómetros en transporte terrestre.

Fuente: La Capital Turismo

Neuquén. El bosque de arrayanes, o el bosque color canela

En el extremo sur de Neuquén, sobre el lago Nahuel Huapi, el Bosque de Arrayanes despliega la magia de sus colores durante todo el año. Postal inolvidable de todo viaje a Villa La Angostura o Bariloche, se puede llegar por vía lacustre o por tierra para recorrer los espesos senderos donde apenas se filtra el sol.

Algunos lugares son por sí mismos sinónimos y motivos de un viaje: ciertas postales que no por repetidas pierden encanto, ciertos sitios que no hay fotografía capaz de revelar en toda su dimensión. El Bosque de Arrayanes es uno de ellos, sobre las tierras de la Península de Quetrihué, que se adentra desde el sur de la provincia de Neuquén frente a la rionegrina Bariloche, sobre las aguas azules del lago Nahuel Huapi. “Donde hay arrayán” es precisamente el significado de Quetrihué en la lengua mapuche, y nunca mejor puesto el nombre que en esta estrecha lengua de tierra donde predomina el color canela de estos árboles a veces centenarios, de fría corteza y lentísimo crecimiento.

Años atrás los arrayanes, inspiradores de la leyenda según la cual Walt Disney le puso los colores neuquinos al bosque de Bambi, formaban parte del Parque Nacional Nahuel Huapi. Pero se independizaron en 1971, cuando pasaron a formar un parque nacional propio, destinado expresamente a preservar este paisaje singular sobre más de 1700 hectáreas, en el extremo norte del “lago del tigre”. O “lago del yaguareté”, el tigre americano que los araucanos llamaron “nahuel”.

Seguramente ajenos a las cuestiones ecológico-administrativas, ellos siguen en pie a pesar de las amenazas que representan para su conservación la presencia de algunas especies exóticas (sobre todo liebres europeas y jabalíes) y la presión turística. Por eso precisamente este bosque se recorre por caminos expresamente señalizados, está absolutamente prohibido recoger cualquier rama u hoja caída en el suelo, y existe un área que no se visita porque goza de la protección de una “reserva natural estricta”.

Corteza canela

El popular arrayán, científicamente conocido como Luma apiculata, es una especie oriunda de los Andes centrales, entre la Argentina y Chile. Aunque es frecuente verlos en su forma arbustiva en las laderas cordilleranas, mezclados aquí y allá con las otras variedades propias de la región y a ambos lados de la frontera, la particularidad de los que crecen en la Península de Quetrihué es el tamaño de árbol respetable que alcanzan los ejemplares, hasta tocar los 15 metros de altura, y sobre todo su concentración en un bosque tan denso que a veces apenas si se cuelan los rayos del sol. Cualquiera sea la época del año, los arrayanes siempre irradian una magia especial, sobre todo en invierno, cuando las hojas apenas soportan el peso de la nieve, y en primavera, cuando sorprenden con unas pequeñas flores blancas que recuerdan al azahar. Como es típico de los bosques patagónicos, el clima en el Parque Nacional va de templado a frío y húmedo, con nevadas y lluvias durante el invierno, y heladas durante casi todo el año: al mismo tiempo, su frescura veraniega es un regalo bienvenido cuando se hace sentir el calor de los meses de enero y febrero.

A bordo

Una de las formas más tradicionales de visitar el Bosque de Arrayanes es navegando por el Nahuel Huapi, en una excursión que combina el descenso en la parte sur de la Península de Quetrihué –unida con Villa La Angostura por un pequeño istmo– con la visita a la isla Victoria, otra de las áreas protegidas del lago. Lleva todo el día, pero dan ganas de quedarse más todavía disfrutando de la diafanidad del aire y el paisaje encantado del lago recostado contra la Cordillera.

La excursión comienza en Puerto Pañuelo, a unos 25 kilómetros del centro de Bariloche, sobre la orillas de la Península Llao Llao: allí los visitantes se embarcan para una navegación que dura aproximadamente unos 40 minutos, siempre acompañados por hambrientas y ruidosas gaviotas cocineras empeñadas en conseguir la atención y la comida de los viajeros. Con sorprendente habilidad, según cómo venga el viento, algunas consiguen la proeza de comer directamente de la mano, mientras los demás pasajeros suelen dedicarse a retratarlas en vuelo.

Una vez en la isla, se desembarca en Puerto Anchorena, en la zona central de la isla, donde una caminata por las zonas abiertas al turismo permite llegar hasta un par de aleros con pinturas rupestres, y seguir entre bosques de coihues, cipreses, maitenes, radales, ñires... y naturalmente algunos arrayanes. También hay tiempo para descansar un rato en las playitas de la isla, verdaderos remansos de vegetación y aguas claras que permiten adivinar el paso rápido de los peces haciendo remolinos entre las aguas del lago.

Nuevamente embarcados, la navegación sigue hasta Puerto Quetrihué, para desembarcar junto al soñado bosque color canela. Allí hay que seguir una serie de senderos que, levantados en escalones sobre el suelo, están delimitados por barandas de madera para evitar que se dañen el suelo y los renovales de arrayanes. Ni siquiera se debe levantar una hoja: por una, y otra, y otra, simplemente terminan poniendo al descubierto las raíces de los ejemplares grandes, ocasionándoles un daño irreversible. Si se piensa que cada año unas 250.000 personas visitan el bosque, se tendrá la dimensión de la acumulación de riesgos y la importancia de no desviarse de los senderos.

Arrayanes por tierra

La otra alternativa, esta vez para piernas mejor entrenadas, es hacer un trekking hasta el bosque de arrayanes atravesando la Península de Quetrihué. Considerando que es un trayecto de 12 kilómetros, hay que calcular por lo menos tres horas de caminata, o dos, si se prefiere hacer la travesía en bicicleta. Los paisajes y la experiencia valen el esfuerzo, que debe empezar bien temprano por la mañana para aprovechar las horas de luz y los horarios establecidos para el ingreso. Para volver, una opción más descansada es embarcarse en el puerto de la propia península, aunque siempre está la opción de volver a hacerlo a pie o en mountainbike.

Una tranquera de madera marca el lugar donde se paga el ingreso al Parque Nacional, cruzando la “angostura” o istmo de la península. La primera parte es la más difícil: aquí hay que vérselas sobre todo con pendientes empinadas y escalones de distinta altura, que distraen un poco la vista del panorama sobre el Nahuel Huapi y la bahía Brava, con los cerros Inacayal y Bayo como telón de fondo.

Algunos kilómetros más adelante, el camino empieza a rendirse y se hace más fácil: poco a poco, aparecen los primeros troncos de color canela mezclados con otras especies patagónicas. Conviene prestar atención a las indicaciones para no equivocar el camino: hay bifurcaciones hacia el casco de la antigua estancia Quetrihué, y un par de lagunas donde se realizan avistajes de aves, que hay que rodear para llegar finalmente a la seccional del guardaparque, el puerto y finalmente, en el extremo de la península, al Bosque de Arrayanes propiamente dicho. Allí, otra vez, espera el ritual de las fotos en la “casita de Bambi”, y sobre todo el placer delicioso y solitario de recorrer los senderos en silencio, bajo la sombra majestuosa de los arrayanesz

Fuente: Página 12 Turismo

La Casa para Cliclistas

Aunque asegura que nunca había escuchado hablar del concepto, armar un Bike Hostel surgió como algo inevitablemente natural para Maxi Cataldi.

Por un lado, porque aprendió a lidiar con el turismo desde bien chico: su familia maneja hace 30 años una hostería en San Martín de los Andes. Por el otro, porque es un loco de las bicicletas, su otra gran pasión además del snowboard.

Y así, de la simple asociación de sus know hows, en febrero de 2009 abrió sus puertas la casa hostal de la Av. Koessler, sobre la entrada misma de esta aldea de postal.

"La idea es que el que viene acá se sienta identificado", dice Maxi, de 37 años y uno de los pocos nyc (nacido y criado) de San Martín de los Andes.

Porque, claro, el público que recorre el Sur sobre dos ruedas se encontrará como pez en el agua en este lugar, donde si hay algo que no faltan son bicicletas: están una junto a otra en el garaje, desarmadas en el taller, estacionadas en la entrada o apoyadas en la pared, dentro de la casa misma.

Muchas pertenecen a los huéspedes y otras tantas a Maxi, incluida la joyita de la colección: una bicicleta que fabricó él mismo en bambú. Dice que sacó la idea de Ghana, donde existen rodados construidos en este noble material, también llamado acero vegetal por su increíble resistencia (las bicis aguantan hasta 100 kilos, mucho más que una de aluminio).

Por si queda alguna duda, Cataldi cuenta que hace tres meses pedaleó de San Martín de los Andes a Buenos Aires sobre su diseño de bambú, un recorrido que le llevó nueve días.

Pero ahora, cuando explota la temporada y el hostel no da abasto de tanta gente que entra y sale, sale y entra, le queda poco tiempo para pasear.

Llegar en bicicleta no es condición sine qua non para alojarse en el Bike Hostel, donde la mayoría de los huéspedes son extranjeros (europeos principalmente, encabezados por los franceses), algunos de mochileros de a pie y otros de a bicicleta.

Además de tener un lugar donde dormir, explica Maxi, los ciclistas reciben asesoramiento sobre los mejores circuitos para pedalear, llevan sus bicis a reparar en el taller, alquilan otra si hace falta u obtienen herramientas -juego de llaves, inflador, cámara, cortacadena- y alforjas para sus travesías (generalmente por Siete Lagos).

Maxi tiene una particular manera de promocionar su emprendimiento: subirse a la bici y repartir tarjetas entre los ciclistas que se cruzan en el camino.

"De todos modos, el 90% de la gente que llega hasta acá lo hace gracias al boca en boca", admite.

Como Goat, el curioso apodo de un aún más curioso personaje californiano que en julio de 2006 partió de Alaska en su casa-bicicleta (carga 70 kilos entre carpas, bolsa de dormir, herramientas y un mínimo de ropa). A comienzos de este año, después de recorrer 14.000 km y atravesar 14 países, finalmente llegó a Ushuaia. Por estos días toma un merecido descanso en el Bike Hostal, aunque tan acostumbrado está a la intemperie que prefiere acampar en el jardín antes que dormir en las habitaciones. Pero eso es otra nota.

Fuente: La Nación Turismo
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1240302

San Martín de los Andes. Buenos momentos al pie de la Cordillera

Entre bosques y lagos, un recorrido por la mágica aldea de San Martín de los Andes. Aventura, playas a orillas del Lácar, pesca con mosca y golf.

Todo lo que quieras, un solo lugar". He aquí el eslogan de San Martín de los Andes, una aldea de montaña, junto al lago Lácar, en Neuquén. Y uno quiere todo, atragantándose, porque hay tanto y tan bello, que "faltan ojos". Por la ventanilla del bus, una ráfaga de verdes contrasta con el amarillo intenso de las retamas que, a ambos lados de la Ruta Nacional 234, crecen furiosas y trepan a los cerros con descontrol. El viajero las disfruta pero el lugareño refunfuña porque "son plaga", dice. San Martín de los Andes fue fundada en 1898 -un conglomerado de aserraderos- y desde 1937, cuando se creó el Parque Nacional Lanín, su carácter, su identidad, cobrarían un indeleble sello turístico.

Descubriendo un mundo

Una infinita cantidad de estímulos despiertan en el visitante una curiosidad insaciable. Al llegar, los datos desbordan y se cae en una suerte de entropía, que en lingüística y más precisamente para la semiótica, es el exceso de información y su consecuente caos. Con el pasar de los días, se apaciguan las ideas, se "metaboliza el atracón de paisajes" y celebramos el placer de estar ahí. Entonces decantamos y elegimos. Y llegamos a mirar lo que vimos: aquel cartel en la Municipalidad, "San Martín de los Andes, zona no nuclear, a favor de la vida y la paz". Es un texto en otro contexto.

Así, con una calma entusiasta, caminamos con tiempo hasta el lago y subimos a un bote que nos pasea por ese espejo azul. Estamos a 640 m sobre el nivel del mar y a 40 km de la frontera con Chile. Augusto Gorchs rema y describe el entorno con mucha pasión: "Aquel es un bosque de cipreses que crecen entre las piedras; las raíces tienen forma de cuña y se meten en las grietas para expandirse y alimentarse con lo que encuentran. Más allá, el roble pellín -que no es un verdadero roble- y el raulí. Los dos son endémicos", dice Augusto, que también organiza cabalgatas y turismo aventura.

De regreso, en el pequeño puerto, el profesor de Educación Física Bebe O´Connor prepara los remos para una práctica en grupo. Hasta la nueva y asoleada costanera llega el perfume a rosas y lavandas, que están en veredas y casas.

Antares Patagonia fue vivienda y hoy es una hostería 4 estrellas. Aunque allí uno no se hospede, se puede visitar. Afuera, un jardín con una piscina. Al entrar, una piedra de la casa de Yapeyú del general San Martín. En el salón de estar, muebles sirios del siglo XVIII hechos en plata, nácar y marfil, una Biblia de 1545 y, en el primer piso, otra reliquia: un bordado en canevá realizado por Manuelita Rosas. A los tesoros antiguos se suman instalaciones ultramodernas: diez suites y un salón para eventos con máximo confort.

El paisaje arquitectónico

Si hay algo que suma a la fisonomía de San Martín, es su peculiar arquitectura, cuidada por normas que se cumplen. Las viviendas de los pioneros -erguidas desde principios de 1900- se mantienen que da gusto. Es el caso de La Casa de Eugenia, un hotel boutique que en 1920 fue la primera sede de la Administración de Parques Nacionales. Al pie de la Cordillera, pintada de azul profundo y aberturas blancas, está construida en madera de raulí, un árbol omnipresente del Parque Nacional Lanín.

Otra casa próxima a abrir como museo es la de Rodolfo Koessler y su esposa, la escritora Bertha Ilg. Koessler fue el primero y único médico del pueblo por más de una década: partero, dentista, cirujano, farmacéutico. "Mi abuelo era un tipo extraordinario; tomaba su maletín, ensillaba el caballo y se iba al campo a curar enfermos. Algunos llegaban hasta esta casa, que compró en 1923, y se atendían en el consultorio. Guardamos todo lo que tenía: el instrumental, frascos con las drogas que usaba para formular medicamentos, muebles, ropa. Vamos a poner cada cosa como estaba antes porque queremos que la gente visite los 19 ambientes. Así se podrá apreciar cómo se vivía en la Patagonia de entonces", dice Federico Koessler.

La otra joya arquitectónica -sobre la ruta de ingreso a San Martín- fue levantada por el matrimonio de Roque Bello y Rosalía Contreras en 1900. La mujer tenía huerta, frutales, ovejas, caballos y vacas. Restaurada, tiene pisos y paredes de raulí, tapizados originales de papel inglés sobre las paredes, muebles históricos y ventanales con profusión de vidrios repartidos. "Era imposible traer vidrios grandes desde Buenos Aires; llegaban rotos", comenta orgulloso Juan Manuel Boschi, detallista a ultranza y dueño de Ku de los Andes, la parrilla gourmet que funciona allí. Cuenta con un menú excepcional y una carta de vinos editada por él, en función de la cava que armó con un sommelier. El plato principal ronda los $ 50. Para beber, obviamente los buenos vinos del Sur: el tinto malbec o pinot de El Calafate o algún blanco de Familia Schroeder. Muy bien logrados están la trucha al limón, el ciervo con mostaza ahumada y el bife de búfalo a las tres pimientas, que Boschi trae del delta entrerriano. Carne sabrosa, tierna y magra. De postre, volcán de chocolate o tarta tibia de manzanas.

Días de playa

Verano, sol y más de 30 grados de temperatura. Está para ir a la playa Catritre, el balneario más próximo a la ciudad, en la margen izquierda del Lácar; a Quila Quina, adonde se accede por la Ruta de los Siete Lagos o en lancha, con arena fina y rodeada de un bosque que exhibe robles, ñires, maitenes y radales. La villa homónima y cercana es hábitat de mapuches de la comunidad Curruhuinca. Viven en casas con cercos de palo a pique, huertas y corrales. Muchos tienen puestos de artesanías. Otra opción es la playa de Yuco, a 30 km de San Martín por la ruta 48 que conduce hacia Chile, con piletones y un camping libre.

Mientras uno se asolea o duerme una siesta a la sombra, otro puede generar adrenalina extra con cuanto deporte náutico se le ocurra (kayak, windsurf, kitesurf, remo o rafting) en los lagos Lácar, Machónico y Machónico Chico y los ríos Hermoso y Aluminé. Conviene contratar a un guía experimentado.

Las estrellas se ven más cerca y la luna, más grande. Por eso las cabalgatas nocturnas o diurnas son un placer para grandes y chicos, así como hacer trekking en el cerro Chapelco, que no tiene nieve y se convierte en un gran parque de diversiones. Los más corajudos trepan el Lanín hasta la cumbre del volcán o hacen mountain bike por los circuitos de montaña que ofrecen un exigente ascenso y algunos descensos muy veloces. El ciclismo de altura está muy de moda y lo bueno es pedalear en cornisas de curvas bien cerradas. Lo mismo que el canopy, que lleva a deslizarse hasta 250 m a 25 km por hora, colgado del arnés del cable de acero entre las copas de árboles.

Las historias y las vidas

La pesca con mosca dejó de ser un deporte para transformarse en un ritual y un "duelo de caballeros" entre el pescador y su presa. Varias clases de truchas y salmones esperan el desafío. Los habitués conocen cada cm cúbico de arroyo, lago o río; los que recién empiezan, contratan un guía de pesca.

Héctor "Toti" Palmer es un pintor autodidacta que vende originales y serigrafías a fanáticos pescadores. Junto a más de veinte artistas, integra La Ruta del Arte, un producto turístico y cultural creado por Juan Sabatini y su mujer Claudina. Consiste en visitar a los pintores, artesanos, tallistas en madera y creativos del lugar, en sus propios talleres, para interactuar con ellos y observar sus obras. Tras ellas se pueden hurgar historias que dejan pensando, como la de Darío Mastrosimone, un contador porteño. Cansado de Buenos Aires, vendió todo y partió con su familia a San Martín de los Andes, buscando una vida mejor. Su proyecto de vivir de la pintura fue por demás ambicioso. "Con el maestro Georg Miciu aprendí la técnica del espatulado en óleo. Mi inspiración, así como la paleta de colores, las obtuve en este paisaje", recuerda y señala la gama de verdes que se ven tras el gigantesco ventanal de su atelier. En la Ruta también está la arquitecta Eugenia Morano, que llegó a San Martín desde La Plata para la construcción del Complejo hotelero Rincón de los Andes. Ahora diseña botas, zapatos y zuecos.

Golf y buena mesa

También por la ruta 234, los verdes se reproducen y se afelpan, como en una ondulada alfombra natural. Es el campo de golf del Chapelco Golf y Resort, diseñado por Jack Nicklaus, quien fue considerado el mejor jugador del mundo. Tiene un exclusivo club house, un lodge a la vera del río Quilquihue y el hotel Loi Suites, el único 5 estrellas de San Martín. La cancha respeta la topografía, con 18 hoyos entre montañas y bosque andino. Para el amante del golf, es un paraíso, a 18 km del centro y a 7 km del aeropuerto.

En la propuesta gastronómica de San Martín se destaca el rubro de los chocolates. Mamusia y Tatus vivían en Polonia y emigraron a la Argentina. "Mi abuelo era contador y mi abuela cocinaba; hacía chocolates para sus amigos y vecinos. Se le ocurrió abrir las puertas de la casa y empezar a vender", dice Faustina, nieta y mano derecha de Tatus. Más que una fábrica, es una gran cocina, donde un puñado de profesionales prepara más de 60 variedades de chocolate, que sólo se venden en una esquina de la calle San Martín, con las paredes pintadas con flores y guardas a todo color.

Para una comida típica, El Regional ofrece tablas de fiambres y encurtidos, y bocados calientes como gulash, acompañados por cervezas artesanales. Ahumadero El Ciervo ofrece exquisitos salamines de ciervo y jabalí, ahumados de trucha al vacío y hongos secos o en escabeche. Mario se dedica a salar, secar y ahumar las carnes salvajes con maderas de la zona, imprimiéndoles un aroma especial.

Chivito, cordero patagónico, lechones y parrillada de achuras es la especialidad de La Posta Criolla y Patagonia Piscis. Para mariscos, paellas, tostones con langostinos, cazuelas o salmón, El Mesón de la Patagonia, a cargo de Juana y Raúl Duarte. Con chicos, algo rápido y sabroso se puede ordenar en La Barra. Alan Wettstein tiene pastas artesanales y pizzas que son manjares y, de regalo, una formidable vista al Lácar.

Aires de Oriente

Para presupuestos de amplio espectro (desde cabañas y hostales a 5 estrellas), gustos diferentes y un paisaje que no sólo se contempla: también se vive.

La hostería Lahuen Co acaba de inaugurarse en el área protegida de bosque andino-patagónico del Parque Nacional Lanín, a 82 km de San Martín de los Andes. Todo el complejo Lahuen Co, Eco Resort y Spa termal se realizó con estrecha interacción entre guardaparques y la familia Kopyto, dueña de la idea.

El spa termal fue concebido con el asesoramiento del maestro japonés Eiji Mino Sensei, del Centro Zen Shiatzu. Tiene cuatro piscinas internas a distintas temperaturas y externas. Se comienza por el tepidarium (piscina con agua a temperatura corporal, 37°) y se avanza hasta los 42° antes de pasar a las duchas con varios grifos y el almuerzo.

Al llegar, Shizuto Masunaga propone 20 minutos de ejercicios de estiramiento. Por la tarde, realiza masajes que pueden tomarse al aire libre. Hay más propuestas: caminatas, paseos por el lago, avistaje de aves y expediciones de montaña con diferente nivel de dificultad. Las salidas son con guías bilingües y se extreman las precauciones.

En Lahuen Co no hay señal para celulares, televisión ni teléfono y el servicio wi fi es condicional. No pueden ingresar niños y hay menú para celíacos, diabéticos, vegetarianos y comidas livianas.Lahuen Co organiza vuelos privados entre los aeropuertos de Bariloche y Chapelco. Desde ahí, la camioneta del resort transita la estepa, el bosque y la selva valdiviana y recorren ocho lagos, lagunas con playas de arena volcánica, un escorial de lava petrificada y el volcán Achén Ñiyén, cerca de las termas de Epulafquen, donde está el spa.

Y nada más. Ni menos. Irse de San Martín de los Andes es incorporar al archivo personal la existencia de otro de esos "lugares en el mundo" que parece increíble que existan en paralelo al vértigo y las tensiones de las grandes ciudades. Pero no fue un sueño. Está allí. Y siempre queda la posibilidad de pegar la vuelta.

Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2010/02/07/v-02134975.htm

Colonia Suiza: curanto y reparo

La pequeña comarca rescata las tradiciones europeas y destaca lo mejor de la Patagonia en su gastronomía.

Hace dos veranos nos embarcamos en un viaje sin tiempo hacia el sur argentino, en el vehículo familiar sin alojamiento contratado en ningún sitio, nos quedábamos dónde mejor nos venía. Eso permitió que los casi 6.000 km recorridos -ida por la cordillera hasta Esquel y de allí a Madryn y Península de Valdés, luego de intensas jornadas de playa, regreso a Mendoza- fueran distendidos, descansando lo necesario y eligiendo cada estadía a nuestro antojo.

Por ejemplo, llegamos a El Bolsón un día en que la feria estaba cerrada, nos quedamos 3 días -aunque teníamos pensado llegar a La Angostura para la noche-. Consideramos que las artesanías son una debilidad y nadie pisa la villa andina sino bebió su cerveza, probó sus dulces y conversó con los viejos hippies, alguno de los cuales hoy son pequeños empresarios.

Bariloche era uno de los lugares en los que haríamos una estadía más prolongada, no sólo por los atractivos turísticos, sino porque resulta más fácil encontrar alojamiento de último momento y excelentes precios.

Veníamos con un clima excepcional, tomando sol en las playas de los lagos de San Martín de Los Andes, del Nahuel Huapi en La Angostura y Bariloche nos recibió con una tupida llovizna de invierno, la noche nos encontró paseando en la calle principal y advertimos que los carteles publicitarios, que además dan la hora y la temperatura, indicaban 0º.

El día siguiente amaneció nevado y en pleno enero nos vimos en las galerías comprando gorros, bufandas y camperas porque el pronóstico indicaba una seguidilla de días con nieve. Por supuesto el frío no impidió hacer todos los circuitos de los alrededores, por el contrario, descansamos del intenso calor de las rutas.

Uno de estos días sin agenda -aunque con dos guías turísticas en la mano- llegamos a Colonia Suiza. Una lluvia torrencial nos precedía, la feria de artesanías en el centro del poblado, con su entidad comunal nos brindó el reparo necesario.

Lo sorprendente fue experimentar la amabilidad de los pobladores, el que pasaba nos daba la bienvenida y nos indicaba los sitios para visitar. Era miércoles, día de curanto, especialidad de la zona transmitida de generación en generación.

Piedras calientes

Los Goye nos explicaron la tradición de la comida, mientras tanto verduras y carnes frescas en trozos esperaban en un mesón, el fuego estaba presto y gente de la ciudad y turistas llegaban para el festín. Al comienzo no entendíamos mucho eso de cocinar en piedras calientes y tapado con tierra, ni la mezcla de productos.

La curiosidad hizo que esperáramos dos horas para disfrutar del menú, tiempo suficiente para recorrer casas de té, comprar dulces, artesanías e interactuar con los habitantes cuyo trato familiar hace olvidar cualquier inclemencia.

Curanto es una palabra de origen araucano que significa "piedra caliente" costumbre que viajó por el Pacífico desde la Polinesia hasta el sur de Chile, donde sus ingredientes principales son pescados y mariscos.

Los colonos suizos ingresaron a la Patagonia argentina luego de haber vivido en el país trasandino y de aprender esta costumbre culinaria. Aquí debieron reemplazar por carnes (cerdo, cordero, res y aves) los productos de mar.

En un hueco de poca profundidad de forma rectangular hay fuego y sobre la leña piedras calientes en las que colocarán los alimentos -papa, batata, zanahoria, arvejas, queso, zapallo, pollo, carne vacuna, cerdo, cordero, achuras y manzana cubiertos con hojas de pangue, luego telas de arpillera y finalmente tierra.

En poco menos de dos horas estuvo listo el almuerzo. Una cerveza artesanal y buena música en vivo acompañó al plato. Ya del frío nadie se acordaba.

Fuente: Los Andes Online
http://www.losandes.com.ar/notas/2010/2/14/turismo-471859.asp

Neuquén. Termas bajo el volcán

En el norte de la provincia de Neuquén se encuentran los dos centros termales más singulares del país. Por un lado, Copahue, que goza de renombre internacional por sus virtudes curativas, y por otro, Aguas Calientes, un manantial agreste y muy poco conocido al pie del Domuyo, donde también brotan con furia los vapores de un géiser.

Llegar a Copahue es como llegar a la luna; como aterrizar en uno de los paisajes más extraños de la Cordillera. Es un mundo mineral, sin árboles y rodeado de cerros, un valle donde las fumarolas brotan entre las rocas y un centro termal donde se sienten tanto la energía de la tierra como el aire de Aventuras. El subsuelo al pie del volcán Copahue se siente vivo, haciéndose notar con olores a azufre y amoníaco, a veces entre humos tan densos que a llegan a opacar la silueta del sol en el cielo.

Un poco más al norte, al pie del Domuyo –el cerro más alto de la Patagonia– hay otras fuentes termales, las de Aguas Calientes. Son termas en bruto, en un total estado natural, pero además de ser atractivas por sí mismas permiten conocer el único géiser en actividad de la Argentina.

Estas dos propuestas de termalismo a la neuquina, en plena montaña y con mucha aventura como opción adicional, son muy distintas a las termas en su forma más tradicional, como las del Litoral entrerriano o las de Santiago del Estero. Vale la pena conocerlas, salirse de los caminos ya demasiado recorridos y empezar por Copahue, que a pesar de la distancia y de su ubicación en plena Cordillera se ganó fama mundial por sus virtudes.

Fumarolas en el camino

Vistas de lejos, Caviahue –abajo– y Copahue –arriba–, parecen una sola. Pero los 20 kilómetros que las separan también revelan identidades muy diferentes: Caviahue es el centro poblacional permanente, un pueblo en pleno crecimiento donde se concentran los hoteles y donde los esquiadores y turistas se cruzan con los gauchos en los kioscos y autoservicios. Unos en busca de galletitas y gaseosas, los otros en busca de clavos para las herraduras de sus caballos... Caviahue, entonces, conserva su atmósfera de pioneros a la vez que se está transformando en un centro turístico moderno. Montaña arriba, Copahue es radicalmente distinto, un lugar que parece inspirado en las tierras lejanas y extrañas de las obras de ciencia ficción.
Salto del Agrio. Una excursión imperdible a una cascada de aguas sulfurosas.

El camino de ripio entre una localidad y otra va preparando gradualmente para este cambio. A medida que se pasa de los 1620 metros de altura de Caviahue a los 2010 de Copahue, los bosques de araucarias van desapareciendo, la vegetación se va escondiendo entre las rocas y el cielo se pone de un azul más intenso, casi vibrante. Como antesala de Copahue, vale la pena parar en Las Máquinas, un nombre raro para un centro termal en desuso. Allí se instaló el que fue el primer centro termal de la región: y aunque es de acceso más fácil en invierno, ahora está sólo bajo vigilancia de fuerzas militares en espera de una nueva concesión. Si se puede ingresar, el espectáculo es fascinante, con auténticas ollas de barro hirviente y aroma a azufre. Cerca de allí está Las Maquinitas, otro pequeño complejo termal abierto al público, pero con muy poca infraestructura. Es un anticipo resumido de lo que se ve en Copahue, minutos más arriba, pero más agreste (y esta condición, que hace sentir al visitante más en contacto con la naturaleza, también implica cierto riesgo en el baño termal sin control). Las Maquinitas es una suerte de hoyada donde hay ollas con aguas termales, respiraderos y fumarolas, además de piletones a los que se accede gracias a una pasarela. El lugar es particularmente atractivo por la tarde, cuando este pliegue de las montañas se refugia poco a poco entre las sombras y las fumarolas siguen destacándose sobre el cielo azul. El lugar muestra de esta forma su costado dantesco, atractivo e inquietante a la vez.

Las termas de la luna

En pocos minutos se llega finalmente al final de la Ruta 26, que termina entre un puñado de casas y el complejo termal, en el centro mismo de Copahue. Hay que imaginar una pequeña llanura rodeada de cumbres, salpicadas de grandes manchas de nieve incluso en pleno verano; casas de techos de chapas verdes y rojas; un pasto ralo que pone un matiz verde sobre el suelo de rocas; una gran laguna de color gris claro que reluce bajo el sol como una placa de metal; humo por encima de la laguna; fumarolas que brotan de entre las rocas; un olor a azufre omnipresente que se impregna en la ropa y hasta en el cuero de los zapatos; un silencio mineral en el cual la actividad humana es apenas un murmullo.

Copahue es un mundo sensorial distinto, como para experimentar algo totalmente nuevo, un pedazo de luna caído en la tierra. La naturaleza estaba inspirada cuando creó este valle perdido en una lejana porción de los Andes: hay aguas calientes y otras que directamente hierven, aguas bebibles y otras totalmente venenosas, lagunas de agua y lagunas de barro, aguas azules y otras verdes. Todo mezclado, y a poca distancia. Por ejemplo, en un borde de la laguna principal, de aguas grises y altamente tóxicas, brota una fuente de agua potable a 90ºC, ideal para el mate. Tan increíble que parece haber sido puesta a propósito...
La laguna sulfurosa de Copahue despide extraños vapores y aromas que parecen salidos de la entraña del volcán.

La rareza del lugar no tiene que hacer olvidar la calidad y las virtudes de sus aguas termales, conocidas desde las épocas prehispánicas, aunque Copahue sólo empezó a desarrollarse en el siglo XX con los primeros “curistas” que impulsaron el crecimiento del centro. Aquellos comienzos están lejos: hoy es un amplio complejo termal y de balneoterapia, equipado también con un spa y preparado para 2500 sesiones diarias. En verano un equipo de profesionales atiende y trata a los visitantes que vienen para conocer el lugar o para curar afecciones. En Copahue se aprovechan las aguas, pero también el fango que se forma por la alteración de las rocas en las lagunas de aguas sulfurosas, las algas que prosperan en las aguas termales y hasta los vapores. Las aguas, en particular, brotan desde 20ºC hasta 90ºC, y son según su composición química sulfuradas, sulfatadas, ferruginosas, bicarbonatadas, carbogaseosas o radioactivas, destinadas a tratar afecciones osteoarticulares, respiratorias y dermatológicas. El spa, una novedad de hace pocas temporadas, ofrece un complemento de bienestar y tratamientos estéticos.

Copahue abre sólo en verano, ya que en invierno toda la villa está sepultada (en el sentido más literal de la palabra) por una espesa capa de nieve, donde las lagunas termales forman como un oasis de calor en medio de un desierto helado. Es entonces cuando se organizan visitas desde Caviahue para esquiar sobre los techos de las casas, que apenas afloran sobre el manto blanco, y para bañarse en medio de la nieve. Entretanto en Caviahue hay un centro termal, con aguas, fangos y algas extraídos de Copahue, abierto todo el año e ideal para combinar con las propuestas del centro de esquí.

Un hidromasaje natural

Las otras aguas termales administradas por el Ente Provincial de Termas de Neuquén están más al norte de la provincia, al pie del volcán Domuyo, en una región que no tiene nada que envidiarle a Copahue en materia de curiosidades naturales. Un reto que ya de por sí pone las expectativas muy altas. Andacollo es la capital de la región y el punto de acceso a un recorrido que pasa por el pueblito de Varvarco antes de internarse en la inmensidad del norte neuquino. La ruta de ripio que hay que emprender en esta aventura está marcada, para fotógrafos y ojos sensibles, por los hitos que dejó la naturaleza. Los Bolillos son los primeros. Es un valle de formaciones rocosas cónicas, muy singulares, que forman como sombreros de duendes minerales y desproporcionados, uno pegado al otro. Son rocas de color ocre que contrastan con los tonos más amarillentos del suelo, rocas blandas talladas a gusto por el viento y el agua creando formas que no pueden dejar de ser un alto en el trayecto a las termas más recónditas del país.

El camino toma su tiempo y recorre toda la extensa comarca al pie del Domuyo. Pasa por el Cajón de Atreuco, otro alto fotográfico en el lugar de un puente sobre el arroyo Atreuco, para llegar a Los Tachos, a 2250 metros de altura y al pie mismo del volcán. Allí se deja el vehículo y se camina por el flanco de la montaña siguiendo una huella entre las rocas para llegar a un verdadero géiser, un chorro de vapor y de aguas casi a punto de ebullición lanzado con furia hacia lo alto desde un macizo de rocas. Otro géiser de menor altura (unos dos metros frente a los cuatro del principal) surge del lecho mismo de un arroyo de aguas heladas que baja del Domuyo. Calor y frío conviven en el mismo lugar y sólo algas de colores vivos, como pintadas en tonos flúo, advierten sobre la temperatura del agua del géiser. Estas algas, que se forman y prosperan sólo en aguas muy calientes, le ponen al paisaje un toque de cuadro surrealista.
Una larga pasarela se interna sobre las aguas termales de Las Maquinitas, antes de llegar a Copahue.

Las mismas algas se encuentran en las termas de Aguas Calientes. Más que un centro termal, se trata de un complejo natural con una cascada y un piletón de aguas que bajan naturalmente cálidas desde la montaña. El lugar fue acomodado de manera rudimentaria para los acampantes, lo cual no quita nada a sus propiedades clorosulfatadas, cálcidas, sódicas, alcalinas y bicarbonatadas. Aguas Calientes es un destino de aventureros que recorren la región y aprovechan sus baños reparadores, y al mismo tiempo de curistas que vienen a aliviar problemas de reuma e insuficiencia hepática. Hay que seguir las indicaciones de las algas para no equivocarse entre los dos caudales de agua que bajan de la montaña. Uno está realmente muy caliente, a más de 70ºC, mientras que el otro baja a 30ºC y forma una suerte de hidromasaje natural.

Finalmente, en Aguas Calientes hay otro atractivo para conocer, porque aquí se recibe la visita de los piñeros trashumantes de la comarca, que hacen pastar sus rebaños de cabras y ovejas en todo el macizo del Domuyo. A ellos precisamente se les puede comprar el asado de la noche, luego de un día de aventuras por las montañas, o de una tarde de relax en el spa más natural de la Argentina

Fuente: Página 12 Turismo
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-1709-2010-01-31.html

48 horas en Neuquén

Las aguas transparentes del lago Nahuel Huapi, que el río Limay conduce frenéticamente hacia el Atlántico, dibujan una larga brecha verde una vez que se encuentran con el río Neuquén. A partir de la confluencia -génesis del río Negro- alcanza su máxima expresión el Alto Valle, un escenario próspero para agricultores, chacareros, turistas y pobladores. Ese paisaje trasunta vitalidad alrededor de la ciudad de Neuquén, la urbe más desarrollada de la Patagonia, asentada desde 1904 sobre un patrimonio de dimensiones todavía incalculables: el subsuelo es una permanente fuente de fósiles de dinosaurios y legados de las primitivas culturas huarpe, mapuche y tehuelche.

Primer Día en Neuquén

8:00 Jugo de naranja, tostadas y medialunas es la exquisita combinación del restaurante 1900 Cuatro, que permite avizorar una jornada placentera desde el primer piso del hotel Del Comahue.

9:00 Esa auspiciosa percepción inicial sufre un contratiempo en el Club Santafesino, como consecuencia de los múltiples recaudos que demanda la técnica de remada, según las instrucciones que imparten en la escuela de canotaje Kanusur. Por suerte, el guía Cristian Wilson anuncia que conducirá el kayak. A sus tripulantes -tres audaces palistas- nos queda disfrutar del magnífico entorno. Mientras el perfume de poleo se instala en la atmósfera, el río aprovecha los canales para meterse entre islas vírgenes, biguáes, cisnes de cuello negro, patos, gallaretas y nutrias.

10:30 La sociedad Artesanías Neuquinas logró recuperar la actividad artesanal tradicional. Tejidos -como las maravillas de la comunidad mapuche Millain Currical-, alfarería -las máscaras de arcilla roja de Cristian Fuller son un dechado de talento-, tallas en plata, madera y piedra e instrumentos musicales revelan técnicas transmitidas por generaciones.

12:30 El circuito vitivinícola es la primera gran sorpresa que dispensa la meseta en San Patricio del Chañar, a 53 km de la capital. La visita guiada a NQN -una de las siete bodegas que desafían el suelo pedregoso, regadas por aguas de deshielo- es postergada por un almuerzo que incluye empanada de trucha con verdeo, cordero patagónico al horno con salsa de merlot y puré de ajos.

14:00 Como un anticipo de lo que vendrá con la vendimia (a mediados de febrero), un empleado de la bodega carga canastos hasta los surcos de las viñas, recolecta manualmente las uvas y las vuelca a una tolva, un proceso que continúa en tanques de acero y barricas de roble. En el ambiente fresco de la cava, la guía Raquel arranca la degustación de cabernet, merlot, malbec, sauvignon blanc, chardonnay y pinot noir.

15:00 Para poder apreciar mejor la riqueza paleontológica que atesora el subsuelo del Comahue, conviene alejarse 95 km de la capital neuquina. El geólogo Jorge Calvo, responsable del Proyecto Dino y director del Centro Paleontológico del lago Los Barriales, estima que hay huesos de animales prehistóricos "por todos lados" en las 300 ha del yacimiento. Mientras camina por un sendero arcilloso, señala réplicas de huevos de dinosaurios, bochones (el fruto de las excavaciones listo para trasladar al laboratorio del lugar), reproducciones a tamaño real de un megarraptor y un pterosaurio (reptil volador), holotipos de vertebrados, el cráneo de un giganotosaurus y restos de fauna de la ciudad de Neuquén, cuya antigüedad se calcula en 85 millones de años.

17:00 La aridez del paisaje brinda un respiro en el agua tibia y cristalina del lago Mari Menuco. Zapatillas, sombrilla y reposera conforman el equipo básico para deleitarse con este oasis necesario desde la playa de piedras y arena. La inevitable secuencia de fotos refleja el manchón turquesa del lago, bordeado por el rojo intenso de la barda y los pescadores de pejerrey y trucha arcoiris.

19:00 De regreso a la ciudad por el norte, el atardecer tiñe de ocres el Parque Antonini y la caravana de autos y vecinos que matean, de cara a la magnífica panorámica del Balcón del Valle. Bajo el reflejo del sol, la bruma borronea los detalles del puente de hierro que une la capital con Cipolletti, los chalés del barrio Rincón de Emilio, los morros de la meseta y la arboleda que acompaña el curso del río Neuquén.

20:00 El cielo despejado y sin viento favorece la inquietante experiencia de espiar la Vía Láctea desde el Observatorio Astronómico más austral del mundo. Roberto Figueroa descorre el techo y el telescopio se cuela por la ranura de un metro de ancho. Enseguida, se distinguen nubes de polvo y gas llenas de estrellas y los volcanes de Marte, los más grandes del sistema solar. De 27 km de altura y 560 km de base, son apenas manchas amarronadas desde esta posición terrenal. Un grupo de chicos se apiña en torno al astrónomo, que acaba de entusiasmarlos con la más preciada postal celestial: "Prepárense porque la luna llena o en cuarto creciente y Saturno se llevan los mejores premios".

22:00 Porter, una de las cervezas artesanales que sirven en Owe, es el bálsamo que refresca la noche a pasos de la Costanera y acompaña más que dignamente unas rabas y un pancho alemán, con salchicha ahumada, chucrut, verduras salteadas y panceta con mostaza.

Segundo día en Neuquén

10:00 A 80 km de Neuquén capital, en el Museo Bachmann de El Chocón, Rocío Butín deja sin palabras a los visitantes con una clase magistral de dos horas sobre los dinosaurios que poblaban la zona hace casi 100 millones de años y las represas del país. La más valiosa joya que exhibe el museo es el giganotosaurus, cuyo esqueleto el aficionado Rubén Carolini detectó en 1993 durante una bajante de la represa.

12:00 El viento irrumpe y el nivel del lago de El Chocón sube y se agita. El rocío empapa a unos pasos de la represa hidroeléctrica, una mole de 2,5 km de largo que recorta la meseta y los cerros colorados.

14:00 Ahora, el viento parece haber entrado en una inercia irrefrenable, aunque sopla sin furia en la ciudad. La tentación por los sabores autóctonos vuelve a dirigir mis pasos hacia el restaurante del hotel Del Comahue. Todo sea por no despreciar una ensalada de jabalí ahumado, cordero patagónico con salsa de romero, papas asadas y hojas verdes. Un camarero empuja un carrito, que propone el mejor final de fiesta: una selección de postres artesanales.

16:00 Después del paladar, es turno de recrear la vista, que se clava en la isla enfrentada al balneario Río Grande. Una hilera de sauces tiñe el horizonte de verde intenso.

19:00 "Laberintos de la Patagonia", la muestra que el artista plástico neuquino Carlos Juárez presenta en el Museo Nacional de Bellas Artes, es otro motivo para llenarse los ojos y dejarse sensibilizar con imágenes que retratan esta región vasta, que se descubre en pequeñas entregas aunque nunca se termina de explorar.

20:00 En las dos cuadras impregnadas por el olor de los sahumerios de la Feria Artesanal, manos expertas moldean cuero, cerámica, plata y piedra, dan forma a mates, cuchillos, sombreros y títeres. Los anima una romería de artistas a la gorra, turistas y vecinos. Más allá, en la Vuelta de Obligado, suena afinada la Jazz Band Neuquén. Al fondo, sobre la estepa inconmensurable, el viento se repliega y va perdiendo protagonismo.

Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2010/01/24/v-02125968.htm

8vo Encuentro de Kayakistas, declarado de interés nacional

En el año del Bicentenario, la Secretaría de Turismo del Ministerio de Industria y Turismo de la Nación (Sectur), a cargo de Enrique Meyer, declaró de interés nacional al 8° Encuentro Nacional de Kayakistas 2010, que se realizará el mes próximo en el Parque Nacional Nahuel Huapi. Así, se apoya y brinda reconocimiento a la actividad por su contribución a la promoción y difusión del turismo argentino.

Bajo el lema “Un Evento Nacional que la sigue remando”, la organización del encuentro abre la convocatoria a los kayakistas de travesía de la Argentina y Chile para formar parte de este evento en su edición 2010. E informaron que la apertura del encuentro se realizará el 17 de febrero en Villa La Angostura para luego, tras completar la travesía, hacer la ceremonia de cierre del encuentro en la ciudad de Bariloche el domingo 21.

La organización del encuentro de kayak agradeció “el importantísimo apoyo y reconocimiento oficial” brindado por la Secretaría de Turismo de la Nación; la Prefectura Naval; el Parque Nacional Nahuel Huapi; la Municipalidad de Bariloche, su oficina de Turismo; Deportes Gobierno de Río Negro; la Federación Argentina de Canotaje; la Municipalidad de Villa la Angostura y la Secretaría de Deportes de la Nación.

Villa La Angostura. Fiesta Provincial de los Jardines

Del 4 al 7 de febrero, se vivirán cuatro jornadas de la 13° Fiesta Provincial de los Jardines, en Villa La Angostura, Neuquén.

La Fiesta de los Jardines es organizada por la Municipalidad de Villa La Angostura y se ha convertido en un clásico de la Patagonia, en la que participan muchos artistas de renombre en el escenario mayor, al aire libre. Entre los artistas estarán Patricia Sosa, Opus 4, Resistencia Suburbana y Los Calzones.

La novedad es que este año será la primera vez que se realizará la elección de la Reina de los Arrayanes, durante este evento.

Neuquén, el mágico reino de las araucarias

Bosques, lagos, ríos y la imponente Cordillera. Aluminé, el escenario ideal para disfrutar de la naturaleza.

En el bello paisaje de lagos y bosques de la zona de Aluminé, 340 km al norte de Neuquén capital, resalta la imponente silueta de la araucaria araucana (pehuén, en mapuche), el árbol milenario que da al paisaje su rasgo distintivo.

De norte a sur, el río Aluminé es una especie de tajo que separa los bosques y los pastizales xerófilos subandinos. Tal vez el contraste tan marcado, ese cambio tan abrupto impresiona tanto a los turistas que llegan a los alrededores de Aluminé. De sur a norte, la región comienza en el lago Quillén (al norte del Parque Nacional Lanín), donde predomina el bosque de lenga, ñire, ciprés, coihue y raulí.

Pero hacia el norte baja la proporción de otros árboles y comienza a predominar el bosque de pehuenes, creando un paisaje de una belleza muy particular. Ese escenario rodea los lagos Rucachoroi ("casa de loros"), Pulmarí, Ñorquinco, el gran lago de Aluminé y el Moquehue. Hace varias décadas allí predominaba el turismo regional. Pero las bondades de la zona traspusieron las fronteras del norte de la Patagonia. Para ello, no solo influyó el extraordinario paisaje sino también el mejoramiento de los caminos y la diversificación de la oferta turística. Hay variadas opciones para disfrutar las vacaciones completas, pero también es ideal para los más andariegos.

Es que desde la entrada al lago Aluminé -donde nace la ruta 23, que corre paralela al río Aluminé- hasta el camino de ingreso al Quillén, sólo hay unos 70 km. Por eso, todos los días es posible disfrutar de un escenario diferente. Hay dos centros urbanos con servicios. En Villa Pehuenia, en la costa norte del lago Aluminé, está Batea Mahuida, el centro de esquí de la comunidad mapuche Puel. A su vez, Aluminé, en la orilla del río Aluminé, cuenta con más servicios y funciona como un centro de distribución de la zona.

Es imperdible pescar salmónidos en lagos y ríos; los lagos son navegables y en el río Aluminé se practica rafting y balseadas familares. Además, es posible alquilar caballos y bicicletas y realizar caminatas grupales e individuales. Incluso se puede hacer una escapada a Temuco, Chile, por el paso internacional Icalma, fácilmente transitable en verano.

Algunos precios indicativos: trekking, cabalgata o rafting, desde $ 50; habitación doble en hotel de 3 estrellas con desayuno, $ 220; departamento para 5 personas, $ 400; habitación doble en hostería de 1 ó 2 estrellas, $ 90 a $ 160; cuádruple, $ 120 a $ 210; departamentos para 5, $ 200 a $ 400; desayuno, $ 10 a $ 13; cabaña para 2, $ 150 a $ 280; para 4, $ 140 a $ 350; para 8, $ 300 a $ 360; camping organizado, con servicios, $ 8 a $ 23 por persona; chicos, $ 6 a $ 15.

Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2009/12/20/v-02104338.htm

Desafío Lago Alumine

El 12 de enero se realizará del "Desafío Lago Aluminé" en Villa Pehuenia, Neuquén.

Longitud del desafio: 3000 mts
Longitud promocional: 1000 mts
N° de nadadores participantes: 60
Edad Máxima permitida: 99 años
Edad Mínima permitida : 12 años

Comienzo del evento e identifiaciones: 10:00 hs
Largada : 12:00 hs

Al momento de la inscripción todo nadador deberá hacer entrega de la certificación médica que aseguré su aptitud física para la realización de la prueba. Conjuntamente hará entrega del Formulario de Responsabilidad Individual.

Todo nadador que abandone la prueba por la circunstancia que fuere o se lo retire del agua por haber excedido el tiempo de seguridad especificado (02:00 hs), será sometido a una revisación médica en el Puesto de Emergencias Médicas.

Costos de Inscripción
Prueba Principal: $ 100.-
Prueba Promocional: $ 80.-

Más información
Email: desafiolagoalumine@hotmail.com
Web: http://desafioalumine.blogspot.com/

De Neuquen a Tierra del Fuego en Omnibus

Un itinerario a bordo de un autobús por los extraordinarios paisajes de la Patagonia argentina. San Martín de los Andes, San Carlos de Bariloche, Esquel, El Chaltén, El Calafate y un cruce en ferry por el Estrecho de Magallanes para desembarcar en Tierra del Fuego. En el largo trayecto, parques nacionales, cerros, lagos y la impactante Cueva de las Manos.

Si se desea recorrer la Patagonia, lo más rápido es llegar en avión a alguno de los destinos clásicos –como Bariloche, El Calafate o Ushuaia– para después continuar el itinerario por las principales ciudades de la región en otros vuelos. Otra posibilidad es viajar en auto propio, lo cual tiene la ventaja de poder parar donde se quiera, ya sea para descansar o para conocer cada rincón del vasto territorio austral. Pero existe una tercera alternativa para quienes no tienen auto: viajar en ómnibus. Además de ser más económica que el avión, la travesía por las rutas permite compenetrarse mejor con el paisaje y la cultura patagónica, y también ir descubriendo los sutiles cambios de la geografía, que pasa de los densos bosques andino-patagónicos a la más reseca estepa.

Queda por supuesto la opción de alquilar un auto, que salvo que sea entre cuatro personas es bastante más cara que los micros.

A continuación proponemos un viaje en ómnibus por la Patagonia, un periplo abarcativo del cual el lector podrá elegir un fragmento, y quizá regresar en avión una vez alcanzado el punto más lejano. Y para los que estén dispuestos a salir a la aventura, quizá lo más atractivo sea llevarse una carpa para ir armando el viaje día a día, sin un calendario preestablecido.

Ver mas en:
http://www.365argentina.com/tierra_del_fuego/de-neuquen-a-tierra-del-fuego-en-omnibus_nota386.html